Querid@s amig@s de Terraluz,
Les invito a reflexionar sobre este sin duda alguna polémico artículo
de nuestro respetado amigo Koldo Aldai, que expresa muchas de las ideas
que han pasado por mi mente y de los sentimientos encontrados de mi
corazón mientras observamos el show mediático de la muerte de Juan
Pablo II.
Con el mejor ánimo de meditar y rescatar la intuición femenina ausente
ante tanto patriarcado y despliegue de poder.
Un cálido abrazo
Abjini
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Inicio mensaje reenviado:
> De: La redacción <redaccion@...>
> Fecha: 5 abril 2005 11:49:35 pm GMT-04:00
> Para: Red Global <RedGlobalDeLuz@yahoogroups.com>
> Asunto: "Luces y sombras de un pontificado" (www.portaldorado.com)
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> Zubielki 5 de Abril de 2005
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> Luces y sombras de un pontificado
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> Nunca sabremos si olvidamos lo suficiente. El pasado sábado 2 de Abril
> a la noche, ante tantos y tan bellos ojos mojados de emoción por la
> muerte de Juan Pablo II que se sucedían en la pantalla del televisor,
> uno luchaba por olvidar muchas cosas. Uno trataba de arrinconar en la
> memoria la comunión a Videla y Pinochet, la reprensión pública y
> suspensión “a divinis” de Ernesto Cardenal; olvidar el olvido vaticano
> del sacrificio del obispo Romero, las puertas cerradas a Samuel Ruiz,
> obispo de Chipas…
> Para sumarse a ese tributo mundial al último Papa era preciso pasar
> por alto los “tiempos recios” con que hubiera calificado Teresa de
> Ávila la involución de la Iglesia bajo su mandato, la infidelidad al
> espíritu del Concilio Vaticano II, la desactivación de la línea
> renovadora surgida entonces. Era preciso no calentar en la memoria ese
> “invierno eclesial” (K. Rahner), saltar ese parón de más de dos
> décadas en la historia de la cristiandad.
> “Quien esté libre de mácula, que tire la primera piedra…”. La vida es
> constante ejercicio de olvidos, por eso era necesario relegar en la
> mente el bloqueo papal de las reformas imprescindibles, el afán de
> hacer entrar en el redil del catolicismo romano a toda disidencia, de
> ahogar toda voz o iniciativa no afín con la ortodoxia, proveniente ya
> de las universidades, ya de las órdenes religiosas, ya de otros
> continentes...
> Para sumarse a esa conmoción y vigilia planetaria había que
> desacordarse de las finanzas oscuras de Marzinkus, del silencioso
> golpe de estado del Opus, de su promoción indisimulada en detrimento
> de la Compañía de Jesús, cuya cúpula fue decapitada y sus filas
> purgadas; desacordarse de la entrega a esta “prelatura personal” de
> los cargos claves en el Vaticano…
> Larga lista de necesarios olvidos se amontonaban en ese sábado de
> luto planetario: la persecución de los teólogos sudamericanos de la
> liberación, la prohibición de la enseñanza a Hans Kung por poner en
> duda la infabilidad papal, el apartamiento de tantos teólogos, la
> censura a tantas publicaciones, la desaprobación de tantos movimientos
> de base…
> Para sumarse a ese clamor de adhesión multinacional había que olvidar
> ese peculiar “ecumenismo” mediático de Juan Pablo II, que a la hora de
> la verdad obligaba a pasar por el aro vaticano a los otros credos, ese
> pretendido diálogo que se quebraba con la proclamación de que la
> verdad de Jesucristo sólo reside en la Iglesia católica.
> Completé mi ejercicio de olvidos y desde mi sofá, me sumé al tributo
> mundial. Logré brotar en mí gratitud por quien, pese a todo, levantó
> esos cantos y oraciones planetarios, por quien unió en el dolor y en
> la esperanza de la vida eterna a tantos corazones de tantas culturas y
> naciones diferentes.
> Acallada, si quiera por un instante, la sombra, restaba toda la luz.
> El carisma de Juan Pablo II, su fuerza mística, entrega incondicional,
> servicio sostenido en toda su vida, voluntad firme, espiritualidad
> irradiante, maestría comunicadora… consiguieron hacer musitar en mí
> reconocimiento. No en vano el Papa cuyo cuerpo nos ha dejado, ha
> sabido concitar en torno a su persona el fervor y favor de tantos
> pueblos y mandatarios. Líder espiritual que ha desbordado las
> fronteras de la cristiandad, ha sido la voz en favor de la paz, la
> libertad y la justicia social respetada por los todos poderosos de la
> tierra.
>
> Siempre estamos, por lo tanto, a tiempo de arrojar una mirada
> generosa sobre el pontificado del obispo polaco. Mas una cosa es la
> “vista gorda” en la hora de la llamada muerte y otra blanquear la
> historia. Una cosa es aparcar por un momento la memoria ante un deceso
> y otra borrar los anales de un pasado que alcanza el propio presente.
> Si lo borramos no lo podremos enmendar y es preciso abrir las puertas
> al mañana.
