Señor Jesús, estos hijos a quien amas están
enfermos
Martes 2 de Noviembre de 2004
Queridos Amigos y hermanos:
Hace una decena de días, que no publicaba esta
página, muchas personas preguntaron por ella. Pido disculpa por la tardanza.
El correo de Por amor a Jesús, fue colmado de
basura, pido a Dios que perdone al (o a los o las) mal intencionado que
provocó suspender esta hoja de oración.
Ahora para comenzar nuevamente, envíen las
peticiones al correo siguiente: p.s.a.donoso@....
Un Sacerdote, un seminarista, dos religiosas y
otros amigos laicos, pedirá además por la salud de los enfermos en sus
respectivas parroquias o lugares de oración los sábado o lo domingos.
El Señor les Bendiga siempre, les traiga mucha
paz y alivie vuestros padecimientos
Un
Abrazo fraternal
Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant
Por
caridad, solo envíen petición por los enfermos, e indique lo que padecen,
para que esta hojita cumpla con el hermoso fin en el cual ponemos nuestra fe.
Las intenciones permanecen por 15 días y se
agregan a medida que se reciban
Jesús resucita a la hija de Jairo
Evangelio según San Marcos 5, 21-43
[21] Jesús, entonces, atravesó el lago, y al volver a la
otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a él. [22] En
eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró a sus pies [23] suplicándole: «Mi
hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y
siga viviendo». [24] Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran
gentío, que lo oprimía. [25] Se encontraba allí una mujer que padecía un
derrame de sangre desde hacía doce años. [26] Había sufrido mucho en manos de
muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de
mejorar, estaba cada vez peor. [27] Como había oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y le tocó
el manto. [28] La mujer pensaba: «Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa,
sanaré». [29] Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba
sana. [30] Pero Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de
él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: «¿Quién me ha tocado la
ropa?» [31] Sus discípulos le contestaron: «Ya ves cómo te oprime toda esta
gente: ¿y preguntas quién te tocó?» [32] Pero él seguía mirando a su
alrededor para ver quién le había tocado. [33] Entonces la mujer, que sabía
muy bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se postró ante él y le
contó toda la verdad. [34] Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda
sana de tu enfermedad». [35] Jesús estaba todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa
del oficial de la sinagoga para informarle: «Tu hija ha muerto. ¿Para qué
molestar ya al Maestro?» [36] Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: «No tengas
miedo, solamente ten fe». [37] Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro,
Santiago y Juan, el hermano de Santiago. [38] Cuando llegaron a la casa del
oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros
gritaban. [39] Jesús entró y les dijo: «¿Por qué este alboroto y
tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida». [40] Y se burlaban de
él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre,
a la madre y a los que venían con él, y entró donde estaba la niña. [41]
Tomándola de la mano, dijo a la niña: «Talitá kumi», que quiere decir: «Niña,
te lo digo, ¡levántate!» [42] La jovencita se levantó al instante y empezó a
caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más grande! Quedaron fuera de sí.
[43] Pero Jesús les pidió insistentemente que no lo contaran a
nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña.
Palabra
de del Señor
Señor
Jesús, estos hijos a quien amas están
enfermos Tú lo puedes todo; te pido humildemente que le devuelvas la salud.
Pero, sin son otros tus designios, te pido le concedas la gracia de
sobrellevar cristianamente su enfermedad.
En los caminos de
Palestina tratabas a los enfermos con tal delicadeza que todos venía a ti,
dame esa misma dulzura, ese tacto que es tan difícil de tener cuando se esta
sano.
Que yo sepa
dominar mi nerviosismo para no agobiarle, que sepa sacrificar una parte de
mis ocupaciones para acompañarles, si es su deseo.
Yo estoy lleno de
vida, Señor, y te doy gracias por ello. Pero haz que el sufrimiento de los
demás me santifique, formándome en la abnegación y en la caridad. Amén
Por caridad, solo envíen petición por los
enfermos, e indique lo que padecen, para que esta hojita cumpla con el
hermoso fin en el cual ponemos nuestra fe.
Asido un placer poder contar con Usds.
Reciban un saludo.
sabela
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1. La Iglesia ha considerado
constantemente la virginidad de María una verdad de fe, acogiendo y
profundizando el testimonio de los evangelios de san Lucas, san Marcos y,
probablemente también san Juan.
En el episodio de
la Anunciación,
el evangelista san Lucas llama a María «Virgen», refiriéndose tanto a su
intención de perseverar en la virginidad como al designio divino, que
concilia ese propósito con su maternidad prodigiosa. La afirmación de la
concepción virginal, debida a la acción del Espíritu Santo, excluye cualquier
hipótesis de partogénesis natural y rechaza los intentos de explicar la
narración lucana como explicitación de un tema judío o como derivación de una
leyenda mitológica pagana.
La estructura del
texto lucano (cf. Lc 1,26-38; 2,19.51), no admite ninguna interpretación
reductiva. Su coherencia no permite sostener válidamente mutilaciones de los
términos o de las expresiones que afirman la concepción virginal por obra del
Espíritu Santo.
2. El evangelista
san Mateo, narrando el anuncio del ángel a José, afirma, al igual que san
Lucas, la concepción por obra «del Espíritu Santo» (Mt 1,20), excluyendo las
relaciones conyugales.
Además, a José se
le comunica la generación virginal de Jesús en un segundo momento: no se
trata para él de una invitación a dar su consentimiento previo a la
concepción del Hijo de María, fruto de la intervención sobrenatural del
Espíritu Santo y de la cooperación de la madre. Sólo se le invita aceptar
libremente su papel de esposo de la
Virgen y su misión paterna con respecto al niño.
San Mateo
presenta el origen virginal de Jesús como cumplimiento de la profecía de
Isaías: «Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por
nombre Emmanuel, que traducido significa “Dios con nosotros”» (Mt
1,23; cf. Is 7,14). De ese modo, san Mateo nos lleva a la conclusión de que
la concepción virginal fue objeto de reflexión en la primera comunidad
cristiana, que comprendió su conformidad con el designio divino de salvación
y su nexo con la identidad de Jesús, «Dios con nosotros».
3. A diferencia de
san Lucas y san Mateo, el evangelio de san Marcos no habla de la concepción y
del nacimiento de Jesús; sin embargo, es digno de notar que san Marcos nunca
menciona a José esposo de María. La gente de Nazaret llama a Jesús «el hijo
de María» o, en otro contexto, muchas veces «el Hijo de Dios (Mc 3,11; 5,7;
cf. 1,1.11; 9,7; 14,61-62;15,39). Estos datos están en armonía con la fe en
el misterio de su generación virginal. Esta verdad, según un reciente redescubrimiento
exegético, estaría contenida explícitamente en el versículo 13 del Prólogo
del evangelio de san Juan, que algunas voces antiguas autorizadas (por
ejemplo, Ireneo y Tertuliano) no presentan en la forma plural usual, sino en
la singular: «Él, que no nació de sangre, ni de deseo de carne, no de deseo
de hombre, sino que nació de Dios». Esta traducción en singular convertiría
el Prólogo del evangelio de san Juan en uno de los mayores testimonios de la
generación virginal de Jesús, insertada en el contexto del misterio de la Encarnación.
La afirmación
paradójica de Pablo: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a si
Hijo, nacido de mujer (…), para que recibiéramos la filiación adoptiva»
(Ga 4,4-5), abre el camino al interrogante sobre la personalidad de ese Hijo,
y, por tanto, sobre su nacimiento virginal.
Este testimonio
uniforme de los evangelios confirma que la fe en la concepción virginal de
Jesús estaba enraizada firmemente en los ambientes de la Iglesia primitiva. Por
eso carecen de todo fundamento algunas interpretaciones recientes, que no
consideran la concepción virginal en sentido físico o biológico, sino
únicamente simbólico o metafórico: designaría a Jesús como don de Dios a la
humanidad. Lo mismo hay que decir de la opinión de otros, según los cuales el
relato de la concepción virginal sería, por el contrario, un theologoumenon,
es decir, un modo de expresar una doctrina teológica, en este caso la
filiación divina de Jesús, o sería su representación mitológica.
Como hemos visto,
los evangelios contienen la afirmación explícita de una concepción virginal
de orden biológico, por obra del Espíritu Santo, y la Iglesia ha hecho suya
esta verdad ya desde las primeras formulaciones de la fe (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n.
496).
4. La fe
expresada en los evangelios es confirmada, sin interrupciones, en la
tradición posterior. Las fórmulas de fe de los primeros autores cristianos
postulan la afirmación del nacimiento virginal: Arístides, Justino, Ireneo y
Tertuliano está de acuerdo con san Ignacio de Antioquía, que proclama a Jesús
«nacido verdaderamente de una virgen» (Smirn. 1,2). Estos autores hablan
explícitamente de una generación virginal de Jesús real e histórica, y de
ningún modo afirman una virginidad solamente moral o un vago don de la
gracia, que se manifestó en el nacimiento del niño.
Las definiciones
solemnes de fe por parte de los concilios ecuménicos y del Magisterio
pontificio, que siguen a las primeras fórmula breves de fe, están en perfecta
sintonía con esta verdad. El concilio de Calcedonia (451), en su profesión de
fe, redactada esmeradamente y con contenido definido de modo infalible,
afirma que Cristo «en lo últimos días, por nosotros y por nuestra salvación,
(fue) engendrado de María Virgen, Madre de Dios, en cuanto a la humanidad»
(DS 301). Del mismo modo, el tercer concilio de Constantinopla (681) proclama
que Jesucristo «nació del Espíritu Santo y de María Virgen, que es
propiamente y según verdad madre de Dios, según la humanidad» (DS 555). Otros
concilios ecuménicos (Constantinopolitano II, Lateranense IV y Lugdunense II)
declaran a María «siempre virgen», subrayando su virginidad perpetua (cf. DS
423, 801 y 852). El concilio Vaticano II ha recogido esas afirmaciones,
destacando el hecho de que María, «por su fe y su obediencia, engendró en la
tierra al Hijo mismo del Padre, ciertamente sin conocer varón, cubierta con
la sombra del Espíritu Santo» (Lumen gentium, 63). A las definiciones
conciliares hay que añadir las del Magisterio pontificio, relativas a la Inmaculada
Concepción de la «santísima Virgen María» (DS 2.803) y a la Asunción de la
«Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María» (DS 3.903).
5. Aunque las
definiciones del Magisterio, con excepción del concilio de Letrán del año
649, convocado por el Papa Martín I, no precisan el sentido del apelativo
«virgen», se ve claramente que este término se usa en su sentido habitual: la
abstención voluntaria de los actos sexuales y la preservación de la
integridad corporal. En todo caso, la integridad física se considera esencial
para la verdad de fe de la concepción virginal de Jesús (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n.
496).
La designación de
María como «santa, siempre Virgen e Inmaculada», suscita la atención sobre el
vínculo entre santidad y virginidad. María quiso una vida virginal, porque
estaba animada por el deseo de entregar todo su corazón a Dios.
La expresión que
se usa en la definición de la Asunción, «La Inmaculada Madre
de Dios, siempre Virgen», sugiere también la conexión entre la virginidad y
la maternidad de María: dos prerrogativas unidas milagrosamente en la
generación de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Así, la virginidad de
María está íntimamente vinculada a su maternidad divina y a su santidad
perfecta.
Fuente
vatican.va
Caminando con Jesús –
Paz de Jesús – Amigos de Jesús – Amor a Maria – Nuestra Fe-El Pensamiento del
Santo Padre
• LA ESPERANZA DEL
PURGATORIO Y EL CAMINO DEFINITIVO HACIA LA LUZ ETERNA
• LA ALEGRÍA ANTELA
RESURRECCIÓN QUE NOS ANUNCIADO JESÚS
• RESUCITAREMOS CON
CRISTO
COMO EL JARDINERO VE LAS
ROSAS DEL JARDÍN, SIN QUE ELLAS LE VEAN, NUESTROS DIFUNTOS RADIANTES NOS VEN
SIN SER VISTOS. SON INVISIBLES PERO NO AUSENTES.
"Preciosa
es a los ojos del Señor, la muerte de sus santos" (Sal 115,15).
"Santo
y saludable es el pensamiento de orar por los difuntos para que queden libres
de sus pecados" (2 Ma 12, 46).
Una
solemne y certera afirmación del Concilio Vaticano II, asegura que "el
máximo enemigo de la vida humana es la muerte. El hombre sufre con el dolor y
con la disolución progresiva del cuerpo, pero su máximo tormento es el temor
de un definitivo aniquilamiento. Juzga con instinto certero, cuando se
resiste a aceptar la perspectiva de la ruina total y de la desaparición
definitiva de su personalidad. La semilla de eternidad que lleva en sí se
subleva contra la muerte" (GS 18).
1.LA
FALTA DE LÓGICA DEL MUNDO.
