Jorge Semprún ha escrito su primer novela en español.
Saludos
Héctor
Jueves, 4 de septiembre de 2003
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ENTREVISTA: Jorge Semprún - Escritor
"El siglo XX no se puede entender sin la generosidad de
los comunistas"
JOSÉ ANDRÉS ROJO - Madrid
EL PAÍS | Cultura - 04-09-2003
En los próximos días se publica la primera novela que Jorge
Semprún ha escrito en español. Veinte años y un día se sumerge inicialmente
en un episodio trágico de la Guerra Civil, pero luego propone diferentes
historias que reconstruyen la España de los cincuenta, con las maniobras de
los agentes represivos y las batallas de cuantos luchaban contra la
dictadura. Es también una novela cargada de erotismo y habitada por toda una
galería de complejos y apasionantes personajes.
El 18 de julio de 1936, el hermano menor -y el más liberal- de
los Avendaño fue asesinado en su finca de un pequeño pueblo, Quismondo, de
Toledo. Se lo llevó por delante una turba de campesinos soliviantados por la
fiebre revolucionaria que acababa de desencadenar el alzamiento contra la
República.
Una vieja historia trágica de la Guerra Civil, que la familia
Avendaño reprodujo ritualmente en fecha tan señalada después del triunfo de
Franco -de nuevo los campesinos del lugar asesinando, teatralmente, a uno de
los dueños de la finca- para recordar que los vencidos, además de vencidos,
fueron unos asesinos.
Con esa historia, con la visita de un hispanista a la finca para
asistir a la ceremonia ritual del crimen en 1956, empieza Veinte años y un
día, la última novela de Jorge Semprún (Madrid, 1923), que llega en los
próximos días a las librerías publicada por Tusquets y que aparecerá, en
octubre, en Círculo de Lectores.
Se trata de la primera de las novelas que Semprún escribe
directamente en español. Está en ella el telón de fondo de la Guerra Civil,
con el recuerdo del crimen y el intento fallido de una nueva ceremonia
ritual (en esa ocasión, en 1956, los campesinos se niegan a representarla),
pero también está la España de los años cincuenta, aquélla en la que
Federico Sánchez, álter ego del propio Semprún, desarrolla su trabajo como
agente comunista, y están los que fueron haciendo la batalla minúscula de
socavar una dictadura.
Están también los dramas familiares, la fascinante presencia de
Mercedes Pombo (la viuda del Avendaño asesinado), hay amor y erotismo y los
rebuscados caminos que siguen las pasiones. Lo gobierna todo esa escritura
de Semprún, atenta a los detalles, que se escapa del primer plano para
organizar los hilos de las historias desde la transparencia del que tiene
algo que contar, y lo cuenta.
Semprún tiene mucho de donde tirar porque su vida es una vida
que son muchas vidas. Estuvo en la Resistencia contra la ocupación alemana y
fue enviado al campo de concentración de Buchenwald. Estuvo en el Partido
Comunista y desarrolló entonces su actividad clandestina en España contra la
dictadura. En 1964, fue expulsado del Comité Central de aquella
organización. Más adelante, fue ministro de Cultura entre 1988 y 1991 cuando
gobernaban los socialistas. No ha dejado de escribir: guiones, novelas,
textos autobiográficos...
Ahora ha vuelto sobre una época de su larga trayectoria. Y lo ha
hecho desde la ficción, con una novela que incorpora muchos personajes
reales: Hemingway, Domingo Dominguín, Javier Pradera, Enrique Múgica, Rafael
Sánchez Ferlosio, Juan Benet y otros muchos.
Pregunta. ¿Dónde empieza en realidad esta historia?
Respuesta. En una cena con Domingo Dominguín y Hemingway, en la
que me cuentan aquella ceremonia. Lo que me impresionó no es el crimen, que
por aquella época hubo muchos, sino su representación ritual un año tras
otro.
P. Así que la lleva muchos años encima. ¿Desde cuándo?
R. Aquella reunión tuvo lugar alrededor del 53, pero la idea de
contarla se impuso después, hacia 1959. En otra cena, en la que estaba Juan
Benet, que todavía no había publicado nada pero que ya tenía el prestigio de
ser un escritor. Fue él el que comentó que la anécdota era el embrión de una
novela. "Es puro Faulkner", dijo. Y me di cuenta de que alguna vez la iba a
contar.
