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S U M A R I O

1. RASD-MARRUECOS-MAURITANIA-ANÁLISIS
- GEES: Implicaciones estratégicas de la nueva situación política en Mauritania
Por Carlos Ruiz Miguel



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1. RASD-MARRUECOS-MAURITANIA-ANÁLISIS
http://www.gees.org/articulo/2034/45
http://www.gees.org/pdf/2034/

Implicaciones estratégicas de la nueva situación política en Mauritania
Por Carlos Ruiz Miguel

Análisis nº 89 | 12 de Enero de 2006


Mauritania, es un país que se halla entre varias áreas geopolíticas: el Magreb
en el norte, el Sahel en el este y el Africa subsahariana en el sur. Si
añadimos su proximidad marítima a Canarias, se incrementará el interés por
conocer las implicaciones estratégicas de lo que pueda ocurrir allí. El triunfo
del golpe de Estado de agosto de 2005 en Mauritania suscita la cuestión de
cuáles pueden ser las consecuencias del mismo para la política interna de este
país magrebí, para las relaciones internacionales y para España como Estado
vecino a través de Canarias. Y es que Mauritania, por razones geopolíticas y
económicas, se ha convertido en una pieza cada vez más importante de las
relaciones internacionales. El golpe de Estado triunfante que no tiene
connotaciones islamistas, es discutible si producirá los anunciados efectos en
la política interna (democratización). De lo que sí hay indicios (no
concluyentes) es de que este golpe ha sido un movimiento maestro que puede
alterar el actual equilibrio en diversas zonas: el Magreb (en beneficio de
Marruecos), en el Africa subsahariana (en beneficio de Francia) y en el Sahel,
mermando de paso la credibilidad del proceso de unión política africana.


I. Antecedentes próximos

El golpe de Estado del 3 de agosto que ha llevado al poder a una junta militar
presidida por el coronel Ely Uld Mohamed Fal ha resultado exitoso. En los dos
últimos años, Mauritania sufrió tres golpes que fracasaron: (junio 2003, agosto
2004 y septiembre 2004). El golpe de 2003, tenía un carácter tribal y una
importante complicidad en el Ejército. Por su parte, los golpes de agosto y
septiembre de 2004 tenían en común una implicación muy escasa del Ejército y un
componente tribal débil, si bien, mientras el primero tenía indicios de estar
afectado por la política regional africana (eventual implicación de Libia y
Burkina), el de septiembre 2004 parecía tener una implicación islamista. El
golpe actual es técnicamente muy similar al primero de los citados, de junio de
2003 (sobre el mismo, véase Carlos Ruiz Miguel: “Mauritania: perspectivas
políticas después del golpe de Estado”, 4-VII-2003
http://www.realinstitutoelcano.org/analisis/313.asp ): es un golpe militar de
fuerte componente “tribal” que trata de hacerse con algunos centros neurálgicos
en lugar de buscar una confrontación generalizada, aunque a diferencia del
anterior, el momento del golpe fue mucho mejor calculado (cuando el depuesto
presidente, Uld Taya, estaba ausente del país por su asistencia a las exequias
del Rey Fahd de Arabia). El gobierno de Taya se caracterizó por una importante
presencia de la tribu Smassid, que no fue óbice para que en muchos puestos de
poder hubiera miembros de otras tribus, como las tribus del Este (destituidos
tras el golpe de junio de 2003) o los Ulad Busba’a (como el propio Fal, a quien
se le encomendaron los servicios secretos y la seguridad). Debe observarse, sin
embargo, que la tribu comerciante de los Ulad Busba’a (extendida en Inchiri y,
en menor medida, en el Adrar y Tagant, centro-norte del país), llegada en el
siglo XIX desde Uad El Siba, cerca de Marrakech, es una tradicional aliada de
la Smassid a la que pertenecía Taya. La primera conclusión que debe extraerse,
por tanto, es que este golpe de 3 de agosto de 2005 no tiene connotaciones
islamistas, sino principalmente tribales.

