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Lucía protestó aquella decisión: no tenían visa para México, sólo
podían viajar en la Unión Europea.
- Luis, casi me siento secuestrada.
- No lo hagas, te explicaré lo que ocurre. Andrés, comunícate
con nuestra inmigración, para gestionar que Lucía y su hijo entren
con nosotros a México. Escuchen, esto es lo que ocurre...
En pocas palabras, Luis Miguel contó a Lucía su drama, y que debía
socorrer a su hija lo antes posible. Lucía era madre y lo entendió.
Unas horas más y estaban en Acapulco, Guerrero, con la promesa de
Inmigración mexicana de tramitar inmediatamente un permiso de
estadía para Lucía Vila y su hijo Adrián Vila. Al llegar a la casa,
Luis empezó a gritar como un loco:
- ¡Marce! ¡Marce, aquí está papá! Ya puedes salir.
Casi enseguida, la rubia jovencita apareció y corrió a refugiarse
entre los brazos de su padre, sin siquiera notar a los extraños que
le acompañaban.
- Raúl logró esconderme bien cuando mamá vino la otra vez.
- Eres un buen amigo Raúl; tengo que agradecerte.
- Papá, no dejes que ella me lleve de regreso: quiero vivir
contigo, que no me obliguen a regresar.
- Algo haremos, mi niña, no te preocupes.
La volvió a abrazar. Mientras, dos pares de ojos se fijaban en
ellos: los de Lucía, que se admiraba de ver a un Luis Miguel tan
sensible, tan lleno de amor para su hija; y los de Adrián, que había
quedado impactado con la belleza de la muchachita. Fue solo entonces
que marcela vio bien a los acompañantes de su padre.
- ¿Quiénes son?
Luis los presentó.
- Discúlpanme, ella es Lucía Vila, escritora; la había
invitado a ella y su hijo, Adrián, a un concierto en España y
estábamos en pleno vuelo cuando recibí tu llamada, así que aquí
están ahora...
- ¿Y el concierto en España?
- Lo suspenderé, suspenderé toda la gira hasta que arreglemos
esto.
- Gracias, papito.
- Y no se preocupen ustedes dos: si logro que se queden hasta
que recomience la gira, verán ese concierto.
- Depende de cuánto tiempo haya que esperar, Luis. Adrián debe
volver a la universidad y yo a mi trabajo.
- Quizás uno o dos meses...
- Dos meses... podemos, no más.
- Entonces, ¿serán mis huéspedes?
Adrián se llevó aparte a su madre.
- Mamá, ¿sabes lo que estás haciendo? No creo que debamos...
- Adrián, estamos en un verdadero paraíso, de vacaciones, y
con muy buena compañía, ¿qué daño puede hacernos aceptar su
propuesta? Velo como si esto fuera un deseo concedido por el genio
de la lámpara de Aladino, porque parece algo fantástico, ¿o no?
- Estábien, lo que tú creas estará bien.
Lucía se volvió hacia los demás y habló entonces en voz alta.
- De acuerdo, nos quedamos.
Leidy
Chicas que les parece???
MM