Tanto el libro, como la obra de teatro y la película, si teneis
ocasión, no os la perdáis.
"El Festival de los Castillos de Alcañiz comenzó su andadura con
Tanttaka Teatroa que puso en escena El florido pensil. Memoria de la
escuela nacional católica, de Andrés Sopeña. Esta obra que nació en
1996 aunque ha vuelto a los escenarios diez años y, ha conseguido
premios como el Ercilla, el mejor espectáculo nacional de Valencia y
estuvo nominado a los premios Max de mejor Espectáculo en 1998 y
1999 y consiguió el galardón a la mejor adaptación teatral un año
después. El florido pensil cuenta sustancialmente las vicisitudes de
una cuadrilla de muchachos sometidos a la absurda e ilógica
brutalidad del sistema educativo que dominó la España de la
postguerra. Sus protagonistas irán descubriendo al espectador un
fresco en el que se sucederán los escenarios de la acción; en primer
lugar la escuela --centro de operaciones fundamental para la
propaganda del ideario fascista-- y más tarde, el resto de las
tribunas desde donde el régimen mandaba sus señales de apoyo: el
cine de barrio, la radio familiar, la iglesia y la prensa,
representada aquí por el aparentemente inofensivo tebeo. El
espectáculo incluye también una variada e interesante avifauna de
personajes en los que se mezclan héroes del cine y del cómic con
casposos maestros, jovencitos más o menos espabilados con curas de
aliento tonante, y voces de nombres míticos cuyos rostros nos ha
robado la historia: Matías Prats, Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa.
La obra está representada por cinco actores adultos que sufrieron en
sus carnes las dentelladas de la des (educación) nacionalcatólica y
que y que se ocupan de todos los personajes. La distancia entre
actores adultos/personajes infantiles, sirve para desgranar las
dudas, la incomprensión, y sobre todo la tremenda perplejidad que
surge de la aplicación de lógica infantil a la desmesura ideológica
de la educación del régimen. Con estos ingredientes, no es de
extrañar que la temática de la obra gire en torno a las
posibilidades de vivir holgadamente en el futuro y cuestione la
ridícula predestinación divina depositada en la nación española como
salvaguarda de los valores morales en el mundo de la época. Fuente:
El Periódico de Aragón