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del Sáhara Occidental*******
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S U M A R I O
1. SAHARA-ESPAÑA-HISTORIA-ANTONIO DE ORO, FUNDADOR DE EL AAIUN
- EL MUNDO-MAGAZINE: HISTORIA/ Militar y amigo de las tribus. El Lawrence de
Arabia Español (Antonio de Oro)
2. SAHARA-ESPAÑA-HISTORIA-DIEGO AGUIRRE
- ARSO: JOSÉ RAMÓN DIEGO AGUIRRE (1927-2005), Por Javier Perote
- EL MUNDO: OBITUARIO. JOSE RAMON DIEGO AGUIRRE. Militar comprometido con la
causa saharaui, POR ROSA MENESES
- COMUNICADO DE LA UPES (UNIÓN DE PERIODISTAS Y ESCRITORES SAHARAUIS)
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1. SAHARA-ESPAÑA-HISTORIA
http://www.elmundo.es/magazine/2005/278/1106337900.html
M A G A Z I N E
nº 278
Domingo, 23 de enero de 2005
HISTORIA/ Militar y amigo de las tribus
El Lawrence de Arabia Español
Se llamaba Antonio de Oro y fundó El Aaiún cuando el Sáhara era un territorio
inexplorado
Fue uno de los militares españoles más sobresalientes de su época. En 1934, con
30 años, ocupó Sidi Ifni cumpliendo órdenes del Gobierno de la República. Más
tarde cumpliría su gran sueño: fundar una verdadera ciudad en El Aaiún, adonde
llegó con el objetivo de compartirla con los saharauis, a quienes consideraba
sus legítimos habitantes. Entre sus grandes amigos se encontraba el venerado
Sultán Azul.
Por Francisco López Barrios
Para el capitán De Oro el viaje había sido largo y, como en otras ocasiones,
fatigoso. Si hubiera podido conocer el futuro, se hubiese contemplado, a él y a
sus compañeros, como a los protagonistas de una película de aventuras en el
desierto. El viejo Ford de ocho cilindros era el típico vehículo que habría
hecho las delicias de Indiana Jones o del galán de una cinta como El paciente
inglés. Además, curiosamente, el desierto y el mar son dos espacios románticos
por naturaleza, cada uno en su estilo, pero los dos con algo en común: el
desplazamiento de las olas o las dunas, impulsadas por el viento, como grandes y
mudas oraciones a un Dios lejano.
Se sentía inquieto. Desde luego, no era hombre dado a visiones románticas de la
existencia. Por lo menos en las formas más superficiales del romanticismo. Y
tenía motivos para no serlo. Herido dos veces de gravedad en las campañas de
África, recién salido de la Academia Militar de Zaragoza, cuando apenas contaba
con algo más de 20 años, conoció muy pronto la dureza de la vida militar. Y
aprendió que en la guerra, en aquella guerra de francotiradores y de enemigos
que jugaban a favor del terreno, que aparecían y desaparecían como relámpagos
sin trueno, había poco espacio para el romanticismo o, al menos, para el
romanticismo como versión edulcorada de la realidad.
Él, a quien muchos todavía conocían como el capitán De Oro, el mítico capitán De
Oro que en 1934 había ocupado Sidi Ifni a las órdenes del coronel Capaz,
obedeciendo instrucciones del Gobierno de la República, se sabía inquieto y
conocía los motivos de su inquietud.
Hubiera discutido con Bertolucci, si hubiese llegado vivo hasta nuestros días,
si la enfermedad y la muerte no le hubieran estado aguardando en silencio en una
cita trágica e inevitable. Nada de El cielo protector, nada de majaderías por
muy basada en textos de Paul Bowles que estuviera la película del italiano.
En el Sáhara el cielo no es protector. El cielo es el enemigo. El cielo es el
destructor. ¿El cielo o el sol? Los dos. El cielo, y el sol que todo lo abrasa y
todo lo destruye. Eso es, ahí está el miedo, ahí está el motivo de la inquietud
del capitán De Oro.
Porque hace años que acaricia la idea. Y ahora piensa que ha llegado el momento
de darle consistencia. Hace años que sueña con crear una ciudad de nuevo cuño,
una capital para estos territorios en la que sus habitantes encuentren acomodo y
remedio frente a los sinsabores de la existencia nómada. Un lugar donde los
niños puedan ir a la escuela y los viejos sentarse a las puertas de sus casas
cuando la noche hace llegar la brisa marina y el descanso, por fin, se hace
posible.
Pero es difícil crear ciudades en el desierto. El calor lo arruina todo. Antonio
de Oro no puede olvidar el fracaso del Chej Ma el Ainin, que intentó acomodarse
a una vida sedentaria y mandó construir, en el margen del Uadi Uain Seluán,
viviendas e instalaciones religiosas. Una especie de complejo, como diríamos
hoy, con fortaleza/residencia y mezquita incluida. Sin embargo, y pese al
prestigio de Ma el Ainin, al margen de un reducido grupo de sus seguidores,
nadie se mostró interesado en seguir su ejemplo.