Cuestión distinta, y ciertamente muy importante, es si el golpe ha sido
inspirado o apoyado desde el exterior. Ha habido varias insinuaciones apuntando
a Francia. En primer lugar, el nuevo líder Fal, tenía relaciones con la empresa
francesa SOFEMA, de la que dos altos cargos de se hallaban del 2 al 4 de agosto
en Nuakchott para negociar una venta de armas. En segundo lugar, el semanario
arabófono londinense Al Mayalah ha indicado que los servicios secretos
franceses se hallaban detrás del mismo. No sería una novedad, porque el golpe
de Taya también tuvo esa misma inspiración. En tercer lugar, tanto Fal como
muchos importantes cargos de la nueva junta de su tribu, la Ulad Busba’a,
tienen claras afinidades francófilas y con Marruecos. No obstante, no existen
evidencias de la implicación extranjera en el golpe.


II. Pocos cambios internos en el horizonte

¿Cómo afectará el golpe a la política interna mauritana? La Junta militar (que
una vez en el poder se ha dado el nombre de “Consejo Militar para la Justicia y
la Democracia”-CMJD) emitió un comunicado el 3 de agosto de 2005 en el que, tras
denunciar las “prácticas totalitarias del régimen derrocado”, se comprometía a
“crear las condiciones favorables para un juego democrático abierto y
transparente sobre el que la sociedad civil y los actores políticos puedan
pronunciarse libremente”. Ahora bien, algunos indicios suscitan dudas sobre la
viabilidad de este objetivo. En primer lugar, el líder del golpe ha sido
durante 20 años la mano derecha del presidente Taya, siendo el jefe de la
policía desde 1988. En segundo lugar, el CMJD, que detenta el poder ejecutivo,
aprobó el 6 de agosto una “Carta constitucional” que modificaba la Constitución
de 1991 suprimiendo el Parlamento y transfiriendo todo el poder legislativo al
CMJD. No obstante, esta “Carta Constitucional” mantiene en vigor el resto de
las disposiciones de la Constitución de 1991 (que afectan a la carta de
derechos y a los demás órganos del Estado: Alto Consejo Islámico, Consejo
Constitucional, Tribunal de Cuentas, Consejo Superior de la Magistratura). En
tercer lugar, si bien se ha liberado a una serie de presos islamistas
encarcelados durante el gobierno de Taya, se ha negado a legalizar al partido
islamista (el Partido de la Convergencia Democrática, PCD). En cuarto lugar, el
nuevo gobierno ha eludido mencionar los graves problemas que afectan a la
población negro-mauritana: el de los refugiados y exiliados en Senegal y Mali y
el de la esclavitud. Todos estos hechos han dado lugar al surgimiento, dentro de
Mauritania, de voces que han condenado el golpe, algunas incluso pidiendo la
vuelta de Taya. Por lo demás, no está del todo claro que los golpistas cuenten
con todo el apoyo del Ejército. La situación interna, por tanto, puede deparar
alguna sorpresa.

El CMJD convocó unas “jornadas nacionales de concertación” con varios grupos de
la oposición (pero no con todos) y con miembros de la sociedad civil mauritana.
Esas jornadas se celebraron del 25 al 31 de octubre de 2005. El principal
resultado de las misma fue la designación de una CENI (Comisión Electoral
Nacional Independiente) que deberá vigilar el proceso de supuesta transición a
la democracia. Además, en las Jornadas se organizaron varios “talleres” con
vistas a esa eventual transición: sobre la situación de la justicia y el “buen
gobierno” en la administración (o gobernanza). El diseño de las jornadas, en
principio, era interesante. No obstante, sigue más un modelo de “despotismo
ilustrado” que uno de “democracia”.

