Foto: Símbolos en la roca. Una de las piezas con signos epigráficos encontrada por el arqueólogo Muñoz Gambero en la comarca de la Axarquía.
Hace poco más de un año y medio, el arqueólogo Juan Manuel Muñoz Gambero tuvo que evaluar en el municipio de Casabermeja el estado de destrucción de un dolmen. Junto a esta estructura apareció una gran estela con grabados de carácter geométrico. En ese mismo entorno se encontraron in situ más de un centenar de piedras marcadas con lo que puede ser epigrafía paleohispánica o prerromana. Era un hallazgo que desvelaba la existencia de un tipo de escritura en un periodo anterior del que se tenía constancia, alrededor del primer milenio antes de Cristo. Pero esto no fue un hecho aislado. Desde entonces, este equipo ha identificado más de 200 piezas en casi toda la provincia de Málaga e, incluso, en Granada.
Aunque el arqueólogo aún está haciendo el informe preliminar, un filólogo experto en epigrafía ya ha estudiado estos símbolos que se repiten desde Casares, pasando por Ojén y hasta la Axarquía. En una de las piedras, este profesor identificó la palabra Calabe, pero no se sabe qué paralelismo puede tener ésta con cualquier lengua conocida. No se ha encontrado aún ninguna piedra de Rosetta que ayude a traducir los símbolos que fueron escritos en las rocas hace 3.000 años.
Estas estelas aparecen, en su mayoría, en un contexto funerario o religioso de carácter pseudo prehistórico o protohistórico. Aún no se conocen los significados de estos signos, pero aparecen grabados en ambas caras de rocas, algunas antropomorfas y zoomórficas (piedras que representan figuras de animales sagrados o respetados como el toro y el oso). "Hemos llegado a encontrar hasta el grabado de un barco", explica Muñoz Gambero.
"Estas piedras atestiguan que había una intencionalidad de comunicación a través de signos o símbolos en grandes áreas de la provincia, por lo que creemos que estas comunidades estaban mucho más avanzadas de lo que se suponía, ya que podían llegar a comunicarse mediante signos", añade el arqueólogo.
Estas líneas que surcan la piedra no son fruto de un acto casual o aislado. "Para determinar si esto tiene importancia o no, si es falso o creíble tan sólo hay que ver que la signografía y simbología es prácticamente igual en todas las partes de la provincia", dice Muñoz Gambero. Los trazos aparecidos en Benalmádena, Ojén y Casares son muy similares a los de la costa este y el interior de la provincia. En Málaga capital también se han descubierto piedras de estas características junto a un viejo dolmen semidestruido, aunque no se dan sólo en contextos funerarios.
Estas estelas con grabados, se encuentran a distintas altitudes (con respecto al nivel del mar) y en distintos tipos de terreno. Según Muñoz Gambero, no pueden ser marcas hechas por casualidad, por las labores de labranza del campo o un arado. Primero porque un arado no haría estas huellas (algunas de ellas con dibujos muy reconocibles como serpientes o barcos) y segundo porque algunas están en medio de un bosque, en terrenos que han tenido poca intervención del hombre. Además, son marcas intencionadas, que se repiten constantemente en puntos kilométricos muy distantes.
Sin embargo, la cronología exacta de estas estelas es difícil de especificar. Una de las maneras de datar los hallazgos es aparejándolos al contexto en el que se han encontrado. "Los dólmenes tienen una edad específica y estas piedras tienen la cronología aproximada del dolmen junto al que se han encontrado", comenta el arqueólogo, que ya excavó la colonia fenicia del Cerro del Villar hace décadas.
Pero el interés por estas epigrafías, el germen de las actuales investigaciones, ya surgió en los trabajos arqueológicos en el santuario-necrópolis ibero-púnico del Cerro de la Tortuga, junto a la actual residencia militar Castañón de Mena. Las excavaciones se hicieron en 1960. Allí se encontraron rocas con grabados que la profesora Amadassi Guzzo de la Universidad de la Sapienza en Roma ya identificó como letras púnicas y fenicias. "En Málaga no había Universidad y tan sólo un pequeño grupo de arqueólogos. Hasta dos años más tarde no empezamos a estudiar los grabados, no los tomamos en serio", relata. Aunque había mucho desconocimiento, los informes de los demás expertos lo pusieron sobre la pista de este tipo de epigrafía.
Sin embargo, ahora estas piedras se sitúan en yacimientos aún más antiguos, por lo que se supone que los grabados que Muñoz Gambero está localizando actualmente son pasos previos a la signografía y simbología que encontró en el Cerro de la Tortuga. "Hace unos domingos, estaba paseando y encontré una estela con cierta manera antropomorfa, tenía un metro de altura", recuerda el arqueólogo, que no creyó que pudiese hallar esa pieza a 1.000 metros de altitud, en el término municipal de Ojén.