Es verdad que las caravanas de comerciantes le hacían regalos de sal, telas y
comida al pasar por Esmara, que éste es el nombre que le dio a su proyecto de
ciudad. Pero también es cierto que algunos años después, por diferentes motivos
incluido su enfrentamiento con los franceses, tuvo que abandonar su propósito y
encaminarse hacia las tierras más feraces de Tizniz, en las últimas
estribaciones del Anti-Atlas, donde murió y fue enterrado en 1911.
El capitán De Oro se sabía minúsculo frente al silencio y la inmensidad
sahariana. Dudaba de la conveniencia de sus intenciones, del sentido de las
mismas. Su experiencia en el desierto y su “instinto africano” –que le había
hecho dominar el árabe y el hasanía y comportarse como uno más de los habitantes
del Sáhara– le recomendaban extremar las precauciones sin dejarse llevar por un
voluntarismo ajeno al sentido práctico de las cosas. Pero, al mismo tiempo, en
lo más íntimo de su corazón, se consideraba, casi sin darse cuenta, como un
saharaui más, un amante de aquella tierra descarnada en la que tanto había por
hacer.
En realidad, pensó, no era necesario darle muchas vueltas al asunto. En aquel
lugar, en el mismo sitio donde había montado su jaima, habían acampado en
ocasiones miembros de la tribu de los Izarguien. En aquel enclave de la baja
Saguía, poco antes de la faja de dunas que la cruza y la aparta del mar,
conocido por los saharauis como Aaiún Medlech, aparecían indicios de una vida
lejana y seminómada, probablemente a cargo de miembros de la cabila de los Ulad
Besbaá, que llegaron a dominar temporalmente el desierto gracias a las armas de
retrocarga que les proporcionaban los comerciantes europeos de Dakar.
No había que darle tantas vueltas a las cosas. Era mejor actuar con decisión y
eficacia. Ahora se trataba de dormir, reparar fuerzas y volver lo antes posible
con los medios necesarios para poner en marcha su proyecto.
El nacimiento de la ciudad. Después, todo fue rápido. Se proyectó pasar una
pista en dirección norte-sur que atravesara el Sáhara, para unir Cabo Juby con
Villa Cisneros. El capitán De Oro, que alcanzó en aquellos destinos africanos el
grado de teniente coronel, se puso al frente de la nueva expedición acompañado
de varios oficiales y zapadores y, tras dar orden de voladura de diversos
obstáculos rocosos, estableció en el borde sur de la Saguía un destacamento de
policía territorial. Poca cosa: tres pequeñas casas de piedra y barro, techadas
con palos de taraje de la Saguía y un poblado de jaimas.
El resto es historia conocida. El comandante Galo Bullón, uno de los mejores
amigos y colaboradores de Antonio de Oro, dejó constancia escrita de la
fundación de El Aaiún (a finales de 1938), en los siguientes términos: “La clara
visión de los asuntos saharianos del teniente coronel De Oro, primer jefe bajo
quien estuvo el gobierno de los territorios de Ifni y del Sáhara, hizo que se
designase El Aaiún para algo más que un lugar de paso hacia el sur o un
destacamento de tropas de policía”.
Se le dio ayuda a los nómadas establecidos para que no tuviesen la necesidad de
abandonar el lugar en busca de nuevas zonas de pastoreo, con la consiguiente
dejación de los incipientes cultivos. Se realizaron trabajos de alumbramiento de
aguas y surgieron manantiales de agua dulce en la orilla sur y de aguas salobres
en la orilla norte. Se llevaron arados, se roturaron tierras, se inició una
granja avícola y se plantaron los primeros frutales.
La tierra se mostró generosa. El agua, prácticamente inagotable, procede de
filtraciones de lluvia en una grandísima extensión, que se filtra desde la capa
superficial hasta la capa impermeable, quedando allí a modo de manta
subterránea, sin evaporarse, y saliendo al exterior por los manantiales abiertos
por la mano del hombre.
El lugar hizo honor al nombre, Aaiún, las fuentes, lugar de manantiales; así
debió haber sido en tiempos pretéritos, a juzgar por los restos de palmeras que
aparecen al roturar parcelas junto a la Saguía.
Muy pronto, en fin, se establecieron almacenes de sociedades al por mayor, se
creó como consecuencia un barrio comercial y la pequeña granja avícola inicial
se transformó en una granja de experimentación que servía para impartir clases
de agricultura y ganadería modernas, puesto que contaba con gallinas, vacas y
porquerizas. Se pusieron en marcha varias escuelas españolas, una Escuela de
Artes y Oficios, y se construyó un hospital… Y todo esto sólo seis años después
de la ocupación de El Aaiún por Antonio de Oro.
También, para impulsar la incipiente sedentarización, se designó El Aaiún como
campamento principal de nuestras fuerzas y sede del Gobierno de una parte del
territorio. Así, se establecieron las bases administrativas que iban a requerir
muy pronto la presencia de funcionarios y se atendieron las peticiones de los
indígenas que se decantaban por las viviendas estables frente sus jaimas
tradicionales.