Por todo ello, no son pocos quienes creen que con el golpe se ha pretendido “que
el gobierno cambie para que nada cambie”. Se trataría, en tal caso, de
salvaguardar un núcleo importante de los intereses que estaba protegiendo el
presidente Tayá, pero que se hallaban en peligro por la creciente impopularidad
de éste (debida, en gran medida, a las intensas relaciones con Israel y al
incremento de la represión policial para deshacer los complots contra su
gobierno). Ahora bien, de ser esto cierto, no tendría fácil explicación el
hecho de que ciertos países aliados de Tayá hayan condenado el golpe. Todo esto
produce una perplejidad que obliga a aclarar las que parecen claves ocultas del
golpe. La cuestión, por tanto, es qué intereses protegía Tayá y cuáles de ellos
se mantendrán o se cambiarán. Ello nos lleva a considerar las cuestiones
estratégicas con preferencia sobre las de política interna.


III. El conflicto del Sáhara y el escenario magrebí

Uno de los intereses más importantes para Mauritania es el del Sáhara
Occidental. Ahí Mauritania es una pieza esencial en la resolución del
conflicto. En la época de Taya se mantuvo aquí un muy delicado equilibrio.
Mauritania fue uno de los firmantes de los “acuerdos de Madrid” de 1975 que,
actualmente, se están intentado revivir desde algunos sectores para legitimar
la firma del acuerdo pesquero de Marruecos con la Unión Europea sobre aguas del
Sáhara Occidental. Asimismo, Mauritania firmó el 14 de abril de 1976 un acuerdo
de fronteras con Marruecos (por el que se producía una partición del Sáhara
Occidental entre esos dos países), derivado del acuerdo de Madrid antecitado.
Tres años después, el 10 de agosto de 1979, Mauritania firmó un tratado con el
Frente Polisario renunciando a su parte y denunciando la ocupación marroquí de
la misma. La evolución política mauritana en esta asunto ha sido notoria.
Después del alineamiento con Marruecos del presidente Uld Dadah en 1975, y del
alineamiento con el Frente Polisario del presidente Haidallah a comienzos de
los años ’80, el presidente Taya (en el poder desde el golpe de 1984) ha vuelto
a equilibrar la balanza en favor de Marruecos, pero no tanto como Uld Dadadh. En
efecto, si bien es cierto que resistió las fortísimas presiones marroquíes para
que retirara el reconocimiento que Mauritania hizo de la RASD, no lo es menos
que se alejó de Argelia e inició un progresivo acercamiento (económico,
cultural) a Marruecos. Igualmente, si bien es cierto que en el momento de
negociarse el “plan Baker II” la Mauritania gobernada por Taya expresó su apoyo
al mismo, (contribuyendo así al aislamiento de Marruecos una vez que Argelia, el
Frente Polisario y España lo apoyaron), también lo es que fue Taya quien abrió
la frontera de Mauritania con el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos
(puesto de Guerguerat).

