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Hola a todos:
Seguimos con la historia de Cataluña.
Los visigodos
Las tribus germánicas presentan en el momento de las invasiones unos
caracteres comunes. Todas tienen un rey o un caudillo militar que en tiempo
de guerra concentra todos los poderes, así mismo se convierte en portador
visible de las tradiciones del pueblo. Este jefe de la tribu se escoge por
un grupo reducido de miembros, a los que controla la asamblea de hombres
libres y forman una verdadera aristocracia, tanto por sus posesiones como
por el hecho de rodearse de un grupo de fieles guerreros.
Aprovechando las luchas internas que agitaban al Imperio romano, diversas
tribus germánicas invadían ya desde el siglo III y posteriormente con más
frecuencia. Una de ellas, los visigodos, después de enfrontarse con las
tropas imperiales – con el saqueo de Roma el 410 - , acabaron defensando al
Imperio como tropas aliadas. Entre el 418 y el 507 los encontramos en el
mediodía de Francia y en la Tarraconense, formando el llamado Reino de
Tolosa. Empujados por los francos, que los derrotan el 507 en la batalla de
Vouillé, van desplazando su centro de poder hacia el sur: Narbana,
Barcelona, Sevilla, Mérida y, finalmente, Toledo, donde establecieron la
capital hasta la invasión de los sarracenos (711).
El establecimiento de la capital en Toledo, así como el asentamiento en masa
de la población goda – minoritaria en el conjunto de la población
peninsular – limitó en Cataluña las relaciones con los recién llegados y los
hispano-romanos a la esfera de poder. Estas relaciones estuvieron marcadas
por diversos conflictos: religiosos, derivados de confensionalidades
diferentes – arriana en los godos, católica en los hispanos -; políticos,
provocados por el monopolio del poder, en manos de la aristocrácia goda;
jurídicos, por la existencia de dos códigos hasta el establecimiento de uno
único, el Liber Iudiciorum. Gran parte de estos conflictos tendieron a
desaparecer a medida que los visigodos se fueron romanizando: adoptando la
lengua latina, convirtiéndose al catolicismo y declarando la catolicidad del
estado, aceptando el matrimonio mixto – antes prohibido - , adoptando una
organización socio-política de base romana,... A pesar de todo, los
problemas de base se mantuvieron. Las luchas por el control del poder
central, entre diversos bandos nobiliarios, comportaban violencias que
hacían poco para estabilizar al territorio. La presencia de tropas
bizantinas al sur de la Península, y la oposición – creciente a medida que
pasaban los años – de los poderes locales frente a la autoridad real
complicaba la situación. La presencia bizantina finalizó en 625, con la
conquista de sus últimas posesiones, no sucedió lo mismo con las luchas
internas. Estas se mantuvieron hasta la llegada de los sarracenos. La doble
esfera de poder existente – central y pública por un lado, local y privada
por otro – no hacía más que reflejar lo que sucedía en la esfera social.
Durante todo el periodo se produce una lenta disminución de la payesía libre
que va siendo sustituida por una payesia dependiente, tanto de los
potentados civiles como de la misma Iglesia, convertida en una de las
instituciones más poderosas del momento. Si por la base se tiende a una
reducción de las diferencias entre los grupos sociales – cosa que genera una
profunda crispación -, por la cúpula se configurará una clase de potentados
locales, propietarios de fundis (grandes explotaciones agropecuarias) y
jefes militares poseedores de fieles guerreros (vinculados a ellos mediante
lazos jurídicos de carácter privado). Los fenómenos narrados no se pueden
entender sin un breve análisis de la realidad económica del momento. Las
tendencias señaladas en la decadencia del Imperio Romano, como la
ruralización, el estancamiento y la disminución de actividades productivas y
de intercambio, la reducción de transacciones monetarias y la tendencia a la
autarquía, determinan la aparición de áreas económicas locales entorno a las
grandes propiedades. Esto no significa la desaparición de las pequeñas y
medianas propiedades sino la dominación progresiva de las grandes
explotaciones, y no solamente como centros económicos sino también como
centros político-militares. Lo que si ha desaparecido es el control sobre
esta realidad económica. Por esto también se consolidan poderes político
locales. Este proceso, que no es sino el de feudalización, está aún en
formación, es decir, se mantienen aún autoridades públicas, así como la ley
que las fundamenta. Lo mismo podríamos decir del régimen de esclavitud, aún
vigente, pero complementado, como ya hemos señalado, por los payeses
dependientes. La invasión de los sarracenos, aprovechando la debilidad del
Estado visigodo, romperá este proceso. Así y todo, la formación de los
condados catalanes, como se verá, no se puede entender sin este pasado
hispono-godo.
© Traducido de Història de Catalunya de Andreu Varela, Gine Albadalejo,
Antoni Bons, Lluís Poudevida, Joan Ramon Varela.
Hasta otra, un abrazo.
Irene
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Do, 6 de Feb, 2005 12:03 am
"Irene Rocamora Alavedra" <irocamora@...>
irocamoras
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