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LAS SOMBRAS DE ORIENTE (I)   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #4340 de 5464 |
Reenvio, desde el inicio la historia que transcurre en Khand, en la IV edad
del Sol, promediando casi 500 años luego de la muerte de Aragorn. Para
entonces Melkor Bauglir ha podido romper las ataduras de las Puertas de la
Noche, la Andólomen, y sumergir al mundo en una nueva Era de Oscuridad sobre
toda la Tierra Media, salvo la Comarca. Khand es al Este de Mordor y algo al
sur de ésta.
Estos son los antecedentes del último mail mio y de Elmoth.

-----------
Amanecer del 30 de Febrero, año 685 IV Edad, Thûrgum, Región de Khand

Gris el cielo, grises los altos pastos que se extendía por la llanura sin
límites. En medio de la nada, unas murallas cercaban una ciudad de techos
dorados. Fuera de las murallas y esparcidas por las llanuras, grandes
tiendas bajas y cilíndricas servían de refugio a cientos de hombres.
Libremente, entre ellas, circulaban caballos de todos los pelajes, todos
espléndidos, sólidos y fuertes.

Amanecía un sol sangrante, sobre un cielo de nubes cerradas. Los caballos
saludaron con relinchos el amanecer. Los palafreneros de Thûrgum empezaron a
preocuparse: los animales se veían nerviosos y no tardaron en levantar polvo
hasta semejar que llegaría una tormenta de arena.

Pronto esos caballos harían temblar la tierra. Habían sido cuidadosamente
criados por generaciones para ser útiles máquinas de transporte. Y éstos que
cuidaban los palafreneros del Khan, eran los mejores, procedían de los
mejores criadores de caballos del Este. Pronto 10.000 hombres habrían de
marchar al Oeste, a unirse a los ejércitos del Imperio al cual servía el
reino.

Y sin embargo, hacía semanas que no había llegado ningún Mensajero. Hacía un
mes que los hombres se acantonaban, sin aguantar mucho el estar quietos en
un mismo sitio. Los Oulon, los Kimyan, los Lokweg, los Zumkio, y tantas
otras importantes tribus, habían entregado sus mejores hijos bajo el signo
de la Serpiente de Umbar.

-Tendremos que movilizarlos antes que se les oxiden las espadas.

El tono preocupado resonó en la Sala de Audiencias. Un hombre observaba los
ejercicios de los guerreros, desde las celosías que escondían su rostro de
las miradas de sus súbditos. Este hombre, de rostro anguloso, mirada
brillante y media sornisa que contradecía su rostro severo, era el hombre
más poderoso de Khand. Era el Khan LImtur.

Con orgullo, pero también con algo de fastidio, éste observó al ejército que
habría de presidiir el menor de sus cuatro hijos. Estar acantonados no era
bueno para la moral, pero si las ordenes no llegaban... Días y días de
revolverse entre los mismos, recibiendo instruccion, haciendo competencias
de carreras de caballo....

Sentido de la oportunidad, carisma astucia y ambición habían llevado a aquel
hombre a convertir ese montón de tribus dispersas en una sola voz y un solo
ejército. Ciertamente, no convenía recordar que mucho se debía a la ayuda
del Imperio de Umbar. Menos aún a qué precio la había recibido. Y ahora
necesitaba de los cuarenta líderes, aún de aquellos que, a regañadientes,
aceptaban recibir órdenes ajenas.

Los cuarenta habían sido elegidos con cuidado: buenos líderes, valerosos y
buenos con las armas. Y sobre todo, leales. Limtur jamás se había equivocado
con las personas y sabía ser generoso con quienes le eran fieles: cada uno
de los cuarenta tenía el poder absoluto dentro de su área de influencia y se
quedaba con una pequeña parte del tributo recaudado, Limtur retenía
únicamente un mínmo porcentaje y lo demás lo enviaba al Imperio. Después de
todo, Thûrgum tenía minas suficientes para obtener las riquezas necesarias
para mostrarlas... e imponerse ante el resto.

-Mi Gran Señor -un ujier se acercó, e hizo tres reverencias antes de
hablar-Los generales ya están listos. Pero, mi Gran Señor, vuestro Alto
Consejero desea veros desde temprano.

Limtur había vuelto la mirada a una maceta donde crecía un cerezo enano. Los
rasgos habitualmente inexpresivos del Khan se contrajeron en un breve
espasmo de disgusto. Marchó con lentitud hacia una tarima donde se
amontonaban cojines de seda y recamados en oro. Se sentó con las piernas
cruzadas y apoyó las manos sobre las rodillas. La mirada volvió a
sosegársele:

-Llámalo. Que los generales esperen aún. Sírveles algo para entretenerlos.
-Si, Gran Señor.

La sombra llenó la habitación bruscamente, precediendo la entrada del
Consejero del Khan. El aire se volvió frío en la amplia sala. El Khan
respiró hondo, manteniendo su tranquila postura de meditación. Sabía bien
que el Consejero pretendía intimidarle con aquellos trucos. Muchos generales
habrían pedido la cabeza de aquel ser encapuchado y alto que entraba al
amplio salon: mucho se rumoreaba sobre los poderes de hechicería del Alto
Consejero. Pero ninguno portestaba abiertamente, le temían más que al propio
Limtur, por el que sentían respeto y veneración por su bravura y justicia.

Con gesto cansino, el Khan señaló un cojín a un costado del suyo propio.
Observó el rostro pálido bajo la capucha; era el color de la muerte y unos
ojos claros miraban todo con helada expresión. Altivez y apostura, ambas
cosas y una aureola de poder, volvían irresistible el contemplar al recién
llegado.

-Qué noticias me traes ahora de tus amos, Consejero?

LIMTUR

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Do, 10 de Mar, 2002 2:30 pm

tcarsen@...
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Reenvio, desde el inicio la historia que transcurre en Khand, en la IV edad del Sol, promediando casi 500 años luego de la muerte de Aragorn. Para entonces...
Tania
tcarsen@...
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9 de Mar, 2002
2:29 pm
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