El
mundo secularizado "en el que el pecado ha adquirido carta de ciudadanía
y la negación de Dios se ha difundido en las ideologías, en los conceptos y
en los programas humanos" (Juan Pablo en Portugal), divide la vida
humana en dos realidades biológicas contrarias: la vida y la muerte. En
consecuencia pretende extraer de la vida el máximo rendimiento en éxito,
poder, dinero y placer, y ante la muerte experimenta horror, espanto,
desesperación y angustia. E inconscientemente, adopta la actitud del
avestruz, y, silencia la muerte como si no existiera. Luís XIV, el rey Sol
francés, sentía tal horror ante la muerte que se construyó el Palacio de
Versalles, tratando de escapar de la proximidad del panteón de los Reyes de
Saint Donis en San Germain, porque le recordaba la muerte. Un día que el
predicador del soberano, exclamó conmocionado en el sermón:
Todos
mueren, Majestad.
Se levantó
furioso el rey del trono, lanzó una mirada fulminante que estremeció al
orador, que todo azarado, le hizo corregirse:
Casi
todos, Majestad.
En cada
hombre se oculta una protesta y un terror inevitable ante la muerte. Este
hecho no puede ser explicado por una antropología metafísica, pues
reconociendo que el hombre por ser espiritual es inmortal, sabe también que
siendo criatura biológica tiene que morir. Por tanto hemos de deducir que,
aunque la muerte está en manos de Dios, la angustia del hombre ante la muerte
es consecuencia del pecado y no castigo impuesto por Dios desde fuera sin
conexión intrínseca con el delito (Rm 6,23). La verdadera pena del pecado es
interior y va unida a la misma culpa, y consiste en la privación de la
cercanía de Dios como consecuencia del distanciamiento de la voluntad humana
y libre, de él. El hombre, criatura de Dios, se estremece desde la raíz de su
ser elevado por la gracia, ante el misterio último de vacío del misterio de
iniquidad, porque la gracia que actúa en él, le llama incesantemente y con
urgencia.
Como
reacción y resultado se absolutiza la vida terrena y se rechaza la muerte,
que ha quedado convertida en tabú, por lo que se habla muy poco e ella.
Julián Marías en España y Jean Guitton en Francia, han hecho notar esta
carencia en la cultura y en la predicación de hoy. Ahora, casi ocurre con la
muerte, como antes con el sexo que apenas si se hablaba del tema, y se han
invertido los términos.
Pero
como "el hombre no puede vivir sin esperanza porque su vida, condenada a
la insignificancia, se convertiría en insoportable" (Documento final del
Sínodo para Europa, 23 de octubre de 1999), de tal manera que muchos
increyentes desearían gozar de esa esperanza, ante esta visión terrena de la
vida que se queda en las fronteras de este mundo, los cristianos hemos de
tener el coraje de oponer la visión cristiana de la vida y de la muerte, con
la fe en la resurrección, que es la gran novedad del evangelio de Jesús.
Cristo resucitado, convertido en primicia de los que han muerto, explica
nuestra vida terrena y nuestra muerte, y nos garantiza la certeza de nuestra
resurrección. A la visión invasora biológica vida-muerte, naturalista y
terrena, Cristo añade: RESURRECCIÓN. No hay una separación, sino una
continuación y consumación de la misma vida.
2.NACIDOS POR EL BAUTISMO.
Por
el Bautismo hemos penetrado los cristianos en la muerte de Cristo que
destruye el pecado y nos deja la semilla de la vida, "para caminar en
una vida nueva" (Rm 6,4), a través de la continuada muerte y
resurrección que anuncia San Pablo: "Cada día muero" (1 Cor 15,31).
Por el bautismo somos crucificados con Cristo, y por la vida cristiana vivida
por el hombre bautizado se consuma en nosotros la muerte de Cristo. Cristo,
la resurrección y la vida, que ha dicho que "el que crea en Mí, aunque
haya muerto, vivirá", es el que derriba el muro entre la vida y la
muerte con la fuerza de su RESURRECCIÓN. Cristo ha vencido en su propio
terreno a la muerte. En torno de la carita de una niña zurea una avispa.
Aterrorizada, grita la niña. Corre su madre y abraza a la niña y la avispa
clava su aguijón en el cuerpo de la madre. Así puede Pablo apostrofar con
fuerza : "¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿dónde está, muerte, tu
aguijón?" (1 Cor 15,55). "Yo los salvaré del poder de la
muerte" (Os 13,14).
¿Y
la muerte? ;Dónde está la muerte?. "En lugar de la muerte tenía la
luz", escribió un poeta. Y otro de los nuestros: "Morir sólo es
morir./ Morir se acaba./ Morir es una hoguera fugitiva./ Es cruzar una puerta
a la deriva / y encontrar lo que tanto se buscaba" (Martín Descalzo).
3.REALIDAD AMBIVALENTE DE LA MUERTE.
Sin
embargo la realidad de fe no elimina la sensibilidad humana ante el hecho
traumático de la muerte, pero le da un sentido. ¿No lloró Jesús ante el
sepulcro de Lázaro, a punto de resucitarlo? (Jn 11,40). Y ¿no se sintió triste
hasta la muerte en Getsemaní y pidió al Padre que pasara de El el cáliz? (Mt
26,39).
Nuestra
resurrección seguirá el modelo de Cristo viviendo una vida nueva en la que
nos encontraremos a nosotros mismos, pero de un modo diverso: "Se siembra
en corrupción y resucita en incorrupción; se siembra en vileza y resucita en
gloria; se siembra en flaqueza y resucita en fuerza; se siembra cuerpo animal
y resucita cuerpo espiritual" (1 Cor 15,42).
Nosotros conocemos la muerte, como una realidad que ha causado en nuestra
carne desgarramientos dolorosos. Acuden a nuestra mente nombres de personas,
rostros, palabras hermosas, que llenan el recuerdo de los días vividos
juntos, o de sufrimientos que nos hacían llorar viendo el dolor de los que hemos
amado, que nos dolía casi más que si lo sufriéramos nosotros, impotentes para
apagarlo y se nos representan los lugares animados por personas queridas y
amadas. San Agustín nos cuenta su tristeza al morir su madre y su llanto
copioso. El lenitivo nos lo ofrece la fe. Pensemos que están con nosotros. Si
son invisibles, no están ausentes. Nos podemos comunicar con ellos. Están
presentes a nosotros con su oración, inspiraciones, el amor, que permanece
completamente transfigurado, o en vías de maduración. Por eso ofrecemos
nuestra oración y sobre todo la Eucaristía, para que la Sangre de Cristo la
acelere.
4.FECUNDIDAD
DEL GRANO QUE MUERE.
"Si el grano no cae en la tierra y muere, queda infecundo, pero si
muere, produce mucho fruto" (Jn 12,24). De ese grano muerto en el
calvario y enterrado, han brotado tres espigas: la de la vida celeste, la de
la vida que se purifica y la que peregrina en este mundo. Las tres están
unidas en la caridad. Estamos unidos con nuestros difuntos, pues la familia
no se divide, sino que se transfigura en la ciudad celeste y ellos nos ven,
como el jardinero ve las rosas en el jardín, aunque las rosas, que viven una
vida inferior, no vean al jardinero. Nosotros somos esas rosas visibles para
ellos, pero ciegos para verlas.
5.EL
NACIMIENTO TRAUMATICO.
Los
que se fueron, ante la muerte se han sentido como el niño que va a nacer: Al
tener que salir del seno materno al aire y la luz de este mundo, si el niño
tuviera conciencia de su momento, creería que iba a morir. Está sintiendo la
pérdida total de su estado de vida que goza, de la seguridad en que se
encuentra y de todo lo que ha sido y es el medio ambiente de su vida
encerrada, pero que no conoce otra. Al despojarle totalmente de ese medio con
la incertidumbre o ignorancia de lo que viene, desconocido e inseguro, aunque
después no recordará nada, sufre más él que la madre que lo saca a la luz,
porque al perder la respiración que era la propia de la madre, no goza aún de
su respiración nueva. De tal manera que nadie nacería, si la naturaleza no le
obligara. Si en el seno de la madre quedaran más niños, al ver sufrir tantas
angustias al que está naciendo, todos creerían que moría, y nadie que nacía.
Pero los que están en este mundo esperando su nacimiento, saben que el niño
no muere, sino que nace, y todos lo esperan ansiosos con alegría y de hecho,
a la muerte, la Iglesia
la llama "dies natalis". La realidad es que va a comenzar una nueva
etapa en su vida: va a gozar de una vida más plena, para lo cual era preciso
dejar los harapos de la anterior, para comenzar a vivir en el ambiente de
Dios infinito, inmenso y tododichoso y en el hogar de su seno. Nunca añorará
su vida anterior, que sería añorar la placenta en que vivía. El dolor que le
ha costado el nacer es consecuencia del pecado original. Cristo Resucitado ha
ganado esta victoria para el hombre, lleno de ansiedad y pobre ante el
misterio de la muerte, liberándolo de la muerte con su propia muerte.
La
muerte es por tanto un episodio, un paso, una pascua, una transformación. En
realidad no hay muerte, sino superación de vida, como el gusano de seda no
muere sino que se transforma en mariposa. Habrá dolores, porque el grano de
trigo no muere sin destrucción. El despojo que la muerte obra en el hombre para
pasar a la vida nueva, se obra con dolor y quebranto. Pero no nos fijemos
exclusivamente en esa destrucción olvidando sus consecuencias en el más allá.
Iluminados por la fe hemos de contemplar a nuestros difuntos camino de la Pascua de Cristo, que con
su muerte destruyó la muerte, y con su Resurrección nos dio la vida. Cristo
ha hecho de su muerte el momento más trascendente de su vida, para llevarlos
a su seno donde viven y vivirán para siempre unidos a nosotros.
6.PURGATORIO:
TRANSFORMACIÓN, LA DOCTRINA
DE LOS CONCILIOS.
El
Concilio de Trento, afirma que el purgatorio existe y la Iglesia puede ayudar con
su intercesión a cuantos se encuentran en él (D 1580). Y el Vaticano II:
"La Iglesia
de los viadores, teniendo perfecta conciencia de la comunión que reina en
todo el cuerpo místico de Jesucristo, ya desde los primeros tiempos, guardó
con gran piedad la memoria de los difuntos y ofreció sufragios por ellos,
porque "santo y saludable es el pensamiento de orar por los difuntos
para que queden libres de sus pecados" (2 Ma 12, 46).
La
fe nos ofrece la posibilidad de una comunión con nuestros hermanos queridos,
arrebatados por la muerte, dándonos la esperanza de que poseen ya en Dios la
vida verdadera. Sigue el Vaticano II: "Este Concilio recibe la venerable
fe de nuestros antepasados sobre el consorcio vital con nuestros hermanos de
la gloria celeste, o de los que se purifican después de la muerte y confirma
los decretos de los Concilios Niceno II, Florentino y Tridentino".
"Nuestra debilidad queda más socorrida por su fraterna solicitud. La
iglesia peregrinante, reunida en Concilio, sintió la necesidad de manifestar
su conciencia de estar ontológicamente unida a la Iglesia celeste".
"Algunos de los discípulos del Señor peregrinan en la tierra, otros, ya
difuntos, se purifican, mientras otros son glorificados contemplando
claramente al mismo Dios, Uno y Trino, tal cual es; mas todos estamos unidos
en fraterna caridad y cantamos el mismo himno de gloria a nuestro Dios (LG
49).
7.LA FE RAZONADA.
La
muerte sorprende al hombre cuando su desarrollo, por sus faltas y
negligencias, no ha culminado aún. Pero el deseo de su voluntad profunda es
conseguir la talla de la divina voluntad. Y mientras el hombre no esté limpio
y refulgente hasta sus raíces, es imperfecto y no puede participar de la
visión de Dios, como quien tiene cataratas. Cuando nace un niño prematuro, el
cariño de sus padres lo deposita en la incubadora hasta que llegue a su plena
maduración. El bautismo nos sembró la semilla de la resurrección. Durante
nuestra vida se va desarrollando Cristo por el ejercicio de las virtudes
evangélicas y el alimento de los sacramentos, sobre todo de la eucaristía:
"Quien come mi carne y bebe mi sangre, vivirá eternamente" (Jn
6,55). Esta vida culmina en la muerte, en la cual el cristiano se asimila a
Cristo muerto y resucitado. Si al morir está todavía inmaduro, el mismo
cristiano al verse ante Dios, se ve imperfecto y dice como San Pedro:
"Apártate de mí, Señor, que soy un pecador, aunque quiero estar
contigo".
El Padre
Dios coloca a ese cristiano, a ese hijo inacabado, en una incubadora que se
llama Purgatorio, negado por los protestantes, pero definido, como hemos
probado por la
Iglesia Católica, siempre que tomemos las metáforas como
tales y no como realidades literales, pues la representación de las llamas
crueles ha distorsionado la realidad del purgatorio, y la sensibilidad
moderna de las horribles historias oídas sobre los suplicios de las pobres
almas, se muestra incrédulo o pasa de la verdadera realidad. El sentido
cristiano del purgatorio no es la existencia de una especie de campo de
concentración, donde el hombre tiene que purgar penas impuestas de una manera
más o menos positivista y justiciera, sacadas de un código voluminoso, aplicado
caprichosamente, sino el proceso radicalmente necesario de transformación del
hombre para vestirle las galas que corresponden al banquete de bodas del
Cordero. No pudiendo merecer, sólo pueden esperar con la llama de un ansia
que da pena. De la misma manera cuando nosotros hablamos de la duración del
purgatorio en términos de tiempo humano, por la debilidad de nuestra
inteligencia, el espíritu adivina que es un tiempo nuevo y espiritual y de
fino y puro desarrollo al que el dolor coopera.
