Nada, por bello que sea, compara con la belleza que la memoria
imprime a las cosas cuando se las recuerda con amor. Ni tampoco goza
nadie de las cosas, en los momentos que las vive, tanto como en el
instante lejano en que las goza en su memoria. Sagua La Grande, La
Villa del Undoso, la Perla Norteña de nuestra isla, sin embargo ha
sido y es ese mágico lugar que se pega en la memoria y convierte en
desafio a todas las convenciones por ser única en su belleza,
hábitos, estilos y singular existencia en el medio de la vida. Sagua
es, cual si tomáramos
la rueda de una carreta llena de rosas y de claveles y pusiéramos la
masa central en el Puente del Resulta, con un eje inmenso que se
extiende por los campos, al tiempo que cual pulpo zalamero se riega
por cada uno de sus rayos en todo el círculo exterior hasta llegar a
sus hijas e hijos regados pero unidos por un zuncho de acero que es
el amor al terruño que nos ata a pueblos y gentes de mar, campo y
praderas en un sentimiento de pertenencia, de propiedad, de hijos.
Para mi que quien bebió de sus aguas, se siente sagüero hasta en el
sonreir.
Todos los cubanos sentimos el amor, la ausencia, el dolor y la
nostalgia de estar lejos de nuestra Patria y sus convecinos pueblos.
Todos de un modo u otro queremos tener siquiera a la hora de morir en
la tierra lejana, amiga, pero ajena, un granito de arena arrancado al
porvenir en el vaiven de la distancia; pero pocos han querido o
podido reunir en un haz, como esos masas de caña que nuestros
guajiros hacer para el ingenio, una extraordinaria colección de fotos
que invitan a meditar, reir, amar y hasta a menudo, llorar en el
silencio de las noches. Tintin y sus amigos han hecho y hacen esa
labor con grado sumo de excelencia. Otros buscan en las reuniones
traer a la memoria el recuerdo de sus vivencias. Y algunos, tambien,
pretyenden olvidar para no aturdirse de recuerdos.
Pero todos y cada uno, hombres tal como mujeres, y hasta el perrito
de el gitano, una que otra vez, aullamos de "sagüerismo".
Yo guardo en la memoria de mis dias de escolar en Sagua, a pesar de
las muchas andanzas por el planeta y de las buenas y malas
experiencias que el Destino me puso en la dieta del deandar,gratos
recuerdos que luego, con las visitas que hacia mientras mi presencia
era de "persona grata" en la Patria, se reafirmaban continuamente,
algunas cositas de esas que como florecillas del camino se nos
presentan sin esperarlas. Asi a menudo recuerdo a Sagua.
El dia que cumpli ocho años de edad estaba yo en casa de una tia, en
Sagua, donde me habia mandado para ir a una escuelita privada de la
Familia Robles. Los hermanos Roble y la esposa de uno, eran
castellanos, tenian tres hijitos. Uno era el diablito mismo. Jamás
podré olvidarlos, como maestros o como personas, sencillamente
magnificos. Yo vivia en Calixto Garcia 115, los Roble al lado, frente
al "Escolar". Ese dia de mi cumpleaños, el primero que me celebraban
en la vida y, tal vez, uno que dejó grabado en mi memoria el
significado de la palabra "amigo"
Los almacenes de vivieres de ese incomparable ser humano que
respondia al nombre de Don Manuel Pelaez, tenian un chofer cuya piel
y cabellos se disputaban el titulo de mas rojo. "El Rápido" le
llamaban. El Rápido operaba un camión, uno de los mas grandes de la
ciudad que lucia en la trompa su marca "REO", uno de aquellos que era
impulsado por una cadena que transmitia la potencia del motor al eje
trasero de las ruedas. Ruidoso que era.
Durante la Segunda Guerra Mundial, en Italia, yo me recordaba a
menudo de el Rápido cuando oia los camiones militares alemanes.
El Rápido se las habia arreglado para darme un regalo, de sorpresa.
¡Y que sorpresa, Dios mio! El primer traje sastre que tuve en mi
vida. Hecho a la medidad por aquel genio de la sastreria sagüera,
llamado Ramón Blanco. El traje era de tres piezas, color carmelita
con rayitas verticales blancas... Siempre he tenido en mi ropero uno
igual por honrar a aquél gigantezco gallego colorado de cuyo nombre
solo recuerdo el apodo...y me basta.
Sagua tiene muchos tesoros guardados en mi memoria que algun dia
poner quizas pueda al alcance de otros ojos, pero prefiero ahora
mismo usar el cuenta gotas de las letras para saborearlo con el mismo
anhelo que los chicos chupan los caramelos y como los adultos
disfrutan los besos de nuestras bellas mujeres sagüeras.