P. En la novela está la Guerra Civil, pero luego se va
deslizando la España de los años cincuenta, con la actividad clandestina de
Federico Sánchez y la capacidad represora del régimen...
R. Mi vida durante aquellos años no fue la vida normal de
cualquier ciudadano, fue la vida clandestina de un comunista. No trataba con
gente corriente, sino con otros militantes o personas próximas, como se les
decía. Pero yo viví la transformación de este país. Un buen día, en la plaza
de España, hacia finales de los cincuenta, me di cuenta de que algo había
cambiado definitivamente. Había allí chicos y chicas que volvían de pasar el
día en el campo, y por su forma de tratarse, por su frescura, por el color
de sus ropas y sus ademanes, comprendí que ya no era la España contra la que
luchábamos los comunistas. Existía una clase media, ya no eran los tiempos
del hambre y de la terrible represión. Había que cambiar de estrategia.
P. Su novela, sin embargo, reconstruye la época anterior.
R. Cuando empiezan los años cincuenta, la represión ha sido tan
radical que ya no quedan en realidad focos de resistencia. No queda nada de
nada. Un año decisivo es 1948, cuando una delegación española se reúne con
Stalin. Éste propone allí un giro radical. Considera que hay que abandonar
la lucha de guerrillas y que hay que sustituirla por una actividad pacífica
de movilizar a las masas. De lo que se trataba era de proponer la
reconciliación nacional.
P. Así que las consignas vienen de fuera...
R. Resulta paradójico que fuera Stalin, que en esos años ya
había sido contestado desde distintos frentes, el que propusiera que había
que utilizar los sindicatos verticales del régimen para empezar a propiciar
los cambios. Los comunistas españoles lo entendieron en principio como una
aberración, pero obedecieron, y de ahí surgió Comisiones Obreras. Había una
pequeña brecha democrática en los rígidos sindicatos verticales: las
elecciones de los enlaces. A partir de ahí, de militantes anónimos que
consiguieron ser elegidos, se empezó a generar una lucha con una orientación
distinta.
P. El comunismo, tal como se ve desde ahora, ha resultado un
fracaso. ¿Cómo se vivía entonces?
R. No siempre coinciden los tiempos históricos con los tiempos
personales. Es posible que muchos comprendieran que ese ideal, el comunista,
había ya sido traicionado en los años treinta, y que estaba destinado a
fracasar. Hubo otros que lo comprendimos más tarde. Sobre todo en España,
donde el Partido Comunista fue la única fuerza organizada que luchó de forma
real y eficaz contra la dictadura, desde 1939 hasta que Franco murió. Con
todos sus errores, que igual fueron mayores que sus aciertos, no cejó un
momento en su empeño de cambiar las cosas, y a la larga eso facilitó la
transición. El ideal comunista fue real, y sin la generosidad y la
abnegación y el sacrificio de tantos que lucharon por cambiar el mundo no se
puede entender la historia del siglo XX.
P. Aunque al final fuera un tremendo fracaso...
R. Es necesario ver las cosas con una cierta distancia. En los
años treinta, las democracias parlamentarias estaban muy desprestigiadas,
por su corrupción, y el capitalismo parecía que se iba al garete con el
crack del 29. Y había una alternativa. Que luego se vio que no era tal, pero
entonces el prestigio de la revolución rusa existía. Incluso más adelante,
cuando las tropas soviéticas tomaron Berlín al terminar la II Guerra
Mundial, se tuvo la ilusión de que existían otras maneras de gobernar.
P. ¿Y hoy?
R. Las democracias vuelven a estar en crisis y la política está
desprestigiada. Pero ya no hay alternativas, aunque sean ilusorias.
P. Por cierto, es su primera novela escrita en español.
R. Empecé El largo viaje en España y la escribí en francés
porque en esa lengua había vivido los hechos que allí narraba. ¿Por qué
seguí escribiendo en francés? Por la censura. Lo que cuento ahora lo viví en
español, así que decidí afrontar el riesgo de contarlo en esa lengua.
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