A conciencia. Se realizaron planes de urbanismo, diseñando varios modelos de
vivienda cuya construcción pudiera llevarse a cabo por los propios saharauis. Se
construyeron cuatro hornos de cal que funcionaban sin interrupción y se buscaron
las mejores piedras de los alrededores, excluyendo las salitrosas para que las
paredes no rezumaran salitre, al tiempo que se traían de Canarias las maderas
necesarias para la construcción de puertas y ventanas y se ofrecían contratos
interesantes a maestros albañiles, los cuales podrían enseñar el oficio a los
naturales del país.
Aún alcanzó Antonio de Oro, gobernador de los territorios del África Occidental
Española desde 1938, a ver los resultados parciales de su labor. Pudo contemplar
con sus ojos cómo cada día era mayor el número de saharauis urbanos,
propietarios de sus viviendas, buenos cultivadores de pequeños huertos
familiares, incipientes comerciantes con mercancías que llegaban de Canarias o
de Cabo Juby, e incluso arrendadores de algunas viviendas de su propiedad
destinadas a tal fin.
A él, aquellos resultados le llenaban de orgullo. Tanto que empezó a sospechar
que la capitalidad de El Aaiún iría para largo, que resistiría los embates del
tiempo y la desidia y que, dado el creciente número de habitantes que poblaban
sus calles, sería útil para la vida de aquellos seres humanos con cuyos
problemas y necesidades se identificaba sin esfuerzo.
El desierto, que había recorrido tantas veces a lomos de camello, vestido con
burnús o derraha y tapando sus facciones con el largo turbante saharaui, se
rendía a sus proyectos. Era un Lawrence de Arabia español cuando en España
apenas se sabía quién era el oficial inglés que organizó a los árabes en su
rebelión contra el Imperio otomano.
Un genuino hombre de las dunas para quien el mayor placer consistía en compartir
la inmensidad del desierto con sus legítimos y primeros habitantes. Compartir el
agua de los oasis, el frío de las noches, el primer calor del amanecer.
Recordaba sus conversaciones en Esmara con el Sultán Azul, al que le unía una
gran amistad y que al principio puso en duda la viabilidad de sus intenciones. Y
se sabía hermano de los hombres azules, de los hijos de las nubes, como se
llamaban a sí mismos los habitantes del territorio por su continuo deambular en
pos del agua dulce.
Escribía a diario con su máquina de caracteres árabes, perfeccionaba sus
conocimientos de hasanía, el árabe dialectal común entre los habitantes del
desierto y, fruto de sus conocimientos, llegó a publicar un libro sobre las
diferencias entre el hasanía y el árabe que se habla en Marruecos, una
gramática, vamos, en la que se trasluce la pasión de un autor enamorado de la
cultura saharaui.
Hasta que, de pronto, el día 28 de diciembre de 1940, le llegó el momento de
cumplir con la cita indeseada. Y el Lawrence de Arabia español, el joven oficial
que dedicó su vida a África, encontró la muerte en Tetuán víctima de una
repentina y letal septicemia [proceso infeccioso a través de la sangre] que un
par de años más tarde hubiera podido curarse con la simple administración de
antibióticos.
Pero allí y entonces todo acabó para él. Todo se volatilizó como si del sueño
más ligero se hubiera tratado. Como si todos los esfuerzos hubieran sido la
sombra de un viento errabundo y absurdo. Aunque los niños de El Aaiún, ajenos a
la tragedia, hicieran aquel día sombrío, con sus risas y sus juegos por las
calles de la ciudad, el mejor homenaje a su memoria.
Recuerdos de una viuda de 94 años
Pepa López Bastos, la viuda de Antonio de Oro, vive en Málaga con 94 años muy
bien llevados. Lúcida y de conversación amena, conserva intactos los recuerdos
de una historia de amor que tuvo como escenario lugares tan exóticos, entonces y
ahora, como Cabo Juby, Ifni o Villa Cisneros.
“Una historia de amor, sí, desgraciadamente corta. Desde que nos casamos en
Granada, en 1935, hasta la muerte de Antonio, en 1940, pasó muy poco tiempo. Y
el poco, pasó volando”.
“Fueron años intensos y de situaciones extremas para los hombres y las mujeres,
al menos las que no queríamos quedarnos en casa con la pata quebrada”.
Cuenta la labor de su marido en el Sáhara, a partir de 1937, cuando fue nombrado
gobernador general de los territorios españoles del África Occidental. “Antonio
era un enamorado de África y de la cultura árabe. Fue un estudioso del idioma,
que llegó a dominar a la perfección, y también del hasanía”.
Pero fue, sobre todo, más que un teórico, un practicante. A él, aunque llegase a
tener cargos de la máxima relevancia en plena juventud, nunca se le cayeron los
anillos por tomar el té sentado en el suelo de una ‘jaima’ con sus amigos
saharauis, o por vestirse con ropas propias de los “hombres azules” y montar en
camello para adentrarse en el desierto.
