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undoso · Sagua La Grande
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¿MI PRIMER TELEFONO?   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #1359 de 1632 |
¿Qué niño no tiene un teléfono celular hoy? Tal vez haya por ahí
todavia algún padre que no se lo haya dado. Pero si lo hay, lo
compadezco. Poque, estoy seguro, el bombardeo de quejas viene de
todas partes de la raza humana. Madres: "Por si le pasa algo a mi
hijo." Amiguitos: "Para que me ayude con el 'Home Work'". Los
otros: "Por si se rompe la guagua, por si lo ve un depredador, por
si..." Ad infinitum. Y las señoras: "¿No, pero no me digas tú, y que
le ve ese...? (Bueno, eso es punto y aparte).Ah, y nosotros los
hombres...¡ah, nosotros los hombres!!!!

Los hombres, yo oia decir desde muy temprana edad, "solo hablan de
asuntos serios". Si, amiga lectora, y tambien creémos en Santa Claus.
Sinó, presten oído por un instante. "Chico pero ese es un m..., ná,
lo que pasa es que..."

Yo no sé qué nos hariamos nosotros hoy dia sin un teléfono celular.
Hasta los hay que cargan dos. Es tal el "hábito" (vicio, tal vez),
que estando en casa,cómodamente sentados en la butaca, al lado de un
teléfono regular, usamos el celular, pese a que resulta mas caro usar
éste, a la vez que su uso nos provée menos privacidad.

Bueno, eso de privacidad es una fantasia, porque por todas partes, en
todos los idiomas e idioteces, las conversaciones son sostenidas a
voz en cuello y desvergonzadamente, yo no sé si para enterar al mundo
de nuestros chismes privados, o para restregarle por las narices a la
Humanidad el derecho de cada uno a la libre expresión de nuestros
eruptos y amorios privados.

Pero no siempre fué esto asi. Yo soy lo suficientemente viejo para
haber vivido en los tiempos en que no habían televisores, no habian
radios, y no habian teléfonos. Es decir, habian unos pocos solamente.
Y la mayor parte del pueblo no los podia obtener, fuera porque no
habia, fuera porque no los podian pagar. Y eran tiempos en que los
niños empinábamos papalotes, jugábamos "A la Rueda", y haciamos
teléfonos atando dos latitas vacias con un hueco en el fondo, por
donde se pasaba un hilo, se atezaba entre dos chicos a todo su largo
y se hablaba dentro de las respectivas cavidades. Ande, vuelva a ser
niño, pruébelo un dia con sus nietecitos. Es divertido.

Nosotros viviamos en La Isabela. Mi Tia Maria me llevó para su casa,
allá en la calle Enrique José Varona 115, en Sagua, para ponerme en
la escuela Robles. Aquella casa me gustaba mucho porque, como tantas
otras en Sagua, tenia un piso de loza magistralmente bello y frio.
¡Ay, cuanto me gustaba por los mediodias acostarme con la carita
pegada a la loza, en el piso. Dicho sea de paso, sin que la gorda me
viera. ¡Cuan fresco puede ser un piso de mosaico en La Villa del
Undoso! Pero mi tia no tenia teléfono, mientras que le gustaban
mucho, como a mi, las rosas. Pero las rosas, en Sagua la Grande, en
año 1928, si usted no las tenia en su propio jardin, como pasaba por
allá por el Barrio de Villa Alegre, donde muchos vecinos adornaban
sus casas con las flores que cultivaban en sus propios patios y
jardines, habia que comprarlas a uno de los dos Jardines Comerciales
que existian en la ciudad en ese entonces. Uno era el Jardín El
Encanto, y el otro se llamaba, Jardín El Pensamiento.

Un buen dia sábado, mi tia me mandó a comprarle flores, rosas, para
ser exacto. La gorda, amigas, era bella, pero con la disposición
militar de una Sargento de Caballeria. Como ejemplo les diré que me
mandaba, antes de las seis de la mañana a comprar langosta o carne a
la vieja Plaza del Mercado, con estas instrucciones: "Dígale a
Meulener, etc. que se apure, que le de de la buena, y que usted tiene
que estar en la escuela a las siete. Y, mire, estoy escupiendo en
esta lata, mejor es que esté usted aqui de vuelta antes de que se
seque la saliva." ¡Ande,Perico pa'l jaleo!. Y...venga Dios y me vea
si me demoraba.

Ahora mi tia queria rosas.
Vaya y dígale al Chino Ramón, (el bodeguero de las esquina) que le
preste el teléfono, llame al UNO, y dígale a la señorita, cuando le
conteste, que me manden una docena de rosas coloradas. Y ya está
aquí. ¿Me entiende?
¿Quien se atreve? Si, si; entiendo. Ya voy. Y a correr, liberales
del Perico.

El buen chino Ramón era un flaco encantador y servicial. Apenas le
comuniqué el recado, me pasó a una salita donde habia una mesita
llena de papeles y un aparato negro grandisimo, sobre un estantico en
la pared, que yo no alcanzaba. El buen hombre, desatendiendo a una
cliente algo gruñona que exigia que le dieran manteca "de la de
atrás, porque la de abajo del mostrador era sebo puro", vino a
socorrerme.

"Tu sube en mesa, mejol." Y "mejol" yo subi y me arrodillé encima de
la mesita llena de papeles. ¡Ay, Diosito lindo, que lio! El chino me
agarró el dedo índice derecho, lo llevó hasta el huequito marcado con
un "0" cero, y me ayudó a discar. Pero, como dicen los
guajiros, "Torció la puerca el rabo". La vieja de la manteca chillaba
y el pobre chino tuvo que irse y dejarme solo con el endiablado
monstruo negro que, por demás, casi pesaba tanto como mi tia.
(Perdón, Tia, tu sabes que tu siempre fuiste mi tia favorita) ¡Ay,
San Fancón pobres inmigrantes chinos! Oh, y pobre isabelinito colgado
del teléfono.

"Oigo, oigo, oigo..."

El condenado aparato que uno se pone en el oido, encima de pesar una
tonelada, que ya era mucho para mi manita, sonaba con voz de
mujer!!!!! Madre del cielo. El desgraciado aparato se me cayó de la
mano y no caí yo de la mesa porque la Santisima Providencia trajo a
un joven chino que se habia plantado detrás de mi para cuidarme sin
que yo lo hubiera notado hasta entonces. ¡Que brutalidad de susto!
Y¡que maravillosos seres humanos son los chinos! No solo Alfredo me
salvó de caer al piso, si nó, que Ramón le dijo al Jardìn, "tu manda
rosa pa Maria, lo mimo, sabe".

Y yo volví para la casa ahora un niño totalmente cambiado. Como esas
personas que ven y créen en los platillos voladores mientras
deambulan por las Pampas en Argentina, yo creia haber sido
confrontado por una ser pesado de color negro que, ademas de entender
chino, hablaba con voz de mujer. Y no se si lo que yo sentia era
admiración, miedo o una sensación de que en Sagua pasaban cosas muy
raras, distintas a todo lo que.yo habia visto en La Isabela.

De pronto para mi que mis padres me habian mandado a otro mundo muy
distinto al de La Isabela. Sagua era un mundo donde un chino llamado
Ramón tenia una cosa negra muy pesada que hablaba como una mujer. Y
yo lo tuve en mis manos. A eso lo llamaban teléfono.
¿Mi primer teléfono?





Do, 30 de Mar, 2008 8:25 pm

g.rodriguez_23
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g.rodriguez_23
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30 de Mar, 2008
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