Está muy bien que se tomen este tipo de iniciativas que fomentan el personaje
del tamboritero en la cultura, pero por lo que va a pagar el ayuntamiento de
Astorga por es escultura (se supone) se sufragaría un plan de recuperación y
fomento de la flauta de tres agujeros en Margatería y Astorga. Me refiero a un
plan de choque que evite que estos instrumentos acaben sucumbiendo a la desidia
que suele caracterizar a la provincia de León con respecto al mantenimiento y
difusión, al apoyo verdadero de la música tradicional, no a las vagas muestras
que podemos ver todos los veranos en algunas localidades de la goegrafía
leonesa; la mayoría puestas en marcha por iniciativas particulares y con muy
poco apoyo institucional. Sería muy bueno levantar la vista por encima de
nuestro ombligo de leoneses y ver cómo se está trabajamdo desde hace muchísimos
años en provincias como Zamora, Burgos, Salamanca o Valladolid.
repito que, me parece bien, aunque los niños de Astorga y Maragatería
agradecerían más charlas didácticas, cursos de formación y un acercamiento mejor
y mayor al tema desde el ámbito escolar, que el ver en una calle de su ciudad
una estátua más que, sin la formación de la que hablo, no les va a decir nada.
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De: David Andrés Fernández <tamboritero_maragatos@...>
Para: tamborileros@yahoogroups.com
Enviado: miércoles, 10 de diciembre, 2008 21:11:43
Asunto: [tamborileros] Un monumento para nuestros músicos tradicionales
Un artículo largo pero interesante que menciona varios músicos y
monumentos a los mismos en la península:
Un monumento para nuestros músicos tradicionales
LA ciudad de Astorga, merced a su Ayuntamiento a través de su
Concejalía de Cultura Tradicional y por iniciativa la asociación
cultural «la caleya», durante este verano ha protagonizado la loable
iniciativa de comenzar a homenajear públicamente a los músicos
populares y tradicionales. En esta ocasión, tres reconocidos
representantes de este gremio de ministriles han sido objeto del
merecido reconocimiento. Me refiero en concreto al tamboritero
maragato Maximiliano Arce y a los gaiteros cabreireses Moisés
Liébana y Domingo Losada.
Parece ser que tal inercia probablemente no quedará en lo puntual y
pretende materializarse en un homenaje plástico permanente. Sobre
todo, teniendo en cuenta que dicha institución, complementando esta
iniciativa, ha hecho pública su loable intención de embarcarse en el
proyecto de la promoción en un próximo futuro de un monumento
dedicado al tamboritero maragato. Esto va a ser posible, como
indicase su teniente de alcalde Enrique Soto en el marco de las
veraniegas Jornadas de Cultura Leonesa dedicadas a la música
tradicional leonesa y en concreto durante su conferencia de
apertura, gentilmente a mi encomendada.
Obvio resulta en cualquier lugar el elogio al simple planteamiento
de una iniciativa de esta magnitud. Sentimiento plausible que se
enraíza tanto desde el técnico ámbito etnomusicológico e
iconográfico musical, como desde las mas sensibles y generalizadas
perspectivas del sentir popular provincial. En especial, para gran
parte de nuestros paisanos maragatos, quienes seguro acogerán bien
el proyecto, pues representa una ocasión mas para reforzar, su de
sobra bien reconocido, sentido identitario grupal.
Pero, ¿por qué un homenaje de esta índole? Sencillamente porque,
como para todas las culturas de la totalidad los territorios que
integran el variado mosaico comarcal y regional que constituye
nuestro país hispano, la figura y el quehacer de los músicos
populares y tradicionales ha sido y es considerada socialmente como
un valor cultural, apreciado, e importante.
Desde la más remota antigüedad, instrumentistas, instrumentos y sus
respectivas producciones musicales, han coprotagonizado todo tipo de
momentos en nuestra historia y en base a ello han recibido una justa
compensación moral colectiva a su dedicación, entusiasta, vocacional
y laboriosa. Momentos acaecidos en todo tipo de circunstancias y
situaciones: alegres, tristes, heroicas, trágicas, evocadoramente
melancólicas de la ausencia o lejanía de la tierra madre,
exaltadores de un sentido de identidad localista, etc. Momentos
desarrollados en situaciones públicas, privadas, individuales o
colectivas, masivas o restringidas, ya se ubiquen en ámbitos
profanos como de cariz religioso y encarnadas en la paz, la guerra,
el júbilo o el desastre. En resumen, que en función de ello,
tradicionalmente han alcanzado un elevado nivel de relevancia social
y con ello, un elevado grado de consideración y reconocimiento
público del trabajo y figura de los tamboriteros, alcanzado
atendiendo a su talento y quehacer musical o también incluso a la
valoración de las bondades de la herramienta habitual de trabajo
sonoro.
No obstante, esta iniciativa monumental aplicada a nuestros queridos
tamboriteros, solo logrará su auténtico objetivo si efectivamente se
hace realidad bajo un serio y digno proyecto y un «soporte de
calidad», artísticamente hablando. Así representará una significada
oportunidad para nuestro enriquecimiento en términos patrimoniales
materiales e inmateriales.
Obra destinada a integrar un patrimonio enorgullecedor, que evita la
precariedad del «kitsch», mal gusto y las manifiestas carencias
artísticas auspiciadas por la menguada economía y que, por supuesto,
presenta una refutada y prestigiosa autoría. Paternidad de
concepción y factura que suele ser convenientemente seleccionada
entre varios bocetos de reputados artistas y para la cual, su justo
precio, a veces en apariencia inicialmente caro, no representa una
traba al proyecto pues, para sus perspicaces promotores, es claro
que asumirlo constituye a la larga una auténtica inversión en la
creación de riqueza para la ciudad.
