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Francisca Martín-Cano Abreu
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Apartado 854-50080 Zaragoza
20/12/06
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Los creyentes de creencias religiosas, incluidos los «sarcásticos espadachines historiadores cristianos», no están en condiciones de razonar con lógica en el asunto de la historicidad de un personaje religioso, ya que tienen creencias basadas en doctrinas dogmáticas y aprendidas en la infancia, difíciles de erradicar.
Así que sus protestas no eliminan el hecho de que la religión cristiana, a pesar de las campañas violentas de sus defensores, tiene la misma importancia que otras religiones y no es más que MERA ILUSIÓN.
Dice al respecto MARKALE (1989, 50): ³Aprovechemos de paso para denunciar el absurdo de la querella entre religiones reveladas y las otras: es una falsa querella debida al imperialismo de la Iglesia católica romana y del Islam, las dos religiones más sectarias que la historia haya conocido jamás, a causa de su pretensión de detentar una Verdad única y definitiva.²
RADCLIFFE-BROWN (1974, 175): ³No cabe duda de que la historia de las religiones ha sido en gran medida una historia del error y la ilusión. En todas las edades, los hombres han esperado que mediante la representación de los actos u observancias religiosos podrían obtener algún beneficio específico: salud y larga vida, hijos para continuar el linaje, bienestar material, éxito en la caza, lluvia, buenas cosechas, la fertilidad del ganado, victoria en la guerra, admisión de sus almas, tras la muerte, en un paraíso, o, inversamente, libertad por la extinción de la personalidad del círculo de la reencarnación. No creemos que los ritos de la lluvia de las tribus salvajes produzcan realmente la lluvia. Ni creemos que los iniciados de los antiguos misterios obtuvieran realmente, a través de sus iniciación, una inmortalidad negada a otros hombres.²
La humanidad ha creado a sus dioses.
Dice FRANC0 (1960): La religión nació, sin duda, de una neurosis engendrada por el sentimiento de impotencia del hombre para luchar solo contra el frío, el hambre, las fieras, la enfer-medad, la muerte y d terror a lo desconocido.
(..) La definición de Reinach es, pues, inapelable: "Reli-gión es el conjunto de escrúpulos y tabúes que obstaculi-zan el libre desarrollo de nuestras facultades".
Y el ser humano dio género a la Divinidad en función del género que ejercía el poder en la sociedad.
Expone GUICHOT (1989, 48): ³Y como, desde los primitivos mitos, los hombres crearon á (sic) sus dioses á imagen suya,вР³es claro que, en las primeras sociedades humanas, el estado social y las ocupaciones tribales dieron carácter á las concepciones religiosas,вР³Así, respecto de la organización social, según expone Braga, donde prepondera el régimen de la maternidad, el dios es un fetiche femenino, la Tierra-Madre, que saca de sí los dioses y las cosas; donde prepondera el régimen de la paternidad, el dios es masculino,в
MAYR (1989: 60): "Parece que la concepción matriarcal de la divinidad obtuvo inicialmente una primacía, basada en parte en la cultura agrícola y su religiosidad de la diosa agraria o Magna Mater, hasta la invasión de los indoeuropeos desde mediados del 2000 a.C. con su patriarcalización visible en la religión homérica y, después, en la clásica griega."
En (1989, 65): "Las Diosas Madres han gozado en el panteón del antiguo Oriente de un rol central y de una vieja preeminencia por sobre los dioses celestes patriarcal-masculinos. Normalmente eran diosas de la fertilidad vegetal-animal y humana, así como señoras de las profundidades telúricas; pero también fueron diosas del cielo, el firmamento y las estrellas."
Y en (1989, 66): "...ello se manifiesta en la transición que sufre el hijo-amante de la Diosa Madre a partir del 4000 al 3000 antes de Cristo, reconvirtiéndose en su esposo (cfr. el «matrimonio sagrado» entre Ishtar y Tammuz), hasta que finalmente desplaza a la diosa deviniendo en señor de un ordo patriarcal-masculino ..."
De nuevo en (1989, 60): ... "Precisamente el mito del Niño Divino representaría un puente entre la religiosidad matriarcal y patriarcal: el Niño Divino -como Hija o Hijo- fue un vástago de la Gran Madre, deviniendo posteriormente su acompañante y un esposo, hasta que conquista todo el poder de aquélla"
Y en (1982, 67): ³Š como ha mostrado Albright, el propio sustrato de la religión primitiva hebraica ofrecía una estructura triádica, con un dios Padre (El), una diosa Madre (Elath o Anath) y un Hijo (Shaddai).
