Aquella ciudad parecía pacífica a la vez que
bulliciosa, con cierto encanto... en realidad lo era
cualquier sitio donde no hubiera lugar para recordar a
quienes me habían hecho daño, incluído Cor. Por la
razón que fuera, él me parecía el peor de todos. Mi
odio hacia él era absoluto y ni siquiera podía oír o
pronunciar su nombre sin echarme a llorar. Algo que
Ilshat ignoraba porque yo me escondía y se lo
escondía.
Ilshat también parecía apreciar la ciudad, de la
que no sabíamos ni el nombre. Llevábamos poco tiempo,
pero ya la habíamos recorrido de punta a punta. Él
decía que estaba llena de vida, y al decirlo le
brillaban los ojos. Enseguida adiviné que él quería
quedarse.
"Ilshat" le dije un día pillándolo por sorpresa.
"¿Estás pensando lo mismo que yo?"
"No sé qué estás pensando" contestó él.
"Quieres quedarte, ¿verdad?"
"Posiblemente" dijo, y se echó a reír. "La verdad
es que me parece un sitio muy..."
"¿Muy... qué?"
"Muy de taller".
Comprendí enseguida. Él ya tenía sus planes, y
eran acordes con los míos. Seguramente lo eran también
con los de Amanda, que empezaba a fortalecerse y
ayudar en las Casas de Curación. En el tiempo que
llevábamos allí habían sido hospitalarios con nosotros
y, sobre todo, con ella y Sestral. Todo parecía ir
bien.
"¿Y dónde podemos poner nuestro taller?" le
pregunté.
"No lo he pensado. Aún no conozco bastante esta
ciudad. Podemos preguntarle a alguien si sabe de
alguna casa que esté vacía".
Me pareció bien. Miré a nuestro alrededor... a
esas horas no había casi nadie fuera de sus casa, y
nosotros debíamos parecer dos locos riendo ante la
puerta de la Casa de Curación. De pronto, vi acercarse
a un hombre al que me parecía haber visto muchas veces
en aquellos días.
"¿Y si le preguntamos a él?" dije a Ilshat. "A lo
mejor tiene la respuesta que buscamos".
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