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S U M A R I O
1. SAHARA-ANÁLISIS
- CANARIAS 7 (27-II-2005): La RASD, 29 años después, Por Ahmed Bujari
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1. SAHARA-ANÁLISIS
CANARIAS 7
DOMINGO, 27 DE FEBRERO DE 2005
La RASD, 29 años después
Por Ahmed Bujari
Este 27 de febrero 2005 se cumplen 29 años de la proclamación del nacimiento
de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Fue un hecho nada común,
dadas las circunstancias que rodearon dicho nacimiento derivadas de la firma
de los acuerdos de Madrid y de la consiguiente invasión militar del
Territorio del Sáhara Occidental por parte de Marruecos y de la Mauritania
de Ould Daddah.
Treinta años casi han pasado ya desde aquel memorable hecho. El tiempo
zarandea a las naciones y a los pueblos obligándoles a mostrar la solidez o
no de sus convicciones, metas, principios y valores.
La nación saharaui ha sobrevivido a un entorno geográfico que se fue a lo
largo de los siglos endureciendo y al choque con diferentes colonizaciones
e invasiones extranjeras.
Reconocida como nación por su entorno geopolítico natural- la Organización
de Estados Africanos- y por otros sistemas, particularmente en Latinoamérica
y el Caribe, se encuentra, tras la retirada de Mauritania, inmersa en una
batalla desigual con Marruecos por afirmar su plena soberanía como nación
independiente.
En esta batalla, toda la Comunidad Internacional está implicada, desde el
Comité especial de descolonización de las Naciones Unidas hasta el órgano
supremo de decisión, el Consejo de Seguridad. Tema presente en la agenda del
Magreb y de la Unión Europea, el conflicto del Sáhara Occidental puede y
debe ser resuelto de manera pacifica y acorde a los principios del derecho
internacional que gobiernan un asunto de descolonización.
El derecho del pueblo saharaui a la libre determinación ha sido y sigue
siendo el principio básico e irrenunciable para dirimir el conflicto.
Tuvimos la percepción de que el rey Hassan II , como lo acaba de reafirmar
públicamente Dris Basri, había finalmente decidido ir por esa senda ya que
es la solución que permite a cada parte salir airosa de la frustración
real o artificial que podría acarrearle el resultado de un referéndum de
autodeterminación justo y libre.
Su aceptación del Pan de arreglo, sus entrevistas con dirigentes saharauis
en pleno Marruecos, y sus declaraciones públicas de “ser el primero en
abrir una embajada en El Aaiun” en caso de que los saharauis eligiesen la
independencia, tenían el merito subliminal de preparar a la sociedad
marroquí a aceptar las implicaciones de una solución democrática y pacífica
a un conflicto que se genero por motivaciones internas particulares. Era en
cierto modo la vía escogida por de Gaulle para salir del terrible atolladero
que supuso la guerra de Argelia, país al que Francia consideraba
"departamento o región francesa".
No fue fácil para De Gaulle. Pero no hay duda de que hubiera sido absurdo e
insostenible que Francia siguiera apegada a la idea de conservar Argelia
como ”departamento francés”.
Este calibre de liderazgo no existe hoy en Marruecos o en todo caso no ha
dado todavía señales de su posible existencia.. Si los lideres no llegan por
sí solos al camino de las grandes decisiones, el consejo de países que
consideran cercanos o/y amigos puede jugar un rol significativo. John
Kennedy, Tito de Yugoslavia, aconsejaron a de Gaulle.
Francia, España y Argelia están, entre otros, emplazados para jugar ese rol.
Si bien no nos cabe duda alguna de que Argelia ha jugado y seguirá jugando
ese papel, tenemos serias reservas, si no son certezas, sobre la
predisposición actual de los otros dos países.
La Francia de Chirac sigue anclada en una visión anacrónica que data de la
época de la guerra fría y de su imperio colonial, cuyos restos en África
están siendo hoy sacudidos por turbulencias graves. La guerra del Sáhara
occidental, su prolongación y el actual estancamiento del proceso de paz no
hubieran sido posibles sin el activo apoyo francés al empeño marroquí de
anexionar un territorio ajeno, que es además Estado miembro de la Unión
Africana. La posición francesa -unilateral y contaría a la legalidad
internacional- la ha colocado frecuentemente en una posición inconfortable.
El esfuerzo francés de lograr el inmenso mercado magrebí de la mano de
Marruecos difícilmente puede cuajar y en ello radica el principal punto
débil de la diplomacia gala hacia la región. El Magreb, conjunto lleno de
recursos naturales, sigue estando supeditado a la resolución justa y
definitiva del conflicto del Sahara occidental, en la medida en que, al
igual que en el proceso que condujo a la Unión europea, no puede realizarse
sobre la base de conquistas territoriales y en detrimento de la legalidad
internacional.
Francia está emplazada mejor que nadie para aconsejar al actual liderazgo
marroquí. Aun debiendo hacerlo no creemos, sin embargo, que lo vaya a hacer
a corto plazo.
