http://www.mujernueva.org/articulos/articulo.phtml?id=4215&td=0&tse=ANA
Se cosecha lo que se siembra
(Por: Nieves García, Colaboradora de Mujer Nueva, 2004-10-22)
Vivimos en una época simplista. Da la impresión de que de tanto alabar
el método científico como único camino para conocer la realidad, no
sabemos despegar el ojo del microscopio. De la misma manera tratamos
de analizar los casos de la mal llamada "violencia doméstica". Todos
estamos preocupados por el incremento de estas situaciones, en las que
lógicamente la mujer, le guste o no, es el "sexo débil", es la que
lleva la peor parte. Cada vez que un hombre ejerce violencia contra
una mujer, sea quien sea, (novia, amante, conocida, empleada…) salta a
los titulares bajo el epíteto de "violencia domestica". Inmediatamente
la conclusión que se saca es: para erradicar este problema hay que
castigar al culpable. Pero antes de llegar al castigo habría que
preguntarse ¿Por qué actuó así?
Nuestra sociedad ha ido legitimando algunos tipos de violencia, a base
de alabar las conductas que las protagonizan:
- Violencia contra las cosas, que el individuo puede destruir a su
antojo en el consumo. "Usar y tirar"
- Violencia ecológica, a base de no respetar la naturaleza y
explotarla más allá de lo necesario para su sobrevivencia.
- Violencia sexual del hombre contra la mujer a la que hay que atrapar
y retener; pero también teorizada por las feministas radicales, como
el imperio de la mujer que ejerce su poder sexual sobre el hombre, al
que hay que seducir y subyugar, y del cual hay que vengarse para
triunfar sobre el "machismo".
- Violencia del individuo contra sí mismo si decide que es en el
suicidio donde encuentra la expresión de su libertad
- Violencia general contra los demás a quienes el individuo fuerte
puede reducir a esclavitud o dar muerte. (Violencia social, comercio
de explotación sexual…)
Una sociedad que tan sutilmente preconiza la violencia es lógico que
la sufra en su seno íntimo, en su misma casa. Abramos un poco más los
ojos y hagamos un análisis algo más objetivo de la realidad. Poner
etiquetas es muy fácil, pero quitarlas es una tarea titánica. Los
periódicos pregonan: "El varón tiende a la violencia…, es un agresor
potencial por el sólo hecho de ser hombre…, cuando el enemigo está
dentro de la casa…" Las reacciones violentas que un hombre tiene hacia
una mujer ¿realmente son causadas por la sexualidad masculina? ¿La
mujer no reacciona con violencia también aunque lo demuestra de otra
forma, menos obvia físicamente, por supuesto? Erin Pizzey es
profesional en la atención a mujeres maltratadas desde 1971. Es
responsable de más de 62 albergues que cuidan de mujeres maltratadas.
Cuando habla de la violencia doméstica sabe de que está hablando.
"Aquellos de nosotros que trabajamos en el campo de la violencia
doméstica nos enfrentamos diariamente con la difícil tarea de trabajar
con mujeres dentro de familias problemáticas. En mi experiencia con la
violencia familiar, he llegado a reconocer que hay mujeres implicadas
en relaciones violentas de carácter físico y/o emocional las cuales
muestran y exhiben trastornos más allá de lo esperado (y de lo
aceptable) en una situación de estrés. Estas mujeres, motivadas por
profundos sentimientos de venganza, rencor y animosidad se comportan
de una manera particularmente destructiva; destructiva para ellas
mismas pero también para los restantes miembros de la familia, de tal
manera que complican una situación familiar, ya de por sí mala, en
algo mucho peor".
El ser humano, hombre o mujer, nos guste o no reconocerlo, es un ser
que puede tener un comportamiento violento. No es una cuestión de
género. No ha habido época de la historia, ni cultura que tristemente
no haya conocido las secuelas de la guerra, los conflictos entre
vecinos, entre pueblos contiguos, entre miembros de la misma familia.
