La presunta "invasión" estadounidense, como la calificó el presidente Hugo Chávez, es en el fondo el reconocimiento de una grave crisis que genera inestabilidad en la región. De naturaleza diferente al conflicto de Colombia, es quizás más grave a futuro si se extrapolan algunos factores ideológicos confusos que asocian el Gobierno al terrorismo y al hecho de que algunos observadores están persuadidos de que en Venezuela, como en la isla de Cuba, los líderes "rebeldes" detentan el poder
ORLANDO OCHOA TERAN
ESPECIAL EL UNIVERSAL
Una vez más el presidente Chávez se refirió a la posibilidad de una "invasión" de EEUU a Venezuela. Para enfatizar su denuncia se uniformó y advirtió que Venezuela no era "invadible" como Liberia. "Patria o muerte", "pelearemos con las uñas" amenazó Chávez. En la oportunidad de la toma de posesión del presidente Nicanor Duarte de Paraguay también fue arrastrado por los mismos temores: "Si alguna fuerza, venga de EEUU o de la Luna, pretendiera invadir a Venezuela, hay un pueblo que saldrá a defender el país, aun cuando no tenga armas".
Es inevitable. Cada vez que un jefe de Estado acude a estos arrestos para advertir sobre una presunta invasión recordamos al agudo periodista Amir Taheri, del diario Arabs News, quien relataba que en septiembre de 1994, Raoul Cedras, entonces hombre fuerte de Haití, le aseguraba en una entrevista: "Los americanos no podrán hacer nada, Haití no es Grenada". Una década después el general serbio Ratko Mladic proclamaba: "Bosnia no es Haití". Más tarde Slobodan Milosevic, presidente de Serbia, anunciaba por la BBC de Londres: "Serbia no es Bosnia" En diciembre de 2001, el líder Talibán, Mullah Muhammad Omar advirtió al mundo que un ataque de EEUU a Afganistán marcaría la "destrucción de América".
En enero de este año, Saddam Hussein, en una reunión del Consejo del Comando Revolucionario alertó: "Irak no es Afganistán". Cuando EEUU amenazó a Irán que no permitiría que continuaran con el desarrollo de armas nucleares, Hassan Rouhani, el secretario general del Alto Consejo Nacional de la Defensa ripostó: "Irán no es Irak y nuestros héroes lucharán hasta derramar la última gota de sangre". ¿Es en realidad Venezuela invadible, intervenible? Veamos.
Política jeffersoniana
El retirado senador Jesse Helms, ex presidente de la Comisión de Política Exterior del Senado solía, decir que en lo sustancial la política exterior de EEUU no había variado desde que Thomas Jefferson la formulara fundamentada en tres premisas básicas: diplomacia, embargo/bloqueo o intervención/guerra. En efecto, casi dos tercios del territorio de EEUU fue anexado, adquirido o conquistado bajo estos tres principios. El desalojo militar del Imperio Español del Caribe y de Asia, el triunfo militar en la Primera y Segunda Guerra Mundiales así como el de la Guerra Fría, hacen de EEUU la única y "solitaria" potencia global. Conflictos de mediana y baja intensidad durante las últimas décadas del siglo pasado ampliaron este poder a niveles históricos sin precedentes.
No obstante, hace 30 años, el 16 de octubre de 1973, cuando la OPEP decreta el embargo árabe petrolero contra occidente éste no fue suficiente para provocar una intervención militar. Sólo en la fértil imaginación de un novelista se planteó entonces una invasión al Medio Oriente y a Venezuela para asegurar las fuentes de energía, tal como la recreó el escritor James Grady en su best seller, Los 7 días del Condor.
Transcurridas estas tres décadas del embargo petrolero ya no se puede decir que una intervención a Venezuela, como la ha planteado el presidente Chávez, es absolutamente descartable u obra de una fantasiosa imaginación. El 11S cambió al mundo y EEUU ha incorporado a su agresiva política exterior nuevos elementos que hasta hace poco eran inconcebibles en la subyacente moralidad que se le quiso imprimir a la imposición de sus propios valores democráticos.
Hoy EEUU reclama el derecho de atacar militarmente o asesinar como una acción preventiva para alcanzar objetivos estratégicos o impedir otro atentado terrorista a su territorio. Esta doctrina declara incluso la intención de evitar por todos los medios que otra potencia se aproxime al nivel de desarrollo militar de EEUU. Antes de iniciar la invasión a Irak el vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, comentó que una bala (en la cabeza de Hussein) era una proposición mucho más económica que la militar.
Formas de intervenir
Con frecuencia se olvida que en América Latina las intervenciones de EEUU han tomado múltiples formas y no necesariamente el formato de una invasión militar. ¿Quién puede negar que Colombia vive actualmente una forma de intervención propiciada, aceptada, admitida por su clase gobernante y por una mayoría popular que se refleja en las encuestas en el entendido que este es un mal menor a la perspectiva de caer bajo la égida de un narco-estado? En Venezuela la mera mención de esta posibilidad invasora provoca airadas posturas de patrioterismo y de "traición a la patria" del chavismo.
Pero es el mismo gobierno bolivariano el que periódicamente nos recuerda, a su conveniencia, la presunta intervención y la probable "invasión" como la califica Chávez. En el fondo es el reconocimiento de una grave crisis que genera inestabilidad en la región. De naturaleza diferente al conflicto de Colombia, es quizás más grave si se extrapolan algunos factores ideológicos confusos que asocian al Gobierno al terrorismo y al hecho de que, para algunos observadores, en Venezuela, como en Cuba, los "rebeldes" son los que detentan el poder.
La legitimidad
No es fácil trasladar el esquema iraquí a Venezuela para construir una hipótesis de invasión. Sin embargo, la legitimidad que Chávez perdería a través del referendo revocatorio o con las maniobras para eludirlo o posponerlo indefinidamente jugarán un papel clave. En este último caso desataría una presión internacional que puede tomar cualquiera de las formas históricas conocidas. La invasión, la más remota, sería un error que favorecería el carácter heroico de Chávez así como sus intereses políticos presentes y futuros.
Pero lo que hoy luce como absurdo bien podría encuadrar en la "racionalidad" que los halcones del Pentágono han diseñado para responder por la fuerza a las supuestas amenazas a la seguridad nacional de EEUU, sin importarles mucho el costo político. La urgencia electoral de EEUU en 2004 precipitará cualquier decisión. ¿Se colocará Chávez, por conveniencia o convicción en estos supuestos que activarían una forma de intervención cubierta, encubierta o indirecta por interpuesto país?
El presidente Chávez, habituado como está a la práctica de lanzar una granada a cada obstáculo que encuentra en el camino y ante la inminencia de un nuevo escenario electoral, ha hundido el pie en el acelerador para crear un clima de confrontación interno o externo, o ambos. Acentuar la confrontación con EEUU y con Colombia luce como una de sus opciones. El presidente Uribe no parece dispuesto a hacer concesiones y arriesgar su cómoda posición política. En fin, el futuro de la revolución bolivariana y su presuntuosa proyección regional dependerá de la actitud que asuma el comandante Chávez en el estrecho espacio y el poco tiempo que le queda para maniobrar nacional e internacionalmente.