el_mundo
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OPINION
EDITORIAL
Si no se castiga, esta negligencia parecerá algo peor
EL MUNDO ha venido sosteniendo, junto a las víctimas, que existen
numerosas incógnitas en torno al 11-M, a pesar de la sentencia de la Audiencia
posteriormente ratificada por el Supremo. La información que hoy publicamos está
llamada a acrecentar la sensación ampliamente extendida de que antes, durante y
después del 11-M, se produjeron -como mínimo- gravísimas negligencias policiales
que hicieron posible la planificación y ejecución de la masacre y, según sabemos
ahora, también permitieron la huida de la persona que más probablemente
participó en los atentados. Contra ningún otro existen al menos tantos indicios:
sus huellas en la Kangoo, su ADN en Morata, sus efectos personales en Leganés y
un reconocimiento espontáneo en plena vista oral del 11-M. La peripecia de Daoud
Ouhnane, reconstruida por este periódico, supone, en el mejor de los casos, un
fracaso por parte de las Fuerzas de Seguridad e incluso de los tribunales. Dos
meses después de la masacre, al comprobar sus huellas en la Kangoo, Interior
distribuyó carteles con su nombre y su foto en las comisarías y la hizo llegar a
hoteles y medios de comunicación, que la publicaron. Un mes después, a finales
de junio, la Policía grabó imágenes del terrorista huido saliendo de una casa de
Santa Coloma (Barcelona) conocida como la Fortaleza de los Guerreros, por
albergar a musulmanes radicales.
Casi no cabe en cabeza humana que policías especializados en terrorismo
islamista -que investigaban a los ocupantes del piso, detenidos posteriormente
en la llamada Operación Tigris- no sean capaces de identificar a la persona que
sale y entra de la casa como el mismo que figura en la foto distribuida por
Interior.A pesar de que el documento que hoy reproducimos procedente de la causa
de la Operación Tigris es fotocopia, el rostro de Ouhnane es perfectamente
reconocible. Unicamente se había dejado crecer la barba. El paso de este
fugitivo del 11-M por la casa de Santa Coloma se ha conocido durante el juicio
contra los presuntos islamistas detenidos en la Operación Tigris, cuando la
masacre de Madrid había sido juzgada. La más benévola de las interpretaciones de
este episodio conduce a una incompetencia policial que permitió la huida de un
presunto autor material del 11-M. La simple posibilidad de que alguien pueda
pensar que se le dejó escapar de forma deliberada obliga al Ministerio del
Interior a abrir una investigación interna para esclarecer lo sucedido y depurar
las responsabilidades.Los funcionarios policiales que grabaron al fugitivo en
Barcelona después del 11-M podrían haber incurrido en un delito de omisión de
persecución de delincuentes tipificado en el artículo 408 del Código Penal. Esto
debería dar pie a que el tribunal que el viernes hará pública la sentencia de la
Operación Tigris deduzca testimonio remitiendo toda la información que concierne
a Daoud Ouhnane a la Audiencia Nacional, donde sigue viva la investigación sobre
los huidos del 11-M.
Lo que hoy revela este periódico demuestra la razón que asiste tanto las
víctimas como el resto de los españoles que han denunciado el cierre en falso
del 11-M. En particular, en lo que se refiere a los errores y negligencias
policiales, admitidas incluso por aquellos que comulgan con la versión oficial.
Hay que recordar que muchos de los implicados eran confidentes policiales y que
a veces parecía que sus controladores iban dando hilo a la cometa de sus
actividades. ¿Fue también éste el caso de Ouhnane? La huida de uno de los
autores materiales adquiere especial gravedad si tenemos en cuenta que el único
autor material condenado, Jamal Zougam, lo fue con indicios mucho más endebles
que los existentes contra el terrorista fugado que tan al alcance estaba de las
cámaras de la Policía.
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ESPAÑA
11-M / La investigación
La Policía dejó escapar al principal fugitivo del 11-M
Los días 20 y 22 de junio de 2004 grabó a Daoud Ouhnane saliendo de una
casa de Santa Coloma, conocida como la 'Fortaleza de los Guerreros' - Un mes
antes, Interior había distribuido su foto haciendo constar que sus huellas
estaban en la bolsa con restos de explosivos hallada en la Kangoo - Una testigo
dijo en el juicio del 11-M que vio a Ouhnane en los trenes, su ADN apareció en
la casa de Morata y sus efectos personales en el piso de Leganés
MANUEL MARRACO
Madrid
Tres meses después del 11-M, la Policía grabó en vídeo a un presunto autor
material de la masacre, que ya se encontraba en busca y captura «por asesinato
terrorista», en un domicilio de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona) vigilado
por las actividades islamistas de sus inquilinos. Se trata de Daoud Ouhnane, el
principal fugitivo de la matanza por la contundencia de las pruebas que pesan
contra él. De hecho, fue reconocido, años después, durante el juicio del 11-M
como uno de los islamistas que subió a los trenes.