La proximidad pone de manifiesto la tendencia a la violencia. El
conflicto de libertades se da en el trato cercano.
Esta es una realidad de la misma naturaleza humana, que hay que
aceptar para poder superar. Pero si además la sociedad la alimenta a
base de ideología haciéndonos creer que lo peor que puede sucederles a
hombres y mujeres es ser diferentes entre ellos, porque la diferencia
conlleva inevitablemente un conflicto, estamos alimentando las tristes
situaciones que leemos casi diario sobre la violencia intrafamiliar.
Las diferencias no son en sí malas por el sólo hecho de serlo, son
fuente de riqueza. La igualdad forzada sería una injusticia mayor, ya
que no respetaría lo natural de cada ser. Las relaciones naturales
entre hombre y mujer conducen naturalmente a la complementariedad
porque ésta reconoce las diferencias entre ambos sexos como
posibilidades de crecimiento mutuo en todos los órdenes.
No desconocer las dificultades en las relaciones no significa que haya
que generalizarlas. Generalizar es peligroso para la justicia. ¿Todos
los hombres son agresores en potencia? Algunas leyes contra violencia
doméstica sólo suponen como sujetos de violencia al sexo masculino.
Es de sentido común aceptar la existencia de dificultades en la
relación entre hombres y mujeres; es de demagogos el exagerarlas, y es
antinatural negar que esta relación es, sencillamente, la tendencia
más fuerte que tiene el ser humano en la búsqueda de su realización.
La humanidad ha progresado gracias a las diferencias complementarias
entre hombre y mujer.
http://www.mujernueva.org/articulos/articulo.phtml?id=4215&td=0&tse=ANA
Se cosecha lo que se siembra
(Por: Nieves García, Colaboradora de Mujer Nueva, 2004-10-22)
Vivimos en una época simplista. Da la impresión de que de tanto alabar
el método científico como único camino para conocer la realidad, no
sabemos despegar el ojo del microscopio. De la misma manera tratamos
de analizar los casos de la mal llamada "violencia doméstica". Todos
estamos preocupados por el incremento de estas situaciones, en las que
lógicamente la mujer, le guste o no, es el "sexo débil", es la que
lleva la peor parte. Cada vez que un hombre ejerce violencia contra
una mujer, sea quien sea, (novia, amante, conocida, empleada…) salta a
los titulares bajo el epíteto de "violencia domestica". Inmediatamente
la conclusión que se saca es: para erradicar este problema hay que
castigar al culpable. Pero antes de llegar al castigo habría que
preguntarse ¿Por qué actuó así?
Nuestra sociedad ha ido legitimando algunos tipos de violencia, a base
de alabar las conductas que las protagonizan:
- Violencia contra las cosas, que el individuo puede destruir a su
antojo en el consumo. "Usar y tirar"
- Violencia ecológica, a base de no respetar la naturaleza y
explotarla más allá de lo necesario para su sobrevivencia.
- Violencia sexual del hombre contra la mujer a la que hay que atrapar
y retener; pero también teorizada por las feministas radicales, como
el imperio de la mujer que ejerce su poder sexual sobre el hombre, al
que hay que seducir y subyugar, y del cual hay que vengarse para
triunfar sobre el "machismo".