Hablamos del carácter de un hombre poco hablador, según quienes lo conocieron.
“Bueno, en principio era más bien reservado. Pero con los amigos era muy afable,
cariñoso e incluso divertido. Además, era un hombre valiente, con un valor
sereno que transmitía tranquilidad en los momentos de incertidumbre. Se sentía
entre los saharauis como en familia. Y creo que la comprensión era mutua, porque
ellos le mostraban una consideración que excedía los límites del respeto
oficial. Su obsesión era construir escuelas, hospitales y llevar hasta el
desierto los adelantos de la época. En ese aspecto fue un gran romántico aunque
él, si me oyera, seguro que afirmaría lo contrario”, recuerda su viuda.
“También era una persona austera”, prosigue, “cosa que nos vino muy bien para
vivir allí porque, aunque en razón de su rango disponíamos de un avión y un
coche oficial para nuestros desplazamientos, la vida era tan sencilla como el
propio desierto, bien que llena de sucesos interesantes que no dejaban lugar al
aburrimiento. Yo a veces pienso, cuando veo la cantidad de objetos que nos
rodean hoy día y el aburrimiento, la frustración y la tensión que manifiesta la
gente, que realmente la paz de espíritu no se encuentra acumulando cachivaches
sino teniendo objetivos vocacionales, cumpliendo tareas que impliquen calidad
humana. Y creo, cuando recuerdo aquellos años maravillosos de aventuras y
juventud, que ésa fue una de las muchas lecciones que el desierto del Sáhara nos
facilitó a mí y a mi marido”.
La capital del Sáhara hoy
Mucho ha cambiado la antigua provincia española del Sáhara Occidental, cuya
administración España cedió a Marruecos y Mauritania en 1975. Con una población
constituida fundamentalmente por emigrantes marroquíes, que ronda las 150.000
personas, El Aaiún continúa siendo la capital del Sáhara, su ciudad más
desarrollada.
Los yacimientos de fosfatos de Boukraa, situados a 100 kilómetros al sudeste de
la ciudad, representan junto a las actividades pesqueras su mayor fuente de
riqueza. Tratados y enriquecidos en la planta de El Mersa en El Aaiún/playa, los
fosfatos se exportan en cantidades aproximadas a las 200.000 toneladas anuales y
significan el mantenimiento de más de 2.400 puestos de trabajo.
En cuanto a la pesca, que se compone de 689 unidades operativas, da trabajo a
7.000 pescadores y alcanzó en 1998 la cifra de 309.207 toneladas de pescado, en
las que se incluyen las aportadas por los puertos regionales de Tarfaya y
Bojador.
Claro que, de la mano de la pesca, también se ha ido creando en El Marsa, la
zona portuaria de El Aaiún, un complejo industrial que consta ya de 18 unidades
empresariales y en el que se producen congelados, harinas de pescado, conservas,
etcétera.
Un sector agrícola de modestas dimensiones y el incipiente desarrollo turístico,
que las autoridades marroquíes tratan de potenciar, unido a las ventajas
fiscales de la zona, han hecho posible, junto a las actividades productivas ya
mencionadas, el florecimiento de una actividad comercial que emplea ya al 25% de
la población activa.
El mítico explorador. Imagen del teniente coronel De Oro, ataviado con la
vestimenta típica saharaui. Llegó a escribir una gramática del hasanía o
dialecto árabe del Sáhara atlántico.
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2. SAHARA-ESPAÑA-HISTORIA-DIEGO AGUIRRE
http://sahara_opinions.site.voila.fr/JPerote4.htm
JOSÉ RAMÓN DIEGO AGUIRRE (1927-2005)
Por Javier Perote
La otra noche, apenas conocido el hecho, os comuniqué la muerte de José Ramón
Diego Aguirre. Era presidente de Honor de la Asociación Amigos del Pueblo
Saharaui de Madrid y Ciudadano de Honor de la República Saharaui. También se le
había otorgado el " Premio a la Solidaridad Juan Antonio González Carvallo" cuya
preciosa metáfora plástica, una rosa del desierto, tuve yo el honor de recoger,
en su nombre, de manos de M Brahim Gali, en la clausura de las jornadas de
Toledo.
Desde que se enteró de que se le había otorgado esta última distinción no paró
de llamarme y pedirme datos; qué cuándo se lo iban a entregar, donde iba a ser
el acto, quién fue Juan Antonio González etc. Parecía un colegial en espera de
su diploma. Pero sobre todo tenía una gran preocupación porque temía que debido
a su enfermedad no pudiera estar a la altura de las circunstancias en tal acto.
En una aparición en público en el Colegio Virgen de África, posiblemente la
última y ya muy enfermo, le fallaban las fuerzas pero no consintió en suspender
su intervención y finalmente con gran esfuerzo finalizó su ponencia sobre Ma El
Ainin.