La Fiscalía aportó hace unas semanas las imágenes durante la vista de la
operación Tigris para demostrar que los acusados en ese caso dieron cobijo en
ese edificio -que conocían como Alkalaa (la Fortaleza de los Guerreros)- a este
autor de la matanza cuando huyó de Madrid. El propio Ministerio Público
identifica en ellas al argelino Daoud Ouhnane.
Sobre las imágenes aparecen las fechas en las que se captaron: junio de
2004. Las Fuerzas de Seguridad ya conocían entonces el rostro de Ouhnane, puesto
que desde un mes antes Interior había difundido su nombre y su fotografía -que
fue publicada en todos los periódicos para dificultar sus movimientos en
vísperas de la Boda Real- haciendo hincapié en que sus huellas habían aparecido
en la furgoneta Kangoo.
El 20 de mayo de 2004, un informe de la Policía determinaba que a Daoud
Ouhnane pertenecían las dos huellas que aparecieron sobre una bolsa azul de
plástico que contenía los detonadores y restos de explosivo que fueron
encontrados el 11 de Marzo en la Renault Kangoo aparcada frente a la estación de
Alcalá de Henares.
Este indicio se sumaba a otros muy claros que ya se conocían entonces: el
ADN de Ouhnane fue hallado en la casa de Morata de Tajuña en la que se habrían
montado las bombas, donde las llamadas de su teléfono móvil lo sitúan en las
noches previas a la matanza, y en el desescombro del piso de Leganés en el que
se suicidaron siete islamistas aparecieron documentos y efectos personales a su
nombre. Su rastro estaba en todos los escenarios del crimen, pero su cadáver no
se encontró entre los de los suicidas.
«La Policía identifica a un nuevo implicado en el 11-M y distribuye su
foto por Madrid», tituló EL MUNDO el 21 de mayo de 2004.La información incluía
la misma fotografía de Daoud Ouhnane que se ve sobre estas líneas, identificado
con nombre y apellidos.
Un mes más tarde, a las 13.33 horas del 20 de junio, la Brigada Provincial
de Información de Barcelona grababa al argelino saliendo del número 20 de la
calle de Sant Francesc, en Santa Coloma.Dos días después, volvía a captar su
imagen, esta vez a las 9.05 horas, de nuevo saliendo del domicilio.
Todos los inquilinos del inmueble, -al que llamaban Alkalaa (la Fortaleza
de los Guerreros), según la Policía- fueron detenidos en junio de 2005 en las
operaciones Tigris y Sello. Interior informó de que los detenidos habían montado
una red que se encargaba del adoctrinamiento, reclutamiento, financiación y
envío de terroristas a Irak (operación Tigris) y que algunos de los arrestados
había dado cobertura a fugitivos del 11-M (operación Sello).
Hace unas semanas, en el juicio derivado de esas operaciones, la fiscal
Dolores Delgado pidió que se incorporaran a la causa las tres declaraciones
policiales de un marroquí llamado My Mohamed Idriss Hachim, que fue arrestado en
octubre de 2008 en la operación Amat, y puesto en libertad días más tarde. En la
parte de los interrogatorios dedicada a los reconocimientos fotográficos, se
incluían seis fotogramas de la puerta del piso vigilado. En tres de ellos,
Idriss Hachim reconoce a Ouhnane.
En la transcripción de la declaración prestada el 27 de mayo de 2008,
Idriss Hachim señala que en la fotografía número 20 reconoce «a dos personas,
una como Daoud [Ouhnane] y a otra como a él mismo, momentos antes de ir a la
estación de Francia, saliendo de la casa de la calle de San Francesc, número
20». Se trata de la imagen tomada el 20 de junio. En la número 24, fechada dos
días más tarde, vuelve a reconocer a Ouhnane saliendo del domicilio.
Sobre Ouhnane, explica que llegó a la casa entre abril y mayo, y que
durmió allí dos o tres días. En una ocasión, le acompañó a la estación de
Francia de Barcelona para comprar un billete de tren para el día siguiente a una
localidad que no recuerda, pero que estaría situada a unos 250 kilómetros.
Volvió a verle por la casa un mes después. La Fiscalía conocía este testimonio y
las imágenes de Ouhnane saliendo de Alkalaa, pero no los incorporó al sumario de
la operación Tigris, sino que lo aportó con el juicio ya comenzado.
La declaración de Idriss Hicham coincide en parte con la que ofreció
durante el juicio del 11-M el islamista Kamal Ahbar, uno de los principales
acusados por la operación Tigris e inquilino durante meses de la Fortaleza de
Santa Coloma.
Ahbar testificó que Ouhnane puso dos mochilas bomba en los trenes de
Madrid y que, luego, huyó hacia Pamplona -el rastro de su teléfono móvil lo
sitúa en la localidad navarra de Corella al día siguiente del 11-M- para llegar
a Santa Coloma en abril.Después, ambos habrían viajado juntos a Turquía y a
Siria, desde donde Ouhnane habría ido a Irak para participar en atentados
suicidas. Según Ahbar, murió allí el 7 o el 8 de junio de 2005.
