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Cuaderno de campo. 11 de marzo de 2006, sábado.   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #14 de 562 |
- Allí hay una rapaz grande…
De este modo, Carlos conseguía separar mis ojos del tele que
enfocaban al ánade real que descansaba a "pata coja" en la pantaneta
de Alhama…
Lo miro, y cómo no, él ya tiene los prismáticos enfocando al bicho.
Dirijo mi mirada hacia ese punto, y en uno de sus giros, mientras
ascendía por una térmica, me permite descubrirla a más de un
kilómetro allá en lo alto. Agarro los prismáticos, la localizo,
consigo enfocarla…y lo primero que me llama la atención son
sus "dedos" a contra luz y su tamaño…se trataba de un águila, de eso
no había duda.
- Perdicera…Culebrera,… – mi cabeza empieza a pensar.
Al siguiente giro en lo alto de la térmica "se dejó ver"…fondo
claro, llamativo barreado, no había lugar a dudas…
- Una culebrera - oigo a Carlos por detrás.
- Un adulto ¿no? – le digo. Miro hacia atrás y asiente.
De este modo se rompía la monotonía de la mañana del sábado. Tanta
focha, porrón común, zampullín chico y cormorán grande se hacían
pesados. Allí estuvo cogiendo altura durante unos dos minutos, para
luego dejarnos admirar su elegante forma de cernirse en el aire,
como si de un falco gigante se tratara…o de un Alcaudón real con
viento de frente…jajajaja.
Al poco tiempo se dejó caer a una velocidad de vértigo, y de ese
modo desapareció por detrás de una loma, dejando detrás de sí los
montes aún nevados de la Sierra de Tejeda y Almijara. Era mi primera
culebrera del año.

Por la tarde fuimos al Valle de Monachil, "mi valle", como le gusta
llamarlo a Carlos. Allí no hay hoja que caiga al suelo sin su
aprobación. Todo lo tiene controlado.
- Es que son más de seis años viniendo casi a diario por aquí – me
dice mientras sonríe.
Bajamos, cruzamos un pequeño arroyo y nos acercamos a un cortijo
abandonado.
Allí me habla de su encuentro, hace tiempo, con un búho real, me
indica el álamo en el que estaba posado, como "se asustaron
mutuamente" cuando se encontraron en mitad de la noche y hacia donde
salió volando. Te disecciona las historias de un modo que crees
haberlas vivido tú mismo.
- En el tejado vi una vez una lechuza, pero desde que oigo al búho
por la zona aquí no he vuelto a verlas…para que luego digan que las
rapaces nocturnas pueden convivir sin problemas… - dice sonriendo.
Y mientras rodeamos el cortijo me habla de la posibilidad de que los
mochuelos usaran sus chimeneas de piedra para anidar, y que mientras
estamos andando por allí podrían estar mirándonos sin darnos cuenta.
Entramos en el cortijo en busca de egagrópilas, pero no hay nada…
- Si yo fuera un cernícalo viviría aquí. Mira que dos ojos de buey
para entrar y que repisa para anidar.
Esto es algo normal en Carlos, se pone en el lugar de los pájaros e
intenta pensar como ellos, por donde cazaría si él fuera un
cernícalo, o un mochuelo, o donde preferiría anidar si fuera
un "simple" petirrojo,…
- Es que si yo fuera un mochuelo me metería en esa chimenea y cuando
viniérais pa anillarme me agachaba y esperaba tan tranquilo ahí
dentro a que os fuérais. Y cuando os largárais yo salía y os hacía
un corte de manga…Joderos mamones que no me habéis pillao!!! - Yo
sólo puedo mirarlo y reirme mientras hace de mochuelo al que le han
salido unos brazos tan articulados como para poder hacer cortes de
manga.
Nada más salir del cortijo andamos junto a una acequia llena de
álamos. Allí llega el turno a la historia de su sin vivir por una
pareja de gavilanes a la que ve durante época de cría y fuera de
ésta.
- Yo estoy seguro de que crían por aquí, pero es imposible localizar
el nido.
- Son como duendes – le digo.
- Una vez vi a uno de ellos en esa rama – me dice señalándome el
lugar exacto entre la marabunta de álamos – pero en cuanto me vio
llegar salió disparado.