"Me pregunté cómo se podía encontrar allí una estela, en un territorio tan alejado, en un valle casi cerrado y con tan poca comunicación con las poblaciones limítrofes. Entonces determiné que debió ser un lugar destinado al culto", explica. En la antigüedad, este lugar debería de ser un inmenso bosque de castaños, pinos y nogales, algo que despertara admiración y que fue divinizado por los pobladores de la provincia hace unos 3.000 años. "Antes de que llegaran los fenicios había poblaciones autóctonas y ésta sería una forma de determinar el territorio por la comunidad, de establecer las zonas de influencia y prestigio".
Estos grabados no sólo son signos o símbolos que podrían corresponder a un tipo de escritura que, hasta el momento, no puede conocerse su significado, como otras lenguas muertas. También se han encontrado trazos serpentiformes e incluso el dibujo de un barco. "Hay muchas teorías pero no una lectura clara, debido a la poca información e investigaciones poco elaboradas", opina Muñoz Gambero.
El equipo de este arqueólogo está terminando el informe preliminar que entregará a la Junta de Andalucía, encargada de valorar los hallazgos para ver hasta qué punto se pueden proteger y recuperar. "También queremos invitar a otros especialistas a que vengan por aquí para valorar el hallazgo", dice Muñoz Gambero que asegura que la Comisión de Patrimonio Histórico de la Junta tiene conocimiento de estos hallazgos, ya que está informada de todos los trabajos que se están haciendo en los terrenos que están afectados por el trazado de la autopista de peaje de Casabermeja.
Pero aún queda una intensa labor por hacer. Se tienen que estudiar las estelas halladas e intentar que las administraciones competentes tomen cartas en el asunto. "No queremos dotar a este descubrimiento de mayor trascendencia de la que tiene. Para nosotros ya es importante, la verdad. Pero los alcaldes de los distintos municipios donde hemos encontrado las piezas no se lo toman en serio", expone Muñoz Gambero. Pero para apoyar los trabajos arqueológicos es fundamental que las instituciones asuman la labor de protección de los restos.
Por ello, también es importante que la Comisión de Patrimonio de la Junta emita un informe con la valoración de estos grabados epigráficos. Además, muchas fincas en las que se han encontrado los restos corresponden a particulares, "en las que se van a hacer urbanizaciones y campos de golf", dice el arqueólogo responsable de la investigación. "El procedimiento siempre es el mismo. Hacemos un informe para los ayuntamientos y al mismo tiempo ponemos en conocimiento a la Junta. Tras el primer hallazgo, hace año y medio, se nos invitó a que completásemos la investigación para que el estudio sea evaluado por la Delegación de Cultura", añade.
En el taller de este arqueólogo se atesoran muchas incógnitas aún sin desvelar, símbolos paleohispánicos que se encuentran plasmados en fotografías y reproducciones. El trabajo, además, no cesa. El arqueólogo sigue encontrando estelas en distintas zonas de Málaga. Si esto es el comienzo, queda por definir, además del significado de los signos, la cuestión más importante, ¿desde cuando existía una escritura en el sur de la península? Un capítulo más de la historia de los primeros pobladores de la provincia.
La riqueza del Cerro de la Tortuga
Aunque el yacimiento del Cerro de la Tortuga, junto la residencia militar Castañón de Mena, fue excavado por Muñoz Gambero a principios de los años 60 no fue hasta 1998 cuando se terminó la primera fase de los estudios de epigrafía de las piedras encontradas en la zona. De más de ochenta piezas, se seleccionaron 49 para un informe más exhaustivo. "Al primer grabado lo llamamos inscultura", relata Muñoz Gambero en el informe preliminar para la Gerencia de Urbanismo. "Se trataba de una afloración de un tipo de arenisca de color verdoso, donde podíamos ver perfectamente grabado un rectángulo en el que se inscribían unos cuadraditos en sus ángulos, una línea divisoria, dos circulitos en cada espacio y un pequeño rectángulo exterior", explica. Poco después encontraron otra piedra con este símbolo y en el reverso una inscripción. A partir de ahí se descubrieron muchas más
rocas que dividieron en grupos, dependiendo si representaban letras (según se ha estimado hasta el momento), dibujos de animales o personas.
El doctor Jesús Cunchillos, del Centro Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, la profesora italiana Amadassi Guzzo y distintos arqueólogos de la Universidad de Málaga, coincidieron en la importancia del hallazgo. El Cerro de la Tortuga está declarado "yacimiento arqueológico con protección específica" por la Dirección General de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura de la Junta, por lo que no debe modificarse ni, por supuesto, destruirse. "Sin embargo, el Ayuntamiento de Málaga lo califica como zona urbanizable no programada", dice Muñoz Gambero, que pide una protección mayor.
Fuente: Cristina Fernández, Málaga Hoy, 22 de marzo de 2005
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