La policía norteamericana también mantiene la tesis de que Ouhnane murió
en Irak tras participar en un atentado suicida, pero no ha podido comprobarse de
manera fehaciente. En el auto de conclusión del sumario del 11-M, Del Olmo daba
cuenta de la creación de una pieza separada para seguir el rastro de los huidos
-a los que el juez considera «un factor personal determinante en la secuencia
que llevó a los atentados del 11 de marzo de 2004»- y de los siete ADN sin
identificar que fueron hallados en varios escenarios de la matanza.
En el marco de estas pesquisas, en 2007 fue identificado otro de los
huidos que permanecían sin nombre: Abdelilah Hriz, que también habría pasado por
ese piso de Santa Coloma. Hriz acaba de ser condenado a 20 años de cárcel en
Marruecos. Otro de los detenidos en la Fortaleza fue Mohamed Larbi ben Sellam,
condenado a 12 años en el juicio del 11-M.
«Hace tres años que lo busco»
La de Daoud Ouhnane fue, probablemente, la identificación más contundente
de las que se ofrecieron en el juicio del 11-M. Quizá, porque no estaba en el
guión. La fiscal Olga Sánchez citó a la testigo protegido B-78 porque se suponía
que debía ser su principal prueba de cargo contra el acusado Basel Ghalyoun;
pero a quien reconoció como uno de los responsables de poner bombas en el tren
que estalló en Téllez fue a Daoud Ouhnane.
«Este [Basel Ghalyoun] es muy blanco. Se parece, pero no es tan moreno
como el chico que estaba en el tren. Aquel era muy joven, moreno y de estatuta
normal. Ahora estoy segura de quién es.Hace tres años que estoy buscando a esa
persona, andando por las calles y mirando las caras de la gente. En ese momento,
tuve dudas porque no estaba bien, estaba nerviosa y asustada», dijo la testigo,
que sacó un ejemplar del libro de Casimiro García-Abadillo '11-M. La Venganza' y
señaló una de las fotografías que aparecen en el volumen. La de Ouhnane.
«¿Está segura?», le preguntó la fiscal. «Sí, estoy segura [...].Ahora no
tengo ninguna duda», respondió la testigo.
Un rostro imposible de confundir
Sobre estas líneas aparecen las imágenes que la Fiscalía aportó en el
juicio de 'Tigris', tomadas a partir de las grabaciones efectuadas por la
Policía en la 'Fortaleza' de Santa Coloma. En ellas se distingue a Daoud
Ouhnane, con la fecha y la hora sobreimpresionadas. Aunque se trata de una
fotocopia -los agentes trabajaron sobre una grabación que se supone en color-,
se observa sin dificultad que se trata del mismo individuo de la foto de carné
de al lado, que fue la que Interior distribuyó de Ouhnane un mes antes.
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No dejes de ver:
2004. 11-M: El día de la infamia
http://video.google.es/videoplay?docid=-7809506825112393149&hl=es
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11-M / La investigación
La sentencia de 'Tigris', el viernes
MANUEL MARRACO
Madrid
La Sección Segunda de la Audiencia Nacional tiene previsto comunicar este
viernes la sentencia de la 'operación Tigris'. Las libertades decretadas por el
tribunal hace unos días ya indican que, tal y como sucedió en el juicio del 11-M
y en el siguiente gran juicio por islamismo -la 'operación Nova'-, las condenas
quedarán muy lejos de las reclamadas por el fiscal.
La Fiscalía sentó a 14 acusados en el banquillo. Durante la primera
jornada del juicio, la fiscal de terrorismo islamista, Dolores Delgado, ofreció
a todos los acusados sustanciales rebajas de pena si aceptaban los hechos. No
hubo acuerdo. Al concluir la vista, retiró a dos de ellos las acusaciones de
terrorismo y rebajó las solicitudes para otros tres. El 24 de marzo, el tribunal
puso a todos en libertad excepto a tres. En prisión quedan Samir Tahtah,
supuesto jefe; Kamal Ahbar, y Mohamed Idrissi [no confundir con My Mohamed
Idriss Hachim, citado en la información principal].
Tras las decisiones del Supremo en el 11-M y 'Nova', la Fiscalía admitió
que debía revisar sus criterios de acusación. La sentencia de 'Tigris' apunta a
que aún no han afinado.
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11-M / La investigación
Guía de operaciones contra el islamismo
Los tribunales laminan con frecuencia las actuaciones preventivas de la
Policía
JOAQUIN MANSO
Madrid
La extensión de las ideas radicales de Al Qaeda por el cercano Magreb y
una legislación especialmente garantista han convertido a España en la última
década en uno de los territorios favoritos de las células islamistas para
asentarse. No siempre para atentar, sino en muchas ocasiones para adoctrinar y
captar a jóvenes musulmanes, o para recaudar fondos para la yihad.
