A raíz de una de las políticas
recomendadas
por la misión
Klein-Saks consistente en una ley de
estabilización, apoyada
liberales y conservadores, se generó un gran
descontento
popular. Esto se vio agravado
por un alza en las tarifas de la
locomoción, frente a lo cual los
trabajadores y estudiantes
reaccionaron con movimientos de protesta
encabezados por
la Central Unica de Trabajadores (CUT) y por
la Federación
de Estudiantes de
Chile (FECH). Pero el movimiento de protesta
comenzó a tomar un
ritmo cada vez más violento hasta que el 2 de abril
de 1957 -como
relata R.A. Gumucio, uno de los testigos- “comenzaron a
actuar bandas de
asaltantes cuya extracción social
no era posible
identificar... Se
produjeron asaltos a parques y jardines, comisarías, etc.,
y ya en la tarde se
destruyó el alumbrado público y se intentaron asaltos
al Congreso,
La Moneda y Tribunales". Como
reacción el Gobierno
decretó estado de
sitio y convocó a los jefes de los
partidos a una
reunión en la cual
el Ministro del Interior, Benjamín Videla, solicitó el
apoyo para un proyecto de ley
que le
concediera al poder ejecutivo
facultades extraordinarias.
El proyecto fue aprobado por los
parlamentarios oficialistas, la Derecha
y la
Falange Nacional, en tanto que se opusieron los parlamentarios
radicales y del FRAP.
Concedidas las Facultades Extraordinarias,
el Presidente de la
República podía hacer arrestos sin orden
judicial, suspender reuniones
públicas,
censurar la prensa y allanar casas sin autorización judicial.
Lo sorprendente
fue, sin embargo, que antes de diez días de concedidas
las facultades
extraordinarias y mientras se debatía en la Cámara de Diputados
la forma en que
se estaban aplicando, el Ministro del Interior,
que asistía a la sesión,
informó
que el Gobierno estimaba a esas alturas que la ley era innecesaria ya
que
la
paz y la tranquilidad habían vuelto al país y que el Gobierno tenía
controlada
la situación.
La declaración ministerial fue considerada
una burla por los parlamentarios opositores
que habían apoyado la aprobación de
la ley, y en pocas horas se tramitó el proyecto de derogación.
Era
otro de los acontecimientos inexplicables de la
política ibañista que contribuía a su deterioro.
Marcos Beiger