| 13 de febrero de 2007, 19h18 |
Linz (Austria), 13 feb (EFE).- La opinión pública austríaca se pregunta hoy estupefacta cómo ha sido posible que durante siete años pasase desapercibido el sufrimiento de tres niñas encerradas en la oscuridad en una casa de un barrio elegante de la ciudad de Linz. El caso ha salido a la luz pocos meses después de que la liberación de Natascha Kampusch, joven de 18 años que estuvo secuestrada desde que tenía diez en un minúsculo zulo subterráneo en las afueras de Viena, desencadenara una ola de incredulidad y estupor dentro y fuera del país. Este fin de semana se supo que la casa de una zona de clase media alta, propiedad de una familia de conocidos juristas, albergaba en su interior una mazmorra donde las tres niñas
padecieron una larga penuria de siete años, en las condiciones más miserables y bajo la custodia de una madre divorciada con trastornos psíquicos. La historia tiene los ingredientes para convertirse en un escándalo político por la dejadez con la que actuaron los servicios de asistencia a menores, así como las autoridades escolares. A Elisabeth, Viktoria y Katharina, que tenían 13, 10 y 6 años cuando se inició su encierro de siete años, no se les permitía hablar con nadie y los daños psíquicos que presentan son tan graves que los especialistas dudan de que las dos mayores puedan jamás llevar una vida normal. Las niñas vivían en una situación de penuria difícilmente imaginable: jugaban con ratones cuyos excrementos estaban por toda la casa y, debido a su falta de contacto con el exterior, habían desarrollado un lenguaje propio que únicamente entendían entre ellas. La dramática situación familiar quedaba oculta tras la
fachada de la amplia casa en la que residían, en un barrio de gente bien, que reflejaba el poder adquisitivo de sus progenitores divorciados: juez el padre y abogada la madre. Aunque la liberación se produjo hace más de un año, la noticia ha tardado en darse a conocer para proteger a las jóvenes y porque hay un proceso judicial pendiente. La madre, que será juzgada probablemente el próximo mayo y que está ingresada actualmente en la unidad forense de una clínica psiquiátrica, intentó dos veces el año pasado secuestrar a las muchachas para sustraerlas del cuidado de los trabajadores sociales y psicólogos que las atendían durante el último año. El periódico Österreich publicó hoy imágenes de la casa donde la mujer tuvo encerradas a sus hijas, sin luz, ya que había retirado las bombillas eléctricas de todas las habitaciones, rodeadas de trastos viejos, restos de comida y vajilla sucia esparcida por el suelo. El inspector
escolar Franz Weissenböck rechazó en el diario a representantes de las autoridades tener la culpa de la suerte de las jóvenes y dijo que las muchachas iban regularmente al colegio y daban una impresión de normalidad. Sin embargo, Katharina, la segunda hija, que ahora tiene 18 años, en el año escolar 2002/2003 tan sólo estuvo en el colegio 22 días y no pudo concluir el curso porque tampoco acudía a los exámenes. La madre, de 53 años y abogada de profesión, dio de baja a las tres hijas del colegio y aseguró a las autoridades que recibían enseñanza privada en casa. Las reiteradas denuncias del padre, que pedía ver a sus hijas, y de unos vecinos que observaron ciertas "anomalías", como que la casa estaba siempre a oscuras, no dieron resultado alguno hasta que a finales de octubre de 2005 intervino la asistencia social. Varios vecinos reconocieron ante las cámaras de la televisión pública austríaca ORF que sí pensaron que
"algo no andaba bien" al ver cómo la familia a veces se instalaba en el automóvil aparcado delante de la casa, y parecían vivir allí, pues comían y leían dentro del automóvil. La que ha sufrido daños psíquicos más graves es la mayor de las jóvenes, Elisabeth, que ahora tiene 21 años. La pequeña, Viktoria, es la que más contacto mantenía con el mundo exterior y la única de las tres que resistió el "lavado de cerebro" de su madre, afirma el diario, y vuelve a aceptar a su padre. Los padres de las jóvenes, ambos juristas, se divorciaron en 1998 y, desde entonces, la madre se atrincheró con las niñas en la casa situada en las afueras de Linz, a unos 190 kilómetros al oeste de Viena, y las obligó a vivir prácticamente en condiciones infrahumanas. |
“Per què Déu creà primer l’home q la dona? No volia escoltar advertències” (?) "No has de ser antihome per a ser prodona” (Jane Lewis). “El feminisme és la creença q les dones són humanes i els homes no...és la creença en drets humans per a tothom reforçats per un Estat policiac propi” (M. Kilroy). “Les feministes volen la igualtat, però alhora volen un règim especial” (R. Limbaugh). “Tinc experiència del q són moltes dones juntes. Déu ens en deslliuri!” (Sta. Teresa de Jesús).
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