Hola Esperanza,
Quiero compartir contigo mi impresión sobre el libro de Antonio Ventura.
El Lazo Rojo es un objeto maravilloso; tanto en su estética como en su contenido; creo sinceramente que tiene la fuerza y la sutileza silenciosa de lo que se percibe con los cinco sentidos. Si lo hueles, te envuelve el olor picante de los patios del recreo, piso de tierra que cuando se moja huele a sueños y añoranzas; si lo miras, te emocionas en la mezcla de colores, y te deslizas en sus líneas negras de un trazo que descubre y oculta, ata y desata los vericuetos de la vida. Si lo escuchas te cuenta y te eleva, te lleva de la mano de las palabras hacia mundos interiores que sólo se reconocen cuando se abren las puertas del corazón que ha vivido y sentido cada día de su vida. Si lo saboreas, te deleitas en un manjar de palabras dichas y no dichas cuyo principal condimento es, sin duda el sabor macerado de la auténtica cocina de un sibarita. Y como si esto fuera poco, si cierras los ojos y tocas ese libro, sientes su tersura de piel nueva, seductora; la piel del melocotón en su punto exacto de madurez, la firmeza de sus hojas, que descubren en su contundencia e imperceptible aspereza que te hace intuir lo que puedes encontrarte dentro. Es como si de alguna manera, esa cuidada edición está diciendo a gritos de mil maneras diferentes que allí se esconde ese secreto que todos guardamos dentro, tan adentro, que sólo somos capaces de llegar a él, a través de un camino insinuado, sugerido, velado, descubierto, palpable, pero sobre todo y no me canso de repetirlo, intuído desde el corazón.
No sé si te servirá de algo mi opinión, pero es lo que he sentido al leerlo; he prefirido obviar los comentarios explícitos sobre el relato en sí, porque creo que vale la pena que en la medida que puedas, llegues a él por tí misma.
Un saludo, Jackeline