Los invisibles
FRANCESC-MARC ÁLVARO - 10/08/2004
La historia siguiente ha ocurrido en la España constitucional y democrática
de nuestros días, no en el pasado. La Conselleria de Benestar Social de la
Generalitat Valenciana denegó la posibilidad de adoptar una niña china al
matrimonio formado por Josefa Ibáñez y Rafael Espí porque "tienen
dificultades en la comprensión verbal, puesto que normalmente se expresan en
valenciano" y "porque cuentan con pocos recursos personales para asimilar
contenidos". La resolución ignoraba los preceptivos informes psicológico y
social que sí les consideraban idóneos para la adopción. El matrimonio, que
vive en Agullent (Vall d'Albaida), recurrió en el juzgado de primera
instancia y perdió, pero la Audiencia Provincial de Valencia, en cambio,
dictó un veredicto favorable a Josefa y Rafael, en marzo del año pasado. Con
las idas y venidas por los pasillos judiciales, el matrimonio ha sobrepasado
los 55 años, edad tope marcada por las autoridades chinas. En estos
momentos, esperan adoptar una niña de Ucrania, país que no fija límites.
El caso merece una reflexión, a tenor de lo que explican los interesados y
su abogado. Como si se tratara de una mala comedia de la España de Franco, a
Josefa y Rafael las autoridades autonómicas valencianas les han hecho sentir
como si fueran tontos y aquello que, en otras épocas, se llamaba paletos,
sobre todo por el hecho de que se expresan mejor en valenciano (lengua
totalmente constitucional) que en castellano y carecen de estudios. Josefa
ha explicado: "Hemos hecho mil viajes a Valencia y nos han tratado como a
terroristas, toreándonos e ignorándonos". El matrimonio, que ha trabajado
siempre en el campo y en las industrias textiles de la zona, posee una casa
de campo de 180 metros cuadrados con piscina y su gran ilusión es ver crecer
a su hija adoptiva.
Esta historia está atravesada por prejuicios de todo tipo. El del mundo
urbano sobre el mundo rural, el de los hablantes de un idioma sobre los de
otro, el de los ignorantes con carrera universitaria sobre aquellos que han
aprendido del sentido común, y el del funcionario arbitrario sobre el
administrado indefenso. Pero, lo más relevante de este episodio es la
invisibilidad de los agraviados y, por tanto, su imposibilidad de hacer
llegar la idea de grave injusticia, de discriminación y de lesión sobre sus
derechos. Dicho de otro modo: la gran desgracia de Josefa y de Rafael es no
formar parte de ninguna minoría organizada, capaz de presionar a los
políticos y a los periodistas. No se trata ni de una pareja gay moderna, ni
de un matrimonio de inmigrantes exóticos y famélicos, ni de okupas con
padres bien situados, ni de famosos simpáticos de la farándula. A Josefa y
Rafael no les adorna ninguno de los atributos de moda para que se ponga en
marcha la cadena solidaria habitual. La que empieza con la noticia a todo
volumen, sigue con la indignación amplificada de los afines y llega a su
cenit con la solidaridad políticamente correcta de todo a cien. Es la
fórmula mágica para calmar nuestras malas conciencias y sus fantasmas. Gente
sencilla del campo valenciano, de la que nunca es portada, no parece que sea
buena materia prima para hacernos sentir tan buenos y comprometidos como,
sin duda, somos y estamos.
FRANCESC-MARC ÁLVARO - 10/08/2004
La historia siguiente ha ocurrido en la España constitucional y democrática
de nuestros días, no en el pasado. La Conselleria de Benestar Social de la
Generalitat Valenciana denegó la posibilidad de adoptar una niña china al
matrimonio formado por Josefa Ibáñez y Rafael Espí porque "tienen
dificultades en la comprensión verbal, puesto que normalmente se expresan en
valenciano" y "porque cuentan con pocos recursos personales para asimilar
contenidos". La resolución ignoraba los preceptivos informes psicológico y
social que sí les consideraban idóneos para la adopción. El matrimonio, que
vive en Agullent (Vall d'Albaida), recurrió en el juzgado de primera
instancia y perdió, pero la Audiencia Provincial de Valencia, en cambio,
dictó un veredicto favorable a Josefa y Rafael, en marzo del año pasado. Con
las idas y venidas por los pasillos judiciales, el matrimonio ha sobrepasado
los 55 años, edad tope marcada por las autoridades chinas. En estos
momentos, esperan adoptar una niña de Ucrania, país que no fija límites.
El caso merece una reflexión, a tenor de lo que explican los interesados y
su abogado. Como si se tratara de una mala comedia de la España de Franco, a
Josefa y Rafael las autoridades autonómicas valencianas les han hecho sentir
como si fueran tontos y aquello que, en otras épocas, se llamaba paletos,
sobre todo por el hecho de que se expresan mejor en valenciano (lengua
totalmente constitucional) que en castellano y carecen de estudios. Josefa
ha explicado: "Hemos hecho mil viajes a Valencia y nos han tratado como a
terroristas, toreándonos e ignorándonos". El matrimonio, que ha trabajado
siempre en el campo y en las industrias textiles de la zona, posee una casa
de campo de 180 metros cuadrados con piscina y su gran ilusión es ver crecer
a su hija adoptiva.
Esta historia está atravesada por prejuicios de todo tipo. El del mundo
urbano sobre el mundo rural, el de los hablantes de un idioma sobre los de
otro, el de los ignorantes con carrera universitaria sobre aquellos que han
aprendido del sentido común, y el del funcionario arbitrario sobre el
administrado indefenso. Pero, lo más relevante de este episodio es la
invisibilidad de los agraviados y, por tanto, su imposibilidad de hacer
llegar la idea de grave injusticia, de discriminación y de lesión sobre sus
derechos. Dicho de otro modo: la gran desgracia de Josefa y de Rafael es no
formar parte de ninguna minoría organizada, capaz de presionar a los
políticos y a los periodistas. No se trata ni de una pareja gay moderna, ni
de un matrimonio de inmigrantes exóticos y famélicos, ni de okupas con
padres bien situados, ni de famosos simpáticos de la farándula. A Josefa y
Rafael no les adorna ninguno de los atributos de moda para que se ponga en
marcha la cadena solidaria habitual. La que empieza con la noticia a todo
volumen, sigue con la indignación amplificada de los afines y llega a su
cenit con la solidaridad políticamente correcta de todo a cien. Es la
fórmula mágica para calmar nuestras malas conciencias y sus fantasmas. Gente
sencilla del campo valenciano, de la que nunca es portada, no parece que sea
buena materia prima para hacernos sentir tan buenos y comprometidos como,
sin duda, somos y estamos.
www.psicologia-online.com/ebooks Las 9 Revelaciones de J. Redfield: www.keopsweb.com/gapcali/mensaje12.htm
Las mujeres se lamentan del síndrome premenstrual, creo q es el único tiempo del mes q puedo ser yo misma (Roseanne). www.milinkito.com/prestige/prestige.html Politic correctness: We want to create a sort of linguistic Lourdes, where evil and misfortune are dispelled by a dip in the waters of euphemism. R. Hughes 1993
De la liberacion de la mujer esperabamos grandes politicas, grandes abogadas, grandes sindicalistas, grandes intelectuales... pero hasta ahora solo hemos tenido grandes folladoras (Paco Umbral).
Les mentides són simples, les veritats complexes (Anònim).
Estilo masculino: http://www.protocolo.org/gest_web/proto_Seccion.pl?rfID=183&arefid=313 Si diésemos audiencia cuatro días, serían de españoles todos cuantos se entrasen a quejar (Cervantes).
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