El rechazo de plano del referéndum de autodeterminación anunciado por Marruecos
en abril de 2004 exigiendo sin más el reconocimiento internacional de la
anexión ha significado un lógico incremento de la tensión en la zona que no
resultó difícilmente previsible (Cfr. Carlos Ruiz Miguel: “El largo camino y
jurídico y político hacia el <plan Baker II>: ¿estación de término?”:
http://www.realinstitutoelcano.org/documentos/74.asp). Pero sería pecar de
voluntarismo pensar que esa negativa puede por sí sola enervar la legalidad
internacional vigente. Tanto desde el punto de vista de la legalidad como del
logístico en una hipotética reanudación de la guerra, Mauritania juega un papel
clave. Desde esta perspectiva, la sustitución de Taya abre nuevas posibilidades
o puede abortar tendencias incoadas. No es de extrañar que los actores básicos
del conflicto indagaran las intenciones de los nuevos gobernantes. Es
significativo, a este respecto, que un día después del golpe, el 4 de agosto de
2005, el nuevo presidente Fal recibiera a un enviado personal de Mohamed VI,
nada menos que a su amigo personal y jefe del servicio secreto exterior (DGED:
Dirección de General de Estudios y Documentación), Mohamed Yasín Mansuri. Esta
visita, la primera de un enviado extranjero a la nueva dirección del país
suscitó especulaciones (Le Quotidien d’Oran, 6-VIII-2005) que van desde la
negociación para que Marruecos acogiera a su “amigo” Taya, a la de que una
visita tan rápida evidenciaría que Marruecos estaba al tanto del golpe y
querría obtener ciertas garantías, o incluso que Marruecos se aprestaría a
reconocer el nuevo régimen precisamente porque no lo ha hecho la Unión
Africana de la que Marruecos no es miembro. Lo que el tiempo ha puesto en
evidencia es que el primero de esos eventuales motivos no era, pues Tayá se ha
exiliado en Qatar. Esta visita suscitó inquietud y poco después, el 6 de
agosto, fue un emisario saharaui, el ministro de los territorios ocupados y de
las comunidades saharauis en el extranjero, Jalil Sidi Ahmed, quien viajó a
Nuakchott para entrevistarse con Fal. Más adelante, el nuevo gobierno mauritano
ha enviado a dos de sus ministros a Marruecos y a Argelia. El 25 de agosto,
Ahmed Sid Uld Ahmed, nuevo ministro de Asuntos Exteriores mauritano, declaró a
Al Yazira que su gobierno “Mauritania mantiene la posición que siempre ha
tenido sobre la cuestión del Sáhara” y apenas cuatro días después, el 29, el
rey marroquí telefoneó al nuevo líder mauritano. Teniendo en cuenta que
Mauritania no siempre ha tenido igual posición sobre el Sáhara desde 1975 no se
sabe muy bien cuál puede ser el futuro próximo. La lectura del primer comunicado
emitido por la junta militar (que dice que: “El Consejo Militar por la Justicia
y la Democracia se compromete a respetar todos los tratados y convenios
internacionales ratificados por Mauritania”) podría interpretarse como un
respeto de su actual posición basada en el tratado firmado con el Frente
Polisario en 1979 y que fue oportunamente comunicado a la ONU. En consecuencia,
podría pensarse que el nuevo gobierno mantendrá la posición anterior en este
asunto. Ahora bien, la espectacular visita de Fal y casi todo su gobierno a
Marruecos en noviembre de 2005, seguida de un extraordinario estrechamiento de
las relaciones con Marruecos son una prueba irrefutable de que la posición
mauritana se ha movido en favor de Marruecos, pues una visita similar no se ha
realizado a ningún otro país. Si ese acercamiento conducirá a una retirada del
reconocimiento de la RASD es difícil de saber dado el elevado número de
sectores pro-saharauis que existen dentro de Mauritania.

Queda en el aire la cuestión de si el golpe no habría servido para abortar un
eventual e inminente giro del gobierno Tayá en esta cuestión en apoyo de unas
eventuales pretensiones norteamericanas de dar una determinada solución al
conflicto y que se han escenificado de modo espectacular dos semanas después
(18-VIII-2005) con la intervención directa del presidente Bush en la liberación
de todos los prisioneros de guerra marroquíes que quedaban en poder del Frente
Polisario. Si el golpe fue un movimiento francés para equilibrar el movimiento
norteamericano que se estaba preparando es algo que sólo dirá el tiempo.

El análisis de las consecuencias también afecta al Magreb donde uno de los
motivos de bloqueo de la Unión del Magreb Árabe (UMA) ha sido el enfrentamiento
de Taya con Gadafi (y, en menor medida, con Argelia) a raíz del reconocimiento
mauritano del Estado de Israel. Curiosamente Ben Alí, ha sido el único líder
magrebí en pronunciarse públicamente condenando el golpe, mientras Marruecos,
Argelia y Libia, sin embargo, se abstienen de calificar oficialmente la
situación. El dato que, en todo caso, resulta más llamativo es que la UMA es la
única organización internacional que no se ha pronunciado sobre el golpe, a
diferencia de la UE, la Unión Africana, la Liga Árabe o la ONU. Este silencio
de la UMA, más que de complicidad, es revelador de la profunda inoperancia de
esta organización.