Pero el estricto monoteísmo judío se funda en que Yavhé no admite a otros dioses junto a sí (2 Mos. 20,2;5 Mos. 5,6 s.; 1 Mos. 12,1). Los relatos cosmológicos de la Biblia (en el Génesis) que pasaron de Mesopotamia a Palestina antes de mediado el 2000 a.C., debieron en consecuencia ser reinterpretados y traducidos monoteísticamente, lo que logra la obra de los «yahvistas» en tiempos de SalomónŠ Pero fue especialmente el mito de la Gran Madre el que hubo de sufrir una revisión más profunda para su transfiguración bíblica.²
Escribe Campbell en (1992, 24): "Hacia el final de la Edad del Bronce y, con más fuerza, en el amanecer de la Edad del Hierro (alr. 1250 a.C. en Levante). las antiguas cosmologías y mitologías de la diosa madre fueron transformadas radicalmente, reinterpretadas, e incluso en gran medida fueron suprimidas por aquellos repentinos intrusos, los guerreros tribales patriarcales, cuyas tradiciones han llegado a nosotros fundamentalmente en el Antiguo y el Nuevo Testamento y en los mitos de Grecia."
Montano de Frigia, Sacerdote cristiano después de ser Sacerdote de la Diosa Cibeles en el siglo II, según narra HUSAIN (1997, 36): ³Š creó una secta cristiana basada en la identificación de Jesús con Atis, el hijo de Cibeles. En el siglo IV condenaron por herejes a los montanistas.²
FRANC0 (1960): En última instancia todas las religiones parecen ser o son una sola, de tal modo trasuntan una idéntica men-talidad tribal y sus símbolos y su liturgia resultan funda-mentalmente parecidos. Los helenos fraguan su religión, en buena parte, con remanentes de religiones anteriores de la India y Sumeria, y la cristiana, última venida, es un potpourri de herencias judaicas y saldos religiosos de Oriente y Egipto. El mito del dios quee muere y resucita es un simple préstamo del mito sumerio de Tamuz, del feni-cio de Adonis, del egipcio de Osiris. El mito de la Trinidad es viejo como el mundo. (De la Trimurti hindú a la Triada egipcia, pasando por la babilónica de Anú-Ea-Bel y co-menzando por las del hombre cuaternario: Sol, Luna y Tierra, Padre, Madre e Hijo, etc.).
Todas las RELIGIONES AGRÍCOLAS, incluida la religión agrícola cristiana, tienen el mismo esquema y nacieron para propiciar abundancia de frutos, desde el enterramiento de la semilla hasta la recolección, gracias a la Dios Salvadora.
En relación a ello manifiesta CAMPBELL (1991, 21) según aporta MOYERS: ³Quería saberŠ por qué en tradiciones divergentes pueden hallarse historias comparables, historias de creación, de nacimientos virginales, encarnaciones, muerte y resurrección.²
Y también afirma CAMPBELL en (1976, 33): ³Aparentemente, la observación de que de la vegetación muerta y descompuesta nacen verdes retoños lleva a la conclusión de que de la muerte proviene la vida, y de acuerdo con ella, que el modo de acrecentar la vida en agigantando la muerte.²
En todas las Mitologías está presente, según dice CAMPBELL (1991, 38): ³. la creación, la muerte y la resurrección, el ascenso a los cielos, el alumbramiento de una madre virgenв
Y afirmaba en (1992, 220): ³Š el matrimonio de la doncella diosa o Dema es equivalente a su muerte, que se imagina como un descendimiento al interior de la tierra, su metamorfosis en alimentosв
Describe BERNABÉ (1987, 42): ³Š un dios muerto desmembrado y resucitado (aspecto que se aviene con la «muerte» de la espiga, la siembra y el brote de la nueva espiga, en el caso de los dioses del grano),в
HUSAIN (1997, 79) dice: ³En estos mitos agrícolas el hijo representa la semilla enterrada, hasta que reaparece con la forma de planta que comienza a brotar. Las plantas maduran hasta ser cosechadas y el ciclo entero vuelve a representarse.²
CAMPBELL (1991, 159): ³La historia de Cristo implica la sublimación de lo que originalmente era una imagen vegetal muy sólida. Jesús está en la Rama Sagrada, el árbol, y él mismo es el fruto del árbol.²
FRANC0 (1960): Así ocurre que el homicidio antropofágico y el terror sangriento están en la entraña de toda religión. Y aun más: sólo bajo el fervor de la mística, la crueldad huma-na llega a lo sublime, es decir, a lo sobrehumano. (Re-cuérdese a Elías decapitando, para mayor gloria de Jeho-vá, a cuatrocientos sacerdotes de Baal; a Mahoma, dego-llando a filo de espada buena parte de la población de Asia y Africa en nombre de Alah el clemente, y a la inquisición eliminando pirotécnicamente a decenas de millares de he-rejes invocando al Señor de la misericordia y el perdón). Por puro fervor religioso, igualmente, se hizo posible y aceptable el más inhumano de los crímenes: el del padre que no trepida en sacrificar con sus manos a su propio hijo, como Abraham a Isaac, Agamenón a Ifigenia o Jeho-vá a Jesús).
