23.Incertidumbre
Ileana se unió a Alex después de salir de la conferencia de prensa.
- No soporto más esto. Todo el mundo quiere saber cómo está
Luis. “ ¿Cómo lo viste? ¿Qué te dijo?” Si supieran que soy la ú=
nica
persona a la que él no quiere recibir...
- Entiéndelo, Ileana. Luis no te recordaba, no sabía cómo
reaccionar contigo...
- Pero ya recordó a sus hermanos, a ti, ¿por qué a mí no?
- Posiblemente ya lo haya logrado.
- ¿Tú crees? Ay, Alex, hazme el favor de preguntarle si ya
puedo ir a verlo a la clínica esa, o si va a regresar a la casa.
- Lo haré.
- Gracias.
Le estrechó la mano. Alex lamentaba interiormente que aquella mujer
fuera la esposa de su mejor amigo, y que lo viera a él sólo como un
hombre que podía acercarla a Luis, que no la amaba, porque Alex ya
sabía bien que Luis no la amaba. Pero ella sólo pensaba en estar
junto a su esposo a como diera lugar, mientras Alex se dejaba
cautivar por la frescura de esa rubia chiquilla mimada, acostumbrada
a obtener todo lo que había querido, y que no podía admitir el que
Luis no le rogara estar a su lado y disfrutar de su presencia a cada
momento, que no le entregara toda la pasión de que ella se creía
merecedora. También sentía por ella cierta lástima, porque creía que
en el fondo Ileana no tenía la culpa de que Luis no la amara,
sencillamente se había equivocado al provocar una situación que ahora
se volvía insostenible. Esa tarde, fue a visitar a Luis.
- Esto parece ya una habitación de hotel.
- Cosas de Alejandro, que se empeñó en que debía tener todas
las comodidades si iba a estar tanto tiempo aquí.
- Has cambiado un poco tus hábitos, ¿no? Antes eras tú quien
exigía las comodidades...
- Sí, he cambiado. Ahora dime, ¿qué dice la prensa?
- Pues Ileana les ha inventado cantidades de historias para no
admitir que no te ve prácticamente desde que se fueron a España de
luna de miel.
- Pobre Ileana.
- Me alegra que digas eso, Luis, porque de veras creo que
deberías pensar un poco más en ella. Está sufriendo por tu rechazo...
- En cierta forma, es su culpa también...
- ¿Por qué dices eso?
- Yo fui sincero con ella, nunca le dije que la amaba, y ella...
- Ella lo supuso; tú actuabas como si estuvieras enamorado, y
no lo niegues.
- No, actuaba como un hombre desesperado, nada más. Ileana era
para mí alguien de quien no tenía que cuidarme, una maravillosa
compañía para alguien que aún no ha encontrado la mujer de su vida...
Luego, cuando empezaron los rumores de que me casaría con ella, no
supe cómo negarlos sin herirla, y herir a Ileana significaba quedarme
otra vez espantosamente solo. Yo ya no podía más, me dejé llevar...
- El caso es que ahora ella es tu esposa, y que tiene derecho a
estar contigo a menos que le hables con claridad para explicarle tu
comportamiento...
- Está bien, dile que...que este fin de semana volveré a la
casa, pero no sé cuánto me quede por allá...
- Mejor tú mismo le dices esa segunda parte.
24. Contradicciones
En una esquina del sofá, Ileana lloraba de rabia e impotencia. No se
creía aún lo que había oído: ¡Luis quería divorciarse de ella!
- Ileana, no te pongas así. Entiéndeme, por favor...
- No puedo. Yo he soportado todo por ti, porque te amo, y ahora
me dices que ya no me quieres a tu lado.
- No es eso, sólo equivocamos nuestra relación; yo te quiero
como amiga, no como esposa...
- Pues yo te quiero como mi esposo- dijo enfatizando el
posesivo- y no aceptaré nada más...
- No quiero que nos enfrentemos, ¡trata de entender!, aunque te
niegues, yo continuaré insistiendo hasta conseguirlo.
- Entonces atente a las consecuencias.
- ¿Me estás amenazando?
