S U M A R I O
1. 11-M, TERRORISMO DEL MAJZÉN-CHANTAJE A ESPAÑA SOBRE EL SÁHARA (I)
- EL MUNDO (13-IX-2004): Mohamed VI advirtió a Piqué que España podía ser
víctima del terrorismo islamista
[Extracto del libro "La venganza", que saldrá a la venta este martes]
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1. 11-M, TERRORISMO DEL MAJZÉN-CHANTAJE A ESPAÑA SOBRE EL SÁHARA (I)
EL MUNDO, 13-9-2004
La Venganza (II)
Mohamed VI advirtió a Piqué que España podía ser víctima del terrorismo
islamista
En el libro "La Venganza" se relata una áspera audiencia del rey Mohamed VI con
el entonces ministro de Exteriores, Josep Piqué, en la que el monarca lanzó una
premonitoria advertencia, tras desgranar una catarata de quejas y agravios por
la política española. La posterior crisis de Perejil, y la operación militar del
Gobierno Aznar para recuperar el islote invadido en julio de 2002, habría hecho
temer a los servicios secretos, según algunas fuentes anónimas, una reacción
inminente: ’La venganza del Moro’. Tras los atentados del 11-M y el vuelco
político del 14-M, Zapatero fue recibido con los brazos abiertos por Mohamed VI,
quien le invitó a un almuerzo privado en el que le dispensó el gesto poco
habitual de prescindir de los intérpretes y hablar en español.
Por Casimiro García Abadillo
El 28 de marzo de 2004 llegó a Madrid el jefe de la Policía marroquí y hombre
clave de sus servicios secretos, el general Hamidu Laanigri. La colaboración de
Marruecos era fundamental para desenmarañar la trama de los atentados del 11 de
Marzo. La mayoría de los implicados había nacido en Tánger o en Tetuán;
asimismo, se había acreditado la pertenencia de algunos de ellos al GICM (Grupo
Islámico de Combatientes Marroquíes). Por otro lado, la eficacia de los
servicios de seguridad marroquíes en la lucha contra el terrorismo islámico era
de sobra conocida por las Fuerzas de Seguridad españolas. Laanigri tenía
previsto entrevistarse con su homólogo español, Díaz de Mera, y con el máximo
responsable de la investigación, Jesús de la Morena.
Laanigri es un hombre enigmático y, sin ninguna duda, uno de los mayores
expertos en lucha antiterrorista, aunque sus métodos no sean recomendables en
países de costumbres y usos democráticos.
Díaz de Mera le conocía bien. En octubre de 2003 tuvo ocasión de compartir con
él la cumbre secreta conocida como 3 + 3, celebrada en París. Los máximos
representantes policiales y de los servicios secretos de España, Italia y
Francia (los primeros tres), y de Marruecos, Argelia y Túnez (los otros tres) se
reunieron en la capital francesa por primera vez para analizar el peligro que
representaba el terrorismo islámico y poner en marcha un sistema estable de
colaboración para combatirlo.
La conclusión de la cumbre fue muy clara: la organización que estaba asumiendo
todo el protagonismo como gran paraguas de los grupos locales en diversos países
de Europa y en el norte de Africa era Ansar al Islam, cuyo indiscutible líder es
Ahmad Fadeel Nazaal al Jalaydeh, más conocido por su alias de Abu Musab al
Zarqawi.
Nacido en 1966 en Jordania (en la localidad de Zarqa, de donde procede su
apodo), en el seno de la prominente tribu de los Beni Hassan, su historia se
corresponde con la de uno de los asesinos más sanguinarios de Al Qaeda. Su
ciudad natal está ligada a la brutal represión desatada por el rey Husein contra
los palestinos en septiembre de 1970 y con los primeros atentados del grupo
terrorista denominado Frente de Habbash. Con apenas 18 años, se marchó a luchar
a Afganistán contra las tropas soviéticas y allí se forjó como un auténtico
árabe afgano. Tras volver a su país fue detenido y condenado a una pena de siete
años por conspiración contra la monarquía con el fin de establecer un régimen
islámico.
Después huyó de Jordania, pero la Justicia de Amán le volvió a condenar en
ausencia a pena de muerte tras haber descubierto un plan diseñado por él para
asesinar a un grupo de turistas estadounidenses e israelíes con gas venenoso.
