EDITORIAL DEL DOMINGO 8 DE MARZO DE 2009
En primero y principalísimo lugar, corresponde que agradezcamos a todos
quienes hicieron posible este pequeño y maravilloso milagro de que podamos
estar de nuevo en el aire y conectados con todos ustedes, con ustedes que
nos escuchan ahora, con los que nos escucharán mañana o en los días
subsiguientes gracias a viento social y a la página Web del GRR, así como a
tantas FM que nos retransmiten. Asimismo, agradecemos que podamos estar de
nuevo conectados con todos aquellos a los que llegan los editoriales a
través del correo y de Internet. Que podríamos llegar a ellos de todas
maneras, aún sin este micrófono, sí, es verdad, pero esos escritos no
tendrían la magia de haber sido hablados previamente, no tendrían la fuerza
de la palabra hablada que llevan, el peso gravitante de lo que fue dicho,
que fue dicho además, en Radio Nacional y para oídos receptivos que estaban
atentos y aguardando a que esas ciertas palabras fuesen pronunciadas.
Gracias a todos ustedes estamos de nuevo en la Radio de todos, en la radio
del Estado. Y decir las cosas que decimos desde estos micrófonos, acrecienta
el hecho extraordinario de poder decirlas cada domingo, el hecho
extraordinario de expresar aquellas cosas para las que no hay lugar en los
medios ni en los debates ramplones que hacen del pensamiento político un
desierto o un monocultivo de ideas y opiniones.
Hemos tratado de reverdecer esos desiertos tal como lo hicieran Masanobu
Fukuoka y sus discípulos, entre los que ahora, humildemente, nos contamos.
Hemos tratado de recuperar esos ecosistemas arrasados de la conciencia
nacional. Por eso agradecemos también tanta palabra amiga recibida en estos
últimos días, el sollozo de alguno en el teléfono, los abrazos callados y
las expresiones de solidaridad maduras volcadas en cartas y correos,
escritos desde la propia afirmación y desde una ciudadanía que no se deja
doblegar. Gracias por tanto coraje. Gracias por proporcionarnos el valor que
muchas veces nos falta para proseguir. Hemos llevado una lucha dura en estos
años para generar pensamientos nuevos y no ha sido fácil. Nos pesa la
incomprensión de muchos. Alguna vez nos dieron de baja una cátedra que
teníamos como GRR en la Facultad de sociales, porque refiriéndose a Adolfo,
dijeron que no podía ser que un experto en batatas, intentara desarrollar
pensamientos filosóficos. En esta misma casa, algunos piensan que este es un
programa rural, o sea para el campo, y lo equiparan a los programas del INTA
aunque con otro signo. Otros hacen referencia a nosotros como aquellos que
afirmamos que la soja no es buena para la salud. Es lo que les impresionó de
nuestro discurso o el cachito de realidad que les quedó en la memoria de lo
que somos. No falta el que destaca mi particular encono con los Montoneros
y resaltan el que alguna vez dijera que la muerte de Rucci fue un crimen de
lesa humanidad. Un importante dirigente sindical tomó a broma la idea de
comerse un asado en mi casa, dado que soy ecologista y confundía de esa
manera, torpemente, el vegetarianismo con una postura política que se
propone el cambio radical de la sociedad y la instalación de nuevos
paradigmas de pensamiento. Para muchos dirigentes políticos actuales vengo a
ser algo así como un objeto de museo, un ser extraño que refiere a épocas
referenciales que no conocieron y que reverencian. No obstante, soy
consciente que cuando comienzo a exponer sobre organismos genéticamente
modificados, mercados globales, bio y nanotecnologías, postglobalización y
poder del conocimiento, es como que cambiaran la frecuencia de la escucha o
que les hablara en un lenguaje que dejan de comprender.
En medio de la devastación, hemos persistido en preparar la tierra para la
siembra, la hemos alimentado con el compostaje de los propios residuos, pero
también con mucho, mucho amor. Hemos sembrado las semillas del año anterior
o las que intercambiamos con los amigos innumerables que participan de las
nuevas redes. Somos muchos, cada día somos muchos más. Pensamos que, aparte
de respetar los ecosistemas que nos rodean, hay una regla superior que
debemos obedecer siempre, esa ley es que la biodiversidad que nos rodea
tiene que ser siempre aumentada y que debemos hacerla cada vez más y más
compleja. Esto quiere decir que debemos añadir nuevas especies y variedades,
y dejar que la Naturaleza busque nuevos equilibrios. Qué, a diferencia de lo
que hace la ciencia empresarial que separa y diferencia, que hace variedades
genéticas por separación de líneas de caracteres, nosotros deberíamos, por
lo contrario, ayudar a la Naturaleza, enriqueciendo los pooles genéticos,
tanto de plantas como de animales, añadiendo mediante aportes nuevos
caracteres, y dejando que los equilibrios, los ajustes y las adaptaciones se
produzcan mediante crecientes complejidades.