8.LA CARIDAD HACIA LAS ALMAS DEL PURGATORIO EN LA COMUNIÓN DE
LOS SANTOS
Santo
Tomás enuncia el principio de la doctrina de los sufragios por los difuntos,
diciendo: "Todos los fieles en estado de gracia están unidos por la
caridad y son miembros de un solo cuerpo, el de la Iglesia. Ahora
bien, en un organismo cada miembro es ayudado por los demás (IV Sent 45, q2,
a2,4; y Sup q71, a1). Sólo Jesús, cabeza de la humanidad, ha podido merecer
en justicia por nosotros, pero todo justo puede ayudar a su prójimo, no con
mérito de condigno, sino con mérito de conveniencia, fundado en la caridad,
aunque no en la justicia. Por la caridad fraterna, Dios ayuda a los que
nosotros amamos, a quienes podemos favorecer con obras satisfactorias y con
la oración. Por caridad debemos amar a Dios sobre todas las cosas, y amar
como a si mismo a los hijos de Dios, y a los que están llamados a la misma
bienaventuranza eterna. Como las almas dolientes del Purgatorio son hijas de
Dios y Jesús vive en ellas íntimamente, debemos amarlas como a nuestro
prójimo, sobre todo a las que son de nuestra misma familia terrena, con las
que tenemos deberes especiales de caridad, tanto más cuanto que esas almas
dolientes no pueden hacer nada por sí mismas; no pueden ya ni merecer, ni
satisfacer, ni recibir los sacramentos, ni ganar indulgencias; no pueden más
que aceptar y ofrecer sus sufrimientos o satispasión. Por eso es muy
necesario ayudarlas. La
Madre María de la Providencia, fundadora de las Auxiliadoras del
Purgatorio (1825-1871), siendo aún una muchacha, decía a sus amigas: «Si una
de nosotras estuviese en una prisión de fuego y pudiéramos sacarla de allí
diciendo una palabra ¿no es verdad que la diríamos inmediatamente?... Las
almas del Purgatorio están en una prisión de fuego, pero Dios no pide más que
una oración para librarlas, y nosotros no decimos esa oración». Esta joven
llegó poco a poco a iniciar esta intuición: «la liberación de las almas del
Purgatorio para mayor gloria de Dios: hay que entregarle esas almas, que El
llama a sí». El cura de Ars dijo a esta jovencita: "Hará bien en fundar
una Orden para las almas del Purgatorio: es Dios el que la ha inspirado hacer
una obra tan sublime..., esta Orden tomará rápido incremento dentro de la Iglesia". Dice el
padre Faber, que al ofrecer sufragios por estas almas se obra con seguridad
de éxito, porque serán seguramente liberadas; lo que se hace por ellas nunca
es en balde. La caridad ejercida con ellas es excelente, porque contribuye a
dar a Dios almas que El atrae a sí y a dar a esas almas el mayor de todos los
dones: Dios contemplado cara a cara, obteniéndoles más pronto la eterna
bienaventuranza. Al mismo tiempo se acrecienta el gozo accidental del Señor;
de su Madre y de los Santos.
9.¿CÓMO EJERCITAR ESTA CARIDAD?
Con
sufragios, o sea con nuestros méritos de conveniencia, nuestras oraciones,
obras satisfactorias, limosnas, lucrando indulgencias y, sobre todo, mediante
el Sacrificio de la
Eucaristía. La Iglesia en todas las Misas nos hace orar por
ellas y abre ampliamente para ellas el tesoro de los méritos de Cristo y de
los Santos con las indulgencias.
Santo
Tomás plantea la siguiente pregunta: «¿Los sufragios ofrecidos por un
difunto, son más provechosos para él que para los demás difuntos?» Y
responde: «La intención en cuanto a la remisión de la pena, los hace más
ventajosos para el difunto por quien se ofrecen, pero por caridad, que no
debe excluir a nadie, aprovechan más a los difuntos que la tienen más plena y
consiguientemente les proporcionan mayor consuelo. Estos reciben más porque
están mejor dispuestos. Esa es la distinción entre el fruto especial de la Misa para la persona a
quien es especialmente aplicada, y el fruto general, en el que participan
todos los fieles difuntos, y que no disminuye por muy grande que sea el
número de los que participan de él».
También se
pregunta Santo Tomás (IV Sent d 45, q.2, a. 2 y 4.—Su ppl q71, a 13):
¿Los sufragios ofrecidos por varios difuntos a la vez, les son tan
provechosos como si fuesen ofrecidos por uno solo? Es decir:¿si una Misa se
celebra por veinte o treinta o por muchísimos más?. Y contesta: «A causa de
la caridad que los inspira, estos sufragios son tan provechosos para muchos
como si fuesen ofrecidos por uno solo, porque la caridad no disminuye con la
multiplicidad y así, una sola Misa alivia lo mismo a diez mil almas que a una
sola. Pero como satisfacción y remisión de la pena, que se tiene intención de
aplicar a los difuntos, son más provechosos para aquel por quien son
ofrecidos en concreto».
Este era
el pensamiento de Santo Tomás, joven, cuando escribió el Comentario sobre la IX de las Sentencias (d. 45,
q2, a 2 y 4), pero hacia el fin de su vida, cuando escribe la Summa (III, q79, a5),
matiza: «Aun cuando la oblación de este sacrificio, por su propio valor,
baste para satisfacer por toda la pena, sin embargo, es satisfactoria para
aquellos por los cuales es ofrecida y para los que la ofrecen según la medida
de su devoción, y no para toda la pena». Esa medida de devoción depende, en
las almas del Purgatorio, de las disposiciones que han tenido en el momento
de la muerte.
Aquí, el
Santo Doctor no señala más límite al efecto satisfactorio del Santo
Sacrificio, que el de la devoción de los que la ofrecen y de aquellos por
quienes es ofrecida. Y es generalmente admitido que una sola Misa ofrecida
por todos los fieles, aun cuando sean muy numerosos, es tan provechosa para
cada uno, según su devoción, como si estos fieles fuesen menos numerosos.
Los
grandes comentaristas de Santo Tomás (sobre la III, q79, a5), Cayetano, Juan de Santo Tomás,
Gonet, los carmelitanos de Salamanca, escriben sobre el valor infinito de la Misa, por razón de la Víctima inmolada
y del sacerdote principal oferente, que una sola Misa ofrecida por muchas
personas, puede ser tan provechosa para cada una de ellas como si hubiese
sido ofrecida por ella sola, como el sol ilumina lo mismo a diez mil personas
que a una sola. El efecto de una causa universal sólo queda limitado por la
capacidad de los sujetos que reciben su influencia. Así, una de las tres
Misas que se celebran el día de difuntos, celebrada por todos los difuntos,
puede ser muy provechosa para las almas del Purgatorio abandonadas, por
quienes nadie encarga nunca celebrar una Misa.
10.FRUTOS DE ESTA CARIDAD
Con el
sacrificio de la Misa
celebrada por los difuntos podemos hacer descender la sangre redentora sobre
las almas del Purgatorio, y apresurar la hora de su liberación. Ahora bien,
cada una de esas almas es como un universo espiritual que gravita hacia Dios.
Nosotros podemos ayudarlas a unirse más pronto a El. Y si no podemos hacer
celebrar el. santo Sacrificio por nuestros difuntos, asistamos a él con esa
intención. Hagamos lo posible para ganar para ellos una indulgencia plenaria,
puesto que ese tesoro está abierto para sus almas, aprovechémonos por
exigencia de caridad. Muchos fieles, convencidos como están por falta de
instrucción y por el influjo protestante tan infiltrado de que el cielo es
muy barato, creen en la liberación de las almas de sus difuntos, que ni rezan
ni ofrecen misas por ellos. Relata Garrigou-Lagrange: Un día, después de una
conferencia que dí en Ginebra, un protestante muy culto y de una inteligencia
muy despierta vino a mi encuentro. Le pregunté de buenas a primeras: -¿Cómo
es que Lutero ha llegado a la conclusión de que la fe en los méritos de
Nuestro Señor Jesucristo basta por sí sola para la salvación, y que no es
necesario observar los mandamientos, ni siquiera los del amor de Dios y del
prójimo? -Me respondió: -Es muy fácil. ¿Cómo muy fácil?
Es
diabólico -añadió él-. No me hubiera atrevido a decíroslo -repuse-; pero
entonces ¿cómo es que eres luterano? -En mi familia -dijo-lo somos de padres
a hijos, pero próximamente yo entraré en la religión católica. Así ha podido
escribir el Padre Monsabré: "Para ser consecuente con los principios sobre
la justificación, el protestantismo ha negado el dogma del Purgatorio. Al
poderse salvar el hombre por la sola fe en los méritos de Jesucristo, sin
tener que inquietarse por sus propias obras, evidentemente no tiene nada que
ver, después de la muerte, con la
Justicia divina, y sólo debe preocuparse de su audaz e
imperturbable confianza en la virtud redentora de Aquél, de cuyos méritos
disfruta después de haber violado sus preceptos".
Ayudemos a
los difuntos con muchos actos de virtud en el transcurso del día, con una
señal de la cruz, con una limosna, con una contrariedad aceptada, con una
tentación vencida por amor, con sacrificios y obras de de caridad. Pensemos
en las almas más abandonadas y, alguna vez, en las más santas que sufren
también mucho.
11.LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS
Así
penetraremos cada vez más en el misterio de la Comunión de los
Santos. Dios acepta todos los actos sobrenaturales que se elevan hacia El;
acepta el sufrimiento de estas almas que no pueden ya hacer nada por sí mismas.
Y nos recompensa también por nuestra caridad; de esta manera veremos cada vez
mejor el valor de la vida presente, el vacío de las cosas terrenas, la
gravedad del pecado, la necesidad de reparación, el valor de la cruz y de la Misa. Dios se
complace en recompensar nuestros más pequeños servicios. Además, las almas
del Purgatorio, beneficiadas por nosotros, tras su liberación, no dejarán,
por gratitud, de ayudarnos; más aún, antes de su liberación, ruegan por sus
bienhechores. Sienten efectivamente la caridad que no excluye a ninguno, y
toman como un deber especial el rogar por aquellos de sus familiares que
quedaron en la tierra.
12.TESTIMONIOS DE MÍSTICOS Y POETAS.
Santa Catalina de Génova, considerada como la mística del Purgatorio, dice
que su fuego es sabroso, aunque mortificante, como todo lo que purifica. ¿Qué
hace el crisol con el oro? En el purgatorio, las almas, puros espíritus,
están abrasadas de amor y, al no tener nada, porque están desnudas, como
tenían en este mundo, que les pueda distraer del ansia de ver y unirse a
Dios, para lo que fueron creadas, se mueren porque no mueren. Al no estar
hechizada ni cegada y deslumbrada por la belleza y poder humano, anhela a
Dios con todas sus fuerzas. El insatisfecho anhelo de Verdad y de Amor quema
al hombre como fuego. El ansia de Dios lo devora. A medida que se van
penetrando más y más de amor su deseo de Dios va creciendo con movimiento
uniformemente acelerado. Así pudo escribir Santa Catalina de Génova, ya
citada: "Es una pena tan excesiva, que la lengua no sabría expresarla,
ni la inteligencia concebir su rigor. Pero no creo que se pueda hallar un
contento igual al de las almas del purgatorio, si no es el de los
bienaventurados en el cielo. El contento aumenta cada día, a medida que Dios
penetra en el alma en pena, y la atraviesa a medida que se desvanecen los
obstáculos que a ello se oponían".
A
medida que todos sus niveles humanos van siendo invadidos por el amor, se
inflama más y más su deseo, y su egoísmo va siendo consumido. Dante en la Divina Comedia,
en el canto XXIII del Purgatorio, escribe este verso de profunda dulzura:
"Se oyó llorar y cantar: "Domine, labia mea aperies", con tal
acento que hacía nacer en nosotros placer y dolor". Cuanto más se ahonda
y profundiza el nivel del dolor, tanto más se eleva el júbilo del surco. El
desarrollo de la persona avanza con la contribución de su dolor. Así, la
frase de M. De Saci al morir, está impregnada bellamente de esperanza y de
fe: "¡Oh, bendito purgatorio!". El fuego del purgatorio es un fuego
de júbilo, al contrario del sufrimiento del infierno que es un fuego de
tormento. En el Purgatorio las almas sin su envoltura biológica, ni la
distracción de sus anteriores deberes, son necesariamente contemplativas,
todas para Dios. Su fuego es llama que consume y no da pena, como dice San
Juan de la Cruz,
porque su amor a Dios es inmenso
y saben que están salvadas y próximas.
1. La Iglesia ha considerado
constantemente la virginidad de María una verdad de fe, acogiendo y
profundizando el testimonio de los evangelios de san Lucas, san Marcos y,
probablemente también san Juan.
En el episodio de
la Anunciación,
el evangelista san Lucas llama a María «Virgen», refiriéndose tanto a su
intención de perseverar en la virginidad como al designio divino, que
concilia ese propósito con su maternidad prodigiosa. La afirmación de la
concepción virginal, debida a la acción del Espíritu Santo, excluye cualquier
hipótesis de partogénesis natural y rechaza los intentos de explicar la
narración lucana como explicitación de un tema judío o como derivación de una
leyenda mitológica pagana.