Durante unos años se refugió en Alemania, donde apadrinó el grupo Al Tawhid.
Posteriormente, Al Zarqawi se marchó a Afganistán, donde dirigió un campo de
entrenamiento especializado en explosivos, situado en las afueras de la ciudad
de Herat, cerca de la frontera con Irán. Fue durante ese periodo cuando entabló
una relación directa y estable con Bin Laden.
En 2001 huyó a Irán tras haber perdido una pierna en un ataque con misiles de la
aviación estadounidense. Desde ahí, se introdujo en Irak, donde estableció
contacto con la organización islamista kurda Ansar al Islam (Partidarios del
Islam), que luego acabaría liderando.
Según los servicios secretos estadounidenses, Al Zarqawi se instaló en Bagdad
(donde le fue implantada una pierna ortopédica) en mayo de 2002. Este hecho fue
considerado por la Administración Bush como una prueba de la colaboración entre
Al Qaeda y el régimen de Sadam Husein. De hecho, el secretario de Estado, Colin
Powell, utilizó este argumento en su intervención ante el Consejo de Seguridad
de Naciones Unidas, el 5 de febrero de 2003, para justificar el ataque contra
Irak. Powell reveló otro dato muy significativo: Ansar al Islam operaba en
diversos países europeos, entre ellos, España.
EL OBJETIVO
La Policía jordana acusa a Al Zarqawi de haber planificado el asesinato del
diplomático estadounidense Laurence Foley en su casa de Amán, llevado a cabo el
28 de octubre de 2002.
Desde el comienzo de la guerra contra Sadam, Al Zarqawi ha sido el hombre de Al
Qaeda en Irak. Es el presunto responsable de multitud de ataques con coches
bomba contra centros de reclutamiento y se le atribuye también el asesinato del
ayatolá Al Hakim, ejecutado en la ciudad santa de Nayaf. Los servicios secretos
de Estados Unidos localizaron una carta suya en febrero de 2004 en la que
abogaba por alentar el conflicto religioso en Irak como una forma de provocar la
salida de las tropas de la coalición. (...)
Pese a todos estos antecedentes, en esta ocasión Laanigri no venía a hablar con
Díaz de Mera de Al Zarqawi. En su despacho, sentado frente a él y dando a su
gesto un cierto halo de suspense, el general marroquí sacó un pequeño papel del
bolsillo de su chaqueta, que mostró a su colega español. Escrito torpemente a
mano podía leerse el siguiente texto: «Estación de Alcalá.7 de la mañana». El
papel había aparecido en poder de un joven marroquí que acababa de ser detenido
y ponía de manifiesto su relación directa con la masacre. Laanigri advirtió a
Díaz de Mera que dicha detención era, por el momento, «secreta», hasta ver qué
daban de sí los interrogatorios a los que estaba siendo sometido.
Marruecos había detenido ya a Mohamed Haddad, aunque no había transmitido ningún
dato relevante obtenido de sus declaraciones.El día 25, tres antes de su llegada
a España, agentes marroquíes habían puesto a buen recaudo y también en secreto a
uno de los primos de El Chino, Hichan Ahmidan.
Sin embargo, Laanigri ni siquiera se lo comentó a Díaz de Mera.Las autoridades
españolas se enteraron del hecho cuando Amnistía Internacional lo denunció ante
los medios como una violación flagrante de los derechos humanos.
Marruecos seguía su propia estrategia. Pretendía utilizar los atentados del 11-M
para arreglar las cuentas con los terroristas que presuntamente habían inspirado
los atentados de Casablanca.
En especial, con Guerbouzi y Meyati. Con ese objetivo, Laanigri había informado
a la Policía española de que Meyati había estado en España en los días previos
al atentado, lo que no pudo ser confirmado por la Comisaría General de
Información.
La actitud de los marroquíes despertaba suspicacias no sólo en el director
general de la Policía, sino también en De la Morena y especialmente en el número
dos del CNI, Miguel Sánchez.
Las relaciones de España con Marruecos no habían sido precisamente buenas desde
la llegada al poder de Mohamed VI. En noviembre de 1999 caducó el acuerdo de
pesca con España sin que las siempre difíciles negociaciones hubieran permitido
la firma de un nuevo convenio, lo que dejó a la mayor parte de la flota andaluza
amarrada en sus puertos.