Este afán era una característica muy suya. En las veces que le vi como
protagonista en algún acto público, algunas siendo yo copartícipe, recuerdo el
esmero que ponía para que todo se desarrollara con la dignidad debida; desde su
propia indumentaria siempre discretamente elegante, la exposición del tema, los
tiempos bien medidos, hasta sus elegantes ademanes que acompañaban a una
magnífica voz que no necesitaba en absoluto de micrófonos y, a la cual, sabía
sacar partido.
Llenaba la presidencia de un acto con total aplomo estuviese a su lado quien
estuviese. No hacía concesiones a nadie ni a nada y si consideraba que tal cosa
debía ser dicha, se decía. Nunca suspendió un acto al que se hubiera
comprometido aunque la sala estuviese vacía, cosa frecuente entre los
estudiantes que se comprometían a organizar actos los cuales después no podían
controlar
A pesar de mi mala memoria y del tiempo transcurrido no he olvidado la primera
imagen que de él tengo. Estaba yo en la sede de nuestra asociación cuando
apareció por la puerta. Entró erguido, con su cazadora de piel y pañuelo al
cuello que le daba un aspecto deportivo y elegante. Pausadamente recorrió con la
vista la humilde habitación en que nos encontrábamos y, sin tiempo para
preguntarle, fue él quién se presentó y dijo a lo que venía.
Al decirme que era militar y que estaba interesado en los asuntos del Sáhara,
creí necesario poner en claro desde el primer momento que nosotros apoyábamos
las reivindicaciones del Frente Polisario, e ingenuamente me puse a explicarle
algo sobre el tema saharaui. Me interrumpió cortésmente para saber si no me
molestaría que encendiera un cigarrillo, y continuó prestando atención a mi
discurso . El me escuchaba asintiendo con la cabeza como diciendo: sí sí ya sé,
yo conozco algo de todo esto, y también defiendo los derechos de los saharauis y
las reivindicaciones del Frente Polisario….
Por fin le dejé hablar y fue entonces cuando empecé a experimentar la sensación
de que había estado haciendo el ridículo, al darme cuenta de que había tratado
de ilustrar a la persona que más sabía del Sáhara, de los saharauis y de su
historia. A partir de entonces empezó mi amistad con él y, conforme le iba
conociendo, aumentaba mi aprecio mi consideración y mi afecto
Después sabría también que la difusión de sus escritos, sería fundamental en la
lucha a favor de la causa saharaui.
Tenía un sentido muy militar del orden y la organización, así que cuando llegó a
la Plaza Mayor de Madrid de donde saldría la primera caravana de ayuda
humanitaria, y se encontró con un tremendo desbarajuste, no pudo evitar
preguntarme en un aparte si yo estaba seguro de llegar lejos con aquella tropa.
Pero las dudas se le disiparon cuando se enteró de que en uno de los camiones
iría yo de conductor siendo así que no había manejado un camión en mi vida.
Estamos locos Javier, me dijo, y allá fue. Tenía sesenta y dos años y no quiso
perder la ocasión de visitar a los innumerables amigos saharauis que tenía en
Tinduf.
He dicho innumerables amigos, y así lo pudimos constatar al llegar a los
campamentos. Durante toda la visita fue el centro de atención y no paraban de
acercarse a saludarle. Algunos que no le conocían pero habían oído hablar de él
o leído su libro mostraban gran interés en conocerle, y varios de ellos pidieron
ser presentados, pues querían saludarle.
La presentación de su libro la "Historia del Sahara" fue todo un acontecimiento.
El acto presidido por el Ministro Fernando Moran tuvo lugar en la Biblioteca
Nacional, y el salón se llenó a rebosar. Cuando José Ramón hizo su aparición en
la sala, oí a Ruth que no se recató en exclamar: ¡ oh! que hombre tan guapo.
Ruth era una enérgica joven alemana que vino a poner un poco de orden en la
asociación. Ya he dicho que J/R tenía un porte elegante, y ciertamente, verle
entrar decidido en la sala, la cabeza alta y una incipiente melena que se
dejaba, le recordaba a uno la figura atractiva de un explorador o un aventurero.
En su juventud parece ser que era un tanto "fardón" cosa que se puede apreciar
algo en las fotografías del desierto en que se le ve con su gorrilla de campaña
coquetamente ladeada y caída sobre la frente.
También recuerdo la noche en que le hicimos Presidente de Honor de la
asociación. Nos reunimos a cenar en el Hotel Victoria, y nuestra presidenta
Carmen Díaz Llanos pronunció unas simpáticas palabras. También nos acompañaba su
compañero en la presidencia de honor Fernando Sánchez Dragó que nos contó una
divertida anécdota: en uno de sus innumerables viajes llegó al puesto español de
La Güera siendo recibido por el jefe del destacamento, tras ser advertido éste
de que en la entrada exterior se encontraba un individuo, al parecer español.
