
DOMINGO 14 de junio de 2009 - Día del Corpus Christi
No te quedes, Señor, en la soledad de un templo vacío
y, en esta hora, más que nunca desciende a los áridos y complicados caminos donde se debate el presente y el futuro del ser humano.
Baja, Señor, y comparte la existencia de aquellos que buscan, en la vida y con su vida, una razón para nunca perderte.
No te quedes, Señor, en el silencio que algunos pretenden imponerte: ¡Habla! ¡Bendice! ¡Camina junto a nosotros!
Nunca, como hoy, el mundo vacío necesita llenarse de algo. No permitas, Señor, que tu Cuerpo se haga invisible
después de haberte multiplicado en la gran mesa de tus invitados. No permitas, Señor, que tu Sangre quede paralizada por la vergüenza
y la falta de valentía, de aquellos que decimos creer y seguirte. No permitas, Señor, que tu Palabra quede enmudecida
por otras que son falsas y que no conducen a nada. ¡Quédate, Señor, con nosotros!
Sin tu Eucaristía, el corazón se enfría. Sin tu Palabra, el pensamiento se racionaliza y endurece. Sin tu presencia, se hace menos fraterno
y más egoísta el caminar de cada jornada. ¡Quédate, Señor, con nosotros!
Penétranos con un nuevo afán evangelizador. Llénanos de vitalidad evangélica. ¡Quédate, Señor, con nosotros!
Haz que, cada plaza y cada calle, por donde Tú hoy caminas sean una llamada a no dormir el mensaje de salvación que nos traes.
Hoy, prometemos ante tu custodia, Rey de reyes, ser tu cuerpo allá donde alguien necesite tu mano
ser tu Palabra, allá donde brote el desaliento, ser tu rostro, donde exista el absurdo y el sin sentido
Hoy, ante tu altar, Señor, déjanos prometer aquello que nos falta para ser auténticos miembros de tu pueblo.
Haz, Señor, que nuestros corazones queden, ante la grandeza de tu presencia,
tocados por tu gracia, iluminados por tu luz, fortalecidos por tu pan, ilusionados con tu Palabra,
y dispuestos a abrirse ante aquellos hermanos y situaciones que nos reclaman.
Haz que nunca olvidemos, que también nosotros estamos llamados a ser tu cuerpo
y también tu sangre, en esta realidad que nos toca vivir.
¡Quédate con nosotros, Señor!.
Amén.