En 2000, tras la victoria por mayoría absoluta del PP, Aznar se propuso reformar
la Ley de Extranjería para endurecerla, lo que era toda una advertencia para
Marruecos, que ya tenía en esas fechas a más de 300.000 personas viviendo
legalmente en España y que día a día lanzaba hacia nuestras costas decenas de
nuevos inmigrantes ilegales transportados en pateras.
A principios del mes de mayo de ese año, Aznar visitó Marruecos en su primer
viaje oficial tras tomar de nuevo posesión como jefe de Gobierno. Un mes
después, el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, se desplazó a Marrakech
para entrevistarse con el primer ministro marroquí, Abderramán Yusufi, y con el
rey Mohamed VI.
La conversación con el monarca alauí fue muy dura. Piqué tuvo que escuchar
durante casi una hora sus reproches hacia la política española en los temas más
diversos: petición de sanciones de la UE por la no renovación del acuerdo
pesquero; inflexibilidad en el contencioso del Sáhara; endurecimiento de la Ley
de Extranjería...al rey también le molestaba el trato que recibía su persona en
la prensa española.
Al final de la conversación, y en tono amenazador, Mohamed VI recordó al
ministro Piqué que España no tenía, de momento, problemas de terrorismo
islámico, pero que ésa era una posibilidad que no había que descartar en el
próximo futuro.
En junio de 2001, Marruecos se apuntó un notable éxito diplomático con la ayuda
de Francia al lograr que la ONU dejase de tomar como un dogma de fe el llamado
Plan de Arreglo, firmado en 1991 tras una guerra de 17 años con el Frente
Polisario, y que establecía la obligatoriedad de un referéndum de
autodeterminación en el Sáhara Occidental.
A la vuelta del verano, Mohamed VI realizó unas declaraciones muy duras contra
España en el diario francés Le Figaro. El día 6 de septiembre, Piqué no se
mordió la lengua y en una comparecencia en EL MUNDO insinuó que era el propio
régimen de Marruecos el que organizaba el desfile de pateras hacia España: «Lo
que es evidente es que se aglomeran miles de personas en las playas al lado de
Tánger o en sitios perfectamente conocidos y que van saliendo por su orden»,
afirmó. Sus palabras fueron interpretadas como una ofensa por Marruecos.
Tras los atentados de Septiembre de 2001 contra Nueva York y Washington, Mohamed
VI fue consciente del enorme valor que cobraba en la nueva situación su papel
como aliado de Estados Unidos en la zona. Entonces decidió jugar fuerte y
organizó una multitudinaria visita a El Aaiún, en la que no sólo reivindicó la
soberanía sobre el Sáhara, sino que reabrió el contencioso de Ceuta y Melilla.
El 27 de octubre de 2001, el rey de Marruecos ordenó la retirada de su embajador
en España, Abdesalam Al Baraka, sin dar explicaciones.
En ese ambiente tenso, el 7 de julio de 2002 (justo un día después de producirse
una remodelación del Gobierno que supuso la sustitución de Piqué por Ana
Palacio), Marruecos ordenó la invasión del islote Perejil (situado a menos de 10
kilómetros de la ciudad de Ceuta y a 200 metros de la costa marroquí) por un
pequeño contingente de 10 hombres. Precisamente ese día dieron comienzo en Rabat
los actos de celebración de la boda del rey.
'CONFIDENCIAL'
Diez días después, en la madrugada del 17, España retomó el control de la roca
en una operación que se saldó sin bajas. La mediación del secretario de Estado,
Colin Powell, evitó que la disputa por un peñasco sin ningún valor derivase en
un conflicto armado de mayores proporciones.
Aunque la normalidad diplomática se restableció en febrero de 2003, las
relaciones del Gobierno de Aznar con Mohamed VI nunca fueron precisamente
cordiales.
A finales del mes de mayo de 2004 comenzaron a llegar a EL MUNDO una serie de
misteriosas cartas. Siempre en sobre cerrado, con una inscripción de color rojo
bien visible: «CONFIDENCIAL», y dirigidas al director del diario: «No abrir. En
mano para Pedro J. Ramírez». En un gran periódico es relativamente usual que
ciertos espontáneos envíen cartas o documentos sin identificarse. En la mayoría
de las ocasiones se trata de comentarios o papeles de escasa relevancia. A
ciertas personas les encanta jugar a los espías o a ser gargantas profundas.