Las células islamistas pueden permanecer largo tiempo durmientes, sin que
en ellas se advierta ninguna voluntad de cometer atentados, pero tienen gran
capacidad para convertirse rápidamente en operativas.Esta característica y su
estructura, mucho menos jerarquizada que las organizaciones terroristas
tradicionales y con gran facilidad para penetrar de manera invisible entre la
comunidad musulmana, han dificultado enormemente el trabajo de la Policía y del
Ministerio Fiscal. Con frecuencia, han precipitado operaciones preventivas que
luego han sido laminadas por los tribunales. Algunas ni siquiera llegan a juicio
y fracasan en fase de instrucción, o muy pocos días después de la actuación
policial. El ejemplo de un caso opuesto es terrible: el 11-M.
El Supremo ha establecido ya la jurisprudencia que debe marcar en adelante
los criterios policial y fiscal: «No basta demostrar que el acusado piensa de
una determinada manera, o que contacta o se relaciona con otros de la misma o
similar ideología. Es necesario probar, al menos, que ha decidido pasar a la
acción».
Las principales actuaciones contra el terrorismo islamista en España cuya
sentencia ya se conoce han sido las siguientes:
'Operación Dátil'. Trece individuos fueron arrestados entre noviembre de
2001 y enero de 2002. La Audiencia Nacional condenó al líder de Al Qaeda en
España, Abu Dahdah, a 27 años de cárcel por conspirar para cometer los atentados
del 11-S en EEUU e integración en organización terrorista. El Supremo rebajó esa
pena a 12 años y anuló la condena por el 11-S porque un error del juez Baltasar
Garzón provocó la nulidad de las intervenciones telefónicas en las que se
escuchaba a Dahdah decir que había «degollado al pájaro».Otros tres acusados de
integrar el grupo fueron absueltos por el Alto Tribunal.
El 'comando Dixan'. Garzón procesó a seis islamistas que, según el juez,
tenían en su casa material para fabricar napalm casero para volar la base
militar norteamericana de Rota (Cádiz). Inicialmente, habían sido detenidos 16.
Sólo cinco fueron condenados por el Supremo por integración en organización
terrorista.
El 11-M. Una célula islamista liderada por Serhane El Tunecino, un radical
que estaba vigilado por la Policía, colocó 13 bombas que provocaron una matanza
en Madrid. Los tres acusados por la Fiscalía como cerebros del atentado fueron
absueltos.
La célula gemela. Uno de los grandes fracasos de la Fiscalía fue la
absolución en la Audiencia Nacional de seis de los ocho acusados de integrar una
célula gemela que se habría desprendido del grupo liderado por El Tunecino.
Muchos de ellos habían compartido cobijo y doctrina con los autores del 11-M y
del primer atentado de Casablanca. Los dos condenados recibieron penas mínimas.
Volar el Maremàgnum. Once paquistaníes fueron arrestados en 2004 en
Barcelona bajo la acusación de querer volar el centro comercial Maremàgnum y
otros edificios emblemáticos. Todos acabaron absueltos de preparar atentados y
sólo tres fueron condenados por enviar dinero al terrorismo internacional.
'Operación Nova'. Treinta personas fueron procesadas con gran boato bajo
la acusación de querer estrellar un camión lleno de explosivos contra la
Audiencia Nacional y de preparar atentados contra el Santiago Bernabéu y la
Torre Picasso. Sólo cinco fueron condenadas por pertenencia a banda armada, y
uno por falsificar su pasaporte. Ninguno por conspiración para atentado
terrorista.
Casi la mitad, absueltos
De los 89 acusados por actividades relacionadas con el terrorismo
islamista que han sido juzgados en la Audiencia Nacional desde 2005, 42 fueron
finalmente absueltos, según Europa Press.
Las sentencias de la Audiencia suelen rebajar considerablemente las
peticiones de la Fiscalía. A su vez, les habitual que las condenas se reduzcan
todavía más en el Supremo.
La última operación policial contra el terrorismo islamista se desarrolló
en enero en Barcelona. Seis paquistaníes fueron arrestados bajo la acusación de
financiar la 'yihad'. El juez los dejó libres 72 horas después, imputados... por
fraude fiscal.
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La cuarta trama
Por Emilio Campmany
Reseñas nº 160 | 13 de Abril de 2009
http://www.gees.org/articulo/6372
(Del libro La cuarta trama, de José María de Pablo. Ciudadela, Madrid,
2009)
El atentado ocurrido el 11 de marzo en Madrid contra cuatro trenes de
cercanías, que causó la muerte de 191 personas, será seguramente considerado
como uno de los más importantes acontecimientos históricos de la España
posfranquista. Todavía hoy resulta difícil calcular su verdadero alcance porque
todavía no podemos medir la profundidad de las consecuencias que nos está
trayendo el cambio de Gobierno que aquel atentado impuso. Mientras tanto, frente
al carpetazo que Gobierno, oposición y la mayoría de los medios de comunicación
quieren darle al asunto, unos pocos siguen empeñados en saber la verdad del
11-M. Y es que todavía no conocemos toda la verdad. De hecho, lo que nos falta
por conocer es precisamente lo esencial de esa verdad, esto es, quién proyectó,
ordenó y organizó el atentado.