La estructura del
texto lucano (cf. Lc 1,26-38; 2,19.51), no admite ninguna interpretación
reductiva. Su coherencia no permite sostener válidamente mutilaciones de los
términos o de las expresiones que afirman la concepción virginal por obra del
Espíritu Santo.
2. El evangelista
san Mateo, narrando el anuncio del ángel a José, afirma, al igual que san
Lucas, la concepción por obra «del Espíritu Santo» (Mt 1,20), excluyendo las
relaciones conyugales.
Además, a José se
le comunica la generación virginal de Jesús en un segundo momento: no se
trata para él de una invitación a dar su consentimiento previo a la
concepción del Hijo de María, fruto de la intervención sobrenatural del
Espíritu Santo y de la cooperación de la madre. Sólo se le invita aceptar
libremente su papel de esposo de la
Virgen y su misión paterna con respecto al niño.
San Mateo
presenta el origen virginal de Jesús como cumplimiento de la profecía de
Isaías: «Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por
nombre Emmanuel, que traducido significa “Dios con nosotros”» (Mt
1,23; cf. Is 7,14). De ese modo, san Mateo nos lleva a la conclusión de que
la concepción virginal fue objeto de reflexión en la primera comunidad
cristiana, que comprendió su conformidad con el designio divino de salvación
y su nexo con la identidad de Jesús, «Dios con nosotros».
3. A diferencia de
san Lucas y san Mateo, el evangelio de san Marcos no habla de la concepción y
del nacimiento de Jesús; sin embargo, es digno de notar que san Marcos nunca
menciona a José esposo de María. La gente de Nazaret llama a Jesús «el hijo
de María» o, en otro contexto, muchas veces «el Hijo de Dios (Mc 3,11; 5,7;
cf. 1,1.11; 9,7; 14,61-62;15,39). Estos datos están en armonía con la fe en
el misterio de su generación virginal. Esta verdad, según un reciente redescubrimiento
exegético, estaría contenida explícitamente en el versículo 13 del Prólogo
del evangelio de san Juan, que algunas voces antiguas autorizadas (por
ejemplo, Ireneo y Tertuliano) no presentan en la forma plural usual, sino en
la singular: «Él, que no nació de sangre, ni de deseo de carne, no de deseo
de hombre, sino que nació de Dios». Esta traducción en singular convertiría
el Prólogo del evangelio de san Juan en uno de los mayores testimonios de la
generación virginal de Jesús, insertada en el contexto del misterio de la Encarnación.
La afirmación
paradójica de Pablo: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a si
Hijo, nacido de mujer (…), para que recibiéramos la filiación adoptiva»
(Ga 4,4-5), abre el camino al interrogante sobre la personalidad de ese Hijo,
y, por tanto, sobre su nacimiento virginal.
Este testimonio
uniforme de los evangelios confirma que la fe en la concepción virginal de
Jesús estaba enraizada firmemente en los ambientes de la Iglesia primitiva. Por
eso carecen de todo fundamento algunas interpretaciones recientes, que no
consideran la concepción virginal en sentido físico o biológico, sino
únicamente simbólico o metafórico: designaría a Jesús como don de Dios a la
humanidad. Lo mismo hay que decir de la opinión de otros, según los cuales el
relato de la concepción virginal sería, por el contrario, un theologoumenon,
es decir, un modo de expresar una doctrina teológica, en este caso la
filiación divina de Jesús, o sería su representación mitológica.
Como hemos visto,
los evangelios contienen la afirmación explícita de una concepción virginal
de orden biológico, por obra del Espíritu Santo, y la Iglesia ha hecho suya
esta verdad ya desde las primeras formulaciones de la fe (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n.
496).
4. La fe
expresada en los evangelios es confirmada, sin interrupciones, en la
tradición posterior. Las fórmulas de fe de los primeros autores cristianos
postulan la afirmación del nacimiento virginal: Arístides, Justino, Ireneo y
Tertuliano está de acuerdo con san Ignacio de Antioquía, que proclama a Jesús
«nacido verdaderamente de una virgen» (Smirn. 1,2). Estos autores hablan
explícitamente de una generación virginal de Jesús real e histórica, y de
ningún modo afirman una virginidad solamente moral o un vago don de la
gracia, que se manifestó en el nacimiento del niño.
Las definiciones
solemnes de fe por parte de los concilios ecuménicos y del Magisterio
pontificio, que siguen a las primeras fórmula breves de fe, están en perfecta
sintonía con esta verdad. El concilio de Calcedonia (451), en su profesión de
fe, redactada esmeradamente y con contenido definido de modo infalible,
afirma que Cristo «en lo últimos días, por nosotros y por nuestra salvación,
(fue) engendrado de María Virgen, Madre de Dios, en cuanto a la humanidad»
(DS 301). Del mismo modo, el tercer concilio de Constantinopla (681) proclama
que Jesucristo «nació del Espíritu Santo y de María Virgen, que es
propiamente y según verdad madre de Dios, según la humanidad» (DS 555). Otros
concilios ecuménicos (Constantinopolitano II, Lateranense IV y Lugdunense II)
declaran a María «siempre virgen», subrayando su virginidad perpetua (cf. DS
423, 801 y 852). El concilio Vaticano II ha recogido esas afirmaciones,
destacando el hecho de que María, «por su fe y su obediencia, engendró en la
tierra al Hijo mismo del Padre, ciertamente sin conocer varón, cubierta con
la sombra del Espíritu Santo» (Lumen gentium, 63). A las definiciones
conciliares hay que añadir las del Magisterio pontificio, relativas a la Inmaculada
Concepción de la «santísima Virgen María» (DS 2.803) y a la Asunción de la
«Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María» (DS 3.903).
5. Aunque las
definiciones del Magisterio, con excepción del concilio de Letrán del año
649, convocado por el Papa Martín I, no precisan el sentido del apelativo
«virgen», se ve claramente que este término se usa en su sentido habitual: la
abstención voluntaria de los actos sexuales y la preservación de la
integridad corporal. En todo caso, la integridad física se considera esencial
para la verdad de fe de la concepción virginal de Jesús (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n.
496).
La designación de
María como «santa, siempre Virgen e Inmaculada», suscita la atención sobre el
vínculo entre santidad y virginidad. María quiso una vida virginal, porque
estaba animada por el deseo de entregar todo su corazón a Dios.
La expresión que
se usa en la definición de la Asunción, «La Inmaculada Madre
de Dios, siempre Virgen», sugiere también la conexión entre la virginidad y
la maternidad de María: dos prerrogativas unidas milagrosamente en la
generación de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Así, la virginidad de
María está íntimamente vinculada a su maternidad divina y a su santidad
perfecta.
Fuente
vatican.va
Caminando con Jesús –
Paz de Jesús – Amigos de Jesús – Amor a Maria – Nuestra Fe-El Pensamiento del
Santo Padre
"El que no renuncie a
todos sus bienes no puede ser mi discípulo"
Evangelio: Lucas 14, 25-33
En aquel tiempo caminaba con Jesús una gran
muchedumbre; él, volviéndose a sus discípulos les dijo:
«Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su
padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus
hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga
su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
Porque, quién de ustedes si quiere construir una
torre, ¿no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué
terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos no pueda
acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo:
“Este hombre comenzó a construir y no pudo
terminar”.
O qué rey que va a combatir a otro rey, ¿no se pone
primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al
encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el
otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle condiciones de
paz.
Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a
todos sus bienes no puede ser mi discípulo».
Comentarios:
Si alguno de nosotros nos dijeran que hemos ganado el cielo, nuestra
alma se emocionaría de alegría, porque se ha asegurado la vida eterna. Pero
este premio solo se alcanza con un trabajo muy grande, con sacrificio y sin
descanso. Este tarea además debe llevar implícito el gran amor que se debe
tener por el Señor.
Es así, como muchos de los que le seguían a Jesucristo, no lo hacían
con todo el amor que El se merece, sino con tibieza, por esa razón Jesús da a
conocer cómo debe ser su discípulo.
«Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su
padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus
hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo.
Tenemos que buscar el verdadero sentido de estas palabras, por qué se
nos manda a que debemos preferir el amor a Dios por encima del amor a
nuestros padres, esposa e hijos. Jesús no nos manda a no querer a nuestros
padres y familia próxima, lo que El nos pide es que no nos separemos de Dios
por amor de nuestros padres. Ningún privilegio que estemos disfrutando puede
ser superior al amor a Dios.
Luego Jesús agrega; “Y el que no carga su cruz y me sigue, no
puede ser mi discípulo.”
Por supuesto no dijo esto para que llevemos una verdadera cruz sobre nosotros,
pero si lo ha dicho para simbolizar el sacrificio que tenemos que hacer, el
que incluye entregar nuestra vida por El.
A estas palabras, le decimos a Jesús que si, deseamos ser sus
discípulos, porque el representa para nosotros una vida santa, sana, pura,
amable, afectuosa, bondadosa, divina y nos motiva de todo corazón a seguirle.
Pero seguir a Jesús, supone que el amor a Dios esta por encima de todo, de
nuestras propias actividades, nuestra vida y nuestro yo.
Porque los admirables, extremadamente buenos y extraordinarios o
sublimes mandamientos han sido dados, añade en seguida la comparación de un
gran edificio diciendo:
Porque, quién de ustedes si quiere construir una
torre, ¿no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué
terminarla?
Por tanto, todo lo que hacemos debemos prepararlo con la meditación
debida. Por ejemplo, si proyectamos levantar la torre de la humildad,
primeramente debemos prepararnos a sufrir las adversidades de este mundo.
El sentido de una torre es el de una atalaya alta para defender una
ciudad y para observar las acometidas de los enemigos. A modo de una torre de
esta clase se nos ha dado el entendimiento para conservar los bienes y prever
los males.
El Señor nos mandó que nos sentásemos para calcular al empezar la
edificación si podríamos concluirla. Es así, como se debe perseverar para
llegar al término de toda ardua empresa, observando los mandamientos de Dios
para consumar esta obra divina.
Jesús nos agrega; “No sea
que, después de haber echado los cimientos no pueda acabarla y todos los que
se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo:
“Este hombre comenzó a construir y no pudo
terminar”.
Porque ni la fábrica de la torre es una sola piedra, ni el cumplimiento
de uno solo de los preceptos puede conducir al alma a la perfección, sino que
debe existir el cimiento.
No debemos, pues, poner el cimiento -esto es, empezar a seguir a
Jesucristo- y no dar fin a la obra como aquellos de quienes dice San Juan (Jn
6,66) que muchos de sus discípulos se retiraron.
Los cimientos, son los fundamentos, nuestras obligaciones morales, las
enseñanzas del Evangelio, estos son necesarios para que podamos terminar la
torre de la fortaleza contra los enemigos de nuestras conductas como
verdaderos discípulos de Jesús.
Porque si cuando nos ocupamos de las buenas obras, no vigilamos con
cuidado a los enemigos de nuestra conducta, seremos objeto de burla de los
que al mismo tiempo nos aconsejan el mal.
Pero de esta comparación pasa a otra más elevada, para que las cosas
más pequeñas nos hagan pensar en las más grandes y dice Jesús:
“O qué rey que va a combatir a otro rey,
¿no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados
al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el
otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle condiciones de
paz.”
Nos asedia una multitud de situaciones que debemos vencer para no caer
en el pecado, contra ellas debemos prepararnos para salir victoriosos. El rey
que domina en nuestro cuerpo mortal es el pecado (Rom 6), pero nuestro
entendimiento también ha sido constituido en rey. Por tanto, el que quiera
pelear contra el pecado, piense consigo mismo y con toda su alma.
Pero las tentaciones son el doble, porque diez mil contra veinte mil es
como uno contra dos. Viene a pelear con un ejército doble en contra del
sencillo.
El fragmento del evangelio concluye:
Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a
todos sus bienes no puede ser mi discípulo».
No significan otra cosa sino que cada uno renuncie a todo lo que posee.
Ser discípulo de Jesús supone una entrega total, ante el no caben medias
tintas. Por tanto el nos pide que nos desprendamos de todo aquello que sea un
obstáculo en nuestro camino de salvación.
Por tanto no cabe duda, que el seguimiento de Jesucristo, como
autentico cristiano, nos obliga a sacrificar la comodidad y hay que tomar su
cruz con fidelidad.
Por comprender esto, Gracias Señor
Buenos días amigos y hermanos.
2 de Noviembre
CONMEMORACIÓN de los FIELES DIFUNTOS
Ayer recordábamos la fiesta de todos los Santos, los que ya
gozan del Señor. Hoy recordamos a los que se purifican en el purgatorio,
antes de su entrada en la gloria. Bienaventurados los que mueren en el Señor,
nos recuerda el Apocalipsis. Y añade: Nada manchado puede entrar en el cielo.
El purgatorio es la mansión temporal de los que murieron en
gracia, hasta purificarse totalmente. Es el noviciado de la visión de Dios,
dice el P. Fáber. Es el lugar donde se pulen las piedras de la Jerusalén
celestial. Es el lazareto en que el pasajero contaminado se detiene ante el
puerto, para poder curarse y entrar en la patria.
