Exhumados 55 cadáveres de presos republicanos
en una fosa común del Monasterio de Uclés
Fuente: Heraldo de Aragón
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Cuenca
ha dado por finalizada su campaña de excavaciones en el antiguo
cementerio del Monasterio de Uclés (Cuenca) donde cerca de 500
personas -la mayoría presos republicanos- fueron enterradas en fosas
comunes tras pasar por la cárcel en que se convirtió este edificio
religioso entre los años 1940 y 1943. Estas excavaciones -las de
mayor magnitud de cuantas se han llevado a cabo de este tipo en
España- han permitido la exhumación de 55 cadáveres y la
localización de más cuerpos que serán desenterrados en los meses de
verano de los próximos años. La campaña de este verano ha durado
casi tres meses y ha acabado con un "balance esperanzador" según el
presidente de esta asociación, Máximo Molina, "porque más de cien
familias han promovido y autorizado a esta asociación a las
exhumaciones aunque también ha sido muy duro ya que ha venido gente
que tenía aquí enterrados a padres o hermanos".
Aunque habrá que esperar al próximo verano para reanudar estos
trabajos, los voluntarios de esta asociación continuarán recogiendo
información de los supervivientes o familiares de quienes pasaron
por esta prisión para facilitar la fase de identificación de los
cadáveres que se encuentren.
Según datos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria
Histórica, en la antigua Prisión Central del Monasterio de Uclés hay
documentados unos 300 fallecimientos de presos republicanos de los
cuales cerca de 150 fueron ejecutados y el resto murió por diversas
enfermedades o hambre. A esta cifra hay que añadir unos 200
militares republicanos que fallecieron en el hospital que se instaló
en el monasterio durante la guerra.
Ángel Fuentes, arqueólogo forense de la Universidad Autónoma de
Madrid, ha sido quien ha coordinado a arqueólogos y antropólogos de
varias universidades y a estudiantes de estas dos disciplinas en
esta campaña de exhumaciones cuyo objetivo es dar un descanso digno
a quienes fueron enterrados en las fosas comunes para que sus
familiares no tengan que seguir arrojando flores por encima de la
tapia del cementerio del monasterio como han hecho durante décadas.