Sin embargo, con carácter previo al examen de este nuevo libro, cuyo mayor
mérito es precisamente el de demostrar cuán ignorantes somos de lo ocurrido
realmente aquel 11 de marzo, es necesario describir cuál era la situación
política de España en 2004. Este análisis previo es necesario para entender por
qué el atentado fue capaz de influir como lo hizo en el resultado de unas
elecciones generales. Los españoles estábamos divididos en dos cuestiones en las
que los políticos deberían haber evitado que lo estuviéramos. Aznar decidió
colaborar con Estados Unidos en su invasión de Irak. Se dirá, con razón, que
nuestra colaboración nunca incluyó el envío de tropas al frente, puesto que
nuestros soldados llegaron cuando el país había sido ya ocupado. Se dirá que no
hicimos más que muchos otros aliados tradicionales de los Estados Unidos; y se
dirá igualmente que la implicación a la que nos condujo Aznar en la Segunda
Guerra del Golfo fue inferior a la que nos arrastró Felipe González durante la
Primera. Sin embargo, hay que recordar que, con razón o sin ella, la mayor parte
de la opinión pública española se oponía a implicarse en Irak, que importantes
aliados de los norteamericanos, como Francia y Alemania, se negaron a intervenir
en Irak y que la Primera Guerra del Golfo fue consecuencia de una flagrante
violación del Derecho Internacional al haber Sadam Hussein invadido y ocupado un
país independiente como Kuwait.
Todo esto es así, pero esta descripción es superficial. La implicación de
España en la guerra de Irak de la mano de Aznar no fue una decisión aislada de
alguien obcecado por pisar las moquetas del poder internacional. Aznar, no sólo
respecto a Irak, revolucionó nuestra tradicional política exterior. Propició un
mayor acercamiento a las potencias anglosajonas y marítimas de Occidente y un
cierto alejamiento de las continentales Francia y Alemania. Paralelamente, y por
pura coherencia, protagonizó un cierto alejamiento de nuestros tradicionales
"amigos" árabes y nos acercó al que siempre, desde su nacimiento, ha sido el
gran enemigo de éstos, Israel. Esta especie de revolución diplomática constituyó
probablemente un acierto, pero no es este el lugar adecuado para discutir la
bondad o maldad de la misma. Lo que importa destacar aquí es que se vio lastrada
por no haber sido pactada con la oposición ni explicada a la opinión pública.
Tal revolución podría haber salido adelante con el respaldo de cualquiera de las
dos, el de la oposición o el de la opinión pública, pero tenía muy difícil
sobrevivir si, como hizo Aznar, se trató de imponer tanto a una como a otra.
Pero, en 2004, la política exterior no era el único tema que nos dividía a
los españoles. Había otro respecto al cual también estábamos divididos cuando es
primordial responsabilidad de los políticos el que no lo estemos. Se trata del
terrorismo. Aznar había finalmente acertado a dar con la fórmula adecuada para
enfrentarse a la ETA. Tuvo que pasar el sarampión de la negociación con la
tregua trampa de 1998, pero después emprendió una política que tenía un buen
cúmulo de virtudes. La primera era la de ser legal. No era pequeña esta virtud
habida cuenta de que su predecesor, Felipe González, prefirió recurrir a
soluciones totalmente ilegales con los nefastos resultados que fácilmente se
pueden recordar. Se dirá que la Ley de Partidos fuerza las costuras de la
Constitución más allá de lo deseable. Es verdad que las fuerza, pero no las
rompe. Y, en cualquier caso, es mucho menos agresiva con la carta magna de lo
que lo fueron la expropiación de Rumasa o la reforma de la Ley Orgánica del
Poder Judicial, por limitarnos a asuntos de los que fue responsable Felipe
González. En segundo lugar, la política de Aznar tuvo otra virtud aun más
importante que la anterior: fue eficaz. ¿Por qué el PSOE de José Luis Rodríguez
Zapatero no quiso hacerse copartícipe de esta política? No lo sé. El caso es
que, mientras Zapatero apoyó de boquilla la política antiterrorista de Aznar, de
hecho la dinamitó cuanto pudo. Y hoy sabemos que, antes de las elecciones de
2004, el PSOE acordó con la ETA los términos de una futura negociación para
cuando aquél llegara al poder. Esta negociación, que significó de hecho dar a la
política antiterrorista un giro de 180 grados, fue la protagonista de la primera
legislatura de Rodríguez Zapatero, esa que pudo presidir gracias a la victoria
que en las elecciones del 14 de marzo de 2004 le brindó el atentado del 11-M.
Por eso, cuando aquella mañana del 11 de marzo de 2004, a tres días de las
elecciones generales, se tuvieron las primeras noticias de que un atentado
brutal se había cometido en la capital de España, todos los que seguimos la
política con cierto interés, y no me refiero sólo a periodistas y políticos,
sabíamos que el resultado electoral estaría completamente condicionado por el
mismo: si había sido la ETA, como en principio parecía, el PP barrería; si
resultaba ser un atentado islamista, como era más improbable, pero que nadie
descartó nunca, el PSOE ganaría.