> No podemos hacer “tabla rasa”, pues la historia sigue para adelante y
> es preciso reconstruirla. El silencio garantiza la perpetuación del
> ayer, el prevalecimiento de la férrea curia romana, la continuidad de
> la corriente conservadora mayoritaria en el seno de un colegio
> cardenalicio depurado al máximo…
> No somos quien para juzgar una persona, se nos escapan las causas
> profundas que motivaron tantas actitudes y decisiones polémicas, pero
> sí para observar un legado, para arrojar mirada sobre el controvertido
> pontificado wojtyliano.
> Somos día y somos noche, los grandes personajes dividen también su
> obra entre las luces y las sombras. Tampoco los “gigantes
> espirituales” escapan a la flaqueza humana. Conviene rehuir del
> panegírico absoluto, con la misma precaución que de la condena sin
> paliativos. No nos corresponde a nosotros medir el radio de la luz, de
> la sombra que nuestros semejantes extienden y agrandan en la medida de
> su responsabilidad e impronta. Nuestra mirada siempre será parcial,
> necesariamente miope. Concitamos aquí luces y sombras para subrayar la
> condición humana, tan a menudo olvidada, la complejidad de la gran
> figura del Papa, cuyo alma recién ha emprendido su merecido vuelo.
> Podemos reunir datos, resaltar uno u otro aspecto de un testimonio de
> vida, mas deberemos de rehuir la nota general, la evaluación final con
> toda probabilidad equivocada.
> La justa mirada escapa a la posibilidad del hombre por más
> información que éste logre recabar. Por el contrario el sentimiento de
> supremo respeto siempre nos eleva.
> ¿Hasta dónde alcanza la luz y la sombra de Juan Pablo II? ¿Hasta
> donde no dramatizó un papel de gran conservadurismo moral en unos
> tiempos sin freno alguno? No somos tampoco quien para evaluarlo. El
> Papa Wojtyla era de una personalidad poliédrica y enigmática donde las
> haya, y además polaco, hijo de su tiempo, con toda la carga cultural
> de resistencia al progreso que ello implica.
> Subrayamos algunos aspectos cuestionables en su largo papado, pues no
> cabe la enmienda sin previa observación y análisis. No mentaré las
> recurridas condenas del aborto, del divorcio, ni siquiera de los
> preservativos (su permisibilidad cuanto menos para frenar el SIDA sí
> debiera de haber sido excepción). En tiempos de decadencia ética, Juan
> Pablo II fue referencia de afán de pureza. Nuestro momento de enorme
> crisis y absoluta confusión de valores, urgía un fuerte liderazgo
> moral y espiritual y él no dudó en asumir ese difícil papel.
> Mentaré más bien la mano de hierro en el gobierno, el pontificado
> absoluto, la elección de los obispos a dedo tan a menudo a espaldas o
> incluso en contra de las propias comunidades cristianas, la relegación
> de la mujer, la cruzada ante otras formas nuevas de expresión de la
> espiritualidad…
> El tan mentado ecumenismo no pasó de gestos para la galería. Hay que
> preguntarse, si en tiempos de la globalización y unidad en tantos
> terrenos de la actividad humana, los guiños a otras fes, a otros
> credos no fueron extremadamente tímidos, si los escasos encuentros no
> lo fueron con el ánimo de prevalecer sobre las otras tradiciones
> espirituales y religiosas. ¿Fue la cita de Asis foto o aspiración
> profunda?
>
> Contenemos el aliento ante la fumata blanca que saldrá de los tejados
> vaticanos. Ante tan trascendente elección, sí creemos de importancia
> apuntar algunas grandes asignaturas pendientes, algunas cuestiones ya
> impostergables.
> Evidentemente no podemos esperar cambios repentinos en tan magna
> institución, mas si graduales y en consonancia con los tiempos. Sí es
> el momento de pedir al próximo heredero de Pedro la democratización
> del cuerpo eclesial, mayor humildad en lo que a su “infalibilidad” se
> refiere, mayor participación de la comunidad católica en las
> directrices y elecciones, mayor voluntad de encuentro con las grandes
> religiones del planeta y los movimientos espirituales emergentes.
> Por encima incluso de todas esas necesarias reformas está la
> devolución a la mujer del espacio negado. Una Iglesia de hombres y sin
> la participación directiva de la mujer, seguirá siendo para muchos de
> nosotros una Iglesia ajena. No habrá un sola mujer entre los 117
> purpurados octogenarios que elegirán al nuevo pontífice. En ninguna
> otra gran institución de nuestros tiempos se observa semejante
> marginación. La sensibilidad y la energía femenina seguirá vetada.
> Absolutamente nada prescribió Jesús al respecto.
> Este tan acelerado y quizás exigente repaso al magisterio de Juan
> Pablo II no merma agradecimiento. Toda partida merece un guiño. Con un
> menor o mayor acierto, con un menor o mayor personalismo que no
> deseamos juzgar, el Papa Wojtyla lo dio todo. Desde sus limitaciones
> humanas, desde el condicionamiento de la cultura y las circunstancias
> en las que nació y creció, se entregó por entero hasta los últimos
> instantes de su vida.
> A nosotros nos corresponde pedir por un siguiente Papa de Evangelio y
> sandalias (Casaldáliga), ubicado en el tercer milenio, capaz de
> atender a los nuevos signos de apertura, diálogo sincero y síntesis;
> capaz de fomentar una espiritualidad sin fronteras, basada en el amor
> incondicional y universal, único y excelso legado de nuestro Maestro
> Jesús el Cristo.
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> Koldo Aldai
> www.portaldorado.com
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