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Mariano Rajoy: «Voy a la Moncloa por educación»   Lista de mensajes  
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ABSURDA REVOLUCIÓN
ABSURDO: Contrario y opuesto a la razón; que no tiene sentido. (DRAE)
REVOLUCION: Cambio violento en las instituciones políticas, económicas o
sociales de una nación.(DRAE)
Ambas definiciones son aplicables a lo acontecido el 11M en Madrid.
Desde entonces trabajamos para conocer la verdad, honrar la sangre derramada, y
defender nuestra LIBERTAD.

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Hola ... ¿Qué tal? ... amigo,
¿Qué sabes del 3%?, ¿Y de Mohamed?
Si, pero ... "Tenemos un Rey muy republicano ... porque defiende los
principios democráticos" ... ja.

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Mariano Rajoy: «Voy a la Moncloa por educación»
ABC - Madrid
Ángel Collado / J.L. Lorente


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El líder de la oposición espera poco de su entrevista de mañana con Zapatero
tras los anteriores fiascos y afirma que acude a la reunión «para que no nos
digan que no queremos hablar».


Poner al día el proyecto del partido, abrir los frentes de oposición a asuntos
económicos y educativos, promover un debate sobre los efectos de la inmigración
o que el Gobierno explique en el Congreso la misión de las tropas españolas en
Afganistán, son algunos de los objetivos que el presidente del PP, Mariano
Rajoy, se propone para el curso político recién estrenado. Poco espera de su
entrevista de mañana con Zapatero tras los anteriores fiascos —«en el PP somos
educados»—, pero aprovechará para dejar clara la conveniencia de volver al
principio de que las cuestiones institucionales que afectan a la estructura del
Estado las deciden los dos partidos nacionales, como había ocurrido desde 1978.





¿En qué consiste el proyecto de actualización del PP que ha anunciado para la
convención de febrero?

—Nosotros tenemos que actuar en tres direcciones. En primer lugar, estamos
obligados a ejercer como oposición porque así lo han querido los españoles. Ya
he planteado asuntos ocurridos este verano que exigen explicaciones del
Gobierno, como la política exterior y de seguridad —la misión de nuestras tropas
en Afganistán—, la situación del director general de la Guardia Civil o la labor
del Gobierno en los incendios. Hay una segunda cuestión que son los debates y
las alternativas que tiene que plantear la oposición de forma inmediata, como la
financiación sanitaria, los Presupuestos o la educación no universitaria. Pero,
en paralelo a esas tareas del «día a día», los partidos políticos debemos
adelantarnos a los acontecimientos y ver cuáles son las nuevas realidades para,
una vez que tengamos un buen diagnóstico de las mismas, poder plantear
propuestas con conocimiento de causa. Ése es el sentido fundamental de la
convención que celebraremos en febrero.

¿A qué se refiere con lo de «las nuevas realidades»?

—Le voy a poner algún ejemplo. Un partido serio se debe plantear el futuro del
estado del bienestar, cuáles son las consecuencias del envejecimiento de la
población en servicios públicos como el sanitario o cómo se va a financiar ese
estado del bienestar. Esto merece una reflexión, no sólo aquí, sino en toda
Europa. Pongo otro ejemplo: la Unión Europea. Se hace necesario un debate para
resolver cuestiones sobre qué Europa queremos, si sólo debe tener contenido
económico o también político, cuánto dinero estamos dispuestos a poner en su
construcción, hasta dónde queremos extenderla sin perder su identidad o cuál es
el sentido de la ampliación. Luego hay un asunto capital que es el económico. El
mundo ha cambiado. Todos vemos los productos chinos que no pueden entrar en
Europa. Hay que reflexionar sobre la globalización y los efectos de la
competencia de los nuevos gigantes económicos, como los países asiáticos.
También sobre la inmigración, sobre el esfuerzo que hay que hacer por
integrar a las personas que vienen de fuera en nuestros valores. Y hay que
debatir, por ejemplo, sobre cómo podemos ayudar a la familia. Son asuntos a los
que no se da solución en 24 horas, pero que sí se debe tener un criterio para
plasmarlo en un programa electoral. Eso es lo que quise decir e intentaré que
participe toda la sociedad en esos debates.