Fue, por tanto, la irresponsabilidad de los políticos, la de Aznar por
conducir una política exterior sin respaldo de la opinión pública y sin el apoyo
de la oposición, y la de José Luis Rodríguez Zapatero, por dirigir desde la
oposición una política antiterrorista opuesta a la del Gobierno, la que nos puso
en disposición de que el resultado de unas elecciones dependiera de un atentado
terrorista. Algunos muy interesados en que esas elecciones las ganara el PSOE,
decidieron cometerlo. Esos algunos son los que constituyen la cuarta trama a la
que se refiere de Pablo en su libro.
Son muchas las virtudes que adornan el libro de Juan María de Pablo. La
primera que hay que destacar, aunque, con ser mucho, no es la más importante, es
la de la claridad. Una de las ventajas con la que han contado los voceros de la
versión oficial, es la enorme complejidad del entramado del 11-M. Buena parte de
la opinión pública hace tiempo que dejó de seguir la información sobre el
atentado, perdida como estaba entre nombres árabes, difíciles de recordar,
números de tarjetas telefónicas, números IMEI de teléfonos móviles, confidentes
más o menos implicados, componentes químicos de diversos explosivos, normas
procesales más o menos violadas y demás.
Por otra parte, la falta de interés de buena parte de esta opinión pública
por conocer los detalles deriva de lo que he expuesto al principio. Desde un
punto de vista político, lo relevante era saber si había sido la ETA o los
islamistas. Desde el momento que supimos que los que pusieron las bombas eran
musulmanes, el asunto dejó de tener interés para muchísima gente. Es verdad que
la investigación no sólo no ha encontrado ningún rastro de al Qaeda, sino que ha
demostrado que esta organización terrorista no tuvo nada que ver con él. Pero el
caso, es que, para buena parte de la opinión pública, lo único que importa es
que los que pusieron las bombas eran musulmanes. De ahí deducen sin más que el
atentado debe inscribirse dentro del movimiento yihadista que asola a Occidente.
En cualquier caso, tanto si este espíritu reduccionista venda los ojos del
potencial lector como si no, cualquiera que quiera enterarse de lo que fue el
11-M, las cuestiones que no ha resuelto la investigación oficial y la
importancia que tiene el no haberlo hecho, tiene aquí el libro perfecto con el
que enterarse.
Porque el libro es extraordinariamente claro, a pesar de la complejidad
del tema que trata. Además, siendo como es su autor uno de los abogados que
intervino en representación de una de las acusaciones particulares durante la
instrucción y el juicio posterior, podría haberse disculpado que fuera algo
prolijo al examinar pormenorizadamente los aspectos forenses del caso o que su
autor cayera en algún momento en la tentación de intentar demostrar al lector
cuán amplios son sus conocimientos penales y procesales. Nada de eso. Al
contrario. De Pablo ha renunciado al brillo profesional como jurista en
beneficio de que la exposición pueda seguirse sin dificultad por personas que no
saben Derecho. Si alguna vez alude a cuestiones jurídicas, lo hace por lo
relevantes que son para su tesis central y, en cualquier caso, de un modo
comprensible sin jerga jurídica y sin aparato técnico que las oscurezcan.
Y es que, esa es otra de las grandes virtudes del libro. De Pablo ha
conseguido una especie de cuadratura del círculo al combinar rigor y amenidad
que, en el tema del 11-M, será muy difícil superar por los próximos escritores
que se acerquen al tema. La publicidad del libro promete que se lee como una
novela. La verdad es que se lee mucho mejor que muchas novelas que he tenido la
desgracia de leer (de empezar a leer, para ser exacto).
Otra importante virtud que adorna el libro estriba en que su autor no se
ha basado en elucubraciones ni en especulaciones ni en nada que no esté en el
inmenso sumario. Con ello no sólo consigue dotar de un enorme rigor a la
afirmación central del libro (la de que existe una cuarta trama responsable del
11-M que no ha sido todavía descubierta), sino que permite al lector hacerse una
cabal idea de los enormes agujeros que, por lo que sea, padece la investigación
oficial.
Todas estas virtudes hacen de "La cuarta trama" un libro muy notable. Lo
que lo convierte en excepcional es la tesis que defiende y la brillantez con la
que lo hace. Parte el autor de que en el 11-M intervinieron tres tramas, la
asturiana, que proporcionó parte del explosivo, la banda de El Chino, que llevó
a cabo materialmente los atentados, y la banda de El Tunecino, que proporcionó
el elemento ideológico-islamista. Sin embargo, como muy bien denuncia de Pablo,
ninguna de estas tres tramas estaba en condiciones de idear el atentado, ni de
organizarlo. Tres aspectos del atentado, en concreto, no pueden atribuirse a
ninguna de estas tres tramas: la elección de la fecha; la elección del objetivo,
así como el cálculo de la hora a la que tenían que hacer explosión los
artefactos (todos ellos fueron colocados y programados para que hicieran
explosión cuando los trenes estuvieran en el interior de una estación, y si el
convoy de la calle Téllez no había todavía entrado en Atocha cuando estallaron
las bombas fue porque iba con retraso), y la preparación de las bombas. El
autor, en este punto, acierta a destacar como a El Chino, que se supone
encabezaba la banda que colocó las bombas, días antes del atentado le estalló un
detonador en la mano accidentalmente, lo que demuestra que carecía de la mínima
formación necesaria para fabricar bombas.
