13. De compras.
Francisco se reía estrepitosamente.
- Así que no te gusta esa ropa para ir a la fiesta del
pequeñín.
- Pues... está muy usada, ¿no?
- Sí, de veras. Y entonces... ¿qué harás?
- Quiero ir, sobre todo por ver a Pilar.
- Te gustó, ¿eh?
- Mucho, con ella me siento bien, protegido...
- Y es lindísima.
- Preciosa.
- Está bien, hagamos una cosa, vamos de compras...
- ¿De compras? Pero no tengo con qué...
- Yo te presto, claro que luego me lo devuelves, ¿eh?
Luis sonrió.
- Vamos.
La tienda quedaba muy cerca. Francisco le mostró la imponente
construcción que dominaba la vista.
- Aquel es el mejor hotel de la ciudad. Solo viene gente
importante, estrellas y todo eso...
Luis recordó los periodistas que lo habían hecho huir. ¿Acaso sería
él alguien importante? Entraron al establecimiento y fueron hacia
donde se exponía la ropa masculina. Casi a la vez, dos chicas
entraban también.
- Te digo que fue aquí donde vi ese compact.
- ¿Estás segura, Eva?
- Sí, te digo que sí.
- Ay, ¡Luis en vivo! Yo que creí que todo se había agotado.
- Casi casi, ¿no? Parece que como esta tienda no está en el
centro...
- Señorita, por favor, me dicen que aquí está el nuevo disco en
vivo de Luis?
- Pues... queda solo uno.
- Ah, Silvia, una de las dos se quedará sin él.
- Si hubiera tenido el dinero cuando lo vi...; pero bueno,
cómpralo tú ya que te traje hasta aquí. Por supuesto, luego me lo
prestas.
- Claro, amiga.
Silvia pagó y tomó el disco en sus manos. Miró la portada, la cara
sonriente de Luis le provocó darle un beso.
- Ay, mi precioso, ya te tengo...
Pero cuando levantó la vista...
- Eva, Evita, dime si estás viendo lo mismo que yo.
- ¿Dónde?
- Allá, saliendo del vestidor. ¡Es Luis!
- A ver...; sí, es él, o alguien muy parecido...
- Es él, seguro que es él.
Silvia y Eva se apresuraron a llegar hasta Luis, que ahora vestía una
bonita combinación de jeans y camisa negra.
- ¡Hola, Luis!
- Estás reguapo...
Él se quedó mirándolas, asombrado. Estas chicas no lo asustaban, pero
no podía entender por qué lo habían abordado, y le decían Luis...
¡¡¡Luis!!!, era el grito de miles de personas juntas, histéricas...
se llevó las manos a la cabeza...
- ¿Qué es esto?
Las muchachas lo miraron angustiadas. ¿Será que se habían equivocado?
¿O él no quería atenderlas?
- Disculpe, por favor.
Salieron todavía confundidas.
- Nunca vi a alguien tan parecido a Luis en toda mi vida.
- Pero no era él, él no nos trataría así jamás. Todo eso que
dicen de que trata fríamente a su público es una gran mentira. Yo he
estado ahí, y te digo que es un amor, regalán y buena onda...
- Lo sé. Oye, pero es que este podría ser su hermano gemelo.
Mientras, Francisco miraba preocupado el rostro de su joven y
reciente amigo.
- Te llamaron Luis. ¿Será ese tu verdadero nombre?
- Me temo que sí, Francisco. Sentí que me decían ese nombre
miles de personas juntas...
- Vaya, eso debe dar dolor de oídos...
14. ¿Qué música ponemos?
Pilar estaba preciosa. Con el pelo suelto y los carnosos labios
pintados de un color rosa pálido; envuelta en un vestido que dejaba
al descubierto sus piernas y resaltaba las sinuosas ondas de su
cuerpo, podría hacer palidecer de envidia a cualquier estrella del
espectáculo. Recibió a Luis y Francisco con una sonrisa.
- Como que se pusieron galanes para venir.
- Usted lo merece, patrona.
- Ay, Francisco, Francisco, si pudieras llamarme Pilar... Pero
mira a Leo. Te ves muy bien hoy, ¿eh? ¿No te has vuelto a sentir mal?
- No, para nada.
- Qué bien. Ah, discúlpenme, voy a cambiar la música.
Se acercó al equipo y a los discos compactos a un lado.
- A ver, ¿qué música ponemos?
Fijó la vista en uno de ellos y se quedó triste por un momento. Era
el preferido de su querido Javier, y no lo oía desde que él había
muerto. Se dio cuenta de que incluso había reprimido todo lo de ese
cantante que le recordaba la felicidad perdida. Pero en ese instante,
y al coger el disco, supo por qué le había afectado la primera vez
que vio a Leo. Es que se parecía mucho a ese cantante... ¡a Luis! Un
parecido extraordinario, de veras. Puso el compacto y surgió la
música...
-“Hasta que me olvides voy a intentarlo, no habrá quien me seque tus =
labios por dentro y por fuera, no habrá quien desnude mi nombre una
tarde cualquiera...”
Sí, era de veras maravilloso. La música de Luis hacía soñar, vibrar,
hacía aflorar las lágrimas... Se secó los ojos con cuidado, mientras
caminaba hacia Leo.
- ¿No te han dicho que te pareces a él?
No recibió respuesta. El hombre ante ella parecía perdido en un viaje
interno y solitario. Luis sentía avanzar la canción en su interior,
queriéndole aflorar a la garganta en notas y palabras de su alma;
pero se contuvo. Miró al fin el disco en las manos de Pilar y estuvo
seguro, él era Luis, y era un cantante...