15. La verdad
Querría decirle a Pilar. Explicarle cuántas dudas lo asaltaban. Sabía
ahora que su nombre era Luis, que antes de llegar ahí era un cantante
al parecer famoso, pero no recordaba nada más. Sobre todo lo
angustiaba no recordar por qué estaba en aquel hospital y por qué
tenía la sensación de que debía huir.
- ¿Te sientes mal otra vez? Te has puesto pálido, Leo.
- Solo necesito tu mano, Pilar.
Ella se la dio y él la apretó fuerte.
- ¿Podemos hablar?
- ¿Ahora?
- Sí.
- Está bien, vamos a mi cuarto, para que no nos moleste el
barullo. Francisco, ¿puedes vigilar a Javier?
- Sí, señora, encantado.
Se quedaron solos, aislados de lo que pasaba afuera, aunque la música
de Luis seguía llegando indirectamente hasta ellos.
- Yo... te mentí, Pilar.
- ¿Cómo?
- No me llamo Leo.
- Pero...
- Cuando llegué aquí no sabía quién era. Francisco me encontró
tirado en la playa. Quiso avisar a las autoridades pero yo me negué...
- ¿No sabías... quién eras?
- No recordaba nada de mi pasado, ¿entiendes? Ni siquiera mi
nombre... Ahora, poco a poco, he ido recordando algo. Hace unos
instantes estuve seguro de que mi nombre es Luis, y que soy ese
cantante...
- ¿Qué?
- Pero no recuerdo nada más.
- Te deben estar buscando, Leo... Luis...
- Pero yo no quiero que me encuentren. No podría explicarte por
qué, pero así es. Quiero quedarme aquí, entre ustedes, contigo...
- ¿Conmigo?
- Desde que te conocí has sido como una bendición. A tu lado me
siento protegido de todo mal, ¿entiendes?
- Pero yo no...
- Ya sé que no me has dado motivos, pero no puedo evitarlo:
creo que me he enamorado de ti.
- Esto es una locura.
Los dos se quedaron en silencio. Luis sostenía entre las suyas las
manos de Pilar como si se aferrara a su tabla de salvación en medio
de un naufragio. Sus ojos verdes seguían imperturbables cada gesto de
la cara de su ángel. Ella los topó al levantar los suyos tan negros y
tan sinceros, sintió la magia y se asustó. Un movimiento casi
imperceptible hizo temblar sus labios. Muy despacio Luis acercó los
suyos, advirtiendo con placer que ella aceptaba su beso. Pilar
temblaba con todo el cuerpo. Aquel era el primer beso que le daba
otro hombre que no fuera Javier. ¡Extrañaba tanto sentirse amada,
deseada, envuelta en los brazos de un hombre!
- Basta, basta..., vamos demasiado rápido.
Él la obedeció sin hablar, pero le regaló una mirada llena de
agradecimiento y pasión. Pilar se puso de pie, soltando sus manos.
- ¿Qué es lo que quieres hacer?
- Déjame quedarme cerca de ti, por favor.
- No creo que sea lo mejor. Alguien debe estar muy angustiado
por ti, pero en fin, tú decides...
Él volvió a tomar sus manos y las besó lleno de agradecimiento.
16. Todo por Luis
Alex esperaba ansioso que llegaran noticias, que alguien al fin
respondiera a los avisos.
- Son unas chicas, dicen que vieron a Luis...
Apresuradamente, Alex apretó un botón y contestó sin tomar el
auricular.
- ¿Sí? Soy Alex, el representante de Luis...
- Nosotras lo vimos, mi amiga y yo, en una tienda cerca de la
playa...
- ¿Están seguras?
- Pues... entonces no lo estábamos tanto, porque él no
reaccionó cuando le llamamos por su nombre, pero al ver el aviso y
saber que quizás no recuerda quién es..., ¡pobrecito!
- ¿Y cómo estaba?
- Pues... lo vimos muy bien. Creo que estaba comprando ropa.
- ¿Comprando ropa?
- Sí, andaba con un señor mayor.
- Está bien, gracias. Han sido de mucha ayuda...
- Todo por Luis...
Colgó. ¿Qué quería decir eso de que estaba comprando ropa? Sería
mejor que le contara a los investigadores. Al menos, ahora sabían que
estaba bien. Fue a contarle todo a los demás.