En esas discusiones, ¿cabrían cambios sobre lo que fueron las medidas políticas
de su partido en el poder?

—El objetivo es adelantarse a los acontecimientos. En los asuntos más
importantes que tiene planteados España, la posición del PP es clara: la idea de
nación, la garantía de los principios de igualdad de derechos entre todos los
españoles, la cohesión social y la solidaridad. Nuestra política antiterrorista
es muy conocida y tampoco la vamos a cambiar, así como la económica, pero hay
que estudiar cómo combatimos, por ejemplo, el fenómeno de la deslocalización.
Los programas tienen que evolucionar poco a poco. En inmigración tiene que haber
una política europea, con un visado único y las mismas normas de reagrupación
familiar y derechos. Puesto que la realidad cambia, hay que hacer nuevos
planteamientos.

Equiparar la política de inmigración española con la europea equivale a
restricciones.

—La llegada de inmigrantes a España ha sido positiva para los que llegan y para
nosotros. No debemos cerrar esa posibilidad, pero es evidente que no podemos
caer en una política de puertas abiertas —porque eso no existe en ningún país
europeo— y tenemos que ver qué nos permite absorber nuestro mercado de trabajo.

¿Esta actualización de la que habla enlaza con la frase de moda en su partido de
que los españoles no les van a votar por lo que hicieron, sino por lo que puedan
hacer?

—Esa frase la dije yo en su momento y es verdad. Todo el mundo tiene pasado,
pero no se puede hacer política mirando al pasado. Nos votarán si creen en
nosotros, si generamos confianza. La política, al final, como tantas cosas en la
vida, es un problema de confianza. Para que los ciudadanos nos voten es
importante que hayamos acreditado nuestra capacidad de gobernar, pero también
que lo podemos hacer en el futuro.

¿A quién va a hacer más caso, a los sectores de su partido que le piden una
oposición más dura o a los sectores de la opinión pública que prefieren
posiciones más templadas?

—Yo voy a hacer la oposición que corresponde a mi manera de ser, nada distinta a
la que he desarrollado en el Congreso. A algunos les pareció dura y a otros lo
contrario. Ahora haré una oposición todo lo dura que tenga que hacer según
cuales sean los asuntos de que se trate. Por ejemplo, este verano no hemos
pedido al Gobierno, como otros, que retire la tropas de Afganistán, pero sí que
le diga la verdad a la gente y que explique la política exterior y de seguridad.
Yo he sido muy duro en debates como el del plan Ibarretxe y, sin embargo, he
apoyado al Gobierno en Afganistán.

¿Está pensando en cambiar caras o ampliar voces en su partido a partir de la
convención de febrero?

—Me presenté a un congreso hace un año con el equipo que creía más razonable. El
Partido Popular tiene un elenco de personas muy preparadas y con mucho
conocimiento de los temas que importan a la gente.

¿Ni siquiera caben cambios por agregación?

—Ya hay más voces. Este verano, con ocasión de los incendios o la salmonelosis,
con ausencias tan sorprendentes como la de la ministra de Sanidad, han aparecido
otros portavoces.

¿A qué va usted a La Moncloa?

—El señor presidente del Gobierno anunció a través de los medios de comunicación
que iba a citar al jefe de la oposición y, efectivamente, el pasado martes
llamó. Como ya había dicho en su día, si el presidente del Gobierno quiere ver
al jefe de la oposición, yo le voy a ver. Pero también está claro que mis
experiencias en anteriores entrevistas no fueron buenas. Trataron de las
reformas constitucionales, los estatutos o la financiación, y todavía hoy sigo
sin tener claro qué es lo que quiere el presidente del Gobierno. Yo no voy a La
Moncloa a otra cosa que reiterarle que todos los asuntos que se refieren a
España deben hacerse con acuerdo entre el Ejecutivo y la oposición, como se ha
hecho desde 1978 y no nos ha ido mal.