Centrándonos en las artes plásticas y en concreto en la estatuaria y
obviando por razones de espacio menciones a otros periodos,
observamos en toda España que, a lo largo del siglo XX, se han
erigido monolitos, bustos y estatuas homenajeando a estos personajes
y todo lo que representan. En unos casos, de modo personalizado,
como por ejemplo en el caso de la dedicada al dulzainero y
folklorista Agapito Marazuela, en Segovia. En otros y con carácter
alegórico, dedicadas a figuras, conjuntos instrumentales o vocales,
etc., planteadas artísticamente desde perspectivas figurativas o
abstractas, de modo indistinto.
Así, a modo de resumido corpus de ejemplos, podemos encontrar
representaciones figurativas de instrumentistas organológicamente
parientes de los de nuestra flauta y tamborín en las lejanas y
rocieras tierras de la Aldea, en Ayamonte (Huelva). O en otras
geográficamente mas próximas, como en el caso del «tamboritero
charro», obra de 1977 del salmantino Agustín Casillas. Por no
olvidar las nuestras leonesas, artísticamente mas modernas y de
factura claramente popular o modesta, como son el naif tamboritero
maragato de Luyego o el busto dedicado al celebérrimo tamboritero
Aquilino Pastor, en Santa Catalina de Somoza.
Pero no concluye aquí este breve listado de ejemplos. Encontramos
otras representaciones en las dedicadas al gaitero gallego o
asturiano con su fole, erigidas en Santa Cruz de Ribadeo,
Ortigueira, o en la misma Asturias, o en la se que homenajea a los
participantes en la tradición de los «auroros» con sus campanillas o
esquilas, materializada a través de la estatua erigida ante la
estación ferroviaria de la navarra villa de Estella.
También quisiera resaltar que, en calles y plazas a lo largo del
territorio español, podemos encontrar representaciones escultóricas
de intérpretes o conjuntos musicales populares y tradicionales
vinculados a una celebración tan popular como es la Semana Santa. Es
el caso de las dedicadas a «el Merlú» o al «Barandales» en la
capital zamorana, o en Cáceres a figura su homóloga, así como la
recientísima del «Tararú», sita ante el Convento de Santo Domingo de
Palencia. Por no olvidar mención del «Judío» y su tambor, ya
sea «coliblanco o colinegro», en la cordobesa Baena. Las dedicadas
al «tamborilero» en Alcañiz y Calanda, al «tamborista» en Mula, o a
los tambores protagonistas de «tamborradas» de todo el Levante y
Andalucía, llevadas a efecto en lugares adscritos a esta tradición
como la propia Baena, Hellín, Tobarra, Mula, Híjar, Moratalla, etc.
Pero en relación a ello ¿Cuánto tendrán que esperar para correr
igual suerte nuestra «Ronda de Jesús» y resto de «Rondas»
leonesas, «Llambrión» y Corredores» ponferradinos, «Trompetas de la
Domínica» astorganas, «El Bombo» y «La Trompa» facundinos, o sus
homólogos de Villafranca del Bierzo, el clarín y el tambor
capitalinos, etc.?
No faltan tampoco las muestras alegóricas y de motivos menos
concretos, mas generalistas en lo relativo al intérprete, igualmente
dedicadas a temas como la tamborrada o su protagonista el tambor,
como ocurre en Ijar. Así como las que atienden a otros géneros
musicales relacionados con distintos momentos del calendario festivo
anual. Es el caso del flamenco, con la estatua erigida en Algeciras
a un Paco de Lucía «guitarra en mano», o al mismo instrumento
formando parte del monumento a la Jota en Zaragoza.
De carácter temporalmente mas efímero por sus materiales de
realización se presentan homenajes a estos músicos a través de
figuras como los gigantes y cabezudos, que en varias localidades
baleares representan tamboriteros de flauta y tambor o «fabiolers» y
a tañedores de cornamusas o gaitas. Otras se vinculan a
los «peleles» autómatas que públicamente tañen las campanas de
muchos relojes. Es el caso del Ayuntamiento de Toreno, o el mas
significado de Astorga, con su entrañable pareja de maragatos Juan
Zacunda y Colasa tañendo las horas, así como el famoso maragato en
la torre de la iglesia de Boñar, tantas veces cantado en la
famosa «Jota de Boñar».
En conclusión, estimados lectores, estén tranquilos tras lo expuesto
que, de llevar adelante este proyecto, seguro y una vez más nuestros
paisanos astorganos nos van a sorprender gratamente conduciendo a
buen término esta loable iniciativa y sumándose con ello al conjunto
hispano mencionado. Esperemos que, además, su gesto represente el
punto de arranque de propuestas similares de otros corregimientos
provinciales dedicadas, por ejemplo, a elogiar figuras homólogas
como el gaitero, el tamboritero berciano, fornelo, orbigueño o
cepedano, al acordeonista de nuestras comarcas «patsuezas», al
rabelista, al dulzainero y al tamboritero, a las pandereteras, al
campanero, al tañedor de «turullo» de las «veceras», etc. con las
que enriquecer nuestro patrimonio.
Autor: HÉCTOR-LUIS SUÁREZ PÉREZ
Fuente: Diario de León
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