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RV: ¿Qué pasa cuando un coronel de Ejército busca a su cuñado   Lista de mensajes  
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--- En diaspora_chilena@y..., "Jock Whitney" <bonesandskull@h...>
escribió:
Marco Fajardo

El ex oficial José Domingo Ramos Albornoz, único soldado de alto rango
que renunció a su institución el mismo 11 de septiembre de 1973 por
estar en desacuerdo con el golpe militar, relata en su libro
recientemente publicado ("El piloto wenche", Editorial Tierra Mía,
2001) la frenética búsqueda de un ser querido.

El 1 de octubre de 1973, ni bien terminó el toque de queda, el ex
coronel Ramos se dirigió al Estado Mayor del Ejército, para reunirse
con el general Augusto Lutz, jefe de Inteligencia Militar, y plantear
la desaparición de su cuñado, el abogado socialista Reinaldo Salvador
Poseck Pedreros.

El funcionario, jefe zonal del Instituto de Desarrollo Agropecuario
(Indap), casado y padre de tres hijos, había sido detenido el día
anterior en su casa de Chillán por orden del comandante Guillermo Toro
Dávila, comandante del regimiento de esa ciudad, luego de la delación
de un vecino.

El coronel Ramos había sido compañero de promoción de Lutz en la
Academia de Guerra, por lo cual esperaba que su ayuda le fuera útil.
Lutz se contactó esa misma mañana con el general Washington Carrasco,
jefe de la III División de Ejército de Concepción, para buscar una
respuesta, sin éxito. Sin embargo, le recomendó comunicarse
directamente con el comandante Toro, quien llegaría al día siguiente a
Santiago.

Luego de la reunión, Ramos volvió a intentar comunicarse con el
general Lutz, sin resultados. El día 3 de octubre averiguó que el
comandante Toro había volado en un avión civil del Club Aéreo de
Chillán para asistir a otra conmemoración del "Desastre de Rancagua".

Logró contactarlo Toro al otro día. Sin embargo, éste negó que hubiera
ordenado detener a Poseck y dijo que "nada sabía de esa persona".

Al terminar ese semana, Toro entregó su cargo al teniente coronel
Christian Guedelhoeffer (hoy fallecido).

Ramos decidió entonces trasladarse a Concepción, para hablar con el
general Carrasco, intendente de esa ciudad, quien conocía a Poseck y
su familia. El 12 de octubre, Ramos se dirigió a la intendencia de esa
ciudad y fue atendido por el comandante Luis Ortiz Sallorenzo. Éste
llamó a Chillán, para consultar la lista de los detenidos, y le fue
negada la detención de Poseck.

El día siguiente, Ramos llamó nuevamente a Sallorenzo. El oficial le
informó que Poseck efectivamente había sido detenido en Chillán el 30
de septiembre, pero que había sido liberado dos días después por
"falta de méritos". Ramos tomó entonces el tren a Chillán.

Sin embargo, Poseck no estaba en su casa. En la estación de tren,
Ramos se encontró con el comandante Guedelhoeffer, quien había sido
alumno suyo en la Academia de Guerra en 1968. "Al oírme preguntar por
el abogado Poseck, palideció y nada pudo responder. (...) Lo noté
nervioso y vacilante cuando me despedí de él, y le advertí que no
descansaría hasta obtener la verdad", escribe Ramos.

El oficial regresó a Santiago con las manos vacías. Su esposa "lloró,
se recluyó en casa, y tejió por toneladas lana y más lana, rezó y
pidió a Dios todos los días que le devolviera a su hermano. No desea a
nadie la maldad que le hicieran a ella sus amigos infantes, aquellos a
quienes conociera en su juventud, con algunos de los cuales bailara en
amistosas recepciones".

Días después se dio a conocer en la prensa que Poseck, "un peligroso
guerrillero subversivo", había huido a través de la cordillera, junto
a otros "secuaces de la fuerza revolucionaria".

Primeras informaciones
Durante el verano de 1974, un mayor enviado por el general Carrasco
comunicó a los padres del abogado que debían estar tranquilos, "ya que
su hijo no había sido detenido aún, pero que era buscado en la región,
y que él estaba preocupado en tanto estaba apareciendo como prófugo de
la justicia militar. Finalmente les aconsejaba que tuvieran confianza
en que estaba con vida en algún lugar apropiado para su accionar como
dirigente en Ñuble del bando opuesto por la junta militar".