Pero en el purgatorio hay alegría. Y hay alegría, porque
hay esperanza. Del lado que caiga el árbol, así quedará para siempre, dice un
sabio refrán. Y en el purgatorio sólo están los salvados. En la puerta del
infierno escribió Dante: «Dejad toda esperanza los que entráis». En la del
purgatorio vio Santa Francisca Romana: «Esta es la mansión de la esperanza».
Es una esperanza con dolor: el fuego purificador. Pero es
un dolor aminorado por la esperanza. El lingote de oro es arrojado al fuego
para que se desprendan las escorias. Así hay que arrancar las escorias del
alma, para que, como un vaso perfecto, pueda presentarse en la mesa del rey.
La ausencia del amado es un cruel martirio, pues el anhelo
de todo amante es la visión, la presencia y la posesión. Si las almas santas
ya sufrieron esta ausencia en la tierra -«que muero porque no muero», clama
Santa Teresa-, mucho mayor será el hambre y sed y fiebre de Dios que sientan
las almas ya liberadas de las ataduras corporales.
Las almas del purgatorio ya no pueden merecer. Pero Dios
nos ha concedido a nosotros el poder maravilloso de aliviar sus penas, de
acelerar su entrada en el paraíso. Así se realiza por el dogma consolador de
la comunión de los santos, por la relación e interdependencia de todos los
fieles de Cristo, los que están en la tierra, en el cielo o en el purgatorio.
Con nuestras buenas obras y oraciones -nuestros pequeños méritos podemos
aplicar a los difuntos los méritos infinitos de Cristo.
Ya en el Antiguo Testamento, en el segundo libro de los
Macabeos, vemos a Judas enviando una colecta a Jerusalén para ofrecerla como
expiación por los muertos en la batalla. Pues, dice el autor sagrado, es una
idea piadosa y santa rezar por los muertos para que sean liberados del
pecado.
Los paganos deshojaban rosas y tejían guirnaldas en honor
de los difuntos. Nosotros debemos hacer más. «Un cristiano, dice San
Ambrosio, tiene mejores presentes. Cubrid de rosas, si queréis, los mausoleos,
pero envolvedlos, sobre todo, en aromas de oraciones».
De este modo, la muerte cristiana, unida a la de Cristo,
tiene un aspecto pascual: es el tránsito de la vida terrena a la vida eterna.
Por eso, a lo que los paganos llamaban necrópolis -ciudad de los muertos- los
cristianos llamamos cementerio -dormitorio o lugar de reposo transitorio-.
Así se entiende que San Francisco de Asís pudiese saludar alegremente a la
descarnada visitante: «Bienvenida sea mi hermana la muerte». Y con más pasión
aún Santa Teresa: «¡Ah, Jesús mío! Ya es hora de que nos veamos».
Este es el sentido de la Conmemoración
de los fieles difuntos. Como Conmemoración litúrgica solemne, la estableció
San Odilón, abad de Cluny, para toda la Orden benedictina. Las gentes recibieron con
gusto la iniciativa. Roma la adoptó y se extendió por toda la cristiandad.
"El cumplimiento pleno de la ley consiste en amar"
Hermanos: No tengan con nadie otra deuda que la del amor mutuo, porque
el que ama al prójimo ha cumplido ya toda la Ley. En efecto, los
mandamientos que ordenan:
«No cometerás adulterio, no robarás, no matarás, no darás falso
testimonio, no codiciarás» y todos los otros, se resumen en éste: «Amarás a
tu prójimo como a ti mismo», pues quien ama a su prójimo no le causa daño a
nadie. Así pues, el cumplimiento pleno de la Ley consiste en amar.
Salmo Responsorial: 111
"Dichosos los que temen al Señor."
Dichosos los que temen al Señor y aman de corazón sus mandamientos;
poderosos serán sus descendientes: Dios bendice a los hijos de los buenos.
R. Dichosos los que temen al Señor.
Quien es justo, clemente y compasivo, como una luz en las tinieblas
brilla; quienes compadecidos prestan y llevan su negocio honradamente, jamás
se desviarán.
R. Dichosos los que temen al Señor.
Al pobre dan limosna, obran siempre conforme a la justicia; su frente
se alzará llena de gloria.
R. Dichosos los que temen al Señor.
Evangelio: Lucas 14, 25-33
"El que no renuncie a todos sus bienes no puede ser mi
discípulo"
En aquel tiempo caminaba con Jesús una gran muchedumbre; él, volviéndose
a sus discípulos les dijo:
«Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a
su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí
mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no
puede ser mi discípulo.
Porque, quién de ustedes si quiere construir una torre, ¿no se pone
primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea
que, después de haber echado los cimientos no pueda acabarla y todos los que
se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo:
“Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar”.
O qué rey que va a combatir a otro rey, ¿no se pone primero a
considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que
viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos,
le enviará una embajada para proponerle condiciones de paz.
Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes no
puede ser mi discípulo».
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Les envío una oración para la Virgen de la ternura, que ya alguna vez compartí con ustdes y ahora la comparto también con Elvira.
----- Original Message -----
From: "Pochito" <monapochom@...>
To: <santorosario@yahoogroups.com>
Sent: Monday, November 01, 2004 10:23 PM
Subject: Re: [santorosario] saludos
>
> Mi nonbre es Elvira, gracias por la acogida.
> Tú eres Rosy ¿verdad?:
> Cariños.
> Feliz semana.
> Pochito.
>
> ----- Original Message -----
> From: "Edna Schaeffer" <schaeffer@...>
> To: <santorosario@yahoogroups.com>
> Sent: Monday, November 01, 2004 7:49 PM
> Subject: Re: [santorosario] saludos
>
>
>
> Bienvenida pochito, cual es tú nombre?. te va a encantar el
> grupo y los mensajes tan super que recibimos de los compañeros
> y amigos.
>
> Fue un placer saber de tí.
> Edna.
>
> --- ROSY <roussy2003@...> wrote:
>
> From: ROSY <roussy2003@...>
> Date: Sun, 31 Oct 2004 20:41:29 -0600 (CST)
> To: santorosario@yahoogroups.com
> Subject: Re: [santorosario] saludos
>
> BIENVENIDO POCHITO QUE LLEGUES A JESUS POR MARIA EN LA ORACION.
>
>
>
> CARIÑOSAMENTE: RoSsY
> Pochito <monapochom@...> wrote:
>
> hola a todos, soy nueva y me gustaría formar parte de Uds.
> ¿puedo?
>
> Gracias.
>
> pochito276
>
> *** a Jesús por María ***
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Muchas gracias Oscar por tú bienvenida.
Cariños
Elvira
----- Original Message -----
From: "Oscar Coronado" <oscarcoronadoamc@...>
To: <santorosario@yahoogroups.com>
Sent: Monday, November 01, 2004 8:17 PM
Subject: RE: [santorosario] saludos
>
>
> Pochito
> Bienvenida, que bueno que pases a formar parte del grupo del Santo Rosario
> Oscar
> >From: "Pochito" <monapochom@...>
> >Reply-To: santorosario@yahoogroups.com
> >To: <santorosario@yahoogroups.com>
> >Subject: [santorosario] saludos
> >Date: Sun, 31 Oct 2004 10:16:28 -0300
> >
> >hola a todos, soy nueva y me gustaría formar parte de Uds. ¿puedo?
> >Gracias.
> >pochito276
>
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----- Original Message -----
From: "Pochito" <monapochom@...>
To: <santorosario@yahoogroups.com>
Sent: Monday, November 01, 2004 10:23 PM
Subject: Re: [santorosario] saludos
>
> Mi nonbre es Elvira, gracias por la acogida.
> Tú eres Rosy ¿verdad?:
> Cariños.
> Feliz semana.
> Pochito.
>
> ----- Original Message -----
> From: "Edna Schaeffer" <schaeffer@...>
> To: <santorosario@yahoogroups.com>
> Sent: Monday, November 01, 2004 7:49 PM
> Subject: Re: [santorosario] saludos
>
>
>
> Bienvenida pochito, cual es tú nombre?. te va a encantar el
> grupo y los mensajes tan super que recibimos de los compañeros
> y amigos.
>
> Fue un placer saber de tí.
> Edna.
>
> --- ROSY <roussy2003@...> wrote:
>
> From: ROSY <roussy2003@...>
> Date: Sun, 31 Oct 2004 20:41:29 -0600 (CST)
> To: santorosario@yahoogroups.com
> Subject: Re: [santorosario] saludos
>
> BIENVENIDO POCHITO QUE LLEGUES A JESUS POR MARIA EN LA ORACION.
>
>
>
> CARIÑOSAMENTE: RoSsY
> Pochito <monapochom@...> wrote:
>
> hola a todos, soy nueva y me gustaría formar parte de Uds.
> ¿puedo?
>
> Gracias.
>
> pochito276
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Pochito.
----- Original Message -----
From: "Edna Schaeffer" <schaeffer@...>
To: <santorosario@yahoogroups.com>
Sent: Monday, November 01, 2004 7:49 PM
Subject: Re: [santorosario] saludos
Bienvenida pochito, cual es tú nombre?. te va a encantar el
grupo y los mensajes tan super que recibimos de los compañeros
y amigos.
Fue un placer saber de tí.
Edna.
--- ROSY <roussy2003@...> wrote:
From: ROSY <roussy2003@...>
Date: Sun, 31 Oct 2004 20:41:29 -0600 (CST)
To: santorosario@yahoogroups.com
Subject: Re: [santorosario] saludos
BIENVENIDO POCHITO QUE LLEGUES A JESUS POR MARIA EN LA ORACION.
CARIÑOSAMENTE: RoSsY
Pochito <monapochom@...> wrote:
hola a todos, soy nueva y me gustaría formar parte de Uds.
¿puedo?
Gracias.
pochito276
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Pochito
Bienvenida, que bueno que pases a formar parte del grupo del Santo Rosario
Oscar
>From: "Pochito" <monapochom@...>
>Reply-To: santorosario@yahoogroups.com
>To: <santorosario@yahoogroups.com>
>Subject: [santorosario] saludos
>Date: Sun, 31 Oct 2004 10:16:28 -0300
>
>hola a todos, soy nueva y me gustaría formar parte de Uds. ¿puedo?
>Gracias.
>pochito276
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Rosy
Entiendo los dificiles momentos que te han tocado vivir, te puedo decir que
sigas con fe rezando el Rosario para aceptar con humildad los designios de
nuestro padre.
