me gustó mucho tu comentario Sergio. El mío es que aquí en Canada por supuesto que el cigarrillo va contra la salud de los ciudadanos a causa de los lugares cerrados herméticos en Invierno, en Chile no importa porque todo está ultra ventilado. Pero además me acuerdo del puro y la pipa de mi padre, a mí me encantaba el olor y es cierto lo que dices de que algunas mujeres se sentían atraídas por el humo de su macho (fumando espero al hombre...), creo que yo no soy una fanática anti tabaco.
----- Message d'origine -----De : Almeja del RíoÀ : ProtachEnvoyé : 3 juin 2006 00:45Objet : [protach] Re: [diaspora chilena No Spam] * Fumar, el placer que ya no es
Sergio,
Interesante tu punto de vista, sin embargo creo que
hay que hacer una aclaración.
La prohibición completa del cigarrillo en los lugares públicos
tales como bares y restaurantes, sin permitir ni siquiera un lugar
para los fumadores, no viene de una exageración de la cruzada
contra el tabaco, sino que de una realidad bien precisa:
La protección de los trabajadores.
En efecto, los mozos que estaban obligados a servirle a los clientes
en el area de fumadores estaban expuestos al humo secundario, por
lo tanto el gobierno se expone a un recurso colectivo de la parte
de algunos trabajadores o de todos, por permitir el deterioro de su salud.
Es esta la verdadera razón de la ley, y también hay otra razón,
hoy volvi, hace muchos años, desde cuando fumaba, hace ya 10 años
a mi lugar favorito:
La Cabaña Portuguesa, al frente de la famosa carne ahumada judía Shwartz
en la calle San Lorenzo, y con mucha alegría de constatar que se podía
conversar al frente de una cerveza sin tener por encima la nube de humo
que poblaba ese lugar y que a muchos nos tenía relegados.
La cleintela va a cambiar, y para mejor, para la salud de los clientes
y de los mozos y para la salud financiera de los propietarios
Saludos desde el Río
Almeja
sergio.martinez@... wrote:
Aquí mi columna Temas Intocables de esta semana en El Popular. Para
edición completa ir a www.elpopular.com
Fumar, el placer que ya no es
MONTREAL.- "Fumar es un placer, genial, sensual... / fumando espero a la
que tanto quiero / tras los cristales de alegres ventanales / y mientras
fumo mi vida no consumo, / porque flotando el humo me suelo
adormecer..." y así seguían Viladomat Masanas y Garzó en ese famoso
tango, de cuyas versiones la que más recuerdo es la que hacía la
estrella española de "El último cuplé", Sarita Montiel, que con su voz
enronquecida - muy adecuada para el tema del cigarrillo por cierto -
modificaba la segunda estrofa para decir con un tonillo muy sexy:
"fumando espero al hombre que yo quiero..."
No más imágenes glamorosas del cigarrillo y el fumar, por lo menos en
nuestras provincias de Ontario y Quebec, donde este pasado miércoles han
entrado en vigor drásticas legislaciones prohibiendo fumar en todos los
sitios públicos, incluyendo por cierto, bares, restaurantes y clubes
nocturnos, habitualmente los sitios donde el cigarrillo es consumido en
mayor cantidad como forma de sociabilidad.
Aquí en Quebec, donde se concentra, por lo menos hasta ahora, el más
alto porcentaje de fumadores de todo el país, la draconiana legislación
ha sido vista como una terrible amenaza por parte de dueños de bares y
restaurantes. Sin embargo, me atrevo a pronosticar que sus efectos
reales no serán tan dramáticos. Me imagino que los fumadores pueden
aguantarse una hora o dos sin tener que recurrir a su hábito, el tiempo
que puede durar una comida y la sobremesa. En clubes nocturnos, por otro
lado, la necesidad de satisfacción oral puede lograrse bebiendo más (lo
que probablemente hará que en unos años más arrecien las campañas
antialcohólicas).
En todo caso, desde un punto de vista cultural es interesante constatar
los cambios en percepción que las distintas sociedades han experimentado
respecto del consumo de cigarrillos. En el mismo tango que mencionaba se
puede escuchar: "dame el humo de tu boca / dame que en mí, pasión
provoca..." Bueno, eso no puede ser más políticamente incorrecto hoy en
día, dados los efectos del "humo de segunda mano" (o de segundo pulmón,
como sería más exacto), baste recordar a esa patética mujer (ampliamente
explotada por la publicidad antitabaquista que a mí me provocaba ganas
de arrojar cualquier objeto sobre la pantalla cuando aparecía) que con
voz enronquecida también (pero no sexy como la de Sarita Montiel) nos
contaba su dramático caso: había sido camarera de un bar por años y
nunca había fumado, pero lo que inhaló de segunda mano le causó un
cáncer al pulmón (no es cosa de tomarlo livianamente, la pobre mujer
murió hace unas pocas semanas, lo que objeto es la explotación que se
hizo de su caso).