IV. El escenario subsahariano, el conflicto de Costa de Marfil, Senegal y la
Unión Africana

IV.1. De entre los varios conflictos del área subsahariana, el que parece poner
en juego ahora el liderazgo de la zona es el de Costa de Marfil. En este país,
se ha producido un enfrentamiento entre el presidente marfileño (Laurent
Gbagbo) y las fuerzas rebeldes. El presidente ha contado con el apoyo
norteamericano, mientras los rebeldes tenían el sostén del presidente de
Burkina Fasso (Blaise Compaoré), que a su vez tiene alianzas políticas con
Libia, pero también con Marruecos y Francia. En este conflicto hubo una
mediación fracasada de Mohamed VI, a la que siguió otra que pareció más exitosa
en principio del presidente sudafricano (Thabo Mbecki). Mauritania, con Taya, se
alineó con Mbecki para apoyar a Gbagbo. Francia, sin embargo, ha bloqueado ese
acuerdo, aunque ha fracasado en su intento de que Naciones Unidas desautorice a
Gbagbo. La pugna Marruecos-Sudáfrica no es nueva y no sólo se produce en Costa
de Marfil, sino también en el asunto del Sáhara (donde el reconocimiento de la
RASD por Sudáfrica ha sido uno de los golpes más duros sufridos por la
diplomacia marroquí) o en la elección del país que albergará el próximo mundial
de fútbol (elección que ganó Sudáfrica a Marruecos).

La dirección que vaya a tener este conflicto va a depender en buena medida de la
orientación que tenga el nuevo líder mauritano, Fal. Un reforzamiento del eje
“París-Rabat-Nuakchott-Dakar” sin duda afectaría a este conflicto, pues se
debilitaría la situación del presidente marfileño Gbagbo y la influencia de
Sudáfrica en el continente. De momento, lo cierto es que mientras el
presidente Gbagbo ha condenado el golpe... los rebeldes le han dado la
bienvenida. Esta orientación parece confirmarse. En efecto, el 22 de diciembre,
el nuevo presidente mauritano, Fal, ha hecho una visita al presidente de
Burkina, Blaise Compaoré poniendo el “contador a cero” en las relaciones.
Teniendo en cuenta que Compaoré estaba enfrentado a Taya por el conflicto de
Costa de Marfil, esta visita parece confirmar que el nuevo gobierno mauritano
se dispone a apoyar las tesis pro-francesas en la región. Lo que está en juego,
junto al dominio de las riquezas naturales de la zona, es la definición de las
grandes áreas de influencia. En este juego, parece que el “eje”
Gbagbo-Taya-Mbecki que ha actuado como puntal de la penetración anglosajona en
un área tradicionalmente dominado por Francia, se ha visto quebrado con el
cambio de gobierno en Mauritania.

IV.2. La evolución de las relaciones entre Senegal y Mauritania es otra piedra
de toque del futuro de la región. Esas relaciones fueron de mucha tensión en la
época de Taya, llegando a un enfrentamiento armado entre ambos países en 1989.
Es de notar que el presidente senegalés, Wade, firme aliado de Francia y
Marruecos, se abstuvo de condenar el golpe. Es más, Wade ha promovido y
albergado la reunión en Dakar de un grupo de fuerzas opositoras, que firmaron
la “declaración de Dakar” de 14 de agosto. Esta intervención senegalesa, sin
embargo, ha puesto en riesgo el proceso de acercamiento al eje
“París-Rabat-Dakar”. En efecto, la iniciativa de Wade ha suscitado un
considerable rechazo entre la opinión pública mauritana que puede alterar el
proceso de consolidación de la junta militar, en la medida en que genere, de
rebote, hostilidad hacia los países (Francia y Marruecos) que apoyan a la
potencia injerente (Senegal). La alarma provocó que el propio portavoz del
nuevo gobierno se desmarcara de la iniciativa senegalesa en una declaración de
16 de agosto en la que recordaba que es un “deber de todos, en el interior y en
el exterior, comprender que se trata de un asunto estrictamente mauritano que
no afecta sino a los mauritanos y que, por ello, debe ser tratado en el suelo
nacional”.