>From: "rosa rosy" <rovicejas@...>
>Reply-To: santorosario@yahoogroups.com
>To: santorosario@yahoogroups.com
>Subject: RE: [santorosario] MARIA VIRGEN PERPETUA, MATERNIDAD DIVINA Y
>PERFECTA SANTIDAD
>Date: Sat, 30 Oct 2004 15:08:43 -0300
>
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Hola queridos amigos de santorosario, les contare con hace muy poco me suscribri a este pagina y me ha gustado mucho. Les dire también que el 6 de noviembre se cumpliran tres meses de la muerte de mi hijo de 17 años, muerte sorpresiva de la cual he estado muy triste y desolada, como mujer comprometida con el Señor, solo podrá darme la fortaleza para continuar con la tarea que Él me encomendo que es cuidar una familia, a mi esposo que muy pronto tendrá que operarse y cuidar de mi hijo Jaime de 16 años. El designio de la muerte un gran misterio para nosotros los humanos. También hago mucha oración a nuestra madre la Virgen María quien como madre entiende y su manto de protección estoy protegiendome. Bueno les agradezco el haber leído mi mail, y les deseo un buen fin de semana en familia. Confiando en nuestro Señor y en María Santísima, me despido
>From: "Pedro Sergio Antonio Donoso Brant" <p.s.donoso@...> >Reply-To: santorosario@yahoogroups.com >To: <santorosario@yahoogroups.com> >Subject: [santorosario] MARIA VIRGEN PERPETUA, MATERNIDAD DIVINA Y PERFECTA SANTIDAD >Date: Fri, 29 Oct 2004 16:52:30 -0300 > > > > > >MEDITACIONES SOBRE LA VIRGEN MARIA > >Pedro Sergio Antonio Donoso Brant > > >Maria, virgen perpetua, maternidad divina y perfecta santidad > > > > >A través de los evangelios podemos descubrir como Maria madre de Jesús, es >virgen perpetua, su maternidad divina y su perfecta santidad. > > > >I. Virgen Perpetua > > > >1. Maria se encontraba sin mancha y perfectamente virgen cuando concibió a >su divino Hijo, cuando dio a luz y cuando fue asunta a los cielos. > > > >2. La pregunta de María según san Lucas 1:34; María entonces dijo al ángel: >« ¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?». Esta pregunta es clara y deja >establecida que María era virgen y sin mancha. Luego la respuesta del ángel >ratifica el concepto anterior, según san Lucas 1:35,37; Contestó el ángel: >«El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá >con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de >Dios. También tu parienta Isabel está esperando un hijo en su vejez, y >aunque no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes del embarazo. >Para Dios, nada es imposible». > > > >3. Otra aclaración la encontramos en la manera de comportarse de José con >María, el en un momento tuvo alguna duda, según san Mateo 1:19-21; Su >esposo, José, pensó despedirla, pero como era un hombre bueno, quiso actuar >discretamente para no difamarla. Mientras lo estaba pensando, el Ángel del >Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, descendiente de David, no >tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; si bien está >esperando por obra del Espíritu Santo. Tú eres el que pondrás el nombre al >hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de >sus pecados». > > > >4. Para mayor aclaración y para que no quepa ninguna duda continua según san >Mateo 1; 22-25; Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho >el Señor por boca del profeta: La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y >le pondrán por nombre Emmanuel, que significa: Dios-con-nosotros. Cuando >José se despertó, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y tomó >consigo a su esposa. Y sin que hubieran tenido relaciones, dio a luz un >hijo, al que puso por nombre Jesús. > > > >5. El mismo Jesús se encarga en dirigir una aclaración a los judíos, las que >demuestran como María conservó su virginidad durante la concepción de su >divino Hijo. Así lo dice según san Juan 8:19; Le preguntaron: « ¿Dónde está >tu Padre?» Jesús les contestó: «Ustedes no me conocen a mí ni a mi Padre; si >me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre». > > > >6. En la lectura según san Mateo 1; 18, expresa también claramente la >virginidad de Maria y el origen de su embarazo, lo dice así; “Este fue el >principio de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José; pero >antes de que vivieran juntos, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. >Se destaca la expresión “antes de que vivieran juntos”. Lo que es reiterado >como se dijo según san Mateo 1; 25. “Y sin que hubieran tenido relaciones, >dio a luz un hijo, al que puso por nombre Jesús.” > > > >7. Por otra parte, san Lucas nos dice que Jesús es primogénito, que >significa primer engendrado, primer hijo, así se expresa en Lc 2:22-23; >Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo a la Ley de Moisés, debían >cumplir el rito de la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para >presentarlo al Señor. Tal como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón >primogénito será consagrado al Señor.” > > > >8. Por otra parte, como consecuencia de que se mencionan en los evangelios >la expresión los hermanos de Jesús, algunos están empecinados, obstinados, >encaprichados y empeñados con mucho afán en demostrar que son hijos de >María. Sin embargo en ninguna parte se habla de los hijos de Maria. > > > >Al respecto es bueno aclarar lo siguiente sobre el término hermanos: > > > >Respecto de una persona, otra que tiene sus mismos padres o solo el mismo >padre o la misma madre. Persona que vive en una comunidad religiosa o >pertenece a ella sin tener ninguna de las órdenes clericales. Persona a la >que está unida por algún vínculo ideológico o espiritual: “Los cristianos >son hermanos en Cristo.” Miembro de una hermandad, de una cofradía o de una >comunidad religiosa. Respecto de una cosa, otra a la que es semejante. Uno >que tiene la misma ascendencia o de la misma raza o de una nación salida de >un mismo antepasado. Aliado o correligionario. Hombre al que se ama con >tanto afecto como al propio hermano o al que uno se dirige respetuosamente >con este tratamiento. Sin exclusiones, todos los miembros de la gran >fraternidad humana. > > > >Es así como nos queda claro que "los hermanos de Jesús" no son ni los hijos >de María ni los hermanos de Nuestro Señor, en un sentido estricto del >término, sino sus primos, los parientes más o menos cercanos, los de la >misma raza, los de la misma nación, los hombre que lo aman, los que a El se >dirigían con respeto. > > > >María, con el nacimiento del Hijo de Dios no disminuye, sino que consagró su >integridad virginal y de madre, privilegio de María. > > > >II Maternidad divina > > > >Con todo lo anterior, según san Lucas y san Mateo, la maternidad divina de >María no tiene lugar a dudas. Pero aún hay más, como se expresa según san >Juan, 1; 13-14; “Han nacido, no de sangre alguna ni por ley de la carne, ni >por voluntad de hombre, sino que han nacido de Dios. Y la Palabra se hizo >carne, puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su Gloria: la Gloria que >recibe del Padre el Hijo único, en él todo era don amoroso y verdad. > > > >Jesús es la Palabra hecha carne, la Palabra que asumió la naturaleza humana >en el vientre de María. Como María es verdaderamente la madre de Jesús, y >Jesús es verdadero Dios desde el primer momento de su concepción, María es >en verdad la madre de Dios. Maternidad Divina. > > > >III La santidad perfecta de María > > > >Nuestra primera y más grande Santa, es la Virgen María, Madre de Dios. Es >concebida sin la mancha del pecado original. Ella tiene la mayor humildad >que se conoce. María es madre de la paciencia en toda su vida. Ella es >ejemplo de obediencia a Dios. Ejemplo de niña, Ejemplo de esposa, ejemplo >de madre, ejemplo de mujer, ejemplo de santidad, como se expresa en las >palabras según san Lucas 1: 39-48: “Una vez que cumplieron todo lo que >ordenaba la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El >niño crecía y se desarrollaba lleno de sabiduría, y la gracia de Dios >permanecía con él. Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para >la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió los doce años, subió también >con ellos a la fiesta, pues así había de ser. Al terminar los días de la >fiesta regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus >padres lo supieran. Seguros de que estaba con la caravana de vuelta, >caminaron todo un día. Después se pusieron a buscarlo entre sus parientes y >conocidos. Como no lo encontraran, volvieron a Jerusalén en su búsqueda. Al >tercer día lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la >Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban >asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Sus padres se emocionaron >mucho al verlo; su madre le decía: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu >padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos». > > > >Esta es la dulzura de la Madre de Dios, según san Lucas 2; 6-7; Mientras >estaban en Belén, llegó para María el momento del parto, y dio a luz a su >hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no >había lugar para ellos en la sala principal de la casa. San Lucas 2; 33; Su >padre y su madre estaban maravillados por todo lo que se decía del niño. > > > >Pero ella también es fuerte en los momentos duros, según san Lucas 2: 34-35, >cuando Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, este niño traerá >a la gente de Israel ya sea caída o resurrección. Será una señal impugnada >en cuanto se manifieste, Mientras a ti misma una espada te atravesará el >alma. Por este medio, sin embargo, saldrán a la luz los pensamientos íntimos >de los hombres». > > > > > >María sabe asumir el dolor y acompaña a su hijo en su agonía, como lo dice >san Juan 19; 25-27; Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la >hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala. Jesús, al ver a >la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: >«Mujer, ahí tienes a tu hijo». Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu >madre». Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa. > > > >María, vivió libre de todo pecado por un privilegio especial de Dios. María >fue inmaculada por privilegio divino. > > > >Te saludamos y te veneramos María, Madre de Dios, eres un tesoro venerado >por el universo entero, tu madre nuestra eres la luz que nunca se apaga. > > > >María, madre mía, eres dueña de mi corazón > >Pedro Sergio Antonio Donoso Brant > > > > > > >Caminando con Jesus – Amor de Jesús – Paz de Jesús –Amigos de Jesús – Amor a >María – Nuestra Fe – El Camino de los Santos > >Pedro Sergio Antonio Donoso Brant - Santiago de Chile > > >p.s.donoso@... > >www.autorescatolicos.org <http://www.autorescatolicos.org/> > > >
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--- ROSY <roussy2003@...> wrote:
From: ROSY <roussy2003@...>
Date: Sun, 31 Oct 2004 20:41:29 -0600 (CST)
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Subject: Re: [santorosario] saludos
BIENVENIDO POCHITO QUE LLEGUES A JESUS POR MARIA EN LA ORACION.
CARIÑOSAMENTE: RoSsY
Pochito <monapochom@...> wrote:
hola a todos, soy nueva y me gustaría formar parte de Uds.
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·LA ESPERANZA DEL PURGATORIO Y EL CAMINO DEFINITIVO HACIA LA LUZ ETERNA
·LA ALEGRÍA ANTELA
RESURRECCIÓN QUE NOS ANUNCIADO JESÚS
·RESUCITAREMOS
CON CRISTO COMO EL JARDINERO VE LAS ROSAS DEL JARDÍN,
SIN QUE ELLAS LE VEAN, NUESTROS DIFUNTOS RADIANTES NOS VEN SIN SER VISTOS.
SON INVISIBLES PERO NO AUSENTES.
"Preciosa es a los ojos del Señor,
la muerte de sus santos" (Sal 115,15).
"Santo y saludable es el
pensamiento de orar por los difuntos para que queden libres de sus
pecados" (2 Ma 12, 46).
Una solemne y certera afirmación del Concilio Vaticano II, asegura que "el
máximo enemigo de la vida humana es la muerte. El hombre sufre con el dolor
y con la disolución progresiva del cuerpo, pero su máximo tormento es el
temor de un definitivo aniquilamiento. Juzga con instinto certero, cuando
se resiste a aceptar la perspectiva de la ruina total y de la desaparición
definitiva de su personalidad. La semilla de eternidad que lleva en sí se
subleva contra la muerte" (GS 18).
LA FALTA DE LÓGICA DEL MUNDO.
El mundo secularizado "en el que el pecado ha adquirido carta de
ciudadanía y la negación de Dios se ha difundido en las ideologías, en los
conceptos y en los programas humanos" (Juan Pablo en Portugal), divide
la vida humana en dos realidades biológicas contrarias: la vida y la
muerte. En consecuencia pretende extraer de la vida el máximo rendimiento
en éxito, poder, dinero y placer, y ante la muerte experimenta horror,
espanto, desesperación y angustia. E inconscientemente, adopta la actitud
del avestruz, y, silencia la muerte como si no existiera. Luís XIV, el rey
Sol francés, sentía tal horror ante la muerte que se construyó el Palacio
de Versalles, tratando de escapar de la proximidad del panteón de los Reyes
de Saint Donis en San Germain, porque le recordaba la muerte. Un día que el
predicador del soberano, exclamó conmocionado en el sermón:
-- Todos mueren, Majestad. Se levantó furioso el rey
del trono, lanzó una mirada fulminante que estremeció al orador, que todo
azarado, le hizo corregirse: --Casi todos,
Majestad.
En cada hombre se oculta una
protesta y un terror inevitable ante la muerte. Este hecho no puede ser
explicado por una antropología metafísica, pues reconociendo que el hombre
por ser espiritual es inmortal, sabe también que siendo criatura biológica
tiene que morir. Por tanto hemos de deducir que, aunque la muerte está en
manos de Dios, la angustia del hombre ante la muerte es consecuencia del
pecado y no castigo impuesto por Dios desde fuera sin conexión intrínseca
con el delito (Rm 6,23). La verdadera pena del pecado es interior y va
unida a la misma culpa, y consiste en la privación de la cercanía de Dios
como consecuencia del distanciamiento de la voluntad humana y libre, de él.
El hombre, criatura de Dios, se estremece desde la raíz de su ser elevado
por la gracia, ante el misterio último de vacío del misterio de iniquidad,
porque la gracia que actúa en él, le llama incesantemente y con
urgencia.
Como reacción y resultado
se absolutiza la vida terrena y se rechaza la muerte, que ha quedado
convertida en tabú, por lo que se habla muy poco e ella. Julián Marías en
España y Jean Guitton en Francia, han hecho notar esta carencia en la
cultura y en la predicación de hoy. Ahora, casi ocurre con la muerte, como
antes con el sexo que apenas si se hablaba del tema, y se han invertido los
términos.
Pero como "el hombre
no puede vivir sin esperanza porque su vida, condenada a la
insignificancia, se convertiría en insoportable" (Documento final del
Sínodo para Europa, 23 de octubre de 1999), de tal manera que muchos
increyentes desearían gozar de esa esperanza, ante esta visión terrena de
la vida que se queda en las fronteras de este mundo, los cristianos hemos
de tener el coraje de oponer la visión cristiana de la vida y de la muerte,
con la fe en la resurrección, que es la gran novedad del evangelio de
Jesús. Cristo resucitado, convertido en primicia de los que han muerto,
explica nuestra vida terrena y nuestra muerte, y nos garantiza la certeza
de nuestra resurrección. A la visión invasora biológica vida-muerte,
naturalista y terrena, Cristo añade: RESURRECCIÓN. No hay una separación,
sino una continuación y consumación de la misma vida.
NACIDOS POR EL
BAUTISMO.
Por el Bautismo hemos penetrado los cristianos en la muerte de Cristo que
destruye el pecado y nos deja la semilla de la vida, "para caminar en una vida nueva"
(Rm 6,4), a través de la continuada muerte y resurrección que anuncia San
Pablo: "Cada día muero"
(1 Cor 15,31). Por el bautismo somos crucificados con Cristo, y por la vida
cristiana vivida por el hombre bautizado se consuma en nosotros la muerte
de Cristo. Cristo, la resurrección y la vida, que ha dicho que "el que crea en Mí, aunque haya muerto,
vivirá", es el que derriba el muro entre la vida y la
muerte con la fuerza de su RESURRECCIÓN. Cristo ha vencido en su propio
terreno a la muerte. En torno de la carita de una niña zurea una avispa.
Aterrorizada, grita la niña. Corre su madre y abraza a la niña y la avispa
clava su aguijón en el cuerpo de la madre. Así puede Pablo apostrofar con
fuerza : "¿Dónde está, muerte, tu
victoria? ¿dónde está, muerte, tu aguijón?" (1 Cor 15,55). "Yo los salvaré del poder de la muerte"
(Os 13,14).