¿Qué le planteará en líneas generales?

—Que hay que volver a la lucha contra el terrorismo como se pactó en su
día.Apartarse de los principios del Acuerdo por las Libertades fue iniciativa
suya y no he visto ningún efecto positivo. Estamos peor, porque Batasuna campa
por sus respetos, organiza manifestaciones ilegales, tiene protagonismo político
y representación en el Parlamento vasco.

¿Y sobre la presencia española en Afganistán?

—Zapatero, que hizo eje de su política en la oposición y luego en el poder sus
teorías en favor de «la paz», resulta que está en Afganistán luchando contra el
terrorismo y en favor de las libertades y la democracia, como dijo Bono. El
presidente del Gobierno ha actuado con disimulo, encubre las cosas, no hace
pedagogía y debe ir al Congreso a un debate clarificador para decirle a la
opinión pública la verdad: que nuestro Ejército está en la misión que está, con
nuestros aliados, con la OTAN, con los Estados Unidos y con otros muchos países.
Eso es lo que quiero decirle fundamentalmente.

¿Qué entiende usted cuando Zapatero dice que «estamos en Afganistán por las
mismas razones que salimos de Irak»?

—Eso es una tontería, una frase de cara a la galería que entra dentro de esa
política de videoconferencias y fotos que hemos visto este verano con motivo de
la desgracia de nuestros militares en Afganistán. Un espectáculo mediático
bochornoso.

¿Por lo que dicen estos días el propio Zapatero y los dirigentes del PP, no hay
indicio alguno de posibilidades de acuerdo en nada entre ustedes?

—Yo voy a La Moncloa porque el presidente del Gobierno me ha llamado y voy a
plantear algunas cosas sensatas y razonables que creo que quiere la sociedad
española. Pero no me gustaría que, una vez más, el señor Rodríguez Zapatero
diera primacía al método sobre el fin. Parece que aquí importa más la reunión,
el diálogo o la frase que los fines. Como ha ocurrido en la reforma de los
estatutos, donde nadie dice cuál es el objetivo, para qué sirve, en qué influye
en los intereses generales de los ciudadanos. Espero que ésta no sea una reunión
sin contenido al estilo de lo que hace este Gobierno.

Parece que le va a pedir que rebaje la crítica en la cuestión vasca para
facilitar lo que llaman «proceso de paz» y también que se sume a las reformas
institucionales.

—En relación al primer punto, tengo que recordar que España es el único país del
mundo donde se puede manifestar un partido que es una organización terrorista
según los propios tribunales españoles y que está en la lista europea de bandas
terroristas. Un partido serio como el mío no puede aceptar eso y callarse. Ni
que después de aplicar una política antiterrorista de acuerdo entre los dos
partidos nacionales, se rompa el pacto y volvamos a la situación anterior. Y
todo eso sin dar una explicación a la opinión pública.

¿Teme que exista un pacto oculto entre el PNV y el PSOE para arrebatar al PP el
poder en las instituciones alavesas?

—No me atrevería a hacer esa afirmación. Lo que es evidente es que el Gobierno
lleva todo el verano intentando pactar con unos y con otros. Hay muy poca
claridad, pero no doy por sentado que eso sea así y espero que, en cualquier
caso, no se produzca una cesión de una institución local por parte del PSOE al
PNV.

¿Planteará el asunto en la reunión con Zapatero?

—Le preguntaré por este asunto porque lo considero de enorme importancia. Sólo
espero que no se produzca ese acuerdo. Nosotros hemos ganado las elecciones en
Álava y hemos votado a los socialistas en todas las instituciones donde eran
primera fuerza constitucionalista. Un acuerdo entre el PSOE y el PNV para
arrebatar el poder al PP supondría dar el apoyo a Ibarretxe, a su plan, a todo
lo que ha hecho en estos últimos años y dice que va a continuar haciendo.

¿Cómo puede contribuir el PP a solucionar el problema del estatuto catalán?

