A
pesar de que nunca le conoció en persona, Julián de la Morena le llama
`el abuelo'. Su historia puede representar la de muchos otros `abuelos
y abuelas' que desaparecieron durante los primeros años del franquismo,
justo después de que acabara la Guerra Civil y comenzara la represión
contra aquellas personas pertenecientes al bando republicano y que
fueron desaparecidos por ser `rojos'.
La historia del `abuelo'
Alfonso de la Morena comenzó en el año 1892, cuando vino al mundo en la
pequeña población de Aldea del Rey. Su vida transcurrió con la debida
normalidad de la época. De profesión labriego, se casó joven y tuvo
seis hijos. Nunca se movió de su pueblo. Allí hizo de todo, desde
concejal del Ayuntamiento en los años previos a la Guerra Civil, hasta
de maestro para algunos de los niños que querían aprender a leer y a
escribir. Además, y estos son parte de los delitos que le llevaron a la
prisión y a la muerte, pertenecía a la UGT, de la que fue secretario
local, y fue uno de los fundadores de Radio Comunista en Aldea del Rey.
`El
abuelo' murió durante el mes de agosto de 1940 en el penal de
Valdenoceda (Burgos). Llevaba allí tan solo diez días. El acta de
defunción de la época dice que murió por una bronconeumonía. Su mujer y
sus hijos se enteraron de su muerte mientras asistían a un velatorio en
Aldea del Rey por la muerte de otro familiar. Un vecino traía noticias
frescas y no precisamente buenas: "No detengáis el duelo, ha muerto
Alfonso", dijo el hombre.
El dolor se instaló de una manera tan
desgarradora en aquella familia compuesta por la madre y seis hijos que
dos de ellos murieron al poco tiempo. De los nervios, de la angustia,
del sufrimiento: una hija tuvo problemas en el hígado que nunca se
pudieron solucionar. A otro hijo le dio una suerte de problemas
psicológico: "Se dio como un baile de San Vito", explica Julián de la
Morena. También falleció.
Pero no acabó ahí el sufrimiento. En una
época en la que ser republicano era visto con malos ojos por todos,
simpatizantes o no del nuevo régimen, la familia De la Morena tuvo que
vivir el drama de que sus propios vecinos se metieran con ellos.
La
mujer aguantó estoica en Aldea del Rey todo lo que le cayó encima.
Félix, el padre de Julián, tuvo la suerte de que le saliera trabajo en
Ciudad Real.
Debe de ser mucho el amor de un hijo hacia su padre
para que le cuente a su propio hijo quién era `el abuelo'. Ese profundo
sentimiento se instaló en Julián desde niño y sin conocer de su abuelo
más que lo que su padre le contaba a escondidas de la madre, comenzó
una búsqueda que aún no ha finalizado.
Alfonso de la Morena fue uno
de los 53 ciudarrealeños que murieron presos en Valdenoceda, una cárcel
infame en la que los allí encerrados sobrevivían en unas condiciones
inhumanas. Un ramal del río Ebro se colaba por el sótano del edificio y
hacía que la humedad y la suciedad se filtrase por todo el suelo de la
planta baja. Además, si alguno se portaba mal, era introducido en el
agua hasta el cuello, atado con unas cuerdas para que no cayera al
fondo. Esa era "la celda de castigo", como la describe De la Morena.
Hasta
el año 2002 no empezó a profundizar en el tema con dos principales
objetivos: que `el abuelo' pueda descansar junto a su mujer en Aldea
del Rey; y la reparación moral. El primero está cada vez más cerca,
pues los restos de Alfonso de la Morena, junto a los de otros 110
fallecidos en Valdenoceda, se encuentran en un laboratorio de genética
de Madrid, que ha realizado los estudios de ADN para confirmar las
identidades de los huesos que se encontraron en la fosa.
El
segundo fin llegó el 15 de julio de este año. El ministro de Justicia,
Francisco Caamaño, hizo llegar a Julián de la Morena un documento que
acredita que su abuelo "padeció persecución y prisión por razones
políticas e ideológicas, en virtud de la sentencia dictada, sin las
debidas garantías, por el ilegítimo Consejo de Guerra Permanente
celebrado en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) el día 9 de julio de
1940".
