La presente historia está basada en hechos reales.
Se trata de un hospital andaluz de 600 camas, en el que la cobertura de
ausencias del personal de enfermería es inexistente y la presión asistencial
llega a cotas insoportables. Hasta el punto de ocupar con dos camas las
habitaciones individuales que no están decentemente preparadas para ello. Y a
pesar de tales medidas y habiendo una planta desocupada, lo único que se hace
para paliar la situación de los pacientes aparcados literalmente en urgencias
esperando cama es "echar" literalmente de sus habitaciones a los pacientes a los
que se va a dar el alta.
TEORÍA. Cuando un paciente se da de alta, hay que informarle de los cuidados que
precisará, quien se los prestará , se les dará el material que precise y se
realizará un informe de continuidad del que se pasará una copia a su enfermera
de referencia en AP y otra copia al paciente. Además almorzará en el hospital
mientras espera el informe médico de alta. Existen dos enfermeros de enlace para
grantizar la continuidad de cuidados en pacientes que lo precisen.
PRÁCTICA. En las circunstancias expresadas al principio, una nerviosa
supervisora de la subdirección entra en la habitación exhortando al paciente de
alta a abandonarla inmediatamente, con la via todavia en su brazo, a esperar el
informe médico en el pasillo, explicándole brevemente la necesidad de camas. Su
enfermera responsable se entera de esta situación cuando entra a hacerle el
control de glucemia y el paciente está vestido con su ropa en la puerta
esperando. Por supuesto, no va a comer en el hospital. Cuando la enfermera,
indignada, elabora el informe de continuidad y va a entregarle la copia y a
informarle, éste ya se ha ido, humillado.
Hay que añadir que esta misma supervisora se dedica a teorizar cada vez que
puede y encuentra auditorio, de las maravillas y avances de la enfermería en
este hospital. Y lo llama, pomposamente, la enfermeria del siglo XXI.
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