Como yo me encargaba de coordinar toda la información sobre el 11-M, Pedro J. no
tardó en mostrarme la primera de esas cartas.
El informante apelaba a un supuesto amigo, «A. M.», analista del CNI en el área
del Magreb, para filtrar sus tesis sobre los atentados. Según relataba en la
carta, tras el incidente de Perejil los servicios secretos españoles esperaban
una respuesta por parte marroquí. «La venganza del moro», la llamaban. «Cuando
se produjeron los atentados, A. M. pensó inmediatamente que se trataba de la
temida venganza, y así lo transmitió a su jefe de sección: '¡Es la venganza del
moro! ¡Es un golpe de Estado! No hay ningún comandante militar en Europa de Al
Qaeda [se refería a la forma en que se reivindicó el atentado en la cinta de
vídeo] conocido por estadounidenses ni israelíes y, desde luego, si lo hubiera,
no sería marroquí. Los moros son usados como tontos útiles, pero los árabes no
los incluirían en uno de sus comandos. Esta es una pista idiota como la de la
cinta coránica. Si hubieran querido reivindicarlo, ¿por qué no dejaron la cinta
de vídeo el primer día, bien visible? Porque querían evitar el acento marroquí.
Confiaban en que la cinta coránica hiciese el trabajo de pensar en Al Qaeda.
Pero como no ha sido tan contundente la pista como esperaban, se han decidido a
grabar la cinta de vídeo, aunque aparezca el acento, porque tienen que jugársela
al todo por el todo. Si fuera Al Qaeda habría reivindicado el atentado a través
de la televisión Al Yazira, y el que hablase sería árabe'».Podía tratarse de un
loco, un bromista o bien de alguna persona con información que quería orientar
nuestro trabajo en la dirección que a él le interesaba. En todo caso, era un
dato a tener en cuenta.
Días después llegó otro mensaje, siguiendo las mismas pautas, pero esta vez con
otro tipo de letra. La carta era aún más interesante que la primera, estaba
mejor escrita y denotaba ciertos conocimientos propios de una persona que ha
trabajado para los servicios de Inteligencia: «La labor policial, con todo lo
abnegada que pueda ser, suele ser bastante obtusa. Esto no es el CSI de las
películas y, desde luego, no parece que hayan visto ni a Colombo. '¡Vaya! Una
cinta coránica. ¡Son los islamistas de Al Qaeda!'. Y si uno asesina a su socio y
deja dos palillos de comer cerdo agridulce, dirán: '¡Vaya, ha sido un chino!'.
Las sospechas, aparte de que ETA pudiera estar involucrada en algún grado, iban
por la procedencia de Marruecos (independientemente de que si Acebes prefiere
que sea ETA, el director del CNI y los mandos policiales empiezan a intentar
encajar las pruebas para que sea ETA). Los moros de Lavapiés estaban siendo
seguidos como presunto peligro para el régimen marroquí (estaban considerados
como iluminados del GICM y son enemigos del régimen de Mohamed VI), dentro de la
colaboración con el país vecino, que la hay, dentro de unos cauces, o como
ambiente de refugio de algún dirigente de Al Qaeda que quisiera esconderse entre
ellos, como ha sucedido en otras ocasiones ».