La verdad es que sobre todo este tema del cigarrillo tengo sentimientos
encontrados: en lo personal - aunque fumé muy ocasionalmente cuando
hacerlo era una suerte de gesto rebelde - nunca encontré que fumar fuera
algo que me entusiasmara, en otras palabras, nunca adquirí el hábito,
nunca me atrajo realmente. Tampoco la motivación de rebelión estuvo al
final muy presente, en un gesto de liberalidad, cumplidos los 15 años mi
padre me dijo que no objetaba a que fumara en casa o delante de él,
prefiriendo a que lo fuera a hacer a escondidas. Y la verdad es que la
oferta no me interesó, prefería gastarme mi dinero en otras cosas (mi
hermana sin embargo sí que aprovechó la oferta y empezó a fumar desde
esa edad y sólo ahora último ha parado un poco, y aunque tiene otros
problemas de salud, sus pulmones todavía están en buena forma).
Sin embargo, aunque no soy fumador, probablemente porque creo que al
final la tolerancia es una buena cosa (son pocas las cosas que no
tolero, entre ellas la vulgaridad, el fanatismo y la estupidez), tiendo
a pensar que en el último tiempo los diferentes niveles de gobierno,
aquí en Canadá, así como en general en el mundo, se ha asumido esta
cruzada antitabaco con un poco de exageración. Eso sin contar sus
contradicciones, como que por ejemplo al mismo tiempo que se ponen en
pie normas más estrictas sobre el cigarrillo, ciertas autoridades
consideren el uso de la marihuana (que también se fuma y por lo tanto
puede causar similares efectos cancerígenos en los pulmones) bajo el
pretexto de presuntos beneficios terapéuticos. ¿Suena familiar? Aquellos
que tengan algunos años recordarán también los cigarrillos
"terapéuticos" que incluso algunos recomendaban para el asma...
De signo de virilidad en los hombres y de audacia desafiante en las
mujeres, el cigarrillo ha pasado al otro extremo: su uso causaría
impotencia y el olor a tabaco ya no es más sexy. Por lo menos si se ha
de creer la publicidad oficial sobre el tema.
"Voy a hacerme un cigarrito / acaso tengo tabaco..." cantaba Víctor
Jara, en tanto que la mexicana Ana Gabriel nos dice: "Anoche estuve
conversando con mi cigarrillo / y al terminarlo pensando me quedé entre
suspiros / que en este verso triste que es el mundo en que vivo / sólo
él me va quedando, como único amigo". El cigarrillo como tema, como
compañero ya no está más. En verdad no se trata sólo de un fenómeno
canadiense ni de la América del Norte, incluso en nuestra propia
Latinoamérica de "machos fumadores" y "hembras de sexualidad ardiente"
(como van los estereotipos), el cigarrillo va siendo apagado y perdiendo
por tanto su atractivo.
Enhorabuena, podría decir, después de todo también recordaría cuánto
humo de segunda mano aspiré en incontables reuniones políticas y
asambleas estudiantiles en mis años de activismo juvenil. No obstante,
aun creo que algunas de las medidas son un tanto exageradas. Vamos, si
algunos negocios podían dedicar espacios completamente aislados del
resto de sus clientes donde los fumadores pudieran disfrutar su placer
de fuego ¿por qué no permitirlo? Pienso que el problema reside en que
junto a consideraciones completamente justificadas de salud - no exponer
a personas no fumadoras al humo de segunda mano - se dio mucho peso a
opiniones de gente que asumía una actitud casi obsesiva sobre el tema,
los fanáticos, los santimoniosos siempre listos a pontificar sobre
cualquier tema con una actitud de superioridad moral que en verdad nadie
les ha conferido. Los peores, como siempre ocurre, son los conversos,
los ex fumadores - a veces de toda una vida - que como modernos Pablos
de Tarso camino de Damasco, súbitamente tienen esa vuelta de 180 grados
y como queriendo borrar su pecado, ahora quieren que todo el mundo se
abstenga y eso no es posible. Creo que entre los jóvenes especialmente,
el cigarrillo seguirá teniendo cierto elemento de atracción, al menos
por un tiempo. Y verdaderamente no veo nada tan malo en ello, aunque en
principio preferirían que no fumaran, pero en una edad en que se
descubren muchas cosas, sexo, bebida, la velocidad del auto, todas ellas
entrañando algún potencial riesgo, el cigarrillo es simplemente una más
dentro del caudal de experiencias de juventud. Uno simplemente no debe
sobredimensionar sus alcances.
En todo caso, "Dura lex sed lex" como decían los romanos ("Dura es la
ley, pero es la ley"), y si bien los meses de verano no afectarán a
quienes deban encender un cigarrillo a nueve metros de la entrada de un
colegio u hospital aquí en Quebec, no los quiero ver en pleno febrero
con 20 grados bajo cero haciendo el mismo ejercicio. Probablemente el
clima será el mejor aliciente para dejar el hábito cigarrero.
Comentarios: smartinez175@...
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