El tiempo
Enrique Santos Molano
¿HASTA DÓNDE LLEGA LA LIBERTAD?
¡Por las barbas del profeta! (3 de Febrero de 2006)
¿HASTA DÓNDE LLEGA LA LIBERTAD?
¡Por las barbas del profeta! (3 de Febrero de 2006)
Menudo bollo se le armó a Dinamarca con los fieles del profeta Mahoma, por cuenta de unas caricaturas publicadas en dos diarios daneses, que los islámicos han considerado irrespetuosas de la figura del profeta escogido por Alá para guiar a los pueblos musulmanes por la sendas de la virtud y del bien. Que las doce caricaturas sobre el profeta
son irrespetuosas no hay que discutirlo, pues la esencia de la caricatura es el irrespeto. Los países árabes han iniciado un proceso de boicoteo contra los ciudadanos daneses y contra los intereses económicos de Dinamarca, que se mantendrá mientras el gobierno del Primer Ministro, Anders Fogh Rasmussen, no pida disculpas por la ofensa inferida al profeta con la publicación de las caricaturas.
En principio el gobierno de Rasmussen respondió que en la libertad de prensa descansa una de las columnas de la vida democrática de Dinamarca. Lo que allí publican los periódicos es independiente de la opinión que al respecto pueda tener el Gobierno. En consecuencia, el boicot árabe contra Dinamarca se ha totalizado y el Gobierno de Rasmussen comienza a preocuparse.
La prensa europea se ha solidarizado con sus colegas daneses. Considera que la libertad de expresión está en juego y
que acceder a las amenazadoras peticiones del mundo árabe para que sean sancionados los periódicos ofensores del Profeta, y obligados a pedir disculpas, sería un golpe mortal a la libertad de prensa. Los ciudadanos de la Comunidad Europea, que debido a las circunstancias económicas adversas, desde hace algunos años ven a los musulmanes como una amenaza para la estabilidad laboral de los europeos, y han insistido en que se tomen medidas para restringirles el ingreso a Europa, apoyan la defensa de la libertad de expresión.
No obstante, vistas las cosas desde un punto equilibrado, debemos admitir que el reclamo musulmán no es injusto, ni amenaza la libertad de expresión. Los fieles del islamismo pasan de mil millones de seres humanos, para quienes la figura del profeta Mahoma es sagrada. En el Islam no existe la libertad de expresión, pero sí mil y pico de millones de personas que viven bajo ese régimen religioso, lo toleran,
será porque están de acuerdo con él y porque ese credo se acomoda a su forma de ser cultural. No podemos analizar el comportamiento de oriente con la mirada de occidente, ni viceversa. De este modo, la libertad de expresión no vale como excusa para irrespetar las creencias de mil millones de fieles.
Por otro lado, no es el Islam el que atenta contra la libertad de opinión tal como se la concibe en nuestra civilización occidental. Son los propios y civilizados gobiernos democráticos de Occidente los que más obstáculos le oponen a la libre expresión del pensamiento. A los periodistas asesinados por decir la verdad, o por denunciar la corrupción, o por pedir justicia, no los mató el Islam, ni es el Islam el que vive amenazando a los trabajadores de la prensa que tratan de hacer su trabajo con honradez y valentía. Hace unos días, cuando el presidente George W. Bush pronunció su discurso sobre el Estado de la Unión, una senadora
demócrata invitó al capitolio a Cindy Sheham, la madre de uno de los muchachos caídos en la guerra de Irak, que ha criticado al Presidente y que encabeza una campaña para ponerle fin a la invasión de Irak por las tropas estadounidenses. La señora Sheham, que atendió la invitación en plan de simple oyente, fue expulsada del capitolio y arrestada, mientras que a otra dama, que llevaba un cartel de apoyo a la guerra, nadie le dijo nada. ¿Podremos aplaudir ese atentado vergonzoso contra la libertad de expresión, propiciado por el propio presidente de la que se supone es el modelo de las democracias?
La señora Sheham sólo pide, impulsada por el dolor de una madre que ha perdido a su hijo en la forma más absurda, que no se siga sacrificando a la juventud estadounidense, lo cual le ocasionó que la expulsaran del capitolio como a una réproba y que la arrestaran. Los musulmanes no exigen otra cosa que respeto para sus creencias
y están dispuestos a hacerlas respetar. Ni Cindy Sheham ni los musulmanes atentan contra la libertad de expresión en Occidente. El enemigo es otro.
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