De Pablo ha encontrado en el sumario multitud de rastros de esta cuarta
trama. Ha visto a sus miembros abandonar la Renault Kangoo en las proximidades
de la estación de Alcalá de Henares la mañana del 11-M con una cinta casette
grabada con versículos coránicos en el interior del aparato de radio y una bolsa
con detonadores procedentes de Mina Conchita debajo del asiento del pasajero.
Los ha descubierto en las cercanías de Burgos, lugar al que El Chino acudió a
entrevistarse con alguien cuando volvía de Asturias con el explosivo adquirido a
Suárez Trashorras. Los ha encontrado igualmente en la tienda regentada por
comerciantes indios, comprando los teléfonos con los que se montaron las bombas,
hablando español sin acento y, entre ellos, en una lengua que resultó
inidentificable para los tenderos. Los ha visto montar las bombas en la finca de
Morata de Tajuña durante los días previos al atentado, cuando El Chino prohibió
a toda su gente que se acercara a la casa donde tenía alojados a unos amigos que
nadie debía ver. Y en muchos otros más sitios.
El aspecto más inquietante del libro es la narración de los muchos
episodios en que la Policía ha entorpecido de uno u otro modo la investigación.
Nadie puede negar que este entorpecimiento ha existido. El ejemplo del caso del
bórico, que de Pablo destaca, es un buen botón de muestra. Porque en este
episodio unos altos mandos policiales arriesgaron la cárcel por falsificar un
informe en el que se hacía una inocente alusión a la ETA en relación con el
11-M. De Pablo se plantea si la cuarta trama tenía suficiente influencia sobre
parte de la Policía como para lograr que determinadas líneas de investigación
fueran cegadas. Yo, por mi parte, quiero pensar que las muchas veces que la
Policía se ha negado a investigar indicios que conducían a ETA se debieron a la
evidente relevancia política que tendría el que se diera publicidad a esos
indicios o el que éstos se convirtieran en pruebas de que la ETA estaba de algún
modo implicada. Y ello porque tales descubrimientos, producidos antes del 14-M,
habrían impedido la victoria del PSOE, y de haberse dado después la habrían
deslegitimado. No tiene nada de particular que policías que deben su promoción
profesional al PSOE traten de protegerlo políticamente durante la investigación
sin que haga falta que tengan relación con esa cuarta trama que fue la que ideó
y organizó el 11-M. Pero esta convicción, no excluye que en algún caso esa
relación haya existido y lo que es inaceptable, como de Pablo denuncia, es que
el Estado se niegue a investigar y castigar las muchas irregularidades en las
que algunos policías han incurrido durante la investigación, lo hayan hecho por
proteger al PSOE o por proteger a la cuarta trama.
Además, De Pablo, sin afirmarlo rotundamente, como evita hacer siempre que
no tiene pruebas, parece sospechar que los primeros indicios que apuntaban a la
ETA la mañana del 11 de marzo fueron provocados para que el Gobierno, sabiendo
que tal autoría le favorecía, transmitiera a la opinión pública su convicción de
que lo más probable era que la matanza fuera obra de la banda terrorista vasca,
para luego, cuando apareciera más la pista islámica, poder acusar al Gobierno de
haber mentido.
No es menos inquietante la cuestión de quién intoxico a José Luis
Rodríguez Zapatero diciéndole que la policía había descubierto terroristas
suicidas en los trenes cuando lo cierto es que no se había descubierto nada.
Aunque lo más inquietante de todo es ver que Zapatero no ha denunciado a quién
así le engañó. ¿Por qué?
José María de Pablo es, sin duda, un autor conspiracionista como lo somos
todos los que vemos que la versión oficial del 11-M no es completa y ni
siquiera, en lo que narra, es completamente cierta. Su libro tiene la virtud, y
van ya muchas, de partir precisamente de la versión oficial para denunciar los
muchos agujeros que padece y los pocos esfuerzos que oficialmente se han hecho y
hacen para llenarlos. No puede, sin embargo, ofrecernos una versión alternativa
porque el abogado no tiene los medios de investigación necesarios para seguir
los hilos que el Estado ha dejado sueltos. Pero la seriedad y el rigor con el
que trata el tema otorga a todo el conspiracionismo de un extra de credibilidad
y seriedad que permitirá que parte de la opinión pública que se sienta
oficialista y que, por querer saber más, se acerque a este libro, se convierta
al conspiracionismo.
En resumen: un magnífico libro sobre el 11-M que incorporar a los también
muy brillantes de Miguel Platón, Casimiro García-Abadillo y Luis del Pino para
formar el grupo de los libros imprescindibles sobre el 11-M.
