De pronto el cielo se nubló. Esto ocurrió el miércoles, víspera de la
fiesta. La ansiedad era intensa. Amaneció el esperado jueves 22 de
septiembre. El sol se levantó, las nubes desaparecieron, se
enarbolaron las banderas, y la diversión comenzó.
(…)
-¡Atención, atención! –gritaron todos a coro, poco dispuestos a
cumplir lo que ellos mismos aconsejaban. Bilbo dejó su lugar y se
subió a una silla bajo el árbol iluminado. La luz de la linterna le
caía sobre la cara radiante; el chaleco de seda resplandecía unos
botones dorados. Todos podían verlo de pie, agitando una mano en el
aire y la otra metida en el bolsillo del pantalón.
Mis queridos Bolsón y Boffin, comenzó nuevamente, y mis queridos Tuk
y Bolder, y Brandigamo y Cavada y Redondo y Madriguera y Corneta y
Ciñatiesa, Tallabuena, Tejonera y Ganapié.
-¡Ganapiés! –gritó un viejo hobbit desde el fondo del pabellón. Tenía=
en verdad el nombre que merecía. Los pies, que había puesto sobre la
mesa, eran grandes y excepcionalmente velludos.
-Ganapié, repitió Bilbo. También mis buenos Sacovilla-Bolsón, a
quienes doy por fin la bienvenida a Bolsón Cerrado. Hoy es mi
cumpleaños centésimo decimoprimero: ¡Tengo ciento once años!...
-¡Hurra! ¡Hurra! ¡Por muchos años! –gritaron los hobbits golpeando
alegremente sobre las mesas. Bilbo estaba magnífico. Ése era el tipo
de discurso que les gustaba: corto y obvio.
Deseo que lo estén pasando tan bien como yo.
Se oyeron aplausos ensordecedores y gritos de Sí (y No). Ruidos de
trompetas y cuernos, pitos y flautas, y otros instrumentos musicales.
Había muchos niños hobbits, como se ha dicho; e hicieron reventar
cientos de petardos musicales; casi todos traían estampada la marca
VALLE, lo que no significaba mucho para la mayoría de los hobbits,
aunque todos estaban de acuerdo en que eran petados maravillosos.
Dentro de los petardos venían unos instrumentos pequeños pero de
fabricación perfecta y sonidos encantadores. En efecto, en un rincón,
algunos de los jóvenes Tuk y Brandigamo, en la creencia de que el tío
Bilbo había terminado (pues había dicho sencillamente todo lo que
tenía que decir) improvisaron una orquesta y se pusieron a tocar una
pieza bailable. El señor Everardo Tuk y la señorita Melilot
Brandigamo se subieron a una mesa, y llevado unas campanitas en las
manos empezaron a bailar el “Repique de campanas”, bonita danza=
aunque algo vigorosa.
Pero Bilbo no había terminado. Le pidió la corneta a un niño que
estaba allí cerca, se la llevó a la boca, y sopló tres veces
fuertemente. El ruido se calmó.
¡No les distraeré mucho tiempo! Grito Bilbo entre aplausos. Los he
reunido a todos con un propósito. Algo en ele tono de Bilbo
impresionó entonces a los hobbits; se hizo casi el silencio. Uno o
dos Tuk alzaron las orejas:
En realidad, con tres propósitos. En primer lugar, para poder
decirles lo mucho que los quiero y lo breves que son ciento once años
entre hobbits tan maravillosos y admirables.
Tremendo estallido de aprobación.
No conozco a la mitad de ustedes, ni la mitad de lo que querría y lo
que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de ustedes
merece.
…
Feliz Cumpleaños.