EVOLUCION Y PROGRESO
Por filosofía podemos entender la reflexión e inquietud del ser
humano por entenderse a sí mismo y al medio en que habita. El
diálogo, la palabra, el uso de sus sentidos son factores
fundamentales para progresar en la más importante intervención que se
puede aprender de la existencia individualmente y colectivamente:
CONOCERSE A SÍ MISMO. De este conocimiento parte la aceptación de uno
por el medio en que vive y surge el compromiso por conocerse, en un
sentido más amplio, diríamos, la empatía, la compasión (ponerse en el
lugar del otro). No se nace filósofa/o. Un médico (cardiólogo por
ejemplo) solamente sabe llevar a la práctica aquellas enseñanzas
teóricas, formulaciones, experimentaciones de otros expertos en
cardiología y acaso tenga nociones suficientes de medicina general.
En suma, un científico de nuestra época es un pequeño ignorante, pues
vive inmerso en una sociedad estrepitosamente especializada hasta el
absurdo, hasta tal extremo que -el mismo cardiólogo del caso anterior-
al salir del quirófano y llegar a su hogar será incapaz de no
insultar a su portero por ser homosexual y no abrirle la puerta de
entrada; maltratará a su mujer por haberle quemado en un descuido la
camisa con la plancha y castigará a sus hijos adolescentes por
haberse integrado a un partido ecologista que defiende la no
vivisección. Por otro lado, los médicos nazis de 1940-45 no leyeron
(quizá ni sabían que existieron) Epicuro, Séneca, Aristóteles y
Platón, etc... O, sea, carecían de una conciencia filosófica de su
propia existencia. Pensar por sí mismo, recapitular, indagar, aceptar
el error de conceptos adquiridos es una abstracción y es
precisamente "preconcebir en la mente" lo que nos ha hecho homínidos.
Desde Homo habilis, los primeros fabricantes de herramientas, hace
unos 2,5 millones de años, somos seres cognitivamente distintos a los
demás primates. Pero desde que adquirimos el lenguaje (hace menos de
un millón de años quizá) y aplicamos el conocimiento abstracto del
pensamiento somos éticos "humanos". Sin el filosofar las ideas no se
exponen: se imponen. Para ser filósofos, éticos, hemos de dudar, no
me refiero -en un sentido estricto- a nuestras capacidades mecánicas
profesionales aprendidas, de nuestro bagaje/aprendizaje cultural y
profesional (sí... en cierta medida en un concepto más amplio) sino
de nuestras ideas sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea;
sobre el sentido de la propia existencia y nuestras relaciones
humanas con los otros; sólo la duda nos exige nuevas reflexiones, nos
inculca la noción de bienestar y progreso individual y, por
añadidura, del colectivo. Hoy en día no son pocos los científicos que
carecen de más nociones del sentido último percepcional de sus actos
que no vayan encaminadas a acrecentar sus rentas, sus cuentas
bancarias por encima de todas las cosas).
Es muy interesante, Anabel, el tema de qué podemos considerar como
evolución artificial... en la naturaleza. ¿Es el lenguaje humano
evolución artificial?.
Calzamos zapatos. Comemos huevos de gallina alimentadas con piensos
no naturales que viven aprisionadas en naves industriales sin luz
solar. Usamos gafas. En vez de cantar en grupo escuchamos un C.D de
música. La obesidad en las grandes urbes, el sedentarismo. Recordamos
la existencia de la fauna salvaje que se extingue, el agua de los
rios y el trino de los bosques gracias a las pantallas de un
ordenador o de una pantalla de cine. Contaminamos con fieros procesos
tecno-industriales la capa de ozono. Comemos transgénicos. Parimos
niños artificiales. Nos vacunan. Adquirimos el SIDA. Fabricamos
centrales nucleares. Nos calentamos con estufas. Dormimos sobre un
colchón de muelles estratégicamente ubicados. Viajamos en barco.
Cultivamos la tierra. ... ...
¡Qué complicado!, je je.
Saludos.