«A lo que iba, que me pierdo. ¡Ah! ¡Una cinta coránica! Algunos analistas, con
la mosca detrás de la oreja y temiendo la Venganza Mora (procedente del
Movimiento Nacional Popular, MNP, dirigido por un ex ministro de Defensa de
Hasán II y con ramificaciones en el sector duro del régimen, que chillaban
venganza en arameo repasando el vídeo de Trillo con aquello del viento duro de
Levante y disparaban, en el mismo salón donde tenían la televisión, los fusiles
esos del siglo XIX, de avancarga, que usan en las ceremonias y que están
decorados de forma tan hortera), sabían, desde que Aznar envió las tropas a Irak
y desde que ZP y compañía comenzaron a organizar manifestaciones en contra, que
una bomba en nombre de Al Qaeda aterrorizaría a las masas y hundiría al Gobierno
Bien, la cinta coránica. ¿Qué piensa un buen analista con la mosca tras la
oreja? No han dejado una nota reivindicándolo (porque escribir en la jerga de Al
Qaeda no es tan fácil si no lo hace uno de ellos y acaban viéndote el plumero),
ni una cinta grabada (porque estaba el problema del acento marroquí y de
primeras, antes de la intoxicación, el MNP temía que se pensara en ellos).Lo que
piensa el analista tipo Colombo, no digo ya tipo CSI de Los Angeles, es que no
hay que decir nada de la cinta coránica, que nadie debería saberlo. Si es un
olvido real de los autores, es una pista a analizar, pero si es un señuelo, al
ver que nadie habla de la cinta, los criminales tendrán que mover pieza, ya que
su objetivo es guiar la investigación La tesis es que, cuando la panda de
Lavapiés comenzó a intentar establecer contactos con Al Qaeda y a hacer méritos
ante ella, no pudo pasar desapercibido al Servicio Secreto de Marruecos (SSM),
que los tiene infiltrados».
«Y pudieron hacer dos cosas los del SSM: la lógica, que hubiera sido solicitar
la desarticulación a las autoridades españolas antes de que la cosa se pusiera
fea (que no lo hicieron), o intentar reconducir a la peña hacia sus intereses,
es decir, en contra de España (enviar a un agente que supuestamente les expone
la misión que Al Qaeda ha pensado para ellos, que es tumbar al Gobierno de Aznar
para que salgan las tropas españolas de Irak y que se olviden de momento del
régimen marroquí). Reconducir a chorizos a una misión en la vida, como ya se
sabe, es relativamente fácil, y se intenta a menudo, lo que sucede es que no
suele salir bien, aunque alguna vez sale, como aquí. Bueno, abreviando, lo raro
de toda esta pandilla es que estando fichados muchos de ellos y vigilados,
pasara el tiempo sin su desarticulación. Aparte de oler a chamusquina, también
se pensaba que el SSM esperaba que se desplazasen a Marruecos para echarles el
guante por su cuenta, sin requerimientos legales ni judiciales por el medio, ya
sabe».
'CUI PRODEST?'
En el interior de uno de los sobres que envió nuestro informante había otro
sobre con el membrete del Ministerio de Defensa.
En la tercera misiva, ya de menor interés para el caso, firmó por primera vez
con el nombre de Dassom (que deletreado al revés es Mossad, el servicio de
Inteligencia israelí).
Sin duda, sus tesis eran muy atrevidas y, en todo caso, sustentadas en
hipótesis. Sin embargo, sus afirmaciones sobre algunos aspectos de la
investigación eran muy acertadas. Según una nota del CNI, elaborada el 15 de
marzo de 2004, la furgoneta encontrada en Alcalá «por sí misma constituye toda
una reivindicación».
«Los detonadores hallados en su interior están a la vista, como dejados a
propósito para llamar la atención sobre el vehículo.Son idénticos a los
utilizados en las explosiones. Con ello el autor demuestra la vinculación
inequívoca entre los usuarios de la furgoneta y los atentados. Se asegura así
que el vehículo será registrado minuciosamente y se hallará la cinta de audio
con los textos coránicos, dejando patente de ese modo el carácter islamista de
los atentados sin haber aportado ningún indicio de la identidad de los autores».
Al comentarle a un buen amigo las tesis de nuestro enigmático informante, me
sugirió que echase una ojeada al tomo VIII de la Historia de España de F.
Soldevilla. En un capítulo dedicado a la guerra de Melilla encontré el pasaje al
que, sin duda, se refería mi amigo. En enero de 1895, el embajador marroquí Sidi
Brisha vino a Madrid para ratificar el Tratado de Marrakech, que había sido
firmado por el sultán Muley Hasán y el general Martínez Campos un año antes. A
la salida del Hotel Rusia para dirigirse a palacio, donde debía ser recibido por
la Reina regente, el enviado del rey fue agredido por el general Miguel Fuentes
que, según el autor, «no gozaba de sus facultades mentales».El asunto creó un
grave problema diplomático, ya que Marruecos exigió una compensación
satisfactoria. Al final se tuvieron que retocar algunos de los puntos del
tratado que resultaban demasiado onerosos para Marruecos.