- Sí, porque no dejaré que dejes tan mal parada mi imagen
pública. No te quedarás tan tranquilo, y te advierto que puedo ser
muy peligrosa cuando me lo propongo...
- Ah, esta es otra Ileana que no conocía.
- Ya ves. Y además, no pienso irme de esta casa.
- No lo hagas, me iré yo, me iré a mi refugio de la playa, y no
quiero que te presentes por ahí, daré órdenes terminantes de que te
impidan el paso, así que evítate la vergüenza de que te echen.
Luis se levantó contrariado y fue a su habitación para tomar algunas
cosas importantes antes de salir.
Dos horas más tarde, ya estaba instalado en la casa que él mismo
había diseñado junto al mar. Se había llevado consigo a la nana
Isabel, que ahora trataba de tranquilizarlo.
- ¿Puedo hacer algo para endulzarte el ánimo?
- Ay, Isabel, es que he cometido muchos errores en mi vida y no
sé cómo solucionarlos.
- Haz lo que realmente desees, y nada más.
- Eso quisiera, pero no es tan fácil.
- Nada es fácil en este mundo.
Luis sonrió.
- ¿Estás filosofando?
- Es sabiduría de vieja. Mira, mejor te vas a la playa, siempre
te sientes mejor ahí, ¿ o no?
- Sí, esa es... muy buena idea.
Se puso los espejuelos de sol y salió a la parte trasera de la casa,
la que daba a la playa. Una vez allí, se dejó caer sobre la arena.
Con la brisa salobre, le llegó con fuerza el recuerdo de lo vivido en
España y sobre todo...de Pilar. ¡Si supiera por qué ella se había
marchado! ¡Si pudiera volver a encontrarla y aclarar todas sus dudas!
Mientras, junto a otro océano, en el mar Mediterráneo, ella hablaba
con Francisco.
- Me voy a Madrid, Francisco, por eso le quiero vender el bote.
- Está bien, está bien, usaré mis ahorros porque sé que es una
buena inversión.
- Me alegro que lo hagas. Tú te mereces más que nadie ese bote
porque lo has trabajado y lo has cuidado como si fuera tuyo...
- Eso es muy cierto, quiero mucho el “Pilar”. Yo le agradezco
que se acordara de mí, y que no se haya ido sin despedirse , como sí
lo hizo Luis.
- No lo juzgues mal, posiblemente no pudo hacerlo.
- No quiero ser indiscreto, pero me pareció que ustedes se
gustaban...
- Eso es pasado, Francisco; afortunadamente ya él recuperó la
memoria y está junto a su esposa...
- Mire usted... ¡como que resultó que hasta era casado!
- Pues sí. Bueno Francisco, adiós.
- Adiós, patrona...
- Ay, Francisco, ¿nunca me dirás Pilar a secas?
Se fue riendo. De allí, volvió a la casa de Sonia. Javierito corrió
hacia ella al verla.
- ¡Mamá!
Sonia sonrió.
- Se porta muy bien. La verdad me encanta cuidarlo. ¿Por
qué...no se quedan a vivir conmigo?
- No, Sonia, no puedo abusar de tu amistad.
- Pero es que... ¡cuestan tanto los departamentos en Madrid!
- Todavía tengo algún dinero, y luego empezaré a trabajar...
- Sí, pero tienes a Javierito y otro bebé en camino... ¿cómo
harás?
- Ya veré, no te preocupes. Saldré adelante.- Acarició
lentamente su vientre.-
- Ya sé cómo eres de cabeza dura, tampoco quieres irte con tus
padres.
- No, no puedo imponerles el tener un bebé sin padre. Sabes
cómo son...
- Sí, lo sé. Bueno, sólo prométeme que, si necesitas mi ayuda,
la pedirás.
- De acuerdo.
- Y... ¿estás segura de que no quieres decirle nada al padre de
la criatura? Mira que es millonario.
- No lo quise por eso, y no voy a pedirle nada. No voy a
interferir en su vida, que es muy distinta de la mía...
- ¿Ni porque tu bebé tenga todos los lujos y las comodidades
que le corresponden?
- Ni por eso. Ya velaré yo porque no le falte nada.