IV.3. Las cuestiones de Costa de Marfil y de Senegal no son ajenas al proceso de
consolidación de la Unión Africana, donde existen varias pugnas larvadas. El
golpe en Mauritania constituye un grave reto para la Unión Africana. El
artículo 30 del Acta constitutiva de la Unión Africana, de 11 de julio de 2000,
indica que “No se admitirá la participación en las actividades de la Unión de
los gobiernos que accedan al poder por medios inconstitucionales”. La UA
consiguió en febrero de este año que un nombramiento inconstitucional del nuevo
presidente de Togo fuera anulado y que el proceso se reiniciara regularmente. El
hecho es que, desde que se ha producido el golpe en Mauritania, el artículo 30
se ha aplicado y la participación mauritana en la UA ha quedado suspendida. La
UA ha enviado una delegación a Mauritania para resolver la cuestión, pero la
alternativa es grave: o se confirma la suspensión de Mauritania, o la
credibilidad de la UA se verá mermada justo a los pocos años de nacer y cuando
está haciendo importantes esfuerzos para merecer la consideración internacional
(en Darfur, por ejemplo).


V. El Sahel y la lucha contra el terrorismo

Ante la eventualidad de que grupos terroristas islámicos, y Al Qaeda en
especial, establecieran un nuevo “santuario” para sus actividades en la región
del Sahel (sur del desierto del Sáhara que comparten Mauritania, Argelia, Mali,
Níger y Chad), Estados Unidos lanzó en el otoño de 2002 su “iniciativa Pan
Sahel” (PSI) que englobaba a los países antedichos excepto a Argelia. Esa
iniciativa tenía un contenido puramente militar y consistía en el apoyo
financiero y militar norteamericano para preparar a los Ejércitos de esos
países en la lucha contra el terrorismo, en el aseguramiento de sus fronteras,
en el seguimiento de los movimientos de personas y bienes por la zona y en el
fomento de la estabilidad y la cooperación entre esos países. La PSI fue
sustituida por la “Iniciativa Contraterrorismo Trans Sahariano” (TSCTI) que se
estrenó con unas importantes maniobras en junio de 2005 (las “Flintlock” o
“cerrojo”). Taya fue uno de los más fervientes socios de esta Iniciativa. De
hecho, bajo su presidencia disminuyó la presencia militar francesa y
aparecieron soldados norteamericanos por primera vez en Mauritania. No es un
secreto que Taya tenía una actitud pro norteamericana en materia militar que se
sumaba a sus buenas relaciones con empresas petrolíferas anglosajonas y en
especial australianas, lo cual supuso un enfriamiento de sus relaciones con
Francia, al mismo tiempo que se aproximaba a Marruecos.