S/Dragó se encontró ante un alto y barbudo joven Teniente como salido de la
novela de Beau Geste el cual, tras las cortesías de rigor, consideró que los
minutos transcurridos era suficiente tiempo como para haber trabado una profunda
amistad, por lo que no tuvo reparos en pedirle a Fernando un porro.
En esta cena también estaba con nosotros un activo y eficientísimo miembro de la
solidaridad con los saharauis; Eugenio Sánchez que entre otras cosas fue el que
se encargó de chafar el viaje de Hassán II a Madrid pilotando un avioneta que
estuvo toda la mañana dando la "barila", volando por encima de la ciudad con una
enorme pancarta enganchada en la cola en la que se podía leer ¿Hassán II los
desaparecidos saharauis donde están?
Un momento de especial emoción para él y su esposa Magdalena fue el acto
presidido por Brahim Gali en que se le hizo ciudadano de honor de la República
Saharaui. Fue el primer español a quién otorgaron este título y os puedo
asegurar que estaba orgullosísimo de ello. Comprensiblemente, tras la muerte de
su esposa, en que el orden de la casa ya no volvió a ser el mismo, se traspapeló
el escrito en que se le comunicaba tal distinción, siéndole de gran contrariedad
este hecho. En este acto me pidieron que pronunciara yo unas palabras, lo que
así hice, recordando la anécdota en que, con ocasión de un acto conjunto de los
dos en la Universidad al dirigirme a él, en un lapsus momentáneo, le llamé
profesor lo que cortó de inmediato diciendo que él no era profesor, que era
militar.
Somos muchos los que debemos a José Ramón habernos metido en el alma del pueblo
saharaui y el pueblo saharaui en nuestra alma proporcionándonos la mejor arma
para su defensa: el conocimiento de la verdad.
Leyendo sus libros o sus artículos hemos aprendido sin ninguna clase de dudas
que la causa saharaui hay que defenderla porque es justa, hemos adquirido las
herramientas para saber discutir y para no dejarnos enredar con las mentiras o
los falsos argumentos que, con tanta frecuencia nos llegan de nuestra propia
gente: políticos, periodistas, empresarios etc.
Muchos de estos individuos intentan hacer creer, y así nos lo han recordado
recientísimamente, que son del interés de España los sustanciosos beneficios que
obtienen sus empresas al instalarse en Marruecos participando en la explotación
de una población con mano de obra barata, empobrecida, ignorante y
religiosamente sometida a un todopoderoso Sultán. Pero sin preocuparse en
absoluto de mejorar la condición de esta pobre gente, buena parte de ella carne
de patera, ni considerando que con su presencia contribuyen a apuntalar un
régimen dictatorial que entre otras cosas tiene invadido el Sáhara. Hechos así
disgustaban enormemente a J/Ramón.
Sus escritos en estos treinta años han sido demoledores como el Informe que hizo
llegar al Senado de los EEUU firmado por él mismo y por el General Alonso del
Barrio, el Coronel Rodríguez de Viguri recientemente fallecido que fue
Secretario General del Gobierno General del Sahara, y el Coronel Valdés último
Gobernador del Sahara el cual, a pesar de estar obligatoriamente presente por
razón de su cargo, se negó a firmar el acta de la reunión de lo que pretendía
Marruecos hacer pasar como la representación de la Yemaa para dar validez a los
acuerdos de Madrid. Se limitó a afirmar que él se encontraba allí para
despedirse de los saharauis, por lo que el espacio reservado a su firma quedó en
blanco.
Otros documentos de lectura obligada para cualquiera interesado en los asuntos
del Sahara deben ser su análisis sobre la "Raíz y Desarrollo del Nacionalismo
Saharaui" o el "Memorandum sobre el conflicto del Sahara Occidental" o su "Libro
Blanco sobre el Plan de Paz de 1991: Veinte Años Bastan" editado por la
Asociación de Madrid.
El valor de sus escritos y sus testimonios es indudable, pues él los vivió en
primera persona y de muchos de los acontecimientos que relata fue él el
protagonista ya que durante su presencia de diez años en el territorio siempre
estuvo en puestos importantes, como los servicios de información.
Los conocimientos que pudo adquirir en razón de su cargo y su sentido
humanitario le sensibilizaron para poder formarse una idea particular sobre
Basiri a pesar de una generalizada opinión contraria, haciéndonos un retrato
bastante aproximado de él, al que nos presenta como un hombre de una gran
categoría humana, intelectual, teórico de la liberación árabe con carácter
pacifista, pródigo en dar consejos de prudencia, del cual el Gobierno del Sahara
fue incapaz de valorar su personalidad para el futuro político del territorio.
La dudosa desaparición de este "leader" contribuyó a engrandecer su figura
creándose una especie de Imán que habría de volver, como así fue, sino en
presencia si en espíritu, pues él es el verdadero inspirador del Frente
Polisario.
Esta visión de Basiri y el trágico fin que tuvo conturbaba especialmente su
espíritu democrático y humanista.
A estas horas ya habrán tenido la oportunidad de estrecharse las manos.