Meses después, la esposa de Ramos recibe una carta de su cuñada en
Valdivia. Esta le relata un encuentro con un coronel retirado, amigo
de su marido, quien le señaló que "ya estaba bueno de engaños, pues el
abogado Poseck había sido ejecutado la misma noche de su detención", y
le aconsejó que "no siguieran buscando y que la ejecución sería negada
por el Ejército, pues todos estaban juramentados a no dar información
sobre asuntos de presos o desaparecidos".

En tanto, Ninette Martignoni, esposa del abogado desaparecido, es
contactada por una joven luego de una reunión de la Cruz Roja
Internacional, donde acudían familiares de presos y desaparecidos.

La muchacha era hija de una enfermera del hospital Herminda Martín de
Chillán, que atendió a varias personas que llegaron con señales de
tortura desde las unidades militares locales en los primeros días del
golpe militar. "Le comunicó que su madre ella había hablado en casa de
don Reinaldo, quien había llegado herido una noche de septiembre, con
una pierna quebrada, y que ella lo había atendido con el doctor Parr".
El abogado "había quedado bien, con su pierna enyesada y recuperado",
pero "al amanecer fue requerido por una patrulla militar, cuyos
integrantes dijeron estar cumpliendo órdenes del general Carrasco, y
se lo llevaron del hospital".

El mayor retirado Oscar Poseck, hermano del desaparecido, había sido
compañero de armas del general Carrasco en el regimiento Tucapel de
Temuco, donde ambos se habían desempeñado como tenientes en 1942. Le
pidió una entrevista para preguntarle acerca del caso, pero el general
nunca aceptó recibirlo.

Soledad Poseck, hija mayor del abogado, decidió interponer un recurso
de amparo en favor de su padre, el cual fue rechazado. Ella y su madre
viajaron entonces a Santiago y se asilaron en la embajada de
Venezuela. "Los suegros del señor Poseck y sus padres", en tanto,
"murieron destruidos por la desintegración de la familia", escribe
Ramos.

Los autores
En el Segundo Juzgado de Letras de Chillán, donde empezó a
investigarse el caso en el proceso 46060, Ramos se encontró con el ex
mayor Eduardo Torrealba Pacheco, quien había servido en el regimiento
de esa ciudad durante 1973.

Torrealba le relató que a fines de septiembre de ese año había visto a
Poseck en la oficina del coronel Toro, lo cual le extrañó
profundamente, porque no había cargos en su contra. También le indicó
que estaba seguro de que el abogado había sido ejecutado en el mismo
cuartel.

Ramos también se enteró que un jefe del Partido Nacional de la zona,
Pedro Guzmán Alvarez, había oficiado como informante del coronel Toro
y su jefe de seguridad, el capitán Andrés Jesús Morales Pereira. Las
opiniones de Guzmán habían sido determinantes para efectuar las
detenciones de ciertos funcionarios de la Unidad Popular.

Asimismo, Ramos fue informado de que el capitán Morales había
confesado a una mujer ser el autor de la muerte del abogado Poseck,
"por el solo hecho de no haber podido sacarle información sobre otra
personas consideradas enemigas del régimen militar. Durante la noche
del 30 de septiembre de 1973, cuando lo interrogaba, 'se le pasó la
mano' con las torturas". Morales, quien sería expulsado del Ejército,
había repetido esta misma versión ante un ayudante del regimiento de
Chillán, el capitán Lutgardo Fuentes Contreras, apodado "El Paddy",
quien laboraba como veterinario.

Quieren dinero
En agosto de 1988, cerca del mediodía, el ex oficial Morales se
presentó sorpresivamente en la casa del coronel Ramos.

Le señaló que estaba en el cuartel el día que su cuñado fue detenido,
que lo hizo registrar y ordenó a su aprehensor, el teniente Rodolfo
Depix Díaz, que le tomara los datos. Luego, al llegar la noche, "di
cumplimiento a la orden del coronel Toro, quien me dijo que lo
entregara a Carabineros, porque así no tendríamos que responder con
él".

Según Morales, el abogado había sido subido a un jeep y trasladado a
la Segunda Comisaría de Chillán, donde había sido puesto a disposición
del teniente Patricio Jéldrez Rodríguez.

