[Emilio]
Je, je, je, ¡que cosas, que coincidencias!. Aproveché mis practicas de taller y
de torno para fabricar un surtido artillero de no te menees, practicando
imprudentes salvas contra el patio de un amigo de una manzana interior del
ensanche de BCN que, asimismo, respondia con fuego graneado. Naturalmente
necesitaba polvora.
[Roberto]
Si bien tenía en mente (raras veces proyecto sobre papel) ciertos artefactos
parecidos a granadas, morteros y bombardas, siempre he sentido un gran respeto
hacia la metralla, así que mi neocórtex me aconsejó emplear envoltorios que no
generaran tan indeseados proyectiles.
[Emilio]
La fabricaba moliendo los componentes separadamente en un viejo molino de café
de grandes engranajes y volante. Un dia, por las urgencias de lo cotidiano, metí
todos los componentes juntos y me puse a moler rápidamente. La explosión fue de
campeonato, toda la caseta que mis padres tenían en el terrado de casa saltó por
los aires y sus restos fueron a caer en medio de la calle Urgell, por suerte sin
matar a nadie. Salí chamuscado, los pelos tiesos y una herida en la pierna. El
gato salió mejor librado pero resoplando y cagando leches.
[Roberto]
En una visita a una pirotecnia propiedad de un familiar pude observar que la
pólvora, derivados y similares se mezclaban en barriles giratorios a manivela
donde, en ocasiones, se introducían bolas de bronce. Incluso este mecanismo me
pareció peligroso, así que yo siempre mezclé los componentes a mano.
[Emilio]
En tiempos de Franco no era cosa de ir confesando que uno fabricaba explosivos
en casa, por muy adolescente que fueras, así que en el Clinic mi madre dijo que
me había estallado un sifón. La cosa no coló cuando en el quirófano me
extrajeron de la pierna un cacho de engranaje de hierro, pero eran buena gente e
hicieron un informe con lo del sifón.
[Roberto]
No se, pero te hacía más joven. Supongo que la culpa es de lo apasionado y
fanático que suenas en esas cruzadas que tanto te devalúan. A partir de ahora
prometo fingir más respeto a tus canas ;-DDD
[Emilio]
La jovencisima y rubia enfermera que me puso la antitetánica era una
preciosidad, sentí vergüenza y no quise que me pinchara en el culo.
Viendo mi turbación, era muy vergonzoso entonces, accedió a pincharme en el
muslo. Nunca he olvidado esa belleza.
[Roberto]
Una bella historia de enfermera y herido en el frente... ¿Empachado de "Hazañas
bélicas"?
[Emilio]
Cuando mi padre llegó a casa, vió el desastre y supo que estaba en el hospital,
se derrumbó en el sofá, ¡no era para menos!, la semana anterior mi hermano mayor
le birló y luego estrelló el coche por un barranco y se le chungó la pierna. El
pobre no ganaba para disgustos.
Cuando me vió llegar más o menos bien, no tuvo fuerzas ni para meterme una
bronca, pero se tranquilizó. Más se tranquilizó cuando pasaron los días y no
vinieron los grises a visitarnos.
[Roberto]
Santa paciencia con "Zipi y Zape".
[Emilio]
También tuve que cerrar el laboratorio. ¡Cagüentodo!.
[Roberto]
No te duela. A lo mejor estamos e-hablando ahora gracias a los respectivos
cierres de "laboratorio" en vez de estar criando malvas. Tomémoslo como una
retirada a tiempo.
Saludos.
Enlaces a Yahoo! Grupos