Leemos en la Encicl. Espasa, Tomo 40 (1991, 860): ³Frazer reconoce en el mitoiano todas las características del culto de un espíritu de la vegetación. Osiris sería uno de estos dioses agrarios que cada año, en el tiempo de las cosechas, son desmembrados por las hoces y que enterrados en forma de semilla renacen durante la primavera á (sic) impulsos de una nueva vida. A pesar de la pompa con que en los tiempos posteriores los sacerdotes rodearon la adoración de Osiris, la concepción del dios como el grano de trigo aparece clara en la festividad de su muerte y resurrección celebrada primero en el mes de Khoiak y después en el mes de Athyr. Tal festividad estaba esencialmente dedicada a la siembra,Š
En un cuento popular Osiris es llamado el alma de los panesв²
Refiere HAWKES y WOOLLEY (1977, 286): ³El ritmo estacional fue relacionado con el enterramiento de la muerta semilla y su renacimiento en el verde talloвР³Al desarrollarse esto, la antigua diosa-madre vio su importancia disputada por un hijo, una divinidad masculina, cuya pérdida tenía ella que llorar, pero que podía obtener en ella su propia resurrección.²
FRANKFORT (1982, 27): ³Las fiestas públicas celebraban los principales acontecimientos del año agrícola, y la festividad religiosa más importante era la del año nuevo, que se celebraba en el momento crítico del cambio de estación, cuando, tras el invierno, o tras el mucho más terrible verano, la vitalidad de la naturaleza estaba en su momento de mayor debilidad y todo dependía del cambio de tiempo.²
Añade FRANC0 (1960): Hay gentes que se escandalizan del poder asfixiante de la propaganda comercial o de la totalitaria, pero es porque no quieren ver lo obvio: que la propaganda fide (que comienza desde la cuna con el bautismo y envuelve después al niño y al hombre en una nube de incienso, sa-cramentos, rezos, dogmas, efigies, pláticas, campanas, ritos, promesas, confesiones, órganos, milagros e indulgen-cias hasta la muerte, y hasta después de la muerte con la misa de difuntos, valiéndose de la mujer como "medium" y polizonte secreto), es el modelo primo e insuperable de toda propaganda.
¿Hablan de demagogia? Pero toda la demagogia política es cosa de nenes frente a la demagogia sublime de los agitadores de sotana que dan cartas de crédito para una jubilación celestial siempre que el cliente haga mérito aguantando el hambre, la desnudez, los piojos, los pun-tapies y las escupidas de este mundo. "Los últimos serán los primeros".
Sigue diciendo FRANC0 (1964): La verdad es que hay tantos Jesús como biógrafos, y aun más; pues no siempre hay congruencia consigo mis-mo en cada Evangelio. Por lo pronto el Jesús de Mateo es estrechamente antigentil; el de Marcos lo es menos; el de Lucas simpatiza con los paganos; el de Juan es anti-judaico; el de Pablo es abiertamente antijudaico Y Univer-saL No hay, pues, unidad, doctrinal ni psicológica en el protagonista de los Evangelios no es un personaje, sino varios personajes. Este es el argumento clave contra su extstencia personal.
Pese a lo que sostuvieron los cristianos ortodoxos, y no Pocos heterodoxos, como Renán y Straus, no hay ver-dadera "buena nueva" en los Evangelios; ello es, en nin-gún momento se distancia de las más altas enseñanzas del Viejo Testamento y de la sabiduria oriental o helénica o las supera, y no inventa uno solo de sus mitos y ritos.
