El Atlético sale de las cloacas
JAVIER FERNÁNDEZ BORRELL
· La Liga en juego: Atlético 1-0 Deportivo
4.070 días, que se dice pronto, o lo que es lo mismo, más de once
años ha tardado el Atlético de Madrid en regresar a la élite del
fútbol europeo, en a sacar un billete para la máxima competición
continental, para la Champions League. Eso sí, lo hizo a su manera,
sufirendo hasta que Ramírez Domínguez señaló el final del encuentro
y ante un Deportivo que, siendo realistas, si se hubiese llevado un
punto del Vicente Calderón no habría sido, para nada, injusto. Pero
por una vez, la suerte no le dio la espalda a los de la Ribera del
Manzanares. Primero, con un gol no exento de fortuna en las
postrimerías del primer acto de Diego Forlán; después, con un
disparo de Fabricio Coloccini que se estrelló en el poste izquierdo
de la meta defendida por Leo Franco a menos de cinco minutos del
final.
El Atlético, consciente de lo mucho que se jugaba y de lo que ha
sufrido su hinchada temporada tras temporada desde hace ya más de
una década, jamás jugó cómodo por la presión que recaía sobre sus
piernas. Sin embargo, Raúl García intentó que el equipo fuese infiel
a sí mismo y que todos los atléticos disfrutaran de una plácida
noche de domingo. En cuatro minutos intentó sorprender dos veces a
Dudu Aouate con sendos disparos lejanos que, en realidad, no
entrañaron peligro alguno para el israelí. Entre medias, el
Deportivo, bueno, más bien Filipe Luis, advirtió de que a balón
parado podía dar más de un disgusto. Los gallegos parecían leer
mejor el duelo, pero la primera ocasión clara de gol fue para los
madrileños. Agüero, que no tuvo su día, no acertó a culminar una
contra, la primera de las que dispuso su equipo, en el minuto 12.
La oportunidad del 'Kun' pareció envalentonar a sus compañeros, que
a renglón seguido encerraron al rival y por medio de Maxi y de Luis
García buscaron la gloria del gol. Ninguno de ellos la encontró. Fue
un espejismo, porque el Depor, que también se jugaba sus opciones de
lograr la plaza de la Copa Intertoto, no se amilanó y, sin descuidar
jamás la defensa, buscó las cosquillas a Leo Franco, eso sí, casi
siempre a balón parado. Pues así transcurrieron los primeros
cuarenta y cinco minutos, con el equipo visitante mejor plantado
sobre el terreno de juego que el local, quien acuciado por la
ansiedad, no era capaz de desplegar su juego. Pero cuando se habían
superado sólo por unos segundos los ya citados cuarenta y cinco
minutos, se desató la euforia en el coliseo rojiblanco. La locura se
desató cuando Forlán envió a la red un centro desde la izquierda de
Maxi con un disparo que Aouate tocó, pero no pudo ni blocar ni
despejar. Gol y tiempo descanso.
No apto para cardíacos
Si en el cuarto de hora de tregua que duró el intermedio algún
atlético pensó que ya estaba todo hecho, que la Liga de Campeones
estaba segura, erró. Fiel a su filosofía, el Atlético hizo lo que
mejor sabe: sufrir. Bien es cierto que en los primeros compases de
la reanudación dio la sensación de que por primera vez en varios
lustros, la afición iba a disfrutar sin sobresaltos de una alegría.
A los diez minutos de la misma, Aouate se cruzó en el camino
del 'Kun' cuando era el último obstáculo que le restaba para poner
tierra de por medio en el electrónico. Pero no era la noche de
Agüero, ya que en el ecuador del segundo periodo, y para una vez que
superó a Aouate, se encontró con De Guzmán, que fue quien evitó que
el partido perdiera emoción. Y ésta no sólo descendió, si no que
aumentó conforme pasaron los minutos.
Hasta en dos oportunidades enmudeció el Vicente Calderón. La
primera, a diez minutos del final, cuando Riki, desde una posición
escorada, buscó sorprender a un Leo Franco que despejó a saque de
esquina. La segunda, en el minuto 86, con un remate de Coloccini
tras una buena jugada de Sergio que primero se estrelló en el poste
izquierdo y que después se paseó, por dos veces, muy cerca de la
línea de gol. Pero al Atlético le gusta sufrir hasta el final, ni
siquiera en la réplica a la última oportunidad deportivista permitió
Agüero a la sufrida afición atlética vivir con calma el último tramo
del enfrentamiento. Sin embargo, tanto sufrimiento mereció la pena
cuando Ramírez Domínguez pitó el final y el 'pupas', por fin,
abandonó las cloacas para regresar a la primera línea de combate en
Europa.