_ Esa reforma no fue idea de Pujol, fue de Maragall, apoyado por Zapatero, que
se comprometió a aceptar cualquier propuesta que viniera del Parlamento catalán.
Su partido ha votado el dictamen en la Cámara, después han dicho que tiene 21
motivos de inconstitucionalidad. Las divisiones en el seno del PSOE están ahí,
son un hecho objetivo y los enfrentamientos del Partido Socialista con sus
socios también están ahí. ¿Qué quiere el presidente del Gobierno que hagamos
nosotros? Lo que le digo a Rodríguez Zapatero es que la política de abrir
debates sobre las reglas de juego —y el estatuto lo es— sin saber qué se quiere
y a dónde conduce lleva a una situación como en la que estamos. La redacción
actual del estatuto es disparatada. Lo único que se puede decir al Ejecutivo
catalán es que empiece a gobernar. En Cataluña, como en el resto de España, hay
problemas más importantes, como las deslocalizaciones, la crisis del sector del
textil o las trabas burocráticas a los agentes económicos y
sociales.

¿Qué margen tiene Zapatero para rectificar en el problema del estatuto?

—Seguramente poco. Han generado un descomunal problema y pueden intentar la
salida del mal menor: hacer un estatuto con visos de inconstitucionalidad y
aunque no sirva para nada. Yo, si fuera el Gobierno, no haría esa reforma. No es
una demanda de la sociedad catalana. Ya se lo dije a Zapatero en el debate de
investidura: no abra procesos en los temas constitucionales y estatutarios si no
sabe a dónde va y no tiene garantía de que salgan bien.

¿Acudirán los presidentes de Comunidades autónomas del PP con una posición única
sobre la financiación sanitaria a la conferencia convocada por Zapatero?

—Nosotros, por principio y tendencia natural, vamos a este tipo de reuniones
institucionales. Es como cuando me llama el presidente del Gobierno...

¿Quiere decir que van por educación?

—Por educación, por civismo y porque tampoco queremos que nos digan que no
queremos hablar, que sería falso. Los presidentes autonómicos lógicamente, en
estos asuntos, tienen intereses contrapuestos, como siempre. A algunos les viene
bien el criterio de población, a otros el de envejecimiento y a otros el de
dispersión.

¿Qué hará el PP en la conferencia de presidentes?

—Hay un sistema de financiación aprobado por unanimidad. Se empeñaron en
cambiarlo por presiones del tripartito catalán. Pero no tenían modelo, y,
después de un año y medio largo, lo que nos han presentado es una resolución
transitoria que no resuelve nada y vuelve a los peores tiempos del pasado. No se
hacen reformas y se suben impuestos. Todo esto demuestra no sólo que hay falta
de criterio, sino que se convoca una conferencia de presidentes para hacer
propaganda. Esto entra dentro de esa política preocupada más por los medios que
por los fines. Y, desde luego, Zapatero incumple claramente su promesa de no
aumentar la presión fiscal. La subida de los impuestos del tabaco, el alcohol,
la luz y la gasolina es inflacionista e injusta y no resuelve nada. Es una
decisión sorprendente tras casi dos años mareando la perdiz con este asunto.

¿Les toca ya empezar a recortar distancias con el PSOE?

—Un partido político no puede vivir pensando permanentemente en las encuestas y
menos cuando no hay proximidad a las elecciones. El Partido Popular se prepara
para presentar una alternativa sólida que pueda tener la confianza de una
mayoría de los españoles. Ése es nuestro objetivo básico, además de criticar lo
que el Gobierno hace mal —que es lo fundamental— y denunciar su obsesión por la
apariencia. Queremos saber cuáles son los resultados de sus planes contra los
incendios tan promocionados en los telediarios o los efectos de su ley de
violencia doméstica.

¿Está ocupado el espacio de centro por el Partido Popular?

—Está ocupado y bien ocupado. Además, el Gobierno está en la radicalidad, como
es evidente. Nosotros estamos en el centro reformista.

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Do, 4 de Sep, 2005 9:01 am

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