La vida y los hechos y palabras de Cristo tienen su fuente y justificación en el Viejo Testamento, o mejor, están casi totalmente cosidos con retazos del mismo. "El señor, tu Dios, hará de ti y del medio de ti, un profeta" (Deuteronómio XVII; 153). "Alégrate, oh hija de Jerusa-lén: he aquí que tu rey viene a ti: es justo y trae la sal-vación; viene a ti humilde montado en un asno" (Zacarías XX, 9). "Los malos me han cercado; agujerearon mis manos y mis pies" (Salmos XXIII, 16). "Se repartieron mis vestidos entre sí y sobre mi túnicá echaron dados" (Salmos XXII, 18). "También me dieron hiel por comida y en mi sed me dieron vinagre" (Salmos VI, 9, 21). "Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado" (Salmos XXII, 1 ). "Es un varón de dolores y está identificado con el agravio" (Isaías, LIII, 3). La misma traición de Judas está anunciada (Salmos XLI, 9). Es decir, como puede advertirse, se ha tomado el rábano por las hojas: la figura de Jesús fué fraguada para justificar los profecias...
En resumen, los Evangelios están eruditamente satu-rados de magia, astrología, taumaturgia, niñerias y ab-surdos más o menos sobrehumanos o infrahumanos. (Je-sús carnina sobre las aguas a pie enjuto, resucita un cadáver que tira a carroña, trueca el agua en vino con mucha más gracia que un tabernero, arroja como por un balcón los demonios del cuerpo del poseso, tiene "hermanos según la carne" (Mateo XIII, pese a ser hijo de una virgen, admite como discípulo a Judas sabiendo que lo ha de traicionar, y cien cosas de este jaez, aunque lo asom-broso no son tantos absurdos, dados la época y el medio, sino el que dos mil años después, la humanidad que se supone mas moderna, finja tomarlos en serio por pura inercia de espíritu, por puro temor al porvenir o por conveniencias inconfesables.
El cristianismo engendra, pues, a Jesucristo, y no al revés. La doctrina y creencia nacieron de la esperanza mesiánica de Israel combinada con el anhelo de justicia social de todas las plebes y de salvación de la pureza hu-mana en una época en que, con el triunfo imperial de Roma, la tierra parecía haber hallado un amo definitivo y la servidumbre humana su mayor de profundis.
Y nadie tiene la culpa que se frustren con la verdad (qiue ellso consideran bobetada asus creencias), igual que tampoco con la frustración infantil al saber que no existen los reyes magos o el ratoncito Pérez. Sólo la culpa es de un estado mental maduro, que algunos no quieren alcanzar.
BIBLIOGRAFÍA
BERNABÉ, Alberto (Introducción). (1987): Textos literarios hetitas. Alianza Editorial, S. A., Madrid.
CAMPBELL, Joseph. (1991): En diálogo con Bill Moyers. El poder del mito. Emecé Editores, S. A., Barcelona.
- (1976): De oeste a este. (Los Mitos, dirigido por Floyd Yearout). McGraw Hill Book y Editorial Labor, S. A., Barcelona.
- (1992): Las Máscaras de Dios: Mitología occidental. Alianza Editorial, S. A., Madrid.
- (1991): Las Máscaras de Dios: Mitología primitiva. Alianza Editorial, S. A., Madrid.
- (1994): Los mitos. Editorial Kairós, Barcelona.
DONOVAN, Frank R. (1988): Historia de la brujería. Alianza Editorial, S. A., Madrid.
FRANC0, Luis. (1964): BIOGRAFIA SACRA. Hipólito Yrigoyen, Talleres Gráficos ABECE, Buenos Aires.
FRANKFORT, Henri (Enriqueta). (1982): Arte y arquitectura del oriente antiguo. Ediciones Cátedra, S. A., Madrid.
GUICHOT y Sierra, Alejandro. (1989): Ciencia de la mitología. Editorial Alta Fulla, Barcelona.
HAWKES, Jacquetta y WOOLLEY, Sir Leonard. (1977): Prehistoria y los comienzos de la civilización. Historia de la Humanidad. Desarrollo Cultural y Científico. Tomo 1. Editorial Planeta, S. A., Barcelona.
HUSAIN, Shahrukh. (1997): La Diosa. Editorial Debate, S. A. Madrid. Círculo de Lectores, S. A. Barcelona.
MARKALE, Jean. (1989): Druidas. Altea, Taurus, Alfaguara, S. A., Madrid.
MAYR [ORTIZ-OSÉS, Andrés y MAYR, F. K. (1982): El inconsciente colectivo vasco. Editorial Txertoa, San Sebastián].
RADCLIFFE-BROWN, A. R. (1974): Estructura y función en la sociedad primitiva. Ediciones Península, Barcelona.
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Mié, 20 de Dic, 2006 4:29 pm
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