Sergio
Te felicito por el artículo sobre las caricaturas de la discordia, me parece
muy bien resumido y claramente explicitado el meollo del asunto. Estoy
completamente de acuerdo contigo en cuanto al obcurantismo que acarrea la
ortodoxia de las religiones. Después de todo, la afirmación de Marx tiene
plena vigencia.
Un niño de ocho años me hizo una refexión que no deja de tener sentido" Si
Dios es tan poderoso y al corriente de lo que pasa en el mundo, que castigue
él mismo a los que lo ofenden, para qué va a necesitar une orda que lo
defienda".
Es muy difícil imaginar lo que pasa por la mente de la gente religiosa para
ser tant fanática. ¿Cómo pueden creer que un Dios (que se supone que es el
creador de todo y el único con poder de dar o quitar la vida), pueda estar
de acuerdo para que ellos maten en su nombre y reduzcan las mujeres a un
rango de ser inferior? Es inconcebiible.
Como tu dices si bien, los papeles se han invertido en lo que respecta al
oscurantismo. Pero me pregunto si la religiosidad que está invadiendo USA no
es augurio de un nuevo comienzo de tal fenómeno.
La dialéctica, aunque haya perdido su lustre, es la única vía que puede
evitarnos la ceguera.
Te saluda cordialmente un lector asiduo de tus crónicas, con las cuales no
siempre estoy de acuerdo, pero que tienen el inmenso valor de ser una
opinion libremente espresada.
mretamals@...
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Subject: [protach] Laguia.ca Noticias
Date: Fri, 10 Feb 2006 09:28:51 -0500
Sergio Martínez escribió:
Aquí va mi columna Temas Intocables de esta semana en El Popular.
La caricatura de la discordia
MONTREAL.– Para los que aun tengan dudas del impacto de los medios de
comunicación, el incidente en torno a la caricatura publicada por un
diario danés y toda su secuela de violencia desatada especialmente en el
Medio Oriente viene a ser un potente recordatorio de cuan fuerte la
imagen impresa aun puede ser.
¿Se trata de algo ofensivo? Bueno, es difícil dar una respuesta
definitiva, especialmente si uno no ha podido ver la caricatura misma.
¿Pero cuántos de los que han manifestado su opinión – a veces con airada
violencia – han visto la caricatura por sus propios ojos? Por ahora
dejaremos de lado este aspecto de la controversia.
En este caso la ofensa tiene dos causales: una el hecho de mostrar al
profeta Mahoma en imagen, algo explícitamente prohibido por el Islam
(basado en el principio monoteísta que la exhibición de imágenes humanas
puede ser interpretado como una forma de culto que para los musulmanes
es pagana); la segunda, el hecho de mostrarlo asociado a actos
terroristas (en la caricatura aparecía portando una bomba como
turbante).
Dependiendo de cuan susceptible el creyente sea en torno a estos puntos,
habrá siempre alguna posibilidad que una tal ilustración sea vista como
ofensiva. Sin embargo también es válido advertir que caricaturistas en
muchas partes del mundo de manera rutinaria hacen de figuras religiosas
objeto de sus sátiras. A veces Dios mismo es objeto de la pulla: viene a
mi memoria una historieta nada menos que en la muy católica España donde
el personaje principal era Dios Padre mismo. Dios también ha hecho
“apariciones” en Los Simpsons en la televisión. Que yo sepa, no ha
habido manifestaciones en las calles por estas supuestas ofensas.
Claro está, la historia de occidente ha evolucionado en un sentido en
que un alto grado de tolerancia se ha hecho costumbre en relación a lo
que uno puede decir públicamente. Y en general, esto es considerado como
un paso positivo para la humanidad. Hegel decía que la historia es “una
progresión en la conciencia de la libertad”; en otras palabras, la
humanidad avanza en la medida que se hace más consciente de las
posibilidades de ser libre de prejuicios, de supersticiones, de
concepciones cerradas y absolutas, podría uno agregar.
Nótese también que ese camino hacia la libertad no ha sido fácil ni
concedido de manera gratuita por los que han detentado el poder, muy por
el contrario, eso ha costado muchos sacrificios, una larga lucha que
hombres, mujeres, así como comunidades y sociedades enteras dieron en
algún momento. Un hito significativo en este sentido fue el marcado por
Suecia, el primer país que de modo definitivo eliminó la censura de
prensa en el siglo 18. No es de sorprender que en solidaridad con el
periódico danés, publicaciones de Suecia y Noruega reprodujeran el
polémico dibujo, la tradición libertaria en lo que a prensa se refiere
es fuerte en esos países, lo que hizo a sus embajadas blancos de los
ataques en el Medio Oriente (de paso la embajada chilena en Siria fue
también incendiada sin tener arte ni parte en el embrollo, simplemente
por la mala fortuna de estar en el mismo edificio de la de suecos y
daneses).