En los últimos meses de Taya se produjo un extraño incidente que, a día de hoy,
no se ha terminado de aclarar. En el puesto de Lemgheity, en la frontera entre
Mauritania y Argelia, se produjo el 4 de junio de 2005 un ataque que causó la
muerte de 18 soldados mauritanos y 20 heridos, sin contar las eventuales
pérdidas de los atacantes. Numerosas interpretaciones se han dado al hecho. En
primer lugar, la tesis oficial del gobierno de Taya era que el ataque era obra
del argelino “Grupo Salafista para la predicación y el combate” (GSPC), a las
órdenes de Mojtar Belmojtar, pero la versión oficial contenía algunos elementos
poco verosímiles y contradictorios, empezando por el hecho de que Taya
atribuyera el hecho a un grupo de 150 individuos, venidos desde Argelia (cuando
lo habitual es que los grupos armados de la zona se compongan de 15-20
individuos) o siguiendo por el hecho de que en toda la zona del Sahel las
fronteras mejor guardadas son, precisamente, las argelinas, pues es el norte de
Mauritania, Mali y Níger la zona donde los terroristas se mueven con más
libertad, por no mencionar que Belmojtar está establecido en Mali y se dedica
mayormente al contrabando. En segundo lugar, Marruecos, aprovechó pronto la
ocasión para acusar nada más y nada menos que al Frente Polisario,
supuestamente coaligado con grupos terroristas islamistas refugiados en Mali,
si bien el tiempo reveló que era una vulgar intoxicación, lo que no ha sido
óbice para que en un informe notoriamente sesgado en favor de Marruecos y
carente del mínimo rigor y objetividad del ESISC (European Strategic
Intelligence and Security Center) se asumiera esa tesis, repetimos,
insostenible. Y, en efecto, el presidente saharaui, Mohamed Abdelaziz condenó
ese ataque el 13 de junio de 2005. En tercer lugar, algunos partidos de la
oposición (como el Forum Mauritano para la Reforma y la Democracia –FMRD-),
sugirieron que el ataque fue perpetrado por las fuerzas mauritanas para dar
credibilidad a la amenaza islamistas y conseguir mayor apoyo exterior al
gobierno de Taya. En cuarto lugar, otras fuentes hablan de un ataque promovido
por una rama del propio Ejército mauritano (fiel a Taya) frente a otro sector,
a fin de controlar ciertas rutas del contrabando (muy frecuente en el Sahel). A
día de hoy todavía no existe una investigación independiente que aclare lo que
realmente sucedió. Y esto es tanto más sorprendente cuanto que el nuevo
gobierno del CMJD ha eludido este asunto, a pesar de que el depuesto y
denostado régimen de Taya no ofreció una versión creíble del incidente armado
más grave ocurrido contra el Ejército mauritano en, por lo menos, los últimos
15 años. Lo que sí parece cierto es que el ataque a Lemgheity sobre el que el
nuevo gobierno mauritano del CMJD guarda un extraño silencio pudo constituir el
desencadenante del golpe ocurrido dos meses después.


VI. El giro pro-anglosajón de la Mauritania de Taya

El gobierno de Taya operó un progresivo acercamiento al mundo anglo-sajón que
se reforzó con el reconocimiento del Estado de Israel y con la presencia de
empresas australianas en el sector del petróleo (como la australiana Woodside).
Mauritania está llamada a ser, desde el año que viene, un país exportador de
petróleo y gas. La importancia del control estratégico de las fuentes de
energía, actualmente dominada por compañías mayormente anglosajonas, explica el
cambio de Washington hacia la junta militar. En efecto, si bien inicialmente, el
portavoz del Departamento de Estado pedía “un retorno al orden bajo el gobierno
legalmente establecido del presidente Taya”, ahora es partidario de un “diálogo
crítico” con la junta militar: se han aprobado sanciones leves contra esta junta
y la misma no ha sido oficialmente reconocida, pero se mantienen las relaciones
con ella. La junta militar, de momento, ha anunciado que mantiene las
concesiones petrolíferas actualmente existentes. Pero el aseguramiento a USA de
estos intereses energéticos a cambio de apoyo al nuevo régimen, supone un claro
reto para la política norteamericana del “Gran Oriente Medio” por cuanto es
evidente que el golpe ha supuesto una quiebra de la legalidad constitucional
(todo lo “formal” que se quiera).

Francia, por su parte, escenificó un tibia condena del golpe, seguida por una
puesta en escena en el marco del Francofonía, que, si bien en un primer momento
condición sus programas de cooperación a que la vuelta a la democracia sea
rápida y eficaz, en seguida dio el visto bueno a las iniciativas del nuevo
régimen.

En el juego de intereses entre USA y Francia, como actores principales
(considerando a Marruecos o Senegal como actores secundarios) todo parece
indicar que Francia lanzó una audaz operación que le permitió ganar posiciones,
infligiendo una derrota a las posiciones USA en la zona.


VII. La ausencia de una política de España hacia Mauritania

Mauritania es, junto con Marruecos y el Sáhara Occidental uno de los Estados
vecinos de España en el archipiélago canario. Además de la vecindad geográfica,
España ha mantenido un vínculo económico muy importante con Mauritania en el
sector de la pesca. En efecto, son españoles la inmensa mayoría de los buques
europeos que faenan en el caladero mauritano, gracias al acuerdo de este país
con la Unión Europea. Tanto por motivos estratégicos cuanto económicos, lo
lógico hubiera sido diseñar una política específica hacia Mauritania. En el
último gobierno de Aznar pareció empezarse a trazar esta política, pero le
faltó ambición o quizás tiempo.

