
“Ahora, Señor, comprendo la necesidad de volver a ti;
ábreme la puerta, porque estoy llamando;
enséñame el camino para llegar hasta Ti. Sólo tengo voluntad;
sé que lo caduco y transitorio debe dejarse
para ir en pos de lo seguro y eterno.
Esto hago, Padre, porque esto sólo sé y todavía no conozco el camino qué lleva hasta ti.
Enséñamelo tú, muéstramelo tú, dame tú la fuerza para el viaje.
Si con la fe llegan a Ti los que te buscan, no me niegues la fe;
si con la virtud, dame la virtud; si con la ciencia, dame la ciencia.
Aumenta en mí la fe, aumenta la esperanza, aumenta la caridad.
¡Oh cuán admirable y singular es tu bondad!
(San Agustín, Soliloquios I,3)
¡FELICES FIESTAS de SANTA MÓNICA y SAN AGUSTÍN!