Podría seguir resaltando su aportación intelectual y la ayuda incomparable que
encontrábamos con sus certeros análisis como, cuando nada más firmarse los
acuerdos de paz de 1991 le vaticinó a Hash, entonces representante del
F/Polisario, y en contra del parecer de todos nosotros, que sería un fracaso.
Se prestaba gustoso a cualquier trabajo que le pidiésemos y con frecuencia
aparecía a ultima hora de los jueves o algún día de reunión para luego
acompañarnos al bar a tomar unos vinos. A Pepe Taboada le llamaba "el Jefe"
Por su currículum sé que nació en 1927 en Santander, que ingresó joven en la
Academia Militar de Zaragoza de donde salió con el grado de Teniente de
Artillería. Estuvo por el Pirineo en unidades de montaña de donde, al ascender a
Capitán, pasó destinado al Sahara, por suerte para todos. Hizo la carrera de
filosofía y letras licenciándose en historia, terminando su vida profesional con
el grado de Coronel en el Servicio Histórico Militar.
Además de su magnífica "Historia del Sahara Español" es necesario resaltar el
informe exhaustivo sobre lo que aconteció a continuación, lo cual expone con la
claridad de su estilo en un pequeño libro "Guerra en el Sahara" también
imprescindible para los interesados en este asunto.
Otro libro interesantísimo "La última Guerra Colonial de España" donde por
primera vez aparecen fotografías hasta entonces inéditas, por censuradas, sobre
la guerra de Ifni.
En todos sus escritos, los análisis de los aspectos militares son inmejorables
como los que hace de la Operación Teide/Ecouvillon de 1957/58 o de la guerra de
Ifni.
Últimamente, ya enfermo, le animé mucho a que escribiera un libro sobre un tema
que sabía yo le rondaba por la cabeza y que, por fin el 30 de marzo último,
pudimos presentar en la Sociedad General de Autores de Madrid.
El acto de presentación de este último libro "El Oscuro Pasado del Desierto" fue
presidido por la Profesora de la Universidad Dolores Rubio García entusiasta de
la obra de José Ramón. También estuvieron presentes el Catedrático Javier
Morillas y el Editor del libro, Presidente del PEN club de España, Basilio
Rodríguez Cañadas. Esta obra da un repaso histórico del Sáhara desde los tiempos
más remotos, utilizando los escritos de los autores árabes de la antigüedad,
hasta los tiempos modernos. Algunos capítulos son especialmente atractivos como
el dedicado a las ciudades perdidas del desierto ¿sabíais que hubo ciudades
construidas exclusivamente con bloques de sal?
En la elaboración de este libro yo jugué un papel bastante activo junto con su
yerno Joaquín Boado y la ayuda, al principio, del hoy Embajador de la RASD en
Méjico Ahmed Mulay Bazuco. Esta fue una buena experiencia para saber qué punto
de exactitud y perfección exigía en sus cosas; durante días y días no paramos de
corregir una y otra vez, que si ahora un punto que luego una coma, a veces tres
o cuatro folios. Nos volvía locos.
Ha quedado sin editar una extensa Historia de Marruecos cuyas pruebas y
correcciones están a punto para poder hacerlo, ya veremos.
He tratado de resumir la importancia que para la causa saharaui han tenido sus
innumerables artículos, muchos de ellos publicados en revistas especializadas en
los cuales se puede apreciar, a pesar de su afán de objetividad, un indisimulado
afecto por los saharauis y una rabia por lo que siempre calificó como una
tremenda injusticia.
Pero no sólo escribió libros de historia; antes de agravarse definitivamente su
salud estaba escribiendo una novela y también cultivó la poesía. Para muestra de
esto último daré fin a este escrito con la poesía que dedica a su esposa
A Ti fúlgida luz de amanecer
amada del alma
desde esta estéril noche de soledad
cuando sólo el dolor junto a tu nombre anida
cuando todo es silencio.
Medio siglo después, desde aquel día
Todo eres tu y sin ti todo es vacío:
Ha tiempo se secó la última rosa
Y los frágiles versos tienen heladas ramas
Por entre el tibio césped que de tu labio brota
Como postrer ofrenda nacerán mis palabras
Cada voz un suspiro cada letra un lágrima.
Pero sería interminable este escrito, de seguir por el camino de las alabanzas.
Además, siento la necesidad urgente de comunicar a todos la certeza que tengo de
que su desaparición es una gran pérdida, el afecto que le cogí con el tiempo y
una triste sensación de pérdida y vacío que experimento desde que tuve la
noticia de su fallecimiento.
A raíz del agravamiento de su enfermedad fue alternando sus estancias en casa de
alguna de sus cinco hijas muriendo finalmente en la de su hija Menena en San
Fernando, Cádiz. Su hija pequeña, Arancha, fue miembro de nuestra asociación y
trabajó en un proyecto sobre agricultura.