El nuevo gobierno de Rodríguez Zapatero las relaciones económicas parecía
intensificar las nuevas relaciones. En efecto, el 26 de julio de 2005, Repsol
firmó dos contratos petrolíferos en tierra firme con el gobierno mauritano. Sin
embargo, sólo una semana después se producía el golpe de Estado que llevó a un
cambio de gobierno. La respuesta española ante el golpe fue, inicialmente, de
una condena más firme que la expresada por Francia. Quizá esta posición viniera
determinada por la protección de los intereses petrolíferos tan recientemente
introducidos.

Sin embargo, el golpe y las posteriores reacciones española y mauritana pusieron
de manifiesto graves carencias de la política exterior española.

En primer lugar, hubo una carencia de inteligencia. Es evidente, a día de hoy,
que los servicios españoles no estaban al tanto de lo que se preparaba. Y ello
a pesar de que es igualmente evidente que Mauritania debiera ser un área
prioritaria para la acción de los servicios españoles.

Pero además, en segundo lugar, lo ocurrido ha demostrado que, si es cierta la
implicación franco-marroquí en lo ocurrido, España, teórico aliado de estos
países fue totalmente marginada de la operación y se la dejó en una situación
bastante ridícula, lo cual pone de manifiesto que la supuesta “amistad” de
Francia y Marruecos hacia España es bastante superficial.

Súmese, en tercer lugar, que Mauritania procedió al apresamiento arbitrario de
seis barcos españoles, el 29 de agosto quizás como “castigo” por la condena
española del golpe.


VIII. Conclusiones

Mauritania ha adquirido relevancia en tres áreas geográficas (Sáhara Occidental,
Costa de Marfil, Sahel) y en sectores económicos (petróleo, gas) en los que se
desarrollan conflictos internacionales de cierta importancia. El golpe de
Estado no es del todo seguro que vaya a conducir a cambios significativos en la
política interna mauritana. Sin embargo, sí puede producir afectar a varios
escenarios internacionales. Al noroeste de Mauritania, en el Sáhara Occidental,
la que parece orientación cercana a Francia y a Marruecos del nuevo gobierno
podría reforzar las posiciones de París y Rabat en la solución del conflicto
frente a las posiciones de USA y Argelia. El golpe, por lo demás, ha vuelto a
poner de manifiesto la falta de operancia de la Unión del Magreb Árabe. Al sur,
en Costa de Marfil, la nueva junta parece que va abandonar el apoyo que el
anterior gobierno mauritano brindaba al presidente Gbagbo lo que reforzaría a
los rebeldes apoyados por Francia. En el este, habrá que ver si la nueva junta
sostiene la iniciativa norteamericana de lucha contra el terrorismo en el Sahel
con la misma energía que el depuesto Tayá. La Unión Africana, por su parte,
corre un serio riesgo de pérdida de credibilidad, si después de afrontar con
éxito varias crisis constitucionales africanas, ahora sucumbe a la tentación de
aceptar el hecho consumado golpista. Los USA, tras un inicial rechazo al golpe,
han decidido negociar con los golpistas el aseguramiento de sus importantes
intereses energénticos y securitarios en la zona, poniendo en riesgo los
principios inspiradores del “Gran Oriente Medio”. Finalmente, España se ha
visto completamente sorprendida por el golpe poniendo de manifiesto la falta de
una política adecuada hacia este cada vez más importante país. Todo lo acaecido
nos muestra como el cambio en una pieza pequeña (Mauritania) del escenario
podría generar cambios sensibles en las relaciones internacionales africanas.


Carlos Ruiz Miguel es Catedrático de Derecho Constitucional en la Facultad de
Derecho de la Universidad de Santiago de Compostela.

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Jue, 12 de Ene, 2006 3:30 am

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Carlos Ruiz Miguel
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