- ¡Fastitocalones! Calle, calle Ferdinand y pase a mi despacho
ciñatiesa-que-le-veo.
Una vez dentro.
- Pero ¡hobbit de Eru! ¿se da usted cuenta de que sus revelaciones podrían
poner en peligro estas largas horas de asueto tan necesario y nos obligarían
a trabajar y dar clases a más de uno y más de dos en esta sacrosanta
institución? Nada, nada. Hablaremos con los encargados para que lo guarden
en el tapiz cordelero y usted olvida que lo de que Yule se acabó hace
algunas semanas.
Cornelio Trgacantos, a punto del infarto.