- Violencia del individuo contra sí mismo si decide que es en el
suicidio donde encuentra la expresión de su libertad
- Violencia general contra los demás a quienes el individuo fuerte
puede reducir a esclavitud o dar muerte. (Violencia social, comercio
de explotación sexual…)
Una sociedad que tan sutilmente preconiza la violencia es lógico que
la sufra en su seno íntimo, en su misma casa. Abramos un poco más los
ojos y hagamos un análisis algo más objetivo de la realidad. Poner
etiquetas es muy fácil, pero quitarlas es una tarea titánica. Los
periódicos pregonan: "El varón tiende a la violencia…, es un agresor
potencial por el sólo hecho de ser hombre…, cuando el enemigo está
dentro de la casa…" Las reacciones violentas que un hombre tiene hacia
una mujer ¿realmente son causadas por la sexualidad masculina? ¿La
mujer no reacciona con violencia también aunque lo demuestra de otra
forma, menos obvia físicamente, por supuesto? Erin Pizzey es
profesional en la atención a mujeres maltratadas desde 1971. Es
responsable de más de 62 albergues que cuidan de mujeres maltratadas.
Cuando habla de la violencia doméstica sabe de que está hablando.
"Aquellos de nosotros que trabajamos en el campo de la violencia
doméstica nos enfrentamos diariamente con la difícil tarea de trabajar
con mujeres dentro de familias problemáticas. En mi experiencia con la
violencia familiar, he llegado a reconocer que hay mujeres implicadas
en relaciones violentas de carácter físico y/o emocional las cuales
muestran y exhiben trastornos más allá de lo esperado (y de lo
aceptable) en una situación de estrés. Estas mujeres, motivadas por
profundos sentimientos de venganza, rencor y animosidad se comportan
de una manera particularmente destructiva; destructiva para ellas
mismas pero también para los restantes miembros de la familia, de tal
manera que complican una situación familiar, ya de por sí mala, en
algo mucho peor".
El ser humano, hombre o mujer, nos guste o no reconocerlo, es un ser
que puede tener un comportamiento violento. No es una cuestión de
género. No ha habido época de la historia, ni cultura que tristemente
no haya conocido las secuelas de la guerra, los conflictos entre
vecinos, entre pueblos contiguos, entre miembros de la misma familia.
La proximidad pone de manifiesto la tendencia a la violencia. El
conflicto de libertades se da en el trato cercano.
Esta es una realidad de la misma naturaleza humana, que hay que
aceptar para poder superar. Pero si además la sociedad la alimenta a
base de ideología haciéndonos creer que lo peor que puede sucederles a
hombres y mujeres es ser diferentes entre ellos, porque la diferencia
conlleva inevitablemente un conflicto, estamos alimentando las tristes
situaciones que leemos casi diario sobre la violencia intrafamiliar.
Las diferencias no son en sí malas por el sólo hecho de serlo, son
fuente de riqueza. La igualdad forzada sería una injusticia mayor, ya
que no respetaría lo natural de cada ser. Las relaciones naturales
entre hombre y mujer conducen naturalmente a la complementariedad
porque ésta reconoce las diferencias entre ambos sexos como
posibilidades de crecimiento mutuo en todos los órdenes.
No desconocer las dificultades en las relaciones no significa que haya
que generalizarlas. Generalizar es peligroso para la justicia. ¿Todos
los hombres son agresores en potencia? Algunas leyes contra violencia
doméstica sólo suponen como sujetos de violencia al sexo masculino.
Es de sentido común aceptar la existencia de dificultades en la
relación entre hombres y mujeres; es de demagogos el exagerarlas, y es
antinatural negar que esta relación es, sencillamente, la tendencia
más fuerte que tiene el ser humano en la búsqueda de su realización.
La humanidad ha progresado gracias a las diferencias complementarias
entre hombre y mujer.
http://www.mujernueva.org/articulos/articulo.phtml?id=4215&td=0&tse=ANA
Experta considera ideal la custodia compartida: www.lukor.com/not-soc/cuestiones/0409/20154150.htm La història ha de repetir-se perquè la primera vegada li prestem ben poca atenció (B. Sherrod). De la pròpia experiència o de l'enregistrada experiència d'uns altres (la història), els homes aprenen sols el q llurs passions i llurs prejuís metafísics els permeten d’aprendre (A. Huxley). Manual de padres: www.pgcps.pg.k12.md.us/~jones/parenthand.span.htm
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