
La obra de este licenciado en Filología Hispánica pretende sacar a la luz una realidad que ha pasado inadvertida en las numerosas películas y documentales sobre la dictadura franquista. Lo hace de la mano de algunos de los protagonistas de este movimiento: 16 sacerdotes obreros y una monja vinculados a Valencia por origen o adopción.
Ellos fueron sucesores del dominico Jacques Loew, que en 1944 se puso a trabajar de descargador en los muelles de Marsella. Una década después, ya eran casi un centenar los sacerdotes franceses que trabajaban manualmente. El Papa Pío XII advirtió en 1953 contra la lucha de clases y los curas obreros, pero no fue hasta seis años después cuando se prohibió a los sacerdotes trabajar en fábricas.
La constatación de que la Iglesia caminaba de espaldas a la sociedad llevó al Papa Juan XXIII a levantar el veto, algo que dio alas al movimiento francés, que alcanzó los 800 curas obreros en 1979.
En España, no fue la guerra mundial sino la civil la que estuvo tras el origen de la misión obrera. Corrales lo vincula al apoyo de la Iglesia española al Estado franquista, algo que "le supuso una gran pérdida de influencia y fieles en áreas urbanas e industriales", indica en el libro.
No obstante, también había voces en contra en el seno de la Iglesia española, aunque no se hicieron audibles hasta bien entrados los años 60. Comienzan a emerger los obreros cristianos. No obstante, las primeras piedras del movimiento se pusieron antes; en 1946 nació la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica). Poco después comenzaron a integrarse en la clase obrera, trabajando codo a codo con ellos, con el objetivo de conocer mejor sus problemas e inquietudes. Estos primeros curas obreros españoles buscaban trabajo en los meses de verano, no tanto con el objetivo francés de evangelizar sino para "dar testimonio de una religión más viva y menos ritualista". Pero no era una opción fácil. Pese a que las mejores relaciones con la Iglesia permitieron fundar el movimiento Misión Obrera (donde no había sólo sacerdotes), el trato no era igual con el Estado. En los años 60 el franquismo habilitó en Zamora una prisión ocupada casi exclusivamente por curas. Había hasta 70 sacerdotes presos.
En 1963, en Valencia y su área metropolitana funcionaban hasta 43 grupos vinculados a este movimiento. Alrededor de 40 sacerdotes dieron el paso de incorporarse a la clase obrera. Buena parte trabajaron como empleados metalúrgicos cualificados, en construcción o en limpieza de edificios y calles, y se dedicaron a ello entre 5 y 10 años, aunque ocho de ellos acumularon hasta 30 años de experiencia.
La obra no se centra en todos ellos, sino sólo en 16 sacerdotes que mantuvieron la opción obrera hasta su jubilación o su fallecimiento o se mantienen aún en el tajo. Otros, como por ejemplo el ex coordinador general de CC. OO.-PV, Joan Sifre -que prologa el libro-, se secularizaron con el tiempo.
Una de las trayectorias vitales que refleja Xavier Corrales es la de Vicent Amargós, párroco de la parroquia Madre del Redentor del barrio de La Coma. Ya está jubilado de sus oficios de pintor, empapelador y encargado de una cooperativa agrícola en el barrio del Cristo. Descubrió de niño su vocación sacerdotal casi por casualidad, cuando asistía a hurtadillas a clases de catequesis. Posteriormente, ya estudiando en el seminario -al fallecer su padre se veía obligado a dedicar los veranos a trabajar en los campos de arroz de la familia- descubrió la vía que podía ayudarle a combinar su labor evangelizadora con la manual. Lo hizo en una visita junto a otros seminaristas a la fábrica de Unión Naval de Levante, de la mano de un miembro de la JOC francesa, monsieur Azcón. Y siguió su ejemplo. Junto a otros jóvenes sacerdotes fundó la JOC (Juventud Obrera Católica) en Valencia, a mediados de los 50.
Después de regresar de Madrid, en los 70, funda Misión Obrera en Valencia y comienza a buscar un empleo. Tras tantear en la Ford, donde no pudo entrar por cuestiones de edad, se hace empapelador de paredes. Trabaja para varias pequeñas empresas pero, al final, decide hacerse autónomo. Pero dejó este trabajo para crear una cooperativa agrícola de inserción sociolaboral. Desde que se jubiló, en 1999, es párroco en La Coma, donde ha vivido de cerca la lacra de la droga en numerosas familias.
En secreto
Otro ejemplo es el de Ramiro Reig, jesuita y profesor de la Universitat de València. Se forma en la Compañía de Jesús y, posteriormente, imparte clases en las Escuelas Profesionales de San José, donde "había una dinámica, casi una mística, de formar líderes obreros", según relata en el libro.
Posteriormente se vincula a la Misión Obrera y, después de trabajar en algunas empresas, se centra en la ebanistería. Él, como otros muchos colegas, prefirió mantener su faceta sacerdotal en secreto. "No sé si hubiera sido mejor o pero que lo supieran, pero desde luego habría viciado la situación", confiesa. En una ocasión le descubrieron y, cuando acabó los tres meses de prueba, lo despidieron ante el temor de que "armara jaleo". Poco a poco fue politizándose, hasta entrar en 1971 en el Partido Comunista y vincularse a CC. OO., donde fue elegido secretario de Relaciones Institucionales en el I Congreso de CC. OO. en Valencia. En 1979 deja sus responsabilidades sindicales y pasa a ser profesor de Historia e Instituciones Económicas en la Facultad de Económicas de la Universitat de València, donde continúa desarrollando sus funciones docentes e investigadoras. Para muchos de ellos, "la verdadera fe era el compromiso, la lucha".
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