Al acto de incineración del cadáver ha asistido una representación del pueblo
saharaui presidida por el Delegado de Andalucía M'hed Salem y otros varios
saharauis, más algún miembro de las asociaciones de aquella tierra. El féretro
fue cubierto con la bandera saharaui y posteriormente sus cenizas serán
distribuidas, parte junto a las de su esposa, la inolvidable Magdalena, en Graus
(Huesca) y otra parte en Tifariti donde serán depositadas en la ciudad de la
solidaridad.
Próximamente se reunirá su familia aquí en Madrid donde se celebrará un acto
fúnebre en su memoria del cual se avisará oportunamente
En el recuerdo de José Ramón, todos unidos, prosigamos esta lucha que hemos
emprendido por la libertad del Sáhara
Recibid todos el afecto de vuestro amigo y compañero.
Javier Perote
22.01.05
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http://www.elmundo.es/diario/opinion/1747434.html
OBITUARIO. JOSE RAMON DIEGO AGUIRRE
Militar comprometido con la causa saharaui
ROSA MENESES
El coronel José Ramón Diego Aguirre, gran conocedor de la historia y cultura
saharauis y uno de los mayores defensores del derecho de autodeterminación de
este pueblo, se ha ido sin poder ver alcanzado el sueño por el que tanto luchó:
una patria para los hijos de la nube. Excelente y riguroso historiador, dedicó
gran parte de su vida a la labor de investigación y a la elaboración de una obra
de referencia obligada para entender la cuestión del Sáhara Occidental.
Fue en la ex colonia española donde desarrolló gran parte de su carrera militar,
lo que le brindó un profundo conocimiento del pueblo saharaui que se refleja en
sus libros. Nacido en Santander en 1927, era primo hermano del ya fallecido
Duque de Alba consorte, Jesús Aguirre. Ingresó en la Academia Militar en 1946 y
cuatro años más tarde fue promovido a teniente de Artillería. En 1966 fue
destinado al Gobierno General del Sáhara, donde se responsabilizó del Servicio
de Información y Seguridad en El Aaiún. En 1971 ascendió a comandante y fue
trasladado a la Jefatura de Política Interior del territorio.
Desde esta atalaya vivió de cerca la crisis del Sáhara durante los últimos años
del franquismo: el surgimiento del Frente Polisario, la Marcha Verde, la
guerra... Su talante democrático le llevó, en aquella época, a sufrir incluso
varios arrestos por tan sólo expresar su opinión.
Trabajador infatigable fue un testigo de excepción en los tiempos de la ex
colonia española, hasta que Franco entrega el territorio a Marruecos, en 1975.
En febrero de 1976, se convirtió en uno de los últimos militares españoles en
abandonar el territorio. «Cuando España dejó el Sáhara, mi padre sintió una gran
frustración y un enorme dolor por lo que el Gobierno había hecho con los
saharauis. El se sentía muy cercano a este pueblo porque, debido al puesto que
desempeñó en el Gobierno de la provincia española, tenía una idea basada en la
democracia sobre cómo podría hacerse un proceso [de descolonización] para
beneficio de la población», recuerda su hija Ana Diego Subías.
Historia del Sáhara Español o Guerra en el Sáhara (1991), son ensayos en los que
rastrea el presente y el pasado de las gentes del Sáhara Occidental, de las que
siempre destacará su «nobleza y dignidad». Su último libro: El oscuro pasado del
desierto (2004) es una completa visión sobre los habitantes del Sáhara.
Fue presidente de honor de la Asociación Española de Amigos del Sáhara y, como
reconocimiento a su compromiso la República Saharaui le dio la nacionalidad, a
título honorífico.
Numerosas personalidades, y sus amigos saharauis quisieron acudir a darle un
último adiós. En esa tierra descansa esperando un Sáhara libre.
José Ramón Diego Aguirre, militar e historiador, nació en Santander en 1927 y
falleció el 19 de enero en Cádiz.
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Unión de Periodistas Y Escritores Saharauis
Comunicado
Hemos recibido con gran tristeza la noticia de la muerte del gran escritor e
historiador hispano-saharaui José Ramón Diego Aguirre. Presentamos nuestros más
profundos sentimientos de condolencia a su familia, a los pueblos español y
saharaui y a los círculos de periodistas y escritores de los dos países, así
como al mundo entero.
El difunto, que siempre ha sido gran amigo de la verdad y de la integridad, ha
dedicado la mayor parte de su trabajo a la historia y los acontecimientos del
Sáhara Occidental, del que ha sido un gran conocedor y especialista desde los
años 60.
La UPES nombra a José Ramón Diego Aguirre miembro de honor permanente de la
Unión, como homenaje a su persona y signo de gratitud a lo mucho que ha
contribuido para que se haga la luz sobre la historia del Sáhara Occidental, así
como en reconocimiento al difunto por el espíritu de justicia, de honradez y de
intégridad cultural de que siempre dio muestras, Dios lo tenga en su
misericordia.
Malainin Lakhal
Secretario General
UPES
Chahid El Hafed
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