En cuanto a España, mas allá de la configuración y articulación de sus
intereses respecto al Magreb, tiene ciertamente una responsabilidad
particular en la tragedia del pueblo saharaui y , por consiguiente, en el
origen de la tensión e inestabilidad que siguen condicionando la situación
en la región.
Irónicamente, dicha responsabilidad la coloca en una situación
privilegiada para justificar un rol importante en la búsqueda de la paz, ya
que esta circunstancia le otorga un valor añadido de gran peso político y
moral que no tienen las demás naciones europeas. Tenemos, sin embargo,
enormes dificultades para entender a donde se dirige la actual política
exterior española respecto al conflicto del Sáhara Occidental. Los últimos
encuentros hispano-saharuis no han servido para disipar esta interrogante.
Hay evidentemente un giro hacia una posición que conforta a Marruecos.
Rabat no lo oculta. Dicho giro ha sido no solo perceptible para los
saharauis sino también detectado por los representantes de todos los
gobiernos europeos con quienes mantenemos contactos regulares a nivel de
capitales. Al calor de ello, algunos dirigentes y empresarios canarios han
ido mas lejos del giro, en una visible correría guiada por los cantos de
sirena marroquíes. La intención de las líneas aéreas insulares, Binter, de
iniciar vuelos regulares hacia las zonas ocupadas del Sáhara Occidental
conlleva una enorme carga política inamistosa si llega a llevarse a cabo.
¿Podría España dar consejos al liderazgo marroquí para encaminarse hacia un
paz verdadera en el Sáhara Occidental? Es una pregunta que queda por ahora
en el aire. Desde un imperativo moral, es de esperar que ello pueda tener
lugar. Es del interés saharaui que tenga lugar. De otro lado, desde un
enfoque basado en un frío cálculo de intereses, ya de grupo, ya de Estado,
podrían evidentemente caber divergencias y desencuentros con los intereses
del pueblo saharaui. Ahora bien, situados en el terreno del cálculo frío, no
todos los días amanece igual y quedan muchos amaneceres por delante, llenos
de incertidumbres y riesgos, en los que Marruecos, la RASD, y por extensión
España y Francia, no saben a ciencia cierta sobre qué paisaje va a alumbrar
el sol.
El abandono de Marruecos, con el apoyo perceptible de la diplomacia
española y francesa, al principio básico de la autodeterminación para
intentar sustituirlo por “una solución política mutuamente aceptable sobre
la base de la soberanía (sic) marroquí” no hace más que introducir un
factor de enorme complicación en el proceso, afecta la credibilidad de
quienes la preconizan y no tiene ninguna posibilidad de ser tomada en serio
ya que ignora de plano la legalidad internacional y, entre otras cosas, la
posición de países fundamentales en el devenir de la región, para quienes
resulta lógicamente inaceptable que un país haga y deshaga por la fuerza
las fronteras regionales heredadas de la descolonización.
La nueva posición marroquí ha conducido al actual estancamiento; un
estancamiento que puede evidentemente prolongarse. No es la solución y como
remedio coyuntural, puede ser mas grave que la enfermedad ya que conlleva
serios riesgos para las dos partes y por consiguiente para el conjunto de la
región.
Cada parte tiene puntos de fuerza, pero también puntos de debilidad.
Marruecos tiene problemas cada vez más urgentes. No es la primera vez que el
peso resultante de la combinación del costo acumulado de una guerra colonial
y del volumen creciente de demandas socio-económicas de una población
numerosa provoque implosiones. De otro lado, una situación de estancamiento
podría conducir a que una unidad militar saharaui cometa un error de
apreciación ante el visible rearme marroquí, incluida la instalación de
radares en los muros defensivos recientemente acordados por algunos países
europeos bajo el pretexto, ciertamente frágil, de la lucha contra la
emigración ilegal. O que un avión de combate marroquí cometa el error de
sobrevolar posiciones prohibidas por los términos del alto el fuego.
De aquí la necesidad urgente de no dejar que las cosas se pudran. La paz es
posible. Una paz justa y duradera que se base en el derecho del pueblo
saharaui a ser una nación libre al tiempo que deje cabida a una
consideración de los potenciales intereses económicos y comerciales
marroquíes en un Sáhara Occidental lleno de recursos naturales. Es la vía
que encontró De Gaulle. Es aquí donde cabría la idea de la negociación y el
diálogo, en el marco de la ONU, como complemento y no substituto de una
solución ya existente, cual es el principio de autodeterminación. El Plan de
arreglo o el Plan Baker son, respectivamente, el reflejo máximo y mínimo
de dicha solución. Sería el gran paso hacia la creación del Magreb y el
inicio de la llegada masiva de los productos europeos que no saben donde
venderlos o quemarlos. Para esta perspectiva es necesario un Charles de
Gaulle en Marruecos. ¿Lo será Mohamed VI? Quién sabe. ¿Por qué no? En todo
caso las ideas de Allal El Fasi mostraron no sólo los límites sino sobre
todo el aspecto trágico, pernicioso e irracional de un delirio que nunca
debió ser sacado de la caja de...Pandora.
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