Después de pensarlo mucho me he decidido a escribir sobre el tema que mas nos duele a los católicos colombianos en este momento: el de los dos sacerdotes que supuestamente, según lo afirma la Fiscalía, hicieron ¨un pacto¨, buscaron unos sicarios que a su vez son ¨testigos¨ del proceso para que los asesinaran porque eran pareja y uno de ellos estaba contagiado con sida y sifilis. El crimen sucedio hace un año al sur de Bogotá. Porque de todas maneras es un crimen.
No quiero perder de vista al analizar estos hechos friamente y a la luz del Evangelio que la Fiscalía esta dirigida por una persona que no es católica -pertenece a una secta evangélica- y cuyo esposo es un exguerrilero, es decir una persona que odia a la Iglesia Católica y que no tendría ningun problema a la hora de hacerle un escándalo aliada con los medios de comunicación al servicio de los poderosos del país, quienes a su vez tampoco tienen a la Iglesia Católica entre sus afectos por no ser promotora del aborto, la unión de personas del mismo sexo, la adopción por parte de parejas del mismo sexo, la manipulación genética y la eutanasia.

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