Esa ley de aumentar siempre la diversidad y la biocomplejidad, vale para la
agricultura, pero también vale para el huerto, para el jardín y para toda la
vida en sociedad. Vale para la lucha política y para la generación de
pensamientos, vale también, para construir las alternativas que generen el
nuevo poder que permita detener la infelicidad generalizada, el sufrimiento,
el despojo, la humillación de la conciencia nacional y el extravío de todo
sentido de patria y de justicia. Si frente a la debacle que viene sobre la
Argentina, de manera inexorable, porque así como ayer vivimos la caída del
muro de Berlín y la implosión de la URSS, hoy estamos viviendo la caída del
Imperio americano; si frente a esos horizontes de desastre no hacemos sino
canjear autos y calefones, apostar al consumo y al asistencialismo,
estaremos perdidos. No solo porque quienes la implementan podrían equivocar
la estrategia, sino porque por estulticia y por contumacia, carecen de un
plan B. Dice Alfredo Zaiat en Página 12 del sábado 28 y hablando de las
regresiones, que “no sería recibido con mucha seriedad que… propongan como
modelo empresario el regreso a formas de organización con exclusivo trabajo
manual en las fábricas. Tampoco tendría mucho eco entre los productores
agropecuarios una iniciativa que impulse el retorno al arado manual de los
campos”.
Uno comprende desde este lugar nuestro, el pensamiento mágico de los que
apuestan al progreso, el problema es que ellos no nos comprenden a nosotros.
Ellos, no solo son absolutamente excluyentes, sino que están convencidos que
las prácticas de simulacro que permitirían que la gente se organice ante
eventuales situaciones de desastre, convocan por si mismas a los desastres.
Por eso no existen ensayos o prácticas en la Argentina que predispongan ante
situaciones de evacuación como en Tartagal. Por supuesto, ellos se ven a sí
mismos como los científicos serios y a nosotros nos ven como los cultores
del pensamiento mágico…nos ven como los que hablamos de la soja o esos a los
que despectivamente se confunde como vegetariano… Repetimos, ante lo que
viene, no tienen plan B alguno, porque proponer la venta local de leche
fresca, las ferias de productores o los desarrollos locales carecería de
seriedad… y porque en el fondo creen que convocaría mágicamente al fracaso
del modelo progresista al que apuestan en exclusiva. Además, es en esa
estrategia excluyente donde ponen los huevos de sus negocios prebendarios.
Entonces, se apuesta decididamente al recambio de automóviles, de los
calefones y de las heladeras… sin ninguna alternativa que escape a una misma
visión estrecha de un mundo pensado por gente como uno y además, para gente
como uno….
Los sueños y las pesadillas dijo Galeano se hacen con la misma materia
prima. Debemos cambiar esta pesadilla por los sueños que siempre tuvimos.