¿Y la muerte? ;Dónde está
la muerte?. "En lugar de la muerte tenía la luz", escribió un
poeta. Y otro de los nuestros: "Morir sólo es morir./ Morir se acaba./
Morir es una hoguera fugitiva./ Es cruzar una puerta a la deriva / y
encontrar lo que tanto se buscaba" (Martín Descalzo).
REALIDAD AMBIVALENTE DE LA MUERTE.
Sin embargo la realidad de fe no elimina la sensibilidad humana ante el
hecho traumático de la muerte, pero le da un sentido. ¿No lloró Jesús ante
el sepulcro de Lázaro, a punto de resucitarlo? (Jn 11,40). Y ¿no se sintió
triste hasta la muerte en Getsemaní y pidió al Padre que pasara de El el
cáliz? (Mt 26,39).
Nuestra resurrección
seguirá el modelo de Cristo viviendo una vida nueva en la que nos
encontraremos a nosotros mismos, pero de un modo diverso: "Se siembra en corrupción y resucita en
incorrupción; se siembra en vileza y resucita en gloria; se siembra en
flaqueza y resucita en fuerza; se siembra cuerpo animal y resucita cuerpo
espiritual" (1 Cor 15,42).
Nosotros conocemos la
muerte, como una realidad que ha causado en nuestra carne desgarramientos
dolorosos. Acuden a nuestra mente nombres de personas, rostros, palabras
hermosas, que llenan el recuerdo de los días vividos juntos, o de
sufrimientos que nos hacían llorar viendo el dolor de los que hemos amado,
que nos dolía casi más que si lo sufriéramos nosotros, impotentes para
apagarlo y se nos representan los lugares animados por personas queridas y
amadas. San Agustín nos cuenta su tristeza al morir su madre y su llanto
copioso. El lenitivo nos lo ofrece la fe. Pensemos que están con nosotros.
Si son invisibles, no están ausentes. Nos podemos comunicar con ellos.
Están presentes a nosotros con su oración, inspiraciones, el amor, que
permanece completamente transfigurado, o en vías de maduración. Por eso
ofrecemos nuestra oración y sobre todo la Eucaristía, para
que la Sangre
de Cristo la acelere.
FECUNDIDAD DEL GRANO QUE
MUERE.
"Si el grano no cae en la tierra y muere, queda infecundo, pero si
muere, produce mucho fruto" (Jn 12,24). De ese grano muerto en el calvario y
enterrado, han brotado tres espigas: la de la vida celeste, la de la vida
que se purifica y la que peregrina en este mundo. Las tres están unidas en
la caridad. Estamos unidos con nuestros difuntos, pues la familia no se
divide, sino que se transfigura en la ciudad celeste y ellos nos ven, como
el jardinero ve las rosas en el jardín, aunque las rosas, que viven una
vida inferior, no vean al jardinero. Nosotros somos esas rosas visibles
para ellos, pero ciegos para verlas.
EL NACIMIENTO TRAUMATICO.
Los que se fueron, ante la muerte se han sentido como el niño que va a
nacer: Al tener que salir del seno materno al aire y la luz de este mundo,
si el niño tuviera conciencia de su momento, creería que iba a morir. Está
sintiendo la pérdida total de su estado de vida que goza, de la seguridad
en que se encuentra y de todo lo que ha sido y es el medio ambiente de su
vida encerrada, pero que no conoce otra. Al despojarle totalmente de ese
medio con la incertidumbre o ignorancia de lo que viene, desconocido e
inseguro, aunque después no recordará nada, sufre más él que la madre que
lo saca a la luz, porque al perder la respiración que era la propia de la
madre, no goza aún de su respiración nueva. De tal manera que nadie
nacería, si la naturaleza no le obligara. Si en el seno de la madre
quedaran más niños, al ver sufrir tantas angustias al que está naciendo,
todos creerían que moría, y nadie que nacía. Pero los que están en este
mundo esperando su nacimiento, saben que el niño no muere, sino que nace, y
todos lo esperan ansiosos con alegría y de hecho, a la muerte, la Iglesia la llama
"dies natalis". La realidad es que va a comenzar una nueva etapa
en su vida: va a gozar de una vida más plena, para lo cual era preciso
dejar los harapos de la anterior, para comenzar a vivir en el ambiente de
Dios infinito, inmenso y tododichoso y en el hogar de su seno. Nunca
añorará su vida anterior, que sería añorar la placenta en que vivía. El
dolor que le ha costado el nacer es consecuencia del pecado original.
Cristo Resucitado ha ganado esta victoria para el hombre, lleno de ansiedad
y pobre ante el misterio de la muerte, liberándolo de la muerte con su
propia muerte.
La muerte es por tanto un
episodio, un paso, una pascua, una transformación. En realidad no hay
muerte, sino superación de vida, como el gusano de seda no muere sino que
se transforma en mariposa. Habrá dolores, porque el grano de trigo no muere
sin destrucción. El despojo que la muerte obra en el hombre para pasar a la
vida nueva, se obra con dolor y quebranto. Pero no nos fijemos
exclusivamente en esa destrucción olvidando sus consecuencias en el más
allá. Iluminados por la fe hemos de contemplar a nuestros difuntos camino
de la Pascua
de Cristo, que con su muerte destruyó la muerte, y con su Resurrección nos
dio la vida. Cristo ha hecho de su muerte el momento más trascendente de su
vida, para llevarlos a su seno donde viven y vivirán para siempre unidos a
nosotros.
PURGATORIO: TRANSFORMACIÓN, LA DOCTRINA DE LOS
CONCILIOS.
El Concilio de Trento, afirma que el purgatorio existe y la Iglesia puede ayudar
con su intercesión a cuantos se encuentran en él (D 1580). Y el Vaticano
II: "La Iglesia
de los viadores, teniendo perfecta conciencia de la comunión que reina en
todo el cuerpo místico de Jesucristo, ya desde los primeros tiempos, guardó
con gran piedad la memoria de los difuntos y ofreció sufragios por ellos,
porque "santo y saludable es el
pensamiento de orar por los difuntos para que queden libres de sus
pecados" (2 Ma 12, 46).
La fe nos ofrece la
posibilidad de una comunión con nuestros hermanos queridos, arrebatados por
la muerte, dándonos la esperanza de que poseen ya en Dios la vida
verdadera. Sigue el Vaticano II: "Este Concilio recibe la venerable fe
de nuestros antepasados sobre el consorcio vital con nuestros hermanos de
la gloria celeste, o de los que se purifican después de la muerte y
confirma los decretos de los Concilios Niceno II, Florentino y
Tridentino". "Nuestra debilidad queda más socorrida por su
fraterna solicitud. La iglesia peregrinante, reunida en Concilio, sintió la
necesidad de manifestar su conciencia de estar ontológicamente unida a la Iglesia celeste".
"Algunos de los discípulos del Señor peregrinan en la tierra, otros,
ya difuntos, se purifican, mientras otros son glorificados contemplando
claramente al mismo Dios, Uno y Trino, tal cual es; mas todos estamos
unidos en fraterna caridad y cantamos el mismo himno de gloria a nuestro
Dios (LG 49).
LA FE RAZONADA.
La muerte sorprende al hombre cuando su desarrollo, por sus faltas y
negligencias, no ha culminado aún. Pero el deseo de su voluntad profunda es
conseguir la talla de la divina voluntad. Y mientras el hombre no esté
limpio y refulgente hasta sus raíces, es imperfecto y no puede participar
de la visión de Dios, como quien tiene cataratas. Cuando nace un niño
prematuro, el cariño de sus padres lo deposita en la incubadora hasta que
llegue a su plena maduración. El bautismo nos sembró la semilla de la
resurrección. Durante nuestra vida se va desarrollando Cristo por el
ejercicio de las virtudes evangélicas y el alimento de los sacramentos,
sobre todo de la eucaristía: "Quien
come mi carne y bebe mi sangre, vivirá eternamente" (Jn
6,55). Esta vida culmina en la muerte, en la cual el cristiano se asimila a
Cristo muerto y resucitado. Si al morir está todavía inmaduro, el mismo
cristiano al verse ante Dios, se ve imperfecto y dice como San Pedro: "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador,
aunque quiero estar contigo".
El Padre Dios coloca a ese cristiano, a ese hijo inacabado,
en una incubadora que se llama Purgatorio, negado por los protestantes,
pero definido, como hemos probado por la Iglesia Católica,
siempre que tomemos las metáforas como tales y no como realidades
literales, pues la representación de las llamas crueles ha distorsionado la
realidad del purgatorio, y la sensibilidad moderna de las horribles
historias oídas sobre los suplicios de las pobres almas, se muestra
incrédulo o pasa de la verdadera realidad. El sentido cristiano del
purgatorio no es la existencia de una especie de campo de concentración,
donde el hombre tiene que purgar penas impuestas de una manera más o menos
positivista y justiciera, sacadas de un código voluminoso, aplicado
caprichosamente, sino el proceso radicalmente necesario de transformación
del hombre para vestirle las galas que corresponden al banquete de bodas
del Cordero. No pudiendo merecer, sólo pueden esperar con la llama de un
ansia que da pena. De la misma manera cuando nosotros hablamos de la
duración del purgatorio en términos de tiempo humano, por la debilidad de
nuestra inteligencia, el espíritu adivina que es un tiempo nuevo y
espiritual y de fino y puro desarrollo al que el dolor coopera.
LA CARIDAD HACIA LAS ALMAS DEL
PURGATORIO EN LA
COMUNIÓN DE LOS SANTOS
Santo Tomás enuncia el principio de la doctrina de los
sufragios por los difuntos, diciendo: "Todos los fieles en estado de gracia están unidos por la caridad y
son miembros de un solo cuerpo, el de la Iglesia. Ahora
bien, en un organismo cada miembro es ayudado por los demás (IV Sent45, q2, a2,4; y Sup q71, a1). Sólo Jesús, cabeza de la humanidad, ha
podido merecer en justicia por nosotros, pero todo justo puede ayudar a su
prójimo, no con mérito de condigno,
sino con mérito de conveniencia, fundado
en la caridad, aunque no en la justicia. Por la caridad fraterna, Dios
ayuda a los que nosotros amamos, a quienes podemos favorecer con obras
satisfactorias y con la oración. Porcaridad
debemos amar a Dios sobre todas las cosas, y amar como a si mismo a los
hijos de Dios, y a los que están llamados a la misma bienaventuranza
eterna. Como las almas dolientes del Purgatorio son hijas de Dios y Jesús
vive en ellas íntimamente, debemos amarlas como a nuestro prójimo, sobre
todo a las que son de nuestra misma familia terrena, con las que tenemos
deberes especiales de caridad, tanto más cuanto que esas almas dolientes no
pueden hacer nada por sí mismas; no pueden ya ni merecer, ni satisfacer, ni
recibir los sacramentos, ni ganar indulgencias; no pueden más que aceptar y
ofrecer sus sufrimientos o satispasión. Por eso es muy necesario ayudarlas.
La Madre María
de la Providencia,
fundadora de las Auxiliadoras del Purgatorio (1825-1871), siendo aún una
muchacha, decía a sus amigas: «Si una de nosotras estuviese en una prisión
de fuego y pudiéramos sacarla de allí diciendo una palabra ¿no es verdad
que la diríamos inmediatamente?... Las almas del Purgatorio están en una
prisión de fuego, pero Dios no pide más que unaoración para librarlas, y nosotros no decimos esa oración».
Esta joven llegó poco a poco a iniciar esta intuición: «la liberación de
las almas del Purgatorio para mayor gloria de Dios: hay que entregarle esas
almas, que El llama a sí». El cura de Ars dijo a esta jovencita: "Hará
bien en fundar una Orden para las almas del Purgatorio: es Dios el que la
ha inspirado hacer una obra tan sublime..., esta Orden tomará rápido
incremento dentro de la
Iglesia". Dice el padre Faber, que al ofrecer
sufragios por estas almas se obra con seguridad de éxito, porque serán seguramente
liberadas; lo que se hace por ellas nunca es en balde. La caridad ejercida
con ellas es excelente, porque contribuye a dar a Dios almas que El atrae a
sí y a dar a esas almas el mayor de todos los dones: Dios contemplado cara
a cara, obteniéndoles más pronto la eterna bienaventuranza. Al mismo tiempo
se acrecienta el gozo accidental del Señor; de su Madre y de los Santos.
¿CÓMO EJERCITAR ESTA CARIDAD?
Con sufragios, o sea con nuestrosméritos de conveniencia, nuestras
oraciones, obras satisfactorias, limosnas, lucrando indulgencias y, sobre
todo, mediante el Sacrificio de la Eucaristía. La
Iglesia en todas las Misas noshace
orar por ellas y abre ampliamente para ellas el tesoro de los méritos de
Cristo y de los Santos con las indulgencias.
Santo Tomás plantea la siguiente pregunta: «¿Los
sufragios ofrecidos por un difunto, son más provechosos para él que para
los demás difuntos?» Y responde: «La intención en cuanto a la remisión de
la pena, los hace más ventajosos para el difunto por quien se ofrecen, pero
por caridad, que no debe excluir a nadie, aprovechan más a los difuntos que
la tienen más plena y consiguientemente les proporcionan mayor consuelo.