Pero lo más sorprendente de la historia vino después. En un último acto de
desagravio, el crucero español Reina Regente condujo desde Cádiz a Tánger al
embajador de Marruecos. Al regresar a la Península, el buque desapareció con
toda su tripulación.
«Ni un solo hombre se salvó; no se halló, puede decirse, ni un despojo», relata
el historiador. La fecha de la desaparición del buque: el 11 de marzo de 1895.
Cui prodest? Si hay algún país al que le vino bien el cambio político producido
en España tras las elecciones, ese país es Marruecos.
La política exterior española tras el 14-M dio un giro de 180 grados. El
presidente del Gobierno ordenó inmediatamente la retirada de las tropas
españolas de Irak (incluso incumpliendo su promesa de esperar al 30 de junio,
fecha del traspaso de poderes de las fuerzas de ocupación a las autoridades
locales), y en Europa se pasó de la hostilidad al eje franco-alemán a una
alianza estratégica con los países que conforman el núcleo duro de la UE.
El 24 de abril de 2004, unos días después de haber formado el nuevo Gobierno,
Rodríguez Zapatero viajó a Marruecos, donde fue recibido con los brazos
abiertos. La prensa oficial, siempre crítica con Aznar, se deshizo en elogios
por el «talante dialogante» del nuevo presidente español. El rey Mohamed VI le
invitó a almorzar a su villa de Anfa y, en un gesto poco habitual, prescindió de
los intérpretes y habló con Zapatero en español.
Según los asistentes a la comida de gala, el rey se mostró «encantado» por el
cambio político que se había producido en su vecino del norte.
Zapatero se entrevistó con el primer ministro, Dris Yetú, y con el ministro de
Exteriores, Mohamed Benaisa, y abordaron asuntos como la lucha contra el
terrorismo, la inmigración, la pesca y la colaboración en temas culturales. Sin
embargo, aunque no estaba en la agenda, también se habló del Sáhara. Rodríguez
Zapatero dejó constancia de la nueva política sobre la antigua colonia que, de
hecho, significaba una rectificación en una postura mantenida durante los
últimos 25 años por los gobiernos de la UCD, el PSOE y el PP. El presidente
español dejó abierta la puerta a una solución que no contemplara un referéndum
de autodeterminación (justo lo que quería Marruecos y lo que dejaba al Frente
Polisario a los pies de los caballos).
Es decir, el entierro por la puerta de atrás del conocido como Plan Baker.
SIN NEGOCIACION
En la rueda de prensa posterior al encuentro, Benaisa dejó muy claro cuáles eran
las pretensiones de su Gobierno en ese asunto: «La soberanía y la integridad de
Marruecos no son negociables».
Ese giro copernicano se vio después refrendado por unas declaraciones del
ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Angel Moratinos, en las páginas
de EL MUNDO (11 de julio de 2004), en las que advertía que la política española
sobre el Sáhara tenía que hacerse de la mano con Francia y sobre la base no de
un referéndum, sino de un acuerdo político.
Las palabras de Moratinos provocaron una inmediata respuesta del Frente
Polisario, cuyo ministro para Europa, Mohamed Sidati, remitió una carta al
periódico denunciando: «La intención expresada por el ministro español de
inscribir su iniciativa en el marco de las acciones coordinadas con Francia es
un motivo suplementario de preocupación, porque es notorio el apoyo
incondicional de Francia a las tesis coloniales marroquíes sobre el Sáhara, lo
que ha contrariado hasta hoy los esfuerzos de la comunidad internacional».
El 14 de julio, el presidente español viajó a Argelia para entrevistarse con su
homólogo, Abdelaziz Buteflika. El Gobierno de Argel, que apoyó decididamente al
Frente Polisario en la larga guerra contra Marruecos, es firme partidario de la
celebración de un referéndum de autodeterminación en el Sáhara y, en ese asunto,
sus tesis han sido concordantes con las de España.
Rodríguez Zapatero decepcionó a las autoridades argelinas al reafirmar su
alejamiento de la solución planteada por el Plan Baker: «No hay que estar
sometidos a un plan, aunque tampoco haya que descartarlo por completo. Ahora hay
que darle una nueva oportunidad a la ONU. El plan, se llame Baker o no, sólo
será eficaz si incluye el acuerdo de las partes, y creo que tenemos la
obligación de intentarlo».
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