Eso es todo. Sabemos bien que pensar y hablar sobre el camino no es lo mismo
que recorrerlo. Es lo que hacemos, hablamos del camino pero además lo
recorremos. No sabemos con certeza adonde conduce, pero lo recorremos,
avanzamos con firmeza y somos muchos… No nos proponemos llegar a ninguna
parte en especial y esto nos hace invencibles. No podemos ser derrotados
porque no nos medimos con la vara del éxito ni por horizontes de toma del
poder, tampoco pensamos en ganar elecciones, menos aún podríamos ser
chantajeados por aquellos cucos de la supuesta “restauración conservadora”
con que tantos intelectuales de izquierda encubren los meganegocios y las
intensas connivencias con las corporaciones y en particular con los
exportaodores. Las actuales estrategias de alimentar la tensión social,
favorecen la fragmentación de los colectivos, los desmigajan. Día a día
vemos como todos pelean entre sí, como los medios disfrutan de los
enfrentamientos, de las palabras fuertes con que unos castigan a los que
ayer eran sus allegados. Es la estrategia de la tensión que se genera desde
las usinas que continúan sosteniendo el viejo adagio, de que dividiendo se
reina mejor…
Somos un país laboratorio, no sólo porque producimos en relación a
territorio y población, muchos más organismos genéticamente modificados que
ningún otro país en el mundo, sino también porque bastante más del 75% de lo
que comemos contiene transgénicos, más precisamente soja y maíz RR. Es el
horror absoluto que consintió de buen grado nuestra dirigencia política,
intelectual y religiosa, en la más demencial de las traiciones a su propio
pueblo. Somos el laboratorio de las Corporaciones que ensayan con nosotros
sus semillas y sus alimentos genéticamente modificados. En algún
observatorio de esas empresas transnacionales, con seguridad estará previsto
investigar cómo será la próxima generación de argentinos, de la misma manera
que se ensaya con la mosca de la fruta o los cobayos. Pero además de
hacernos comer transgénicos sin que lo sepamos, con el simple recurso de que
el grueso de nuestros alimentos son reelaborados por las cadenas
agroalimentarias, además de eso, nos amontonan como en esos experimentos con
monos, en que se meten muchos en una jaula, para medir su creciente
agresividad… se vacía el campo y se nos concentra en megalópolis.
El territorio está destinado en exclusividad a los monocultivos y a las
mineras, también y en menor escala, a plantaciones de árboles para pasta,
incineradoras de residuos y basureros a cielo abierto. El modelo es
absolutamente extractivo, y conduce inexorablemente a la catástrofe y al
hambre. La capacidad de producción biológica de la Argentina aporta a otros
centros de poder y esa dependencia, se incrementa debido a nuevos procesos
tecnológicos de producción y apropiación transnacional, como la minería con
cianuro, la biotecnología y otros recursos corporativos. De hecho, corremos
graves riesgos de perder el capital biológico indispensable para nuestra
propia supervivencia como pueblo, capital que está constituido por los
suelos, el agua, los glaciares, los bosques y el petróleo. En la Argentina,
hoy se vive en conurbanos y como el empleo no alcanza para todos, están los
planes asistenciales, donde se derivan los ingentes dineros que dejan las
exportaciones. Los planes asistenciales no son para salir de la pobreza sino
para reproducirla. Es claro, entonces, que los discursos se distancian
definitivamente de las cosas y debemos vivir en la esquizofrenia programada.
La tercera generación de indigentes carece de conciencia de clase o de
espíritu organizativo, son la masa de maniobras de la política venal o un
problema que se resuelve con la policía. Los brotes histéricos de los que
reclaman se mate a los que matan, son repetidos al infinito por la
televisión y aportan a la estrategia de la tensión que nos enloquece, que
nos fragmenta, que nos aísla en medio de una sociedad hostil compuesta de
otros tantos individuos tan aislados como nosotros mismos, y que sospechan
de sus prójimos, tal como nosotros sospechamos de ellos. Somos de esa
manera, conducidos a votar chantajeados y a vivir reclamando reglas cada vez
más duras, reglas que aplicarán los mismos que alimentaron la situación
insostenible en que vivimos.
Frente a este panorama se requieren miradas nuevas. Pensar en términos de
izquierdas y derechas resulta funcional al sistema. Es como aceptar debatir
sobre un terreno plano y acotado, cuando debemos ser capaces de visualizar
en profundidad y en altura, los modelos vigentes que determinan la
dependencia colonial. Pensar que podríamos salir del encierro del
capitalismo sin debatir sobre el sentido de las tecnologías y de las
escalas, resulta ingenuo y presupone creer que estos patrones civilizatorios
depredadores pueden continuar siendo soportados por el Planeta. Estamos
convencidos que esta es una época decisiva, una época de inflexiones
históricas, y que estamos obligados a tener el valor de pensar otro mundo.
Esa es la tarea en la que estamos desde Horizonte Sur y celebramos hallarnos
tan acompañados en la misión que no hemos dado, celebramos volver a dialogar
con todos ustedes a los que debemos este espacio de reflexión y de
construcción alternativa. Gracias, una vez más por marchar juntos en este
camino que estamos recorriendo. Como diría el monje: el camino es el mismo
de antes, el mismo de siempre, lo que ha cambiado es nuestro corazón.
Jorge Eduardo Rulli
http://horizontesurblog.blogspot.com/
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