Estos reciben más porque están mejor dispuestos. Esa es la distinción entre
el fruto especial de la Misa para la persona a
quien es especialmente aplicada, y el
fruto general, en el que participan todos los fieles difuntos, y
que no disminuye por muy grande que sea el número de los que participan de
él».
También se pregunta Santo Tomás (IV Sent d 45, q.2, a. 2 y 4.—Su ppl q71, a 13): ¿Los
sufragios ofrecidos por varios difuntos
a la vez, les son tan provechosos como si fuesen ofrecidos por
uno solo? Es decir:¿si una Misa se celebra por veinte o treinta o por
muchísimos más?. Y contesta: «A causa de la caridad que los inspira, estos
sufragios son tan provechosos para muchos como si fuesen ofrecidos por uno
solo, porque la caridad no disminuye con la multiplicidad y así, una sola
Misa alivia lo mismo a diez mil almas que a una sola. Pero como satisfacción y remisión de la pena,
que se tiene intención de aplicar a los difuntos, son más provechosos para
aquel por quien son ofrecidos en concreto».
Este era el pensamiento de Santo Tomás, joven, cuando
escribió el Comentario sobre la IX de las Sentencias (d.
45, q2, a 2 y 4), pero hacia el fin de su vida, cuando escribe la Summa(III, q79, a5), matiza: «Aun cuando
la oblación de este sacrificio, por su propio valor, baste para satisfacer
por toda la pena, sin embargo, es satisfactoria para aquellos por los
cuales es ofrecida y para los que la ofrecen según la medida de su devoción, y no para toda la pena».
Esa medida de devoción depende, en las almas del Purgatorio, de las
disposiciones que han tenido en el momento de la muerte.
Aquí, el Santo Doctor no señala más límite al efecto
satisfactorio del Santo Sacrificio, que el de la devoción de los que la
ofrecen y de aquellos por quienes es ofrecida. Y es generalmente admitido
que una sola Misa ofrecida por todos los fieles, aun cuando sean muy
numerosos, es tan provechosa para cada uno, según su devoción, como si
estos fieles fuesen menos numerosos.
Los grandes comentaristas de Santo Tomás (sobre la III, q79, a5), Cayetano,
Juan de Santo Tomás, Gonet, los carmelitanos de Salamanca, escriben sobre
el valor infinito de la Misa,
por razón de la Víctima
inmolada y del sacerdote principal oferente, que una sola Misa ofrecida por muchas personas, puede ser tan
provechosa para cada una de ellas como si hubiese sido ofrecida por ella
sola, como el sol ilumina lo mismo a diez mil personas que a una
sola. El efecto de una causa universal sólo queda limitado por la capacidad
de los sujetos que reciben su influencia. Así, una de las tres Misas que se
celebran el día de difuntos, celebrada por todos los difuntos, puede ser
muy provechosa para las almas del Purgatorio abandonadas, por quienes nadie
encarga nunca celebrar una Misa.
FRUTOS DE ESTA CARIDAD
Con el sacrificio de la Misa celebrada por los difuntos podemos hacer
descender la sangre redentora sobre las almas del Purgatorio, y apresurar
la hora de su liberación. Ahora bien, cada una de esas almas es como un
universo espiritual que gravita hacia Dios. Nosotros podemos ayudarlas a
unirse más pronto a El. Y si no podemos hacer celebrar el. santo Sacrificio
por nuestros difuntos, asistamos a él con esa intención. Hagamos lo posible
para ganar para ellos una indulgencia plenaria, puesto que ese tesoro está
abierto para sus almas, aprovechémonos por exigencia de caridad. Muchos
fieles, convencidos como están por falta de instrucción y por el influjo
protestante tan infiltrado de que el cielo es muy barato, creen en la
liberación de las almas de sus difuntos, que ni rezan ni ofrecen misas por
ellos. Relata Garrigou-Lagrange: Un día, después de una conferencia que dí
en Ginebra, un protestante muy culto y de una inteligencia muy despierta
vino a mi encuentro. Le pregunté de buenas a primeras: -¿Cómo es que Lutero
ha llegado a la conclusión de que la fe en los méritos de Nuestro Señor
Jesucristo basta por sí sola para la salvación, y que no es necesario
observar los mandamientos, ni siquiera los del amor de Dios y del prójimo?
-Me respondió: -Es muy fácil. ¿Cómo muy fácil?
Es diabólico -añadió
él-. No me hubiera atrevido a decíroslo -repuse-; pero entonces ¿cómo es que
eres luterano? -En mi familia -dijo-lo somos de padres a hijos, pero
próximamente yo entraré en la religión católica. Así ha podido escribir el
Padre Monsabré: "Para ser consecuente con los principios sobre la
justificación, el protestantismo ha negado el dogma del Purgatorio. Al
poderse salvar el hombre por la sola fe en los méritos de Jesucristo, sin
tener que inquietarse por sus propias obras, evidentemente no tiene nada
que ver, después de la muerte, con la Justicia divina, y sólo debe preocuparse de
su audaz e imperturbable confianza en la virtud redentora de Aquél, de
cuyos méritos disfruta después de haber violado sus preceptos".
Ayudemos a los difuntos con muchos actos de virtud en el
transcurso del día, con una señal de la cruz, con una limosna, con una
contrariedad aceptada, con una tentación vencida por amor, con sacrificios
y obras de de caridad. Pensemos en las almas más abandonadas y, alguna vez,
en las más santas que sufren también mucho.
LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS
Así penetraremos cada vez más en el misterio de la Comunión de los Santos. Dios acepta todos los
actos sobrenaturales que se elevan hacia El; acepta el sufrimiento de estas
almas que no pueden ya hacer nada por sí mismas. Y nos recompensa también
por nuestra caridad; de esta manera veremos cada vez mejor el valor de la
vida presente, el vacío de las cosas terrenas, la gravedad del pecado, la
necesidad de reparación, el valor de la cruz y de la Misa. Dios se
complace en recompensar nuestros más pequeños servicios. Además, las almas
del Purgatorio, beneficiadas por nosotros, tras su liberación, no dejarán,
por gratitud, de ayudarnos; más aún, antes de su liberación, ruegan por sus
bienhechores. Sienten efectivamente la caridad que no excluye a ninguno, y
toman como un deber especial el rogar por aquellos de sus familiares que
quedaron en la tierra.
TESTIMONIOS DE MÍSTICOS Y
POETAS.
Santa Catalina de Génova, considerada como la mística del Purgatorio, dice
que su fuego es sabroso, aunque mortificante, como todo lo que purifica.
¿Qué hace el crisol con el oro? En el purgatorio, las almas, puros
espíritus, están abrasadas de amor y, al no tener nada, porque están
desnudas, como tenían en este mundo, que les pueda distraer del ansia de
ver y unirse a Dios, para lo que fueron creadas, se mueren porque no
mueren. Al no estar hechizada ni cegada y deslumbrada por la belleza y
poder humano, anhela a Dios con todas sus fuerzas. El insatisfecho anhelo
de Verdad y de Amor quema al hombre como fuego. El ansia de Dios lo devora.
A medida que se van penetrando más y más de amor su deseo de Dios va
creciendo con movimiento uniformemente acelerado. Así pudo escribir Santa
Catalina de Génova, ya citada: "Es una pena tan excesiva, que la
lengua no sabría expresarla, ni la inteligencia concebir su rigor. Pero no
creo que se pueda hallar un contento igual al de las almas del purgatorio,
si no es el de los bienaventurados en el cielo. El contento aumenta cada
día, a medida que Dios penetra en el alma en pena, y la atraviesa a medida
que se desvanecen los obstáculos que a ello se oponían".
A medida que todos sus
niveles humanos van siendo invadidos por el amor, se inflama más y más su
deseo, y su egoísmo va siendo consumido. Dante en la Divina Comedia,
en el canto XXIII del Purgatorio, escribe este verso de profunda dulzura:
"Se oyó llorar y cantar: "Domine, labia mea aperies", con
tal acento que hacía nacer en nosotros placer y dolor". Cuanto más se
ahonda y profundiza el nivel del dolor, tanto más se eleva el júbilo del
surco. El desarrollo de la persona avanza con la contribución de su dolor.
Así, la frase de M. De Saci al morir, está impregnada bellamente de
esperanza y de fe: "¡Oh, bendito purgatorio!". El fuego del
purgatorio es un fuego de júbilo, al contrario del sufrimiento del infierno
que es un fuego de tormento. En el Purgatorio las almas sin su envoltura
biológica, ni la distracción de sus anteriores deberes, son necesariamente
contemplativas, todas para Dios. Su fuego es llama que consume y no da
pena, como dice San Juan de la
Cruz, porque su amor a Dios es inmenso y saben que están
salvadas y próximas.
Les envío el Evangelio en un Día tan especial como hoy, una invitación a todos para ser Santos, siguiéndo el modelo de María...
Dios les bendiga y María Santísima les cubra con su Manto...
Ricardo V., Costa Rica.
De: EVANGELIZACION ACTIVA [mailto:administracion@...] Enviado el: Lunes, 01 de Noviembre de 2004 05:16 a.m. Para: rvalverde@... Asunto: [evangelio] El Evangelio de hoy 1º de Noviembre
Evangelio Diario Lunes 1ºde Noviembre de 2004
Ciclo "C": Lecturas - II XXXI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO Solemnidad : Todos los Santos Liturgia de las Horas: T. IV III Semana del Salterio
El Evangelio de hoy Mt 5,1-12
En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así: "Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos".
Reflexión En la fiesta de Todos los Santos, la Liturgia nos propone la lectura de las "Bienaventuranzas", como el elemento de reflexión, ya que éstas son precisamente las que distinguen la vida de los santos. La vida de los santos, podríamos decir que en lo único que difiere a la de los demás es que fue vivida bajo el poder y la Acción del Espíritu Santo. Fueron personas que, como nos dice el evangelio de hoy, lloraron, sufrieron, buscaron ser limpios de corazón, se esforzaron por establecer la paz en sus comunidades y fueron perseguidos por su fidelidad al evangelio. Sin embargo toda su vida se fue desarrollando en el gozo y la paz de Dios. Su vida es el testimonio de que personas ordinarias como nosotros, pueden, ya desde la tierra, experimentar la vida que Dios ha preparado para el cielo. Para ello esencialmente lo que se necesita es tomar la decisión: "¡Quiero ser santo!". Del resto se ocupara la gracia de Dios, la cual vendrá en nuestro auxilio y nos consolará, nos dará en herencia la tierra, nos saciará, hará que nos llamen Hijos del Dios, y finalmente nos dará posesión del Reino de los cielos. ¿No te parece que vale la pena tomar ya esta decisión? Que pases un día lleno del amor de Dios.
Como María, todo por Jesús y para Jesús
Pbro. Ernesto María Caro
Conocer para Amar - La superstición
Unas de las prácticas que van debilitando nuestra fe es la superstición. Hoy en día, más que en otros tiempos, esto se ha extendido a una gran cantidad de cristianos. Se cree en las "patas de conejo" como portadoras de "buena suerte", se nos olvida que la suerte no existe, pues la Escritura dice que "todo coopera para bien de los que aman al Señor"; Hay quien portan talismanes (Ojos de venado, pirámides, etc.) y otros amuletos para prevenir el "mal", sin tener en cuenta que como dice la Escritura: "Nuestro auxilio es el Nombre del Señor". Entre las nuevas formas de superstición se ha extendido el "enviar cadenas" las cuales consisten en copiar y enviar un número determinado de cartas (e-mails) en las que se ofrecen una serie de beneficios y bendiciones que Dios concederá si se continua la "cadena"; por el contrario, el no continuar la cadena, advierte sobre una serie de calamidades que atraerá consigo sobre la persona que negligentemente no envíe las cartas (poniendo en ambos casos ejemplos de personas que se vieron favorecidas o desgraciadas según sea el caso). Quienes inician o continua con estas cadenas han olvidado que "Dios envió a su Hijo para salvar y no para condenar" y que nada, absolutamente nada, puede condicionar a Dios, quien es libre para darnos lo que él sabe que es bueno para nosotros. La fuerza del cristiano, en su petición a Dios, es un corazón puro y una oración humilde. Creer que una carta CONDICIONARA a Dios a darnos lo que le pedimos nos hacen ver como personas ignorantes creyentes en un Dios que no puede salvar y que no nos ama... por lo cual es pecado grave contra el primer mandamiento. «El primer mandamiento prohibe honrar a dioses distintos del Unico Señor que se ha revelado a su pueblo. Proscribe la superstición y la irreligión. La superstición representa en cierta manera una perversión, por exceso, de la religión. La irreligión es un vicio opuesto por defecto a la virtud de la religión.» CIC 2110; Ver también CIC 2111 y 2138.
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Quería recordarles que a partir de hoy al mediodía y hasta mañana a la noche, se pueden obtener indulgencias plenarias ( una por día ) por alguna de las almas que están en el purgatorio -
Hay que asistir a Misa, comulgar, rezar un Padrenuestro, un Credo y por las intenciones del Santo Padre - Haberse confesado o confesarse dentro de los 8 días -
También se pueden conseguir, si se visita un cementerio hasta el próximo viernes -
Es en esta fecha, que las indulgencias que se ganen, son por las almas del purgatorio -
Besisssss
Graciela
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