"Yo tuve que ver con muchos casos en Chillán", dijo Morales, "y como
ya se está cumpliendo el tiempo límite para las acciones judiciales,
ando trayendo en mi portafolios una lista de personas, además de
usted, para darles información concreta sobre lo que en verdad ocurrió
con sus desaparecidos. Sólo le pido una cantidad que necesito, para
poder pagar yo también los servicios de un abogado que me defienda de
los eventuales cagos que me pudieran hacer los involucrados. ¿Qué me
dice?".

Morales pidió cincuenta mil pesos y Ramos dijo que lo pensaría. Le
pidió que volviera dos días más tarde.

Así lo hizo. Sin embargo, esa vez Ramos prefierió no recibirlo en su
casa. Fue entonces que Morales le confidenció que el culpable de todo
había sido el coronel Toro, jefe del regimiento, que el teniente Depix
se había quedado con el anillo, el carnet y el reloj Longines del
abogado Poseck, y que los responsables directos de su muerte habían
sido los carabineros de la Segunda Comisaría de Chillán.

Además señaló que sólo él sabía donde podrían encontrar el cuerpo de
Poseck, pero que para saberlo tendrían que pagar y "puchas, ¿por qué
no habló conmigo antes, en vez de hacerlo con mis superiores?". Al
despedirse, Morales le aconsejó "no irse de lengua" para no poner en
riesgo "su seguridad personal".

Dos años después, en 1990, Ramos recibió una llamada del veterinario
Fuentes. Telefónicamente le informó que estaba desahuciado por los
médicos y que consideraba que había llegado el momento de hablar, pese
a que estaba juramentado, al igual que el resto de los oficiales, a
mantener silencio.

Según Fuentes, la mañana del 1 de octubre escuchó al capitán Morales
informar sobre el deceso de Poseck, mientras era interrogado, y que de
inmediato había concurrido a verificarlo al lugar de detención
preventiva, unos fosos horadados en el fondo del cuartel. Allí había
encontrado a Poseck tendido con varios balazos en el pecho y su pierna
derecha enyesada. "Fue sepultado en el campo militar de Quilmo, desde
donde meses más tarde se exhumaron sus restos, por orden del
comandante Guedelhoeffer, para ser llevados en dirección desconocida
por funcionarios del retén de Carabineros de Huambalí", dijo Fuentes.

También el padre de coronel Ramos, un ex suboficial de Ejército, le
confesó antes de morir que había hablado con un amigo suyo, quien los
primeros días de octubre de 1973 había visto el cadáver de Poseck con
varios tiros en el pecho en el polígono de tiro del regimiento de
Chillán.

El 30 de mayo de 1995, en tanto, casualmente Ramos se encontró con el
ex general Guillermo Toro en el Hospital Militar. Nuevamente le
preguntó por el caso Poseck, advirtiéndole que había una investigación
judicial en curso. Sin embargo Toro le respondió que, en caso de ser
llamado a declarar, lo haría por oficio, y que en su oportunidad había
dado instrucciones a Carabineros para que el abogado detenido fuera
interrogado "con las consideraciones que el caso ameritaba".

Toro reconoció que el ex teniente Morales y el veterinario Fuentes
habían estado bajo sus órdenes, pero señaló que el primero era un "mal
elemento", que había sido dado de baja luego de un sumario. Luego
declinó entregar cualquier otra información.

(El coronel (R) de Ejército, José Ramos Albornoz, nació en Talca en
1922. Está casado y tiene un hija. En 1941 ingresó al Ejército. Fue
parte de la rama de Artillería, profesor de la Academia de Guerra y se
graduó en Fort Sill, Estados Unidos. Fue comandante del regimiento
"Dolores" de Iquique y director de la Escuela de Artillería de Linares
entre 1971 y 1973. El 11 de septiembre de 1973, siendo jefe del Estado
Mayor del Comando de Institutos Militares, presentó su renuncia por
estar en desacuerdo con el golpe militar. Este mes, el tribunal de
Chillán que investiga la desaparición de su cuñado resolvió reabrir el
caso.)

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Mié, 5 de Mar, 2003 4:52 pm

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... escribió: Marco Fajardo El ex oficial José Domingo Ramos Albornoz, único soldado de alto rango que renunció a su institución el mismo 11 de septiembre...
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5 de Mar, 2003
4:52 pm
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