A unos 50 metros paramos para comer algo, y desde allí me cuenta la
historia de un
Pito real que estaba haciendo su nido en el único poste de la luz
que había en lo alto de la pequeña loma que teníamos delante. Era un
poste abandonado, solitario, sin ningún árbol alrededor y en medio
de una mancha de matorral mediterráneo. Me parecía increíble que el
pito hubiera decidido hacer allí su vida teniendo la mancha de
álamos a unos 300 metros.
Cogemos los prismáticos e intentamos ver el hueco que estaba
tallando el Pito, pero en el poste no había pájaro carpintero…pero
sí algo que parecía posado en todo lo alto. Al principio creíamos
que era algo más del poste, de su estructura, pero Carlos estaba en
lo cierto, su memoria no le fallaba, son muchos años viendo ese
poste:
- Tío, eso no es el remate del poste, yo no recuerdo que ese poste
tuviera eso…
Seguimos mirando y los pocos segundos dice:
- Se ha movido, eso es un pájaro…
Y al instante echa a volar…era uno de los cernícalos comunes que me
acababa de contar que llevaba tiempo viendo por allí y que estaba
deseando encontrar el nido…
- Vamos a quedarnos un rato por aquí a ver si vemos a donde va.
Pero tras un corto vuelo el cernícalo desapareció por detrás de la
loma…y no pasó ni un minuto cuando oímos un "Klüh-klüh-klüh-klüh-
klüh-klüh-klüh… y allí estaba el Pito real en medio del poste
eléctrico. No pudimos más que reírnos y llegar a la conclusión de
que el pobre pito estaba esperando a que el dichoso cernícalo
desOKUPAra su casa. Al parecer, este Pito real había puesto en
práctica la "Técnica si yo fuera un mochuelo" de la que Carlos
acababa de hablarme.
Al poco rato de estar observándolo, y oyéndolo, pudimos contemplar a
otros dos pitos en una encina cercana, plantándole cara a nuestro
protagonista, que no se lo pensó mucho, por no decir nada, y se
lanzó sobre ellos. Tras una trifulca algo acalorada terminaron
yéndose, pudiendo volver nuestro pícido a sus labores eléctricas.
Cuando el cernícalo de antes era sólo un mero recuerdo tras la
comilona, por nuestra izquierda apareció otro cernícalo (o el mismo,
quién sabe…) en un vuelo aparentemente directo hacia nosotros…pero
se terminó perdiendo por la pared de tierra que teníamos a nuestras
espaladas…
De repente dice Carlos mirando hacia detrás:
- Ostias, ahí está la pareja de cernícalos!!!
Sobre nuestra cabeza había dos rapaces de "tamaño cernícalo", y si
hacía dos segundos por allí había desaparecido uno, esos dos bichos
debían ser la pareja que Carlos estaba buscando.
Pero no, lo de "Ostias, ahí está la pareja de cernícalos!!!" fue
fruto de la emoción, y más emoción fue aún el darnos cuenta de que
se trataba de una pareja, sí, pero de Gavilanes, esos que me contaba
hacía un momento veía a menudo por allí (Probablemente el cernícalo
que se perdió por detrás de nuestras cabezas en vuelo directo hacía
cuatro segundos, fue a echar de sus dominios a estos dos primos
suyos).
Así que teníamos el privilegio de estar observando a dos Gavilanes
volándonos a escasos 40 metros por encima de nuestras cabezas. Tras
deducir por tamaño cual era el macho y cual era la hembra, le digo:
- Yo sigo a la hembra.
- Vale, yo sigo al macho – me dice.
Esto de seguir a los dos independientemente es algo frecuente que
solemos hacer para evitar perder de vista a varios bichos que vuelan
a la vez. Pero al rato, cuando la hembra me desaparece por detrás de
la loma, por donde antes vino ese cernícalo en vuelo directo, le
pregunto:
- Carlos, por donde anda el macho?? Es que la hembra se ha perdío.
- Jajaja…no sé tío, es que la hembra es "más bonita" y he pasao del
macho…
…lo importante era que los dos habíamos podido disfrutar del vuelo
de una gavilana durante unos minutos…

Bueno, podría seguir contando paso a paso como fue ese día en
compañía de mi amigo Carlos, de cómo pasamos al lado de unas
colmenas, ya activas por cierto, y de cómo me contaba que veía a los
abejarucos darle pasadas a las abejas para alimentarse, y de cómo se
le podrían cruzar a aquello unas redes para poder anillarlos, y de
cómo no paró de cantar el pito en toda la tarde, o de cómo…

Al terminar nuestro recorrido vimos un mochuelo, un mochuelo que
quizá salió de la chimenea del cortijo cuando nos fuimos, un
mochuelo que quizá nos hizo un corte de manga, un mochuelo que quizá
simplemente estaba siguiéndonos por el Valle de Monachil, por "su
valle", por el Valle de Carlos.

Con este pequeño relato espero no haber sido muy pesado. Simplemente
podría haber dicho que vimos porrones, fochas, cormoranes, ánade
real, águila culebrera, cernícalos comunes, pito real, gavilanes,
mochuelos,...y decenas de pajarillos más, pero no es lo mismo. Lo
que gusta compartir son emociones y yo sólo quería animar la cosa y
apoyar a esos locos que se paran en la facultad a ver mirlos en
celo, a esos locos que no paran de aprender y enseñar cuando salen
al campo, a esos locos que se ofrecen para salir al monte y
compartir sus delirios contigo. Muchas gracias.
Un saludo de alguien que empieza a perder de la cabeza, y con mucho
gusto, por los pájaros.








Lun, 13 de Mar, 2006 10:26 pm

quiquelarios81
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- Allí hay una rapaz grande… De este modo, Carlos conseguía separar mis ojos del tele que enfocaban al ánade real que descansaba a "pata coja" en la...
Jose Enrique
quiquelarios81
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13 de Mar, 2006
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