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Se vieron esa noche, en el bar del hotel. Él la invitó a salir a la
terraza.
- Ahora sí debo irme, pero realmente no quisiera: he pasado un
tiempo precioso.
- También yo, Luis. Fue…como un sueño. ¿Sabes qué me faltaría
ahora? Asistir a uno de tus conciertos.
- Eso puede arreglarse.
- ¿Cómo?
- Nos vamos mañana a España para eso. Ustedes pueden ir
conmigo, asistir al concierto y volver a su país desde allá.
- Imposible, tenemos pasajes ya …
- Eso también puede arreglarse. Deja que andrés se ocupe de
los pasajes, ¿sí?
- Bueno..., está bien. Eres muy amable, Luis.
- Tú lo mereces.
Se quedaron mirándose alos ojos y él no pudo evitar besarla. Lucía
se separó.
- Mira, Luis, no quiero que pienses...
- Disculpa, discúlpame, Lucía; no pienses que te estoy
presionando a nada.
- Mejor así. Ahora me voy, debo contarles a Josué y Adrián de
los nuevos planes.
Lo besó en la mejilla y él la miró alejarse. ¿Qué le estaba pasando?
¿Estaba empezando a enamorarse de Lucía, en tan poco tiempo y, sobre
todo, en un momento tan difícil? Andrés tenía la misma duda.
- ¿Te volviste loco? ¿O es que te estás enamorando de ella?
- No lo sé.
- Ten cuidado, Luis. Después no te quejes si sufres una
desilusión.
- Lucía parece tan diferente...
- También Regina lo parecía.
- No me hables de Regina, por favor.
- No pienses que quiero aguarte la fiesta, pero como eres mi
amigo, me preocupas; así que medita bien las cosas, por favor.
- Estaré bien. No habrá problemas.
- Que así sea, pues.
Leidy