Así, declara que `el abuelo' "tiene derecho a obtener la
reparación moral (…) mediante la que la Democracia española honra a
quienes injustamente padecieron persecución o violencia durante la
Guerra Civil y la Dictadura", por lo que expide "la presente
Declaración de reparación y reconocimiento personal".
Al `abuelo'
le detuvieron en noviembre del año 1939. Fue conducido a la prisión de
Almodóvar del Campo y fue condenado a treinta años de prisión mayor "en
un juicio injusto", basado en las acusaciones del delegado de
Información e Investigación de Falange Española y de las JONS de Aldea
del Rey en aquellos años. Le acusaban de "ser concejal, de ser
secretario local de UGT, de ser uno de los fundadores de Radio
Comunista, e incluso de requisar aperos de labor y otros útiles de
agricultura", como consta en el auto de procesamiento de la época.
Como
dice Julián de la Morena, "lo último no se pudo demostrar, pero lo
demás estaba relacionado con sus ideas". El nieto, que nació doce años
después de la muerte del abuelo, dice de él que era "un hombre honesto
y trabajador, que luchaba por sus ideas y por ayudar a los demás".
Además, "se opuso a requisamientos que quisieron hacer algunos del
sindicato". Ni la intercesión del alcalde sirvió para exonerarle.
En
agosto de 1940 fue trasladado a la prisión de Valdenoceda. Su mujer y
sus hijos no tuvieron ni tiempo para hacerle una visita. Aguantó diez
días. Tenía 48 años. La crueldad en aquellos años era tal que Julián de
la Morena cuenta la historia de una mujer andaluza que tenía preso allí
a su hijo. Como no tenía dinero para ir hasta Burgos a visitar a su
hijo, hizo todo el camino, más de 700 kilómetros, andando. Cuando llegó
ante la prisión, no le permitieron verle, la única ilusión que le
quedaba en esta vida. La madre aquella murió tres días después a las
puertas del edificio. Por culpa del frío y del hambre.
Además de
saber cuáles eran los restos de Alfonso de la Morena, de entre los más
de 150 que había allí enterrados, el laboratorio que realizó los
estudios descubrió, sesenta años después, que tampoco había muerto de
bronconeumonía, como decía el certificado de defunción. "Había
fallecido de manera violenta, ya que tenía un golpe en el parietal y
varios huesos rotos", asegura Julián de la Morena.
La Agrupación de familiares y amigos de los republicanos muertos y represaliados en la prisión de Valdenoceda, a la que pertenece Julián de la Morena, junto a otras seis personas (dos más también son de Ciudad Real), lucha ahora por conseguir que 40 cuerpos que permanecen enterrados en la fosa de Valdenoceda puedan ser exhumados e identificados. A pesar de que cuentan con el visto bueno del Arzobispado de Burgos, ya que los terrenos le pertenecen, se encuentran con que el acceso a los restos es "complicado, porque están por debajo de enterramientos posteriores".
Sin subvenciones para la inhumación
Julián de la
Morena se muestra como un hombre satisfecho que ve cómo, tras años de
trabajo, de presentar instancias en todas las instituciones y de luchar
por intentar conocer el paradero de los restos de su abuelo, Alfonso,
ha logrado encontrar lo que buscaba. Los restos de su pariente llegarán
a Aldea del Rey en pocas semanas y la reparación moral del Estado se
rubricó en junio.
Aún así, mantiene un punto de insatisfacción
porque dice que la Ley de Memoria Histórica no les concede subvenciones
para inhumar los restos de aquellos cuerpos que han sido exhumados. El
Gobierno concedió a la agrupación de familiares a la que pertenece De
la Morena una cantidad total de 120.000 euros: 60.000 para la
exhumación y otros 60.000 para los estudios óseo y genético.
"Y
ahora nos encontramos conque tenemos 110 cuerpos identificados que nos
van a entregar en breve y no sabemos qué hacer con ellos, porque no
tenemos ningún sitio donde meterlos". En este caso, esto sucede porque
es una agrupación. Las asociaciones tienen otros derechos y otros
deberes, y sí tienen ayudas para la inhumación.
En el caso del
abuelo de De la Morena, ya han reservado para que sea enterrado en el
cementerio de Aldea del Rey junto a su mujer. Sesenta años después.

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