por Elías Letelier
La Editorial Poetas Antiimperialista de América solicita a todos los intelectuales concientes a ayudar a la difusión y demandas del cese de persecuciones contra los revolucionarios que se opusieron al oprobioso régimen militar chileno y de los cuales muchos todavía permanecen en la clandestinidad en Chile y otras naciones. Tomando en consideración que los gobiernos de la Concertación Nacional (pacto de la oposición con los militares y el poder económico de algunos civiles) se han negado someter a juicio a los culpables de los crímenes cometidos en Chile y que han optado por tratar de sobornar a algunas víctimas de la torturas y exonerados, nosotros consideramos que es urgente redoblar la vigilancia por las vidas de todas aquellas mujeres y hombres que abrieron el paso a la resistencia nacional y crearon las condiciones para los cambios que resultaron en la caída de la dictadura, pese a que se continua con el mismo régimen administrativo y que se traduce en la continuación civil del programa económico, legislativo y político de la dictadura militar, incluyendo las cortes militare en tiempos de paz y el presidio para los revolucionarios.
El gallo, todavía sigue cantando
Cada vez que el gobierno de Chile nos solicita que llenemos un formulario, lo hace con el objetivo de recopilar información de inteligencia que vierte contra las víctimas en pos de reconstruir un sistema que permita a los militares y civiles ejecutores de los crímenes camuflar sus delitos. No es extraño que en toda estas maniobras el gobierno de turno opte por tratar de compra del dolor de las víctimas, (Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura) y decida ocultar el rostro de los torturadores y cómplices de los delitos, de los cuales, muchos de ellos pueden ser claramente identificados en las declaraciones de las víctimas. (A mí me torturó en 1976 el Mayor de ejército David Gonzalez).
Revelarse ayer fue justo, y hoy lo sigue siendo.
Hoy, cuando nos encontramos en una etapa desfavorable, al otro lado del péndulo, hacemos un llamado a todos los militantes de izquierda que optaron por colaborar con el sistema actual de gobierno, a renunciar a la entrega de información y a dejar de vendernos: Pongamos un alto a la Comuna de París.
¡Por favor, cesar tanta traición!
Ayúdennos a proteger a los revolucionarios que ayer desestabilizaron al régimen militar y que todavía permanecen en la clandestinidad en Chile y en países extranjeros: ahora sólo nos falta alcanzar la justicia que insisten en negarnos.
Solicita Reconocimiento de Status de Refugiado
Señor Presidente
Del Comité de elegibilidad para el Estatuto de los Refugiados (CEPARE)
De mi mayor consideración:
Galvarino Sergio Apablaza Guerra, ciudadano chileno, con Domicilio real en Shifely 1653 de la localidad de Moreno, Pcia. de Buenos Aires, y constituyéndolo, a los fines de esta presentación y junto al letrado que me patrocina, Rodolfo N. Yanzón, en la Avenida de Corrientes 1785, 2º "C", sede de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, tengo el agrado de dirigirme a Usted, con el objeto de solicitar se me reconozca la condición de refugiado, en los términos de la Convención de 1951, el protocolo de 1967 sobre el estatuto de los refugiados y el Manual de Procedimiento y Criterios para determinar la condición de refugiado de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
Desde el 29 de noviembre de 2004 me hallo detenido a disposición del juez federal Claudio Bonadio, en virtud de un pedido de arresto provisional remitido por Interpol de Chile. Estoy alojado en la Brigada Antiterrorista de la policía Federal Argentina, sita en Avda Alcorta y Cavia de esta ciudad.
En mayo de 1974 fui detenido en el Centro Pedagógico de la Universidad de Santiago de Chile, donde me hallaba cursando el último año de la carrera de Química y, además, era presidente del centro de alumnos y dirigente de las juventudes comunistas de Chile.
A partir de mi detención pasé por distintos centros clandestinos de la DINA chilena y campos de concentración. Estuve en calidad de desaparecido varios meses, tiempo en el que fui brutal y sistemáticamente torturado. Estuve alojado, entre otros, en "Londres 38", "Estadio Chile", y "Estadio Nacional".
Posteriormente, cuando fui reconocido como preso político y me trasladaron a campos de concentración bajo régimen militar. Estuve detenido hasta septiembre de 1975, fecha en la que fui expulsado del país ante la negativa de exiliarme.
Viajé a Panamá en donde estuve alrededor de tres meses. Luego fui a Cuba, donde pude reunirme con mi entonces esposa, madre de mis dos hijas mayores.
En 1979 comandé el contingente internacionalista de jóvenes latinoamericanos que ayudó a liberar a Nicaragua de la tiranía de Anastasio Somoza.
Ingresé clandestinamente a mi país en 1984 y asumí un rol protagónico, al igual que muchos compañeros, en la lucha contra la dictadura. Por haber estado en tal situación, no pude asistir a los funerales de mi padre, que falleció como producto del deterioro que padeció como testigo de las crueles torturas a las que fui sometido.
En 1987 y siendo militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, organización de resistencia contra la dictadura de Augusto Pinochet, fui autorizado a regresar a mi país, a pesar de que era buscado por las fuerzas de seguridad y militares.
Durante todo este tiempo me vi privado de llevar adelante una vida normal, imposibilitado de reunirme con mis hijas, con mi madre, con mis hermanos.
A pesar del aparente retorno a la democracia, en 1990 la persecución y el hostigamiento no cesaron, como consta en diversa documentación, que acompañaré a la brevedad. Esto me obligó a mantenerme en la clandestinidad y a privarme de ejercer derechos civiles y políticos, como, por ejemplo, la denuncia ante la Comisión encabezada por el Obispo Valech, que investigó recientemente los casos de tortura en Chile sobre mas de 35.000 compatriotas.
A pesar de una vida de sobresaltos, tengo actualmente tres hijos menores de nacionalidad argentina, con quienes anhelo desarrollar una vida normal en este país.
Desde hace aproximadamente un año he estado realizando gestiones para aclarar mi situación procesal en mi país. Mis abogados en Chile están trabajando en ello.
He sido un ferviente opositor al régimen de Pinochet. Fui miembro de una organización que ejerció el legítimo derecho a la resistencia a la opresión. Fui víctima de sus mazmorras y sus atrocidades. Aun hoy sigo siendo perseguido por todo ello.
Por lo anteriormente descrito, es que le solicito me reconozca como refugiado en virtud de la persecución política que vengo padeciendo desde hace treinta años.
Saludo a Ud. muy atentamente.
Sergio Apablaza Guerra