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No olvidar lo inolvidable
Gabriel Moris el 2009-04-11
http://www.libertaddigital.com/opinion/gabriel-moris/no-olvidar-lo-inolvidable-4\
8635/
Nunca vamos a dejar de preguntar. Y no sólo con intención de responder a
lo que tanto nos importa. También para que nadie vuelva a sufrir lo que nosotros
sufrimos.
Ahora se cumplen cinco años y un mes de la mayor masacre terrorista
sufrida en Europa. A pesar de todo el tiempo que ha transcurrido, creo no
equivocarme al afirmar que estamos tan lejos o más del conocimiento de la
autoría que donde estábamos en los días en los que ocurrió. ¿Cómo puede
explicarse esta realidad en un país de la Unión Europea que fue una de las
primeras nacionalidades que surgieron en ella?
Por citar sólo tres hechos. En un principio, se nos habló de varias tramas
y se detuvo a más de cien personas que entonces se relacionaron con la masacre.
Todavía hoy se habla extraoficialmente de una cuarta trama. Pero desde mi
óptica, ni a nivel judicial ni a nivel parlamentario se ha podido comprobar o
demostrar con evidencias la existencia de dichas tramas. Respecto al alto número
de detenidos, podemos decir que en el juicio y en la condena del Tribunal
Supremo resultó un globo pinchado, ya que sólo se ha condenado a tres personas
como autores sin explicar a cuál de las tramas pertenece cada una. Es más,
respecto al único condenado por su presencia en los trenes, se ha demostrado que
la noche anterior a la matanza estuvo en un gimnasio, existiendo registros que
prueban su presencia en el mismo. El lector puede sacar sus propias
conclusiones. Eso sí, ni los medios de comunicación ni ninguno de los poderes
públicos ha desmentido esta investigación periodística.
Recordemos el papel de la oposición durante el atentado y el período de
transferencia de poderes. El hoy presidente del Gobierno propaló la falsa
información de que había terroristas suicidas en los trenes. Fueron muchos los
que pensaron que si la autoría era de ETA, las elecciones las ganaría el partido
en el gobierno. Mientras que si hubiera sido de carácter islamista, las ganaría
el partido que las ganó. Es lo que entonces más preocupaba a los que, lejos de
ayudar en la investigación, sólo reflexionaban sobre cómo iba a influir nuestro
sufrimiento en el resultado electoral.
Poco después, el poder legislativo, a petición del principal partido de la
oposición, creó una comisión de investigación con la supuesta finalidad de
depurar las responsabilidades políticas del atentado. La comisión se cerró sin
cumplir su objetivo. No sólo pudimos constatarlo, también vimos con estupor cómo
los que nada investigaron mostraron su autosatisfacción por los trabajos no
realizados.
El gobierno recién estrenado, que desde la oposición prometía aclarar el
atentado, no sólo urgió el cierre de la comisión, sino que con el apoyo de todos
los grupos parlamentarios excepto el Popular, trató en todo momento de olvidar y
hacer olvidar a todos lo que con tanta fuerza exigió los tres días anteriores al
14 de marzo de 2004.
En lo que al Poder Judicial se refiere, podemos decir que el desastroso
sumario difícilmente hubiera permitido llegar al conocimiento de la verdad. A
pesar de ello, la vista pública se inició con un tribunal que nos hizo albergar
esperanzas. Sin embargo, las pruebas que se presentaron dejaron mucho que
desear. Es más, las mentiras y contradicciones de algunos testigos fueron
patentes. Pese a todo no hubo deducción de testimonio para ninguno de los que
declararon. El juicio finalizó con la sentencia conocida por todos.
Sobre las piezas que permanecen abiertas, yo, al menos, no sé cómo se
están tratando. Lo que sí me consta es que en buena medida las peticiones de las
partes fueron denegadas. Entre ellas, la visualización de las grabaciones
realizadas durante la pericia de explosivos, a las que considero que tenemos
derecho al menos los peritos que intervenimos en ella. Por último, la sentencia
del Tribunal Supremo tampoco aportó grandes cosas. Ni antes ni después se pudo
establecer la autoría intelectual del atentado.
Hoy -a pesar de que el 80% de los españoles considera que no se conoce la
verdad- el silencio es casi unánime. Ignoro el interés que los poderes públicos
puedan tener en olvidar lo inolvidable. ¿Qué podemos pensar las víctimas que
tenemos infinidad de preguntas sin contestar? ¿A quién le importa?
En cualquier caso, ya pueden perder toda esperanza. Nunca vamos a dejar de
preguntar. Y no sólo con intención de responder a lo que tanto nos importa.
También para que nadie vuelva a sufrir lo que nosotros sufrimos. O el Gobierno,
la oposición, los jueces, la fiscalía y la Policía nos ayudan a contestarlas, o
desde la impunidad que se les ha ofrecido, los que causaron tanto sufrimiento
volverán a intentarlo. Aún estamos a tiempo de reaccionar.
© Libertad Digital SA Juan Esplandiu 13 - 28007 Madrid
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