Ariel entonces regresó a su juventud cuando la ahora ciudad no era más que
una pequeña aldea y recordó a su padre contándoles la historia, mientras su
madre y ella escuchaban.
-Todo lo que tu madre y yo hicimos- dijo él -fue ayudar a una familia humana
en problemas, ellos tenían dos hijos pequeños y cuando los encontramos
estaban a punto de morir de hambre. Les dimos refugio y comida y se quedaron
con nosotros.
-Tu padre y yo siempre nos hemos llevado bien con los hombres- dijo ella -
aún cuando nos apenamos de que su estancia en este mundo sea tan breve.
-Eso fue en el año 420 de los años humanos de la cuarta edad- continuó él -
y después llegó otra familia y otra más, hasta que había como 200 personas.
Pasaron dos años y el día de tu tercer año de concebida, a varias mujeres se
les ocurrió hacer una fiesta y allí surgió la idea de fijar justamente ese
día como el del nacimiento de la aldea y nos pidieron que eligiéramos el
nombre.
-Y Surendil eligió Estel por tí, porque aquí naciste tú Ariel y representas
nuestra esperanza y lo que más amamos en esta vida- dijo entonces Luinilien.
Habían pasado muchos años ya y los padres de Ariel se habían marchado mas
allá del océano.
Ella se había quedado en la ciudad y sus habitantes la reconocían como su
protectora y líder, pero ahora había allí un hombre que deseaba arrebatarle
su puesto y también el cariño y respeto de la gente.