Los rojiblancos han vivido su particular semana fantástica. Pero a
ellos, en vez de aspiradoras, les regalan goles, muchos goles: siete
en cinco días, tres en Eindhoven y cuatro en Madrid ante el
Recreativo. Nada nuevo en el Calderón, que esta temporada no hace
otra cosa que ver a su equipo aplastar rivales (Schalke, Málaga,
Recre...), y todos por idéntico tanteo.
Lo de los goles regalados, en algunos casos, es literal. Pasó con el
1-0 ante el Decano. Es fácil imaginar el cabreo de Manolo Zambrano
tras la jugadita. Porque, si hay un jugador del Atlético a vigilar,
se supone que debe ser Agüero. Pues bien, era el único solo en el
área onubense cuando Simao puso un balón perfecto en el corazón del
área. El `Kun' mandó el regalo a la red y el Atlético se dispuso a
pasar otra tarde plácida.
Contribuyó a ello, y mucho, Gregory Coupet. No es que el Recre le
exigiera mucho (en realidad, apenas nada), pero estuvo atentísimo a
todos los balones largos a Colunga y Rubén, el único argumento
ofensivo de los andaluces. Salió mucho y bien, por abajo y por alto,
y sembró seguridad entre compañeros y aficionados. Fue, sin duda, de
lo mejor de la tarde.
Tras el gol de Agüero, era evidente que el Recre, pese a saber que
ésta no era su guerra, necesitaba un reactivo. Pero tardó en llegar,
lo justo para que el Atlético golpease de nuevo. Maniche, el antiguo
antihéroe, cazó un balón suelto en la frontal y lo clavó en la red.
El gol (y el despligue anterior, siempre correcto), le reportaron
una ovación similar a la del `Kun' cuando Javier Aguirre empezó a
administrar recursos pensando en el Getafe.
Zambrano saca más madera
Llegó entonces la reacción que demandaba el Recre. Manolo Zambrano,
al que al menos hay que reconocerle el valor, llenó el campo de
jugadores ofensivos, que demostraron lo acertado de otro tópico
futbolero, ese de que no por muchos delanteros atacas mejor. De
hecho, el Recre atacó igual y defendió peor, lo que ante este
Atlético es letal. Sinama, que este verano cambió el Nuevo Colombino
por el Calderón, castigó el desorden de sus ex con dos tantos más,
que mantienen la media atlética en el Calderón, y demostró que hay
vida después de Diego Forlán.
En los minutos finales, el Calderón cantó, hizo la ola, coreó olés,
presumió de himno... En fin, disfrutó, como hacía tantos años que
casi no recordaba. La autoridad con la que el equipo se ha manejado
en la última semana mete lo de Valladolid –provisionalmente si
quieren, porque esto es el Atleti y nunca se sabe– en el cajón
de `accidentes'. Y el hincha rojiblanco tiene todo el derecho del
mundo a soñar. Porque, de momento, ningún equipo ha demostrado más
que el suyo.