Pero por cierto la evolución histórica de los pueblos tiene muchas
variantes. Resulta casi irónico constatar hoy día que el Islam entre los
siglos 8 y 14, siendo practicado por la poderosa civilización árabe de
entonces llevó a Europa tan importantes desarrollos en las matemáticas
(por ejemplo el álgebra, los números “árabes”, el número cero), en la
astronomía, la medicina y la agricultura. Sin embargo, ahora varios
siglos más tarde cuando su expansión es aun mayor, el Islam aparece tan
fuertemente asociado – aunque injustamente ya que también hay voces
disidentes y algunas de estas conductas son aprobadas y estimuladas sólo
por una minoría – con los que proponen el oscurantismo intelectual, el
suicidio homicida al que inducen a sus jóvenes, la intolerancia y la
opresión de sus mujeres. Exactamente lo contrario de los valores que
civilizaciones como la Islamo-Cristiano-Judía desarrolló en la Península
Ibérica de esos siglos bajo ocupación árabe.
Esta extraña falta de sincronización entre el occidente y el oriente
musulmán en parte se explican por los disímiles desarrollos históricos:
cuando el Islam era una fuerza intelectual pujante y dinámica, Europa
estaba sumida en el oscurantismo medieval dominado por un cristianismo
de dogmáticos inquisidores; ahora parece haberse invertido los papeles:
occidente es indudablemente la mayor fuerza intelectual, expresada
principalmente en un desarrollo tecnológico, pero a su vez ha superado
esquemas ideológicos dogmáticos, donde cabía una sola verdad absoluta.
Esto puede haber conducido a excesos que vemos en el despliegue de
conductas de explotación sexual como la pornografía por ejemplo, pero si
se lo analiza en un contexto más amplio, el intercambio de ideas y la
libertad de expresión – aunque dificultados por factores como la
concentración de los medios de comunicación – son aun una característica
importante de esta sociedad que hay que mantener y defender. En este
sentido, y aunque la caricatura en cuestión pueda caracterizarse como un
exceso y una ofensa gratuita, por otro lado ha sido dada en un contexto
donde la libertad de expresión conlleva esos riesgos.
En todo caso, la ofensa misma no justifica la desmedida reacción de
sectores inspirados en el fanatismo (una de las peores conductas de
irracionalidad) como hemos vistos estos días en algunas ciudades de
países musulmanes o donde ellos constituyen una importante minoría.
Lo que me lleva a desempolvar una de las más manoseadas – pero no por
ello menos adecuada en estas circunstancias – citas de Carlos Marx: “La
religión es el opio de los pueblos”. El contexto es otro claro está, y
en este caso el efecto no es tanto adormecedor y creador de ilusiones
como más bien hiper-estimulante, pero en cualquier caso, una droga
también. Y no sólo el Islam nos retrotrae a escenas propias del
medioevo: ahí están los fundamentalistas evangélicos amigos de George W.
Bush que en algunos estados de ese país se oponen a que en las escuelas
se enseñe la evolución de las especies porque contradice las enseñanzas
de la Biblia; o los judíos ultra-ortodoxos que en Israel arrojan piedras
a quienes manejan sus vehículos en el día del sabbath; o los hindúes que
en la India demolieron una mezquita porque estaba edificada en un sitio
donde había nacido una de sus diosas; o los Testigos de Jehová que
prefieren dejarse morir antes que ser sometidos a una transfusión de
sangre…
¿Cuál es y ha sido una de las mayores causas de muerte y destrucción en
el mundo? La respuesta ya se sabe: la religión. Si bien es cierto la
política a veces genera también altos niveles de fanatismo (recuérdese
el nazismo), la religión eleva ese fanatismo al cuadrado al ligarlo a la
figura de un ser superior intangible, perfecto y todopoderoso, sobre
cuya existencia los fanáticos nunca dudarán y en cuyo nombre creen
actuar.
Como periodista no puedo sino expresar mi modesta solidaridad con el
caricaturista, aunque reitero mi crítica por lo inoportuno de su
trabajo, pero además él cometió otro error, no percatarse que los
fanáticos